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jueves, 29 de marzo de 2018

Rosa divina que en gentil cultura

               El jardín de rosas, Carl Frederik Aagaard (1877)
 
    Rosa divina que en gentil cultura
eres, con tu fragante sutileza,
magisterio purpúreo en la belleza,
enseñanza nevada a la hermosura.

    Amago de la humana arquitectura,
ejemplo de la vana gentileza,
en cuyo ser unió naturaleza
la cuna alegre y triste sepultura.

    ¡Cuán altiva en tu pompa, presumida,
soberbia, el riesgo de morir desdeñas,
y luego desmayada y encogida

    de tu caduco ser das mustias señas,
con que con docta muerte y necia vida,
viviendo engañas y muriendo enseñas!
 
Sor Juana Inés de la Cruz
              (1651-1695)

domingo, 14 de enero de 2018

Infancia y confesiones

                         El cenador, Henri-Jean Guillaume Martin (1900)

Cuando yo era más joven
(bueno, en realidad, será mejor decir
muy joven)
                   algunos años antes
de conoceros y
recién llegado a la ciudad,
a menudo pensaba en la vida.
                                                      Mi familia
era bastante rica y yo estudiante.

Mi infancia eran recuerdos de una casa
con escuela y despensa y llave en el ropero,
de cuando las familias
acomodadas,
                        como su nombre indica,
veraneaban infinitamente
en Villa Estefanía o en La Torre
del Mirador

                      y más allá continuaba el mundo
con senderos de grava y cenadores
rústicos, decorado de hortensias pomposas,
todo ligeramente egoísta y caduco.

Yo nací (perdonadme)
en la edad de la pérgola y el tenis.

La vida, sin embargo, tenía extraños límites
y lo que es más extraño: una cierta tendencia
retráctil.

                Se contaban historias penosas,
inexplicables sucedidos
dónde no se sabía, caras tristes,
sótanos fríos como templos.
                                                    Algo sordo
perduraba a lo lejos
y era posible, lo decían en casa,
quedarse ciego de un escalofrío.

De mi pequeño reino afortunado
me quedó esta costumbre de calor
y una imposible propensión al mito.


Jaime Gil de Biedma
(Compañeros de viaje, 1959)

lunes, 8 de enero de 2018

Confesiones de un joven problemático

           Terraza del Hotel Samarkanda, Colin Campbell Cooper (h. 1923)

Recuerdo
con especial nostalgia
los veraneos junto al mar en mi niñez.

En aquel tiempo
venían a visitarme mis papás
casi todas las tardes,
                                       y mamá
–ella prefería al rubio; yo al moreno–
los recibía en la sala si llovía,
o en el jardín cuando hacía sol
–muy pocas veces.

Allí se demoraban dulcemente
mirándose a los ojos, conversando
de sucesos banales,
como si no quisiesen
profanar con palabras 
lo que en sus corazones existía.

Después se retiraban a la alcoba,
y me dejaban solo,
entre las rosas,
o en el diván granate del vestíbulo,
con un nuevo juguete que pronto me aburría.

¡Qué momentos tan tristes y tan largos
fuera de su ternura y sus desvelos!
Han pasado los años
y, aunque sé que es locura,
aún espero que salgan, sonrientes,
y compartan conmigo, igual que entonces,
la alegría final
de los últimos brindis y los últimos besos,
que ponía en el aire sombrío de la casa
un irreal resplandor,
alto e intenso
como la luz efímera que dora los crepúsculos.

No es complejo de Edipo lo que tengo
–dice el doctor–, sino de Cleopatra. 

Ángel González
( Muestra, corregida y aumentada, de algunos procedimientos narrativos y de las actitudes sentimentales que habitualmente comportan, 1977)

martes, 26 de diciembre de 2017

Aceñas

           Zamora desde la orilla del Duero, William Wiehe Collins (1906)

Me pongo la palabra en plena boca
y digo: Compañeros. Es hermoso
oír las sílabas que os nombran,
hoy que estoy (dilo en voz muy baja) solo.

...Es hermoso oír la ronda
de las letras, en torno
a la palabra abrazadora: C-o-m-p-a-
ñ-e-r-o-s. Es como un sol sonoro.

