Música azul y verde, Georgia O'Keeffe (1919)
Si cierras la puerta con tanto aspaviento
levantas corriente
y vuelan las cosas que reposan tranquilas
posándose en sitios que no les pertenecen.
La mesa en el pasillo
la alfombra en la alacena
el jarrón en el jardín.
Y al regresar nada es cercano.
Es insólito, disparatado e impropio.
Volviste con premura y a ordenar.
no dio
tiempo
Vega Cerezo
(La sirena dormida, 2010)
Aquí está el poema diario que utilizamos para ir fortaleciendo la inteligencia y la sensibilidad de nuestros alumnos. Si alguien encuentra un bálsamo o un revulsivo en esta diaria medicina, bienvenido sea.
lunes, 25 de noviembre de 2013
viernes, 22 de noviembre de 2013
En el tiempo que me vi
Romeo en el lecho de muerte de Julieta, Johann Heinrich Füssli (1809)
En el tiempo que me vi
más alegre y placentero,
encontré con un palmero
que me habló y dijo así:
–¿Dónde vas, el caballero?
¿Dónde vas, triste de ti?
Muerta es tu linda amiga,
muerta es, que yo la vi;
las andas en que ella iba
de luto las vi cubrir,
duques, condes la lloraban
todos por amor de ti;
dueñas, damas y doncellas
llorando dicen así:
–¡Oh triste del caballero
que tal dama pierde aquí!
Anónimo
(Siglo XV)
domingo, 17 de noviembre de 2013
Jardín de nuevo, IV
Acme y Septimio, Frederic Leighton (h. 1868)
Si ella me ofreciera de su boca nuevamente
la manzana del árbol de la vida
y como ayer brillaran los ojos de la sierpe
por detrás de su corteza encarnada
igual mordería por besarla aunque supiera
el misterio del edénico exilio,
la vergüenza que cubre los sueños más hermosos
y la sed de los jardines perdidos.
Si ella me llamara ven amor desde las torres
del templo de las nubes subiría;
si a brazo no pudiera lo haría a santidad,
buscando muerte lenta y buenas obras
para que al fin me nacieran dos alas de oro
en la espalda cargada de milagros
y volar y hacer pudiera de aire nuestro nido,
el nuevo paraíso de los labios.
Si ella me llamara Salomón y rey yo fuera
y postradas de hinojos ante mí
princesas concubinas, mancebos querubines
cantaran ven al tálamo florido
a todos negaría mi cuerpo, que es el suyo,
y a la casa pequeña volvería
mordiendo una vez más lo que escapa a Salomón:
la manzana del árbol de la vida.
Álvaro Tato
(Hexateuco, 2000)
viernes, 8 de noviembre de 2013
To Autumn
Bosque en otoño, Walter Moras (1856-1925)
I
Season of mists and mellow fruitfulness,
Close bosom-friend of the maturing sun,
Conspiring with him how to load and bless
With fruit the vines that round the thatch-eves run;
To bend with apples the mossed cottage-trees,
And fill all fruit with ripeness to the core;
To swell the gourd, and plump the hazel shells
With a sweet kernel; to set budding more,
And still more, later flowers for the bees,
Until they think warm days will never cease,
For Summer has o'er-brimmed their clammy cells.
II
Who hath not seen thee oft amid thy store?
Sometimes whoever seeks abroad may find
Thee sitting careless on a granary floor,
Thy hair soft-lifted by the winnowing wind;
Or on a half-reaped furrow sound asleep,
Drowsed with the fume of poppies, while thy hook
Spares the next swath and all its twined flowers;
And sometimes like a gleaner thou dost keep
Steady thy laden head across a brook;
Or by a cider-press, with patient look,
Thou watchest the last oozings hours by hours.
III
Where are the songs of Spring? Ay, where are they?
Think not of them, thou hast thy music too,–
While barred clouds bloom the soft-dying day,
And touch the stubble-plains with rosy hue;
Then in a wailful choir the small gnats mourn
Among the river sallows, borne aloft
Or sinking as the light wind lives or dies;
And full-grown lambs loud bleat from hilly bourn;
Hedge-crickets sing; and now with treble soft
The red-breast whistles from a garden-croft;
And gathering swallows twitter in the skies.
