martes, 26 de febrero de 2013

Te quiero

                En el borde del bosque, Eugène Jansson (1862-1915)

 Te quiero.

Te lo he dicho con el viento,
Jugueteando como animalillo en la arena
O iracundo como órgano tempestuoso;

Te lo he dicho con el sol,
Que dora desnudos cuerpos juveniles
Y sonríe en todas las cosas inocentes;

Te lo he dicho con las nubes,
Frentes melancólicas que sostienen el cielo,
Tristezas fugitivas;

Te lo he dicho con las plantas,
Leves criaturas transparentes
Que se cubren de rubor repentino;

Te lo he dicho con el agua,
Vida luminosa que vela un fondo de sombra;
Te lo he dicho con el miedo,
Te lo he dicho con la alegría,
Con el hastío, con las terribles palabras.

Pero así no me basta:
Más allá de la vida,
Quiero decírtelo con la muerte;
Más allá del amor, 

Quiero decírtelo con el olvido.

Luis Cernuda
(Los placeres prohibidos, 1931)

miércoles, 20 de febrero de 2013

Himno

Álvaro Tato en el IES Antonio López García (19/2/13)

Que haya viento a favor.

Que mires atrás una sola vez
para saber que aún no te persigues.

Que encuentres la alegría de perderte,
la certeza fugaz de no estar muerto,
alguien que te acompañe
y cosas que sucedan.

Que sigas. Que te pares.
Que nunca des contigo.

Y que tu patria sea ese lugar
al que no llegarás.


Álvaro Tato
(Gira, editorial Hiperión, 2011)

Puedes escuchar este poema leído por el autor en esta grabación realizada y difundida con su permiso.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Serás, amor

El arrobamiento de Psyque, William-Adolphe Bouguereau (1825-1905)

¿Serás, amor,
un largo adiós que no se acaba?
Vivir, desde el principio, es separarse.
En el primer encuentro
con la luz, con los labios,
el corazón percibe la congoja
de tener que estar ciego y solo un día.
Amor es el retraso milagroso
de su término mismo;
es prolongar el hecho mágico
de que uno y uno sean dos, en contra
de la primer condena de la vida.
Con los besos,
con la pena y el pecho se conquistan
en afanosas lides, entre gozos
parecidos a juegos,
días, tierras, espacios fabulosos,
a la gran disyunción que está esperando,
hermana de la muerte o muerte misma.
Cada beso perfecto aparta el tiempo,
le echa hacia atrás, ensancha el mundo breve
donde puede besarse todavía.
Ni en el llegar, ni en el hallazgo
tiene el amor su cima:
es en la resistencia a separarse
en donde se le siente,
desnudo, altísimo, temblando.
Y la separación no es el momento
cuando brazos, o voces,
se despiden con señas materiales:
es de antes, de después.
Si se estrechan las manos, si se abraza,
nunca es para apartarse,
es porque el alma ciegamente siente
que la forma posible de estar juntos
es una despedida larga, clara.
Y que lo más seguro es el adiós.


Pedro Salinas
(Razón de amor, 1936)

sábado, 9 de febrero de 2013

Otra estirpe

                                    Flora, Louise Abbéma (1853-1927)

Eros, yo quiero guiarte, Padre ciego...
Pido a tus manos todopoderosas
¡su cuerpo excelso derramado en fuego
sobre mi cuerpo desmayado en rosas!


La eléctrica corola que hoy despliego
brinda el nectario de un jardín de Esposas;
para sus buitres en mi carne entrego
todo un enjambre de palomas rosas.


Da a las dos sierpes de su abrazo, crueles,
mi gran tallo febril... Absintio, mieles,
viérteme de sus venas, de su boca...


¡Así tendida, soy un surco ardiente
donde puede nutrirse la simiente
de otra Estirpe sublimemente loca!


Delmira Agustini
(Los cálices vacíos, 1913)

lunes, 4 de febrero de 2013

"Toilette" suprema

              Mañana en los Trópicos, Frederic Edwin Church (1826-1900)

    Bajo el encanto sombrío
De la tarde de tormenta
Hay trazos de luz violenta
En la amatista del río.
Y siento la tentación
De hundir mi cuerpo en la oscura
Agua quieta que fulgura
Bajo el cielo de crespón.