El Duero. Las aceñas de Zamora.
El cielo luminosamente rojo.
Compañeros. Escribo de memoria
lo que tuve delante de los ojos.

Blas de Otero
(Pido la paz y la palabra, 1955)

domingo, 17 de diciembre de 2017

No cesará este rayo que me habita

             Estados de la mente II: la despedida, Umberto Boccioni (1911)

¿No cesará este rayo que me habita
el corazón de exasperadas fieras
y de fraguas coléricas y herreras
donde el metal más fresco se marchita?


¿No cesará esta terca estalactita
de cultivar sus duras cabelleras
como espadas y rígidas hogueras
hacia mi corazón que muge y grita?


Este rayo ni cesa ni se agota:
de mí mismo tomó su procedencia
y ejercita en mí mismo sus furores.


Esta obstinada piedra de mí brota
y sobre mí dirige la insistencia
de sus lluviosos rayos destructores.


Miguel Hernández
(El rayo que no cesa, 1936)

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Miradas

                     Puente de Waterloo, Emile Claus (1918)

Ojos de puente los míos
por donde pasan las aguas
que van a dar al olvido.
Sobre mi frente de acero
mirando por las barandas
caminan mis pensamientos.

Mi nuca negra es el mar,
donde se pierden los ríos,
y mis sueños son las nubes
por y para las que vivo.

Ojos de puente los míos
por donde pasan las aguas
que van a dar al olvido.


Manuel Altolaguirre
(Poesía, 1930-1931)

lunes, 4 de diciembre de 2017

El vals

                     Una velada elegante, Victor Gabriel Gilbert (h. 1890)

    Eres hermosa como la piedra,
oh difunta;
oh viva, oh viva, eres dichosa como la nave.
Esta orquesta que agita
mis cuidados como una negligencia,
como un elegante biendecir de buen tono,
ignora el vello de los pubis,
ignora la risa que sale del esternón como una gran batuta.

     Unas olas de afrecho,
un poco de serrín en los ojos,
o si acaso en las sienes,
o acaso adornando las cabelleras;
unas faldas largas hechas de colas de cocodrilos;
unas lenguas o unas sonrisas hechas con caparazones de cangrejos.
Todo lo que está suficientemente visto
no puede sorprender a nadie.
 

    Las damas aguardan su momento sentadas sobre una lágrima,
disimulando la humedad a fuerza de abanico insistente.
Y los caballeros abandonados de sus traseros
quieren atraer todas las miradas a la fuerza hacia sus bigotes.

     Pero el vals ha llegado.
Es una playa sin ondas,
es un entrechocar de conchas, de tacones, de espumas o de dentaduras postizas.
Es todo lo revuelto que arriba.

     Pechos exuberantes en bandeja en los brazos,
dulces tartas caídas sobre los hombros llorosos,
una languidez que revierte,
un beso sorprendido en el instante que se hacía "cabello de ángel",
un dulce "sí" de cristal pintado de verde.

     Un polvillo de azúcar sobre las frentes
da una blancura cándida a las palabras limadas,
y las manos se acortan más redondeadas que nunca,
mientras fruncen los vestidos hechos de esparto querido.

     Las cabezas son nubes, la música es una larga goma,
las colas de plomo casi vuelan, y el estrépito
se ha convertido en los corazones en oleadas de sangre,
en un licor, si blanco, que sabe a memoria o a cita.

     Adiós, adiós, esmeralda, amatista o misterio;
adiós, como una bola enorme ha llegado el instante,
el preciso momento de la desnudez cabeza abajo,
cuando los vellos van a pinchar los labios obscenos que saben.
 

    Es el instante, el momento de decir la palabra que estalla,
el momento en que los vestidos se convertirán en aves,
las ventanas en gritos,
las luces en ¡socorro!
y ese beso que estaba (en el rincón) entre dos bocas
se convertirá en una espina
que dispensará la muerte diciendo:
Yo os amo.