John Keasts
(To Autumn, 1819)
I
Época de neblinas, de fértiles sazones,
Compañera entrañable del sol casi maduro,
Conspirando con él cómo llenar las viñas
Que escalan por las bardas con bendición de frutos
O encorvar con manzanas los árboles del huerto.
Eres tú quien los frutos sazonas hondamente,
Hinches la calabaza, la cáscara morena
Llenas con dulce almendra, y tan diversos brotes
De flores ya tardías regalas a la abeja,
Que los cálidos días supone interminables,
Desbordando el verano de sus celdas viscosas.
II
¿Quién no te ha contemplado ceñido de abundancia?
Aquel que en torno mira hallarte suele
Sentado con descuido en los graneros,
Tu pelo levantado al viento que lo aventa,
O en surco aún no segado dormir profundamente,
Ebrio de adormideras, en tanto tu hoz respeta
La próxima gavilla de flores enlazadas.
Otras, como un espigador, mantienes fijamente
Tu cabeza inclinada encima de un arroyo,
O con ojos pacientes en el lagar contemplas
La cidra hora tras hora correr en gotas últimas.
III
¿Adónde con sus cantos se fue la primavera?
Mas no los recordemos, que en ti música hay.
Cuando florece en nubes el día declinante
Cubriendo los rastrojos de un matiz sonrosado,
Un coro lastimero de cínifes se duele
Entre orillas de sauces, que erguidos o doblados
Siguen al viento leve según renace o muere.
Hay corderos que balan por su otero nativo
Mientras cantan los grillos, y luego, blandamente,
El petirrojo silba cerca de alguna huerta
O trinan por el cielo bandos de golondrina.
(Al otoño)
[Traducción al castellano de Luis Cernuda]
I
Season of mists and mellow fruitfulness,
Close bosom-friend of the maturing sun,
Conspiring with him how to load and bless
With fruit the vines that round the thatch-eves run;
To bend with apples the mossed cottage-trees,
And fill all fruit with ripeness to the core;
To swell the gourd, and plump the hazel shells
With a sweet kernel; to set budding more,
And still more, later flowers for the bees,
Until they think warm days will never cease,
For Summer has o'er-brimmed their clammy cells.
II
Who hath not seen thee oft amid thy store?
Sometimes whoever seeks abroad may find
Thee sitting careless on a granary floor,
Thy hair soft-lifted by the winnowing wind;
Or on a half-reaped furrow sound asleep,
Drowsed with the fume of poppies, while thy hook
Spares the next swath and all its twined flowers;
And sometimes like a gleaner thou dost keep
Steady thy laden head across a brook;
Or by a cider-press, with patient look,
Thou watchest the last oozings hours by hours.
III
Where are the songs of Spring? Ay, where are they?
Think not of them, thou hast thy music too,–
While barred clouds bloom the soft-dying day,
And touch the stubble-plains with rosy hue;
Then in a wailful choir the small gnats mourn
Among the river sallows, borne aloft
Or sinking as the light wind lives or dies;
And full-grown lambs loud bleat from hilly bourn;
Hedge-crickets sing; and now with treble soft
The red-breast whistles from a garden-croft;
And gathering swallows twitter in the skies.
John Keasts
(To Autumn, 1819)
I
Época de neblinas, de fértiles sazones,
Compañera entrañable del sol casi maduro,
Conspirando con él cómo llenar las viñas
Que escalan por las bardas con bendición de frutos
O encorvar con manzanas los árboles del huerto.
Eres tú quien los frutos sazonas hondamente,
Hinches la calabaza, la cáscara morena
Llenas con dulce almendra, y tan diversos brotes
De flores ya tardías regalas a la abeja,
Que los cálidos días supone interminables,
Desbordando el verano de sus celdas viscosas.
II
¿Quién no te ha contemplado ceñido de abundancia?