    Intensa coquetería
Del contraste con la onda
Que hará mi carne más blonda
Entre su gasa sombría.
Rara y divina toalé
Que en la penumbra amatista
Dará una gracia imprevista
A mi cuerpo rosa-té.


    Ninguna tela más bella
En su pliegue ha de envolverme.
¡Nunca tornarás a verme
Con tal blancura de estrella!
Jamás caprichoso azar

Ha dado, a ninguna amante,
Un lecho más fulgurante

Bajo el amado mirar.

    Deja que el río me vista
Con sus largos pliegues lilas,
Y guarda en tus dos pupilas,
Junto al fondo de amatista,
La visión loca y suprema
De mi cuerpo embellecido
Por el oscuro vestido

Y la sombría diadema.

Juana de Ibarbourou
(Las lenguas de diamante, 1919)

jueves, 31 de enero de 2013

Antífona

    Odalisca con pandereta, Léon-François Comerre (1850-1916)

    Ven, reina de los besos, flor de la orgía,
amante sin amores, sonrisa loca...
Ven, que yo sé la pena de tu alegría
y el rezo de amargura que hay en tu boca. 


    Yo no te ofrezco amores que tú no quieres;
conozco tu secreto, virgen impura;
amor es enemigo de los placeres
en que los dos ahogamos nuestra amargura. 


    Amarnos...¡Ya no es tiempo de que me ames!
A ti y a mí nos llevan olas sin leyes.
¡Somos a un mismo tiempo santos e infames,
somos a un mismo tiempo pobres y reyes! 


    ¡Bah! Yo sé que los mismos que nos adoran,
en el fondo nos guardan igual desprecio.
Y justas son las voces que nos desdoran...
Lo que vendemos ambos no tiene precio. 


    Así los dos, tú amores, yo poesía,
damos por oro a un mundo que despreciamos...
¡Tú, tu cuerpo de diosa; yo, el alma mía...!
Ven y reiremos juntos mientras lloramos. 


    Joven quiere en nosotros Naturaleza
hacer, entre poemas y bacanales,
el imperial regalo de la belleza,
luz, a la oscura senda de los mortales. 


    ¡Ah! Levanta la frente, flor siempreviva,
que das encanto, aroma, placer, colores...
Diles con esa fresca boca lasciva...
¡que no son de este mundo nuestros amores! 


    Igual camino en suerte nos ha cabido.
Un ansia igual nos lleva, que no se agota,
hasta que se confundan en el olvido
tu hermosura podrida, mi lira rota. 


    Crucemos nuestra calle de la amargura,
levantadas las frentes, juntas las manos...
¡Ven tú conmigo, reina de la hermosura;
hetairas y poetas somos hermanos!


Manuel Machado
(Alma, 1902)

jueves, 24 de enero de 2013

El viaje definitivo

            Emparrado, Ignacio Pinazo Camarlench (1849-1916)

     ...Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros
cantando;
y se quedará mi huerto, con su verde árbol,
y con su pozo blanco.

    Todas las tardes, el cielo será azul y plácido;
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario. 

    Se morirán aquellos que me amaron;
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado,
mi espíritu errará, nostáljico... 

    Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido...
Y se quedarán los pájaros cantando.


Juan Ramón Jiménez
(Segunda antolojía poética, 1922) 

sábado, 19 de enero de 2013

Desde el umbral del sueño me llamaron

             Jardingane (Algorta), Jaime Morera Galicia (1854-1927)

    Desde el umbral de un sueño me llamaron... 
Era la buena voz, la voz querida. 
    -Dime: ¿vendrás conmigo a ver el alma?.... 
Llegó a mi corazón una caricia. 
    -Contigo siempre....Y avancé en mi sueño 
por una larga, escueta galería, 
sintiendo el roce de la veste pura 
y el palpitar suave de la mano amiga.

Antonio Machado
(Soledades, galerías y otros poemas, 1907)

miércoles, 16 de enero de 2013

Mon rêve familier

   Ophelia, Arthur Hughes (1832-1915)

Je fais souvent ce rêve étrange et pénétrant
D'une femme inconnue, et que j'aime, et qui m'aime,
Et qui n'est, chaque fois, ni tout à fait la même
Ni tout à fait une autre, et m'aime et me comprend.

Car elle me comprend, et mon coeur, transparent
Pour elle seule, hélas! cesse d'être un problème,
Pour elle seule, et les moiteurs de mon front blême,
Elle seule les sait rafraîchir en pleurant.