Vicente Aleixandre
(Espadas como labios, 1932)

sábado, 2 de diciembre de 2017

Los ángeles colegiales

                     En la clase, Paul Louis Martin des Amoignes (1886)

Ninguno comprendíamos el secreto nocturno de las pizarras
ni por qué la esfera armilar se exaltaba tan sola cuando la mirábamos.
Solo sabíamos que una circunferencia puede no ser redonda
y que un eclipse de luna equivoca a las flores
y adelanta el reloj de los pájaros.

Ninguno comprendíamos nada:
ni por qué nuestros dedos eran de tinta china
y la tarde cerraba compases para al alba abrir libros.
Solo sabíamos que una recta, si quiere, puede ser curva o quebrada
y que las estrellas errantes son niños que ignoran la aritmética.


Rafael Alberti
(Sobre los ángeles, 1929)

viernes, 10 de noviembre de 2017

Nocturno

         Vista nocturna del Puente de Queensboro, Julien Alden Weir (1910)

   ... Es la celeste jeometría
de un astrónomo viejo
sobre la ciudad alta –torres
negras, finas, pequeñas, fin de aquello…–

    Como si, de un mirador último,
lo estuviera mirando
el astrólogo.

                      Signos
exactos –fuegos y colores–,
con su secreto bajo y desprendido
en diáfana atmósfera
de azul y honda transparencia.

    ¡Qué brillos, qué amenazas,
qué fijezas, qué augurios,
en la inminencia cierta
de la estraña verdad! ¡Anatomía
del cielo, con la ciencia
de la función en sí y para nosotros!

    –Un grito agudo, solo, inmenso,
como una estrella errante–.

                                                  ...¡Cuán lejanos
ya de aquellos nosotros,
de aquella primavera de esta tarde
–en Washington Square, tranquila y dulce–,
de aquellos sueños y de aquel amor!


Juan Ramón Jiménez
(Diario de un poeta recién casado, 1916)

miércoles, 8 de noviembre de 2017

La copla andaluza

              Baile en el Café Novedades de Sevilla, Joaquín Sorolla (1914)

    Del placer, que irrita,
y el amor, que ciega,
escuchad la canción, que recoge
la noche morena.
 

    La noche sultana,
la noche andaluza,
que estremece la tierra y la carne
de aroma y lujuria.

    Bajo el plenilunio,
como lagrimones,
como goterones, sus cálidas notas
llueven los bordones.

    Son melancolía
sonora, son ayes
de las otras cuerdas, heridas, punzadas,
las notas vibrantes.

    Y en el aire, húmedo
de aroma y lujuria,
levanta su vuelo –paloma rafeña–
la copla andaluza.


    Dice de ojos negros
y de rojos labios
de venganza, de olvido, de ausencia,
de amor y de engaño...

    Y de desengaño.
De males y bienes,
de esperanza, de celos..., de cosas
de hombres y mujeres.

    Y brota en los labios
soberbia y sencilla,
como brotan el agua en la fuente,
la sangre en la herida.

    Y allá va en la noche,
paloma rafeña,
a decir la verdad a lo lejos,
triste, clara y bella.

    Del placer, que irrita,
y el amor, que ciega,
escuchad la canción que recoge
la noche morena.
 

Manuel Machado
(Cante hondo, 1912)

lunes, 6 de noviembre de 2017

La noria


            El viejo molino de agua, Myles Birkett Foster (a. 1899)

    La tarde caía
triste y polvorienta.

    El agua cantaba
su copla plebeya
en los cangilones
de la noria lenta.
    Soñaba la mula
¡pobre mula vieja!,
al compás de sombra
que en el agua suena.
    La tarde caía
triste y polvorienta.
    Yo no sé qué noble,
divino poeta,
unió a la amargura
de la eterna rueda
    la dulce armonía
del agua que sueña,
y vendó tus ojos,
¡pobre mula vieja!...
    Mas sé que fue un noble,
divino poeta,
corazón maduro
de sombra y de ciencia.


Antonio Machado
(Soledades, galerías y otros poemas, 1907)

viernes, 20 de octubre de 2017

Homero, Hesíodo, Safo, Píndaro

                    El Partenón, Frederic Edwin Church (1871)

Homero, Hesiodo, Safo, Pindaro...
Kavafis, Elytis, Seferis, Ritsos...