Aquel que en torno mira hallarte suele
Sentado con descuido en los graneros,
Tu pelo levantado al viento que lo aventa,
O en surco aún no segado dormir profundamente,
Ebrio de adormideras, en tanto tu hoz respeta
La próxima gavilla de flores enlazadas.
Otras, como un espigador, mantienes fijamente
Tu cabeza inclinada encima de un arroyo,
O con ojos pacientes en el lagar contemplas
La cidra hora tras hora correr en gotas últimas.
III
¿Adónde con sus cantos se fue la primavera?
Mas no los recordemos, que en ti música hay.
Cuando florece en nubes el día declinante
Cubriendo los rastrojos de un matiz sonrosado,
Un coro lastimero de cínifes se duele
Entre orillas de sauces, que erguidos o doblados
Siguen al viento leve según renace o muere.
Hay corderos que balan por su otero nativo
Mientras cantan los grillos, y luego, blandamente,
El petirrojo silba cerca de alguna huerta
O trinan por el cielo bandos de golondrina.
(Al otoño)
[Traducción al castellano de Luis Cernuda]
martes, 5 de noviembre de 2013
Adolescente fui en días idénticos a nubes
Pérgola en Amalfi, Carl Frederik Aagaard (h. 1880)
Adolescente fui en días idénticos a nubes,
Cosa grácil, visible por penumbra y reflejo,
Y extraño es, si ese recuerdo busco,
Que tanto, tanto duela sobre el cuerpo de hoy.
Y extraño es, si ese recuerdo busco,
Que tanto, tanto duela sobre el cuerpo de hoy.
Perder placer es triste
Como la dulce lámpara sobre el lento nocturno;
Aquel fui, aquel fui, aquel he sido;
Era la ignorancia mi sombra.
Como la dulce lámpara sobre el lento nocturno;
Aquel fui, aquel fui, aquel he sido;
Era la ignorancia mi sombra.
Ni gozo ni pena; fui niño
Prisionero entre muros cambiantes;
Historias como cuerpos, cristales como cielos,
Sueño luego, un sueño más alto que la vida.
Prisionero entre muros cambiantes;
Historias como cuerpos, cristales como cielos,
Sueño luego, un sueño más alto que la vida.
Cuando la muerte quiera
Una verdad quitar de entre mis manos,
Las hallará vacías, como en la adolescencia
Ardientes de deseo, tendidas hacia el aire.
Una verdad quitar de entre mis manos,
Las hallará vacías, como en la adolescencia
Ardientes de deseo, tendidas hacia el aire.
Luis Cernuda
(Donde habite el olvido, 1932-1933)
domingo, 3 de noviembre de 2013
El otoño cruzaba
En el Saco, Albert Bierstadt (1830-1902)
El otoño cruzaba
las colinas de débiles
temblores. Cada
hoja caída
estremecía toda una montaña.
Leve rumor de luces y de brisas
rodaba por el valle, se acercaba.
Los pájaros dejaban bruscamente
temblorosas las ramas
cayéndose hacia el cielo, arrebatados
por una fuerza extraña.
Las carnosas ortigas
se apretaban
como un rebaño
inquieto. Levantaban del agua
su cabeza, los juncos.
Las verdinegras zarzas
se crecían.
Imperceptibles, más delgadas
por la tensa postura de su espera,
las hierbas, anhelantes…
Tú llegabas,
y una amarilla paz de hojas caídas
reponía el silencio a tus espaldas.
Ángel González
(Áspero mundo, 1956)
El otoño cruzaba
las colinas de débiles
temblores. Cada
hoja caída
estremecía toda una montaña.
Leve rumor de luces y de brisas
rodaba por el valle, se acercaba.
Los pájaros dejaban bruscamente
temblorosas las ramas
cayéndose hacia el cielo, arrebatados
por una fuerza extraña.
Las carnosas ortigas
se apretaban
como un rebaño
inquieto. Levantaban del agua
su cabeza, los juncos.
Las verdinegras zarzas
se crecían.
Imperceptibles, más delgadas
por la tensa postura de su espera,
las hierbas, anhelantes…
Tú llegabas,
y una amarilla paz de hojas caídas
reponía el silencio a tus espaldas.