Est-elle brune, blonde ou rousse? –Je l'ignore.
Son nom? Je me souviens qu'il est doux et sonore
Comme ceux des aimés que la Vie exila.

Son regard est pareil au regard des statues,
Et, pour sa voix, lointaine, et calme, et grave, elle a
L'inflexion des voix chères qui se sont tues.


Paul Verlaine
(Poèmes saturniens, 1866) 

Versión al castellano de Un poema cada día

Mi sueño familiar

Tengo a menudo este sueño extraño y penetrante
de una mujer desconocida, y a la que amo, y que me ama.
Y que no es, cada vez, ni del todo la misma
ni del todo distinta, y me ama y me comprende.

Porque ella me comprende, y mi corazón, transparente
para ella sola, ¡ay!, deja de ser un problema,
para ella sola, y el sudor de mi pálida frente,
ella sola lo sabe refrescar cuando llora.

¿Es morena, rubia o pelirroja? Lo ignoro.
¿Su nombre? Me acuerdo de que es suave y sonoro
como los de los amados a los que la Vida desterró.

Su mirada es parecida a la mirada de las estatuas,
y, en cuanto a su voz, lejana, y tranquila, y grave, tiene
la inflexión de las voces queridas que se han callado.

(Poemas saturnianos)

jueves, 10 de enero de 2013

Era un aire suave

              Baile delante de una fuente, Nicolas Lancret (1690-1743)

    Era un aire suave, de pausados giros:
el hada Harmonía ritmaba sus vuelos,
e iban frases vagas y tenues suspiros
entre los sollozos de los violoncelos. 

    Sobre la terraza, junto a los ramajes,
diríase un trémolo de liras eolias
cuando acariciaban los sedosos trajes,
sobre el tallo erguidas, las blancas magnolias. 

    La marquesa Eulalia risas y desvíos
daba a un tiempo mismo para dos rivales:
el vizconde rubio de los desafíos
y el abate joven de los madrigales.
   Cerca, coronado con hojas de viña,
reía en su máscara Término barbudo,
y, como un efebo que fuese una niña,
mostraba una Diana su mármol desnudo. 

    Y bajo un boscaje del amor palestra,
sobre rico zócalo al modo de Jonia,
con un candelabro prendido en la diestra
volaba el Mercurio de Juan de Bolonia. 

    La orquesta perlaba sus mágicas notas;
un coro de sones alados se oía;
galantes pavanas, fugaces gavotas
cantaban los dulces violines de Hungría. 

    Al oír las quejas de sus caballeros,
ríe, ríe, ríe la divina Eulalia,
pues son su tesoro las flechas de Eros,
el cinto de Cipria, la rueca de Onfalia. 

    ¡Ay de quien sus mieles y frases recoja!
¡Ay de quien del canto de su amor se fíe!
Con sus ojos lindos y su boca roja,
la divina Eulalia ríe, ríe, ríe. 

    Tiene azules ojos, es maligna y bella;
cuando mira, vierte viva luz extraña;
se asoma a sus húmedas pupilas de estrella
el alma del rubio cristal de Champaña. 

    Es noche de fiesta, y el baile de trajes
ostenta su gloria de triunfos mundanos.
La divina Eulalia, vestida de encajes,
una flor destroza con sus tersas manos. 

    El teclado armónico de su risa fina
a la alegre música de un pájaro iguala,
con los staccati de una bailarina
y las locas fugas de una colegiala. 

    ¡Amoroso pájaro que trinos exhala
bajo el ala a veces ocultando el pico;
que desdenes rudos lanza bajo el ala,
bajo el ala aleve del leve abanico! 

    Cuando a medianoche sus notas arranque
y en arpegios áureos gima Filomela,
y el ebúrneo cisne, sobre el quieto estanque
como blanca góndola imprima su estela, 

    la marquesa alegre llegará al boscaje,
boscaje que cubre la amable glorieta
donde han de estrecharla los brazos de un paje,
que, siendo su paje, será su poeta. 

    Al compás de un canto de artista de Italia
que en la brisa errante la orquesta deslíe,
junto a los rivales, la divina Eulalia,
la divina Eulalia, ríe, ríe, ríe. 