Tales, Heraklito, Parmenides,
Sokrates, Platon, Aristoteles...

Greziak ez du muga fisikorik,
lurralde bat baino askoz gehiago...

Hölderlin, Nietzsche, Heidegger, Celan...

Oliba usaineko jakinduria,
bere buruaren uharte, itsaso
biribildu ezina, gatzaren kanta
zauri direnen belarrietan.

Hasiera bat, abiapuntu bat,
hari bat zeinari jarraitu,
argi hauskorren isla,
nora eta zergatik goazen
inoiz ez jakin arren.

Garai larrietan inongoak ez.
Lurra, kate. Goraka begira
sustraiak, argiz eta itsasoz.
Mugak oro lausotzea. Greziar...,
oinutsik hareari forma emanez.
Berriz hastea sorterri.

Aritz Gorrotxategi
(Muga, 2016) 


Homero, Hesíodo, Safo, Píndaro...
Kavafis, Elytis, Seferis, Ritsos...

Tales, Heráclito, Parménides,
Sócrates, Platón, Aristóteles...

Grecia carece de límites físicos,
ser más que un territorio...

Hölderlin, Nietzsche, Heidegger, Celan...

Sabiduría de aroma oliváceo,
isla de sí misma, mar
imposible de plegar, canto de sal
a oídos de quienes son herida.

Inicio, punto de partida,
hilo al que seguir, reflejo
de luces quebradizas,
a pesar de no saber nunca
a dónde vamos y por qué.

No pertenecer a ningún lugar
en épocas de penuria. Tierra que es cadena.
Raíces mirando hacia arriba, de luz y mar.
Disipar cualquier límite. Griegos...,
dando forma a la arena descalzos.
Que la patria sea comenzar de nuevo.

[Poema incluido en la antología bilingüe Muga, Ediciones El Gallo de Oro, 2016. Traducción al castellano del propio autor.]

lunes, 16 de octubre de 2017

Unha vez

               Mar con gaviotas, Nikolay Nikanorovich Dubovskoy (1911)

Unha vez houbo un home
que nunca dixo meu.
Petóu nas portas do mundo,
chamóu no meu corazón.
Falaba con palabras
que semellaban pombas.
As cousas á súa beira
púñanse brancas.
Nascíalle nos ollos un abrente
coma un río de luz,
ou coma un mar lonxano de gueivotas.
Un bálsamo de amor

tiña aquil home
pra ista miña dor
sin nome.


Celso Emilio Ferreiro
(Longa noite de pedra, 1962)


Versión al castellano de Un poema cada día

Una vez hubo un hombre
que nunca dijo mío.
Golpeó en las puertas del mundo,
llamó a mi corazón.
Hablaba con palabras
que semejaban palomas.
Las cosas a su vera
poníanse blancas.
Nacíale en los ojos un albor
como un río de luz,
o como un mar lejano de gaviotas.
Un bálsamo de amor
tenía aquel hombre
para este dolor mío
sin nombre. 

(Larga noche de piedra, 1962)

domingo, 8 de octubre de 2017

Discurso a los jóvenes

      Cabeza abstracta, Alekséi von Jawlensky (1864-1941)

De vosotros,
los jóvenes,
espero
no menos cosas grandes que las que realizaron
vuestros antepasados.
Os entrego
una herencia grandiosa:
sostenedla.
Amparad ese río
de sangre,
sujetad con segura
mano
el tronco de caballos
viejísimos,
pero aún poderosos,
que arrastran con pujanza
el fardo de los siglos
pasados.

Nosotros somos estos
que aquí estamos reunidos,
y los demás no importan.

Tú, Piedra,
hijo de Pedro, nieto
de Piedra
y biznieto de Pedro,
esfuérzate
para ser siempre piedra mientras vivas,
para ser Pedro Petrificado Piedra Blanca,
para no tolerar el movimiento
para asfixiar en moldes apretados
todo lo que respira o que palpita.

A ti,
mi leal amigo,
compañero de armas,
escudero,
sostén de nuestra gloria,
joven alférez de mis escuadrones
de arcángeles vestidos de aceituna,
sé que no es necesario amonestarte:
con seguir siendo fuego y hierro,
basta.
Fuego para quemar lo que florece.
Hierro para aplastar lo que se alza.