Ángel González
(Áspero mundo, 1956)
miércoles, 30 de octubre de 2013
Cerca del agua te quiero llevar
Islas de Shoals, Broad Cove, Childe Hassam (1911)
Cerca del agua te quiero llevar
porque tu arrullo trascienda del mar.
Cerca del agua te quiero tener
porque te aliente un vívido ser.
Cerca del agua te quiero sentir
porque la espuma te enseñe a reír.
Cerca del agua te quiero, mujer,
ver, abarcar, fecundar, conocer.
Cerca del agua perdida del mar
que no se puede perder ni encontrar.
Miguel Hernández
(Cancionero y romancero de ausencias, 1938-1941)
viernes, 25 de octubre de 2013
Vengo de olvidarte
Paisaje con figura, Enrique Sobich (1981)
Vengo de olvidarte...
pero llego a casa y me tropiezo contigo,
en las cosas que me miran con tus ojos,
en las pelusas del pasillo
que me enredan leves,
con tu olvido.
Vengo de olvidarte...
y puede
que cambie de casa
y siga viniendo de olvidarte,
que cambie de cuerpo
y te siga deseando,
que cambie de vida
y te siga viviendo.
Vengo de olvidarte.
Tiro el bolso
y se cae el pintalabios,
un beso metálico en el parquet
me recuerda la ausencia de tu boca.
Con vocación de olvidarte
me muevo.
Cada minuto y centímetro
que salgo de mí misma
hago eso, insisto en ello.
Mi obstinación es olvidarte
mi trabajo es olvidarte
mi verso es olvidarte
mi insulto es olvidarte,
mi presente y mi futuro es olvidarte.
Y vengo y voy
para olvidarte.
Me duermo y me despierto
para olvidarte.
Soy lo que soy
para olvidarte.
Me voy a otras cosas
a otras casas
a otros seres
a otras páginas.
Me voy a otros versos
a otras voces
a otros canales
a otros ríos.
Me voy, me voy, me voy
continuamente.
Y cuando vuelvo…
abro la puerta
tiro el bolso
el pecho
la careta
y el tabaco…
y sé que vengo de olvidarte.
Belén Reyes
(Ponerle un bozal al corazón, 2002)
Moncho Otero y Rafa Mora le han puesto música y voz a este hermoso poema. Aquí podéis verlos y escucharlos, acompañados al piano por Alejandro Martínez.
Vengo de olvidarte...
pero llego a casa y me tropiezo contigo,
en las cosas que me miran con tus ojos,
en las pelusas del pasillo
que me enredan leves,
con tu olvido.
Vengo de olvidarte...
y puede
que cambie de casa
y siga viniendo de olvidarte,
que cambie de cuerpo
y te siga deseando,
que cambie de vida
y te siga viviendo.
Vengo de olvidarte.
Tiro el bolso
y se cae el pintalabios,
un beso metálico en el parquet
me recuerda la ausencia de tu boca.
Con vocación de olvidarte
me muevo.
Cada minuto y centímetro
que salgo de mí misma
hago eso, insisto en ello.
Mi obstinación es olvidarte
mi trabajo es olvidarte
mi verso es olvidarte
mi insulto es olvidarte,
mi presente y mi futuro es olvidarte.
Y vengo y voy
para olvidarte.
Me duermo y me despierto
para olvidarte.
Soy lo que soy
para olvidarte.
Me voy a otras cosas
a otras casas
a otros seres
a otras páginas.
Me voy a otros versos
a otras voces
a otros canales
a otros ríos.
Me voy, me voy, me voy
continuamente.
Y cuando vuelvo…
abro la puerta
tiro el bolso
el pecho
la careta
y el tabaco…
y sé que vengo de olvidarte.
Belén Reyes
(Ponerle un bozal al corazón, 2002)
Moncho Otero y Rafa Mora le han puesto música y voz a este hermoso poema. Aquí podéis verlos y escucharlos, acompañados al piano por Alejandro Martínez.
lunes, 21 de octubre de 2013
Un manso río, una vereda estrecha
Un manso río, una vereda estrecha,
un campo solitario y un pinar,
y el viejo puente rústico y sencillo
completando tan grata soledad.