    ¿Fue acaso en el tiempo del rey Luis de Francia,
sol con corte de astros, en campos de azur,
cuando los alcázares llenó de fragancia
la regia y pomposa rosa Pompadour? 

    ¿Fue cuando la bella su falda cogía
con dedos de ninfa, bailando el minué,
y de los compases el ritmo seguía,
sobre el tacón rojo, lindo y leve el pie? 

    ¿O cuando pastoras de floridos valles
ornaban con cintas sus albos corderos
y oían, divinas Tirsis de Versalles,
las declaraciones de sus caballeros? 

    ¿Fue en ese buen tiempo de duques pastores,
de amantes princesas y tiernos galanes,
cuando entre sonrisas y perlas y flores
iban las casacas de los chambelanes?  

    ¿Fue acaso en el Norte o en el Mediodía?
Yo el tiempo y el día y el país ignoro;
pero sé que Eulalia ríe todavía,
¡y es cruel y eterna su risa de oro!


Rubén Darío
(Prosas profanas, 1896)

martes, 8 de enero de 2013

Caupolicán

       Lucha de Hércules con el león de Nemea, Francisco de Zurbarán (1598-1664)
                                                                             A Henrique Hernández Miyares
    Es algo formidable que vio la vieja raza;
robusto tronco de árbol al hombro de un campeón
salvaje y aguerrido, cuya fornida maza
blandiera el brazo de Hércules, o el brazo de Sansón.

    Por casco sus cabellos, su pecho por coraza,
pudiera tal guerrero, de Arauco en la región,
lancero de los bosques, Nemrod que todo caza,
desjarretar un toro, o estrangular un león.

    Anduvo, anduvo, anduvo. Le vio la luz del día,
le vio la tarde pálida, le vio la noche fría,
y siempre el tronco de árbol a cuestas del titán.

    «¡El Toqui, el Toqui!», clama la conmovida casta.
Anduvo, anduvo, anduvo. La Aurora dijo: «Basta»,
e irguióse la alta frente del gran Caupolicán.


Rubén Darío
(Azul, 1888)

viernes, 4 de enero de 2013

Rêvé pour l'hiver

                 El beso, Henri de Toulouse-Lautrec (1864-1901)
                                                                                                                                     À Elle
 L'hiver nous irons dans un petit wagon rose
                         Avec des coussins bleus.
Nous serons bien. Un nid de baisers fous repose
                         Dans chaque coin moelleux.
Tu fermeras l'oeil, pour ne point voir, par la glace,
                      Grimacer les ombres des soirs,
Ces monstruosités hargneuses, populace
                      De démons noirs et de loups noirs.

Puis tu te sentiras la joue égratignée...
Un petit baiser, comme une folle araignée,
                     Te courra par le cou...

Et tu me diras: "Cherche!" en inclinant la tête,
–Et nous prendrons du temps à trouver cette bête
                    Qui voyage beaucoup...

Arthur Rimbaud
(En Wagon, le 7 octobre 1870)

Versión al castellano de Un poema cada día

                Ideal para el invierno
                                                                                              A Ella
 En el invierno, iremos en un pequeño vagón rosa
                         con cojines azules.
Nos sentiremos bien. Un nido de besos locos descansa
                         en cada rincón mullido.
Cerrarás los ojos, para no ver, por el cristal,
                      gesticular las sombras de la tarde,
esas monstruosidades coléricas, populacho
                      de demonios negros y de lobos negros.

Luego te sentirás la mejilla arañada...
Un pequeño beso, como una loca araña,
                      te correrá por el cuello...

Y me dirás: "¡Busca!", inclinando la cabeza,
–y nos llevará tiempo encontrar a esta bestia
                    que viaja mucho...

viernes, 21 de diciembre de 2012

To Fanny

 Hermosa Rosamunda, Arthur Hughes (1832-1915)

    I cry your mercy—pity—love!—aye, love! 
Merciful love that tantalizes not,
One-thoughted, never-wandering, guileless love,
Unmasked, and being seen—without a blot!

    O! let me have thee whole,—all—all—be mine!
That shape, that fairness, that sweet minor zest
Of love, your kiss,—those hands, those eyes divine,
That warm, white, lucent, million-pleasured breast,—

    Yourself—your soul—in pity give me all,
Withhold no atom’s atom or I die,
Or living on, perhaps, your wretched thrall,

    Forget, in the midst of idle misery,
Life’s purposes,—the palate of my mind
Losing its gust, and my ambition blind!