Y finalmente,
tú, dueño
del oro y de la tierra
poderoso impulsor de nuestra vida,
no nos faltes jamás.
Sé generoso
con aquellos a los que necesitas,

pero guarda,
expulsa de tu reino,
mantenlos más allá de tus fronteras,
déjalos que se mueran,
si es preciso,
a los que sueñan,
a los que no buscan
más que luz y verdad,
a los que deberían ser humildes
y a veces no lo son, así es la vida.
Si alguno de vosotros
pensase
yo le diría: no pienses.

Pero no es necesario.

Seguid así,
hijos míos,
y yo os prometo
paz y patria feliz,
orden,
silencio.


Ángel González
(Sin esperanza, con convencimiento, 1961)

viernes, 29 de septiembre de 2017

Dzieci epoki

                               Café La Habana, José Bautista (2012)

Jesteśmy dziećmi epoki,
epoka jest polityczna.

Wszystkie twoje, nasze, wasze
dzienne sprawy, nocne sprawy
to są sprawy polityczne.

Chcesz czy nie chcesz,
twoje geny mają przyszłość polityczną,
skóra odcień polityczny,
oczy aspekt polityczny.

O czym mówisz, ma rezonans,
o czym milczysz, ma wzmowę
tak czy owak polityczną.

Nawet idąc borem lasem
stawiasz kroki polityczne
na podłożu politycznym.

Wiersze apolityczne też są polityczne,
a w górze świeci księżyc,
obiekt już nie księżycowy.
Być albo nie być, oto jest pytanie.
Jakie pytanie, odpowiedz kochanie.
Pytanie polityczne.

Nie musisz nawet być istotą ludzką,
by zyskać na znaczeniu politycznym.

Wystarczy, żebyś był ropą naftową,
paszą treściwą czy surowcem wtórnym.
Albo I stołem obrad, o którego kształt
spierano się miesiącami
przy jakim pertraktować o życiu i śmierci,
okrągłym czy kwadratowym.

Tymczasem ginęli ludzie,
zdychały zwierzęta,
płonęły domy
i dziczały pola
jak w epokach zamierzchłych
i mniej politycznych.


Wisława Szymborska
(Ludzie na moście, 1986)

         
       Hijos de la época

Somos hijos de nuestra época,
y nuestra época es política.


Todos tus, mis, nuestros, vuestros
problemas diurnos, y los nocturnos,
son problemas políticos.
Quieras o no,
tus genes tienen un pasado político,
tu piel un matiz político
y tus ojos una visión política.


Cuanto dices produce una resonancia,
cuanto callas implica una elocuencia
inevitablemente política.


Incluso al caminar por bosques y praderas
das pasos políticos
en terreno político.


Los poemas apolíticos son también políticos,
y en lo alto resplandece la luna,
un cuerpo ya no lunar.
Ser o no ser, esta es la cuestión.
¿Qué cuestión?, adivina corazón:
una cuestión política.


Adquirir significado político
ni siquiera requiere ser humano.
Basta ser petróleo,
pienso compuesto o materia reciclada.


O la mesa de debates
de diseño durante meses discutido:
¿redonda?, ¿cuadrada?, ¿qué mesa es mejor
para deliberar acerca de la vida y de la muerte?

Mientras, perecía gente,
morían animales,
ardían casas,
y los campos se quedaban yermos
como en épocas remotas
y menos políticas.

(Hombres en el puente, 1986)

[Traducción de Ana María Moix y Jerzy Wojciech Slawomirski]

domingo, 17 de septiembre de 2017

Un mal ejemplo

   Día de otoño en Mailand, Hermann Schmidtmann (h. 1936)

Nunca quise llegar a ningún sitio
ni tampoco me interesó
especialmente el paisaje.

Un pequeño bar de barrio
con una mesa
desde la que ver el mundo apagarse
y encenderse
–bajo la lluvia–
las farolas en las aceras,
me ha bastado para ser casi feliz.

Exiliado en mi interior,
nunca en venta
ni besando la mano de nadie,
arrastro mi minúscula épica
–por unas calles
que ni siquiera son ya mis calles–
y me voy alejando.