¿Qué es soledad? Para llenar el mundo
basta a veces un solo pensamiento.
Por eso hoy, hartos de belleza, encuentras
el puente, el río y el pinar desiertos.
No son nube ni flor los que enamoran;
eres tú, corazón, triste o dichoso,
ya del dolor y del placer el árbitro,
quien seca el mar y hace habitable el polo.
Rosalía de Castro
(En las orillas del Sar, 1884)
domingo, 20 de octubre de 2013
Algúns din ¡miña terra!
Bosque, Agustín Lhardy Garrigues (1847-1918)
Algúns din ¡miña terra!
Din outros ¡meu cariño!
I este, ¡miñas lembranzas!
I aquel, ¡ou, meus amigos!
Todos sospiran, todos,
por algún ben perdido.
Eu só non digo nada,
eu só nunca sospiro,
que o meu corpo de terra
i o meu cansado esprito,
adondequer que eu vaia
van comigo.
Rosalía de Castro
(Follas novas, 1880)
Versión al castellano de Un poema cada día
Algunos dicen ¡tierra mía!
Dicen otros ¡cariño mío!
Y este, ¡recuerdos míos!
Y aquel, ¡oh, amigos míos!
Todos suspiran, todos,
por algún bien perdido.
Solo yo no digo nada,
solo yo nunca suspiro,
que mi cuerpo de tierra
y mi cansado espíritu,
adondequiera que vaya
van conmigo.
Algúns din ¡miña terra!
Din outros ¡meu cariño!
I este, ¡miñas lembranzas!
I aquel, ¡ou, meus amigos!
Todos sospiran, todos,
por algún ben perdido.
Eu só non digo nada,
eu só nunca sospiro,
que o meu corpo de terra
i o meu cansado esprito,
adondequer que eu vaia
van comigo.
Rosalía de Castro
(Follas novas, 1880)
Versión al castellano de Un poema cada día
Algunos dicen ¡tierra mía!
Dicen otros ¡cariño mío!
Y este, ¡recuerdos míos!
Y aquel, ¡oh, amigos míos!
Todos suspiran, todos,
por algún bien perdido.
Solo yo no digo nada,
solo yo nunca suspiro,
que mi cuerpo de tierra
y mi cansado espíritu,
adondequiera que vaya
van conmigo.
miércoles, 16 de octubre de 2013
Rima VII
Tocando el arpa, Thérèse Schwartze (1851-1918)
Del salón en el ángulo oscuro,
de su dueña tal vez olvidada,
silenciosa y cubierta de polvo
veíase el arpa.
¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas,
como el pájaro duerme en las ramas,
esperando la mano de nieve
que sabe arrancarlas!
¡Ay!, pensé; ¡cuántas veces el genio
así duerme en el fondo del alma,
y una voz, como Lázaro, espera
que le diga: «Levántate y anda»!
Gustavo Adolfo Bécquer
(Rimas, 1871)
Del salón en el ángulo oscuro,
de su dueña tal vez olvidada,
silenciosa y cubierta de polvo
veíase el arpa.
¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas,
como el pájaro duerme en las ramas,
esperando la mano de nieve
que sabe arrancarlas!
¡Ay!, pensé; ¡cuántas veces el genio
así duerme en el fondo del alma,
y una voz, como Lázaro, espera
que le diga: «Levántate y anda»!
Gustavo Adolfo Bécquer
(Rimas, 1871)
domingo, 13 de octubre de 2013
Digades, filha, mia filha velida
Paisaje forestal con río, Bruno Moras (1883-1939)
–Digades, filha, mia filha velida,
por que tardastes na fontana fria?
Os amores ei.
Digades, filha, mia filha louçana,
por que tardastes na fria fontana?
Os amores ei.
–Tardei, mia madre, na fontana fria:
cervos do monte a augua volvian.
Os amores ei.
Tardei, mia madre, na fria fontana:
cervos do monte volvian a augua.
Os amores ei.