John Keats
(1795-1821)

Versión en castellano de Un poema cada día

    ¡Imploro tu compasión, piedad, amor! ¡Sí, amor!
Compasivo amor que no atormenta,
único en mi pensamiento, nunca errante, puro amor,
sin máscara, y ya descubierto, ¡sin mancilla!

    ¡Oh! ¡Déjame tenerte entera, toda, toda, sé mía!
Esa forma, esa beldad, ese dulce y pequeño gozo
de amor, tu beso; esas manos, esos ojos divinos,
ese cálido, blanco, radiante, infinitamente placentero pecho,

    a ti misma, tu alma, por piedad, dámelo todo,
no retengas ni un átomo de un átomo o muero,
o si vivo, tal vez, como tu miserable esclavo,

    ¡olvida, en medio de la ociosa desdicha,
los propósitos de la vida, el gusto de mi mente
perdido en su arrebato, y mi ciega ambición!

viernes, 14 de diciembre de 2012

Cántico espiritual (fragmento)

           Bajo los árboles, Thomas Moran (1837-1926)
     
    ¿Adónde te escondiste,
Amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste
habiéndome herido;
salí tras ti clamando, y eras ido.

    Pastores, los que fuerdes
allá por las majadas al otero,
si por ventura vierdes
aquel que yo más quiero,
decidle que adolezco, peno y muero.

    Buscando mis amores,
iré por esos montes y riberas;
ni cogeré las flores,
ni temeré las fieras,
y pasaré los fuertes y fronteras.

    ¡Oh bosques y espesuras
plantadas por la mano del Amado!
¡Oh prado de verduras,
de flores esmaltado!
¡Decid si por vosotros ha pasado!

    Mil gracias derramando
pasó por estos sotos con presura,
e, yéndolos mirando,
con sola su figura
vestidos los dejó de hermosura.

    ¡Ay! ¿Quién podrá sanarme?
Acaba de entregarte ya de vero.
No quieras enviarme
de hoy más ya mensajero;
que no saben decirme lo que quiero.

    Y todos cuantos vagan
de ti me van mil gracias refiriendo,
y todos más me llagan,
y déjame muriendo
un no sé qué que quedan balbuciendo.


San Juan de la Cruz

(1542-1591)

jueves, 6 de diciembre de 2012

Despedir-se

      Jardín de las Elegías. Son Moragas, Santiago Rusiñol (1861-1931)

He tret catifes i cortines,
les taules on fa temps que no menjo ni escric.
He tret els quadres i he pintat els murs
per esborrar les marques de tants anys.
He guardat alguns llibres. Sé quins són.
He destruït cartes d'amor.
Silenciosos, els amors
ara són icebergs errants del pensament.
Sense racons per a la por, la casa
m'ha despullat els ulls. Ni l'esperança
pertorbarà l'última mort.
No hi ha cap altra casa pels qui estimo.


Joan Margarit
(Misteriosament feliç, 2008)

Versión al castellano de Un poema cada día

He sacado alfombras y cortinas,
las mesas donde hace tiempo que no como ni escribo.
He sacado los cuadros y he pintado los muros
para borrar las marcas de tantos años.
He guardado algunos libros. Sé cuáles son.
He destruido cartas de amor.
Silenciosos, los amores
ahora son icebergs errantes del pensamiento.
Sin rincones para el miedo, la casa
me ha desnudado los ojos. Ni la esperanza
perturbará la última muerte.
No hay ninguna otra casa para los que amo.

domingo, 2 de diciembre de 2012

La fabulosa eternidad

         Sendero en el jardín del artista, Claude Monet (1840-1926)

Es rosa el monte tras el mudo huerto
del otoño. Los pájaros confunden
ramas, vuelos y trinos; y en el mar
se adormecen las velas solitarias.
Cuelgan de las palmeras los dorados
racimos, y los aires vienen breves
a golpear las ramas del naranjo.
Un aroma de tardíos jazmines
da a mi carne vigor, y juventud.
Los rosales son zarzas y son fuego:
se desnudan de olor. Y son sus flores
sangrientas, blancas, rosas, amarillas.
La casa esplende bajo el sol tardío;
el tiempo es una luz ya muy cansada.