Karmelo C. Iribarren
(Mientras me alejo, 2017)

miércoles, 23 de agosto de 2017

Una rosa y Milton

 
       Rosas en una mesa de piedra, Jean-Baptiste Robie (h.1910)

De las generaciones de las rosas
Que en el fondo del tiempo se han perdido
Quiero que una se salve del olvido,
Una sin marca o signo entre las cosas


Que fueron. El destino me depara
Este don de nombrar por vez primera
Esa flor silenciosa, la postrera
Rosa que Milton acercó a su cara,


Sin verla. Oh tú bermeja o amarilla
O blanca rosa de un jardín borrado,
Deja mágicamente tu pasado


Inmemorial y en este verso brilla,
Oro, sangre o marfil o tenebrosa
Como en sus manos, invisible rosa.

Jorge Luis Borges

(El otro, el mismo, 1964)

viernes, 30 de junio de 2017

Nunca he visto dos nubes iguales

           Día de verano en el lago del bosque, Carl Frederik Aagaard (1877)

Nunca he visto dos nubes iguales,
ni dos hojas de roble,
ni dos perros, o gatos, o caballos,
ni, desde luego, dos rostros;
nunca he sentido dos emociones iguales,
nunca he pensado dos pensamientos iguales,
nunca he soñado dos sueños iguales,
nunca he recordado dos escenas iguales.
Únicamente lo singular existe,
dueño de sí mismo, indómito.
El resto es una tiranía del lenguaje
para domesticar el alma.

Rafael Argullol
(Poema, 2017)

lunes, 19 de junio de 2017

Cando ninguén os mira

                           Ladera arbolada, Albert Bierstadt (1830-19o2)

Cando ninguén os mira,
vense rostros nubrados e sombrisos,
homes que erran cal sombras voltexantes
por veigas e campíos.
 

Un, enriba dun cómaro
séntase caviloso e pensativo;
outro, ó pe dun carballo queda inmóvil,
coa vista levantada hacia o infinito.
 

Algún, cabo da fonte recrinado
parés que escoita atento o marmurío
da auga que cai, i exhala xordamente
tristísimos sospiros.
 

¡Van a deixala patria...!
Forzoso, mais supremo sacrificio.
A miseria está negra en torno deles,
¡ai!, ¡i adiante está o abismo...!


Rosalía de Castro
(Follas novas, 1880)

Versión al castellano de Un poema cada día

Cuando nadie los mira,
vense rostros nublados y sombríos,
hombres que yerran cual sombras volteantes
por vegas y baldíos.

Uno, encima de un collado
siéntase caviloso y pensativo;
otro, al pie de un roble queda inmóvil,
con la vista levantada al infinito.

Alguno, cabe la fuente reclinado
parece que escucha atento el ruido
de agua que cae, y exhala sordamente
tristísimos suspiros...

¡Van a dejar la patria...!
Forzoso, mas supremo sacrificio.
La miseria está negra en torno de ellos,
¡ay!, ¡y delante está el abismo...!

(Hojas nuevas, 1880)

lunes, 5 de junio de 2017

Rima LVI

 Monumento a Bécquer en el Parque de la Quinta de la Fuente del Berro

    Hoy como ayer, mañana como hoy,
¡y siempre igual!
Un cielo gris, un horizonte eterno,

y andar... andar.

    Moviéndose a compás como una estúpida

máquina el corazón;
la torpe inteligencia del cerebro

dormida en un rincón.

    El alma que ambiciona un paraíso,

buscándole sin fe;
fatiga sin objeto, ola que rueda

ignorando por qué.

    Voz que incesante con el mismo tono

canta el mismo cantar,
gota de agua monótona que cae

y cae sin cesar.

    Así van deslizándose los días

unos de otros en pos,
hoy lo mismo que ayer, probablemente

mañana como hoy.

    ¡Ay! ¡a veces me acuerdo suspirando

del antiguo sufrir!
¡Amargo es el dolor pero siquiera
¡padecer es vivir!

Gustavo Adolfo Bécquer
            (Rimas, 1871)
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