–Mentir, mia filha, mentir por amigo:
nunca vi cervo que volvess´ o rio.
Os amores ei.
Mentir, mia filha, mentir por amado:
nunca vi cervo que volvess´o alto.
Os amores ei.
Pero Meogo
(Siglo XIII)
Versión al castellano de Un poema cada día
–Dime, hija, mi hermosa hija,
¿por qué tardaste en la fontana fría?
Amores tengo.
Dime, hija, mi hija lozana,
¿por qué tardaste en la fría fontana?
Amores tengo.
–Tardé, madre mía, en la fontana fría:
los ciervos del monte el agua removían.
Amores tengo.
Tardé, madre mía, en la fría fontana:
los ciervos del monte removían el agua.
Amores tengo.
–Mientes, hija mía, mientes por el amigo:
nunca vi un ciervo que removiese el río.
Amores tengo.
Mientes, hija mía, mientes por el amado:
nunca vi un ciervo que removiese en lo alto.
Amores tengo.
–Digades, filha, mia filha velida,
por que tardastes na fontana fria?
Os amores ei.
Digades, filha, mia filha louçana,
por que tardastes na fria fontana?
Os amores ei.
–Tardei, mia madre, na fontana fria:
cervos do monte a augua volvian.
Os amores ei.
Tardei, mia madre, na fria fontana:
cervos do monte volvian a augua.
Os amores ei.
–Mentir, mia filha, mentir por amigo:
nunca vi cervo que volvess´ o rio.
Os amores ei.
Mentir, mia filha, mentir por amado:
nunca vi cervo que volvess´o alto.
Os amores ei.
Pero Meogo
(Siglo XIII)
Versión al castellano de Un poema cada día
–Dime, hija, mi hermosa hija,
¿por qué tardaste en la fontana fría?
Amores tengo.
Dime, hija, mi hija lozana,
¿por qué tardaste en la fría fontana?
Amores tengo.
–Tardé, madre mía, en la fontana fría:
los ciervos del monte el agua removían.
Amores tengo.
Tardé, madre mía, en la fría fontana:
los ciervos del monte removían el agua.
Amores tengo.
–Mientes, hija mía, mientes por el amigo:
nunca vi un ciervo que removiese el río.
Amores tengo.
Mientes, hija mía, mientes por el amado:
nunca vi un ciervo que removiese en lo alto.
Amores tengo.
martes, 8 de octubre de 2013
Vaise mio corachón de mib
Vaise mio corachón de mib.
¡Ya Rab!, ¿si se me tornarad?
Tan mal me dóled li-l-habib:
enfermo yed, ¿cuánd sanarad?
Anónimo
(Siglo XI)
Versión al castellano de Un poema cada día
Se me va el corazón.
¡Ay, Dios!, ¿acaso volverá?
Tanto me duele por mi amigo:
enfermo está, ¿cuándo sanará?
martes, 1 de octubre de 2013
Nire aitaren etxea
Paisaje de Hernani, Darío de Regoyos (1857-1913)
Nire aitaren etxea
defendituko dut.
Otsoen kontra,
sikatearen kontra,
lukurreriaren kontra,
justiziaren kontra,
defenditu
eginen dut
nire aitaren etxea.
Galduko ditut
aziendak,
soloak,
pinudiak;
galduko ditut
korrituak,
errentak,
interesak,
baina nire aitaren etxea defendituko dut.
Harmak kenduko dizkidate,
eta eskuarekin defendituko dut
nire aitaren etxea;
eskuak ebakiko dizkidate,
eta besoarekin defendituko dut
nire aitaren etxea;
besorik gabe,
sorbaldik gabe,
bularrik gabe
utziko naute,
eta arimarekin defendituko dut
nire aitaren etxea.
Ni hilen naiz,
nire arima galduko da,
nire askazia galduko da,
baina nire aitaren etxeak
iraunen du
zutik.
Gabriel Aresti
(Harri eta herri, 1964)
La casa de mi padre
Defenderé
la casa de mi padre.
Contra los lobos,
contra la sequía,
contra la usura,
contra la justicia,
defenderé
la casa
de mi padre.