Puntean las estrellas, y algún frío
baja el azul; es hosca la llegada
de los cuervos que baten el pinar.
Aquí, en este lugar, supo mi infancia
que era eterna la vida, y el engaño
da a mis ojos amor. Hoy miro el mundo
como el amante sabe, abandonado,
que quien le desdeñó le merecía.
Y todo pudo ser, pues fue vivido,
y este rumor de tiempo que yo soy
recuerda, como un sueño, que fue eterno.

Francisco Brines
(El otoño de las rosas, 1986)

jueves, 29 de noviembre de 2012

La espera

                   Miranda, John William Waterhouse (1849-1917)  
Y tú me dices 
que tienes los pechos rendidos de esperarme,
que te duelen los ojos de estar siempre vacíos de mi 
      cuerpo,
que has perdido hasta el tacto de tus manos 

de palpar esta ausencia por el aire, 
que olvidas el tamaño caliente de mi boca. 

Y tú me lo dices que sabes 
que me hice sangre en las palabras de repetir tu nombre, 
de lastimar mis labios con la sed de tenerte, 
de darle a mi memoria, registrándola a ciegas, 
una nueva manera de rescatarte en vano 
desde la soledad en la que tú me gritas 
que sigues esperándome. 

Y tú me lo dices que estás tan hecha 
a esta deshabitada cerrazón de la carne 
que apenas si tu sombra se delata, 
que apenas si eres cierta 
en la oscuridad que la distancia pone 
entre tu cuerpo y el mío. 

José Manuel Caballero Bonald
(Las adivinaciones, 1952)

Nuestro homenaje a tan eximio poeta, a quien hoy se ha concedido el Premio Cervantes.

domingo, 25 de noviembre de 2012

Esta cabeza, cuando viva, tuvo

             Vanidad, Juriaen van Streeck (1632-1687)

    Esta cabeza, cuando viva, tuvo
sobre la arquitectura destos huesos,
carne y cabellos, por quien fueron presos
los ojos que mirándola detuvo.
    
    Aquí la rosa de la boca estuvo,
marchita ya con tan helados besos;
aquí los ojos de esmeralda impresos,
color que tantas almas entretuvo.

    Aquí la estimativa, en que tenía
el principio de todo movimiento;
aquí de las potencias la armonía.

    ¡Oh hermosura mortal, cometa al viento!
Donde tan alta presunción vivía,
desprecian los gusanos aposento.

Lope de Vega
(1562-1635)

Hoy, 25 de noviembre de 2012, se conmemora el 450 aniversario del nacimiento de este excelso poeta, novelista y dramaturgo. Nuestro recuerdo sirva de homenaje al Fénix de los ingenios españoles, como le llamó Cervantes.

jueves, 22 de noviembre de 2012

A un ruiseñor

                El Río de Luz, Frederic Edwin Church (1826-1900)

Canta en la noche, canta en la mañana,
ruiseñor, en el bosque tus amores;
canta, que llorará cuando tú llores
el alba perlas en la flor temprana.

Teñido el cielo de amaranto y grana,
la brisa de la tarde entre las flores
suspirará también a los rigores
de tu amor triste y tu esperanza vana.

Y en la noche serena, al puro rayo
de la callada luna, tus cantares
los ecos sonarán del bosque umbrío.

Y vertiendo dulcísimo desmayo,
cual bálsamo süave en mis pesares,
endulzará tu acento el labio mío.
 

José de Espronceda
(1808-1842)

viernes, 16 de noviembre de 2012

Rima XV

                   Puesta de sol en el mar, Thomas Moran (1837-1926)

Cendal flotante de leve bruma,
rizada cinta de blanca espuma, 

rumor sonoro
de arpa de oro,
beso del aura, onda de luz,
eso eres tú.


Tú, sombra aérea, que cuantas veces
voy a tocarte te desvaneces.
¡Como la llama, como el sonido,
como la niebla, como el gemido 

del lago azul!

En mar sin playas onda sonante,
en el vacío cometa errante,
largo lamento
del ronco viento,
ansia perpetua de algo mejor, 

eso soy yo.

¡Yo, que a tus ojos en mi agonía
los ojos vuelvo de noche y día;
yo, que incansable corro y demente 

tras una sombra, tras la hija ardiente
de una visión!

Gustavo Adolfo Bécquer
(Rimas, 1871)
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