Perderé
los ganados,
los huertos,
los pinares;
perderé
los intereses,
las rentas,
los dividendos,
pero defenderé la casa de mi padre.
Me quitarán las armas
y con las manos defenderé
la casa de mi padre;
me cortarán las manos
y con los brazos defenderé
la casa de mi padre;
me dejarán
sin brazos,
sin hombros
y sin pechos,
y con el alma defenderé
la casa de mi padre.
Me moriré,
se perderá mi alma,
se perderá mi prole,
pero la casa de mi padre
seguirá
en pie.
(Piedra y pueblo, 1964)
[Traducción al castellano del autor]
miércoles, 25 de septiembre de 2013
Quita a pucha, amigo
Bosque de abedules, Iván Shishkin (1871)
Quita a pucha, amigo,
que xa o reiseñor
vai cantando no bosque
ferido de amor.
Vai cantando no bosque:
¿quén atal vivirá?
As bágoas que verque
mollan o seu cantar.
Quita a monteira, amigo,
que xa o reiseñor
dixo: qué cedo a lúa!,
ferido de amor.
Álvaro Cunqueiro
(Cantiga nova que se chama riveira, 1933)
Versión al castellano de Un poema cada día
Quítate el sombrero, amigo,
que ya el ruiseñor
está cantando en el bosque
herido de amor.
Está cantando en el bosque:
¿quién a tal vivirá?
Las lágrimas que vierte
mojan su cantar.
Quítate la montera, amigo,
que ya el ruiseñor
dijo: ¡qué temprano la luna!,
herido de amor.
Quita a pucha, amigo,
que xa o reiseñor
vai cantando no bosque
ferido de amor.
Vai cantando no bosque:
¿quén atal vivirá?
As bágoas que verque
mollan o seu cantar.
Quita a monteira, amigo,
que xa o reiseñor
dixo: qué cedo a lúa!,
ferido de amor.
Álvaro Cunqueiro
(Cantiga nova que se chama riveira, 1933)
Versión al castellano de Un poema cada día
Quítate el sombrero, amigo,
que ya el ruiseñor
está cantando en el bosque
herido de amor.
Está cantando en el bosque:
¿quién a tal vivirá?
Las lágrimas que vierte
mojan su cantar.
Quítate la montera, amigo,
que ya el ruiseñor
dijo: ¡qué temprano la luna!,
herido de amor.
miércoles, 18 de septiembre de 2013
De vegades és necessari i forçós
El espantapájaros, Joaquim Vayreda (1843-1894)
De vegades és necessari i forçós
que un home mori per un poble,
però mai no ha de morir tot un poble
per un home sol:
recorda sempre això, Sepharad.
Fes que siguin segurs els ponts del diàleg
i mira de comprendre i estimar
les raons i les parles diverses dels teus fills.
Que la pluja caigui a poc a poc en els sembrats
i l'aire passi com una estesa mà
suau i molt benigna damunt els amples camps.
Que Sepharad visqui eternament
en l'ordre i en la pau, en el treball,
en la difícil i merescuda
llibertat.
Salvador Espriu
(La pell de brau, 1960)
Versión al castellano de Un poema cada día.
A veces es necesario y forzoso
que un hombre muera por un pueblo,
pero nunca ha de morir todo un pueblo
por un hombre solo:
recuerda siempre esto, Sefarad.
Haz que sean seguros los puentes del diálogo
y trata de comprender y amar
las razones y las hablas diversas de tus hijos.
Que la lluvia caiga poco a poco en los sembrados
y el aire pase como una extendida mano
suave y muy benigna sobre los amplios campos.
Que Sefarad viva eternamente
en el orden y en la paz, en el trabajo,
en la difícil y merecida
libertad.
(La piel de toro, 1960)
De vegades és necessari i forçós
que un home mori per un poble,
però mai no ha de morir tot un poble
per un home sol:
recorda sempre això, Sepharad.
Fes que siguin segurs els ponts del diàleg
i mira de comprendre i estimar
les raons i les parles diverses dels teus fills.
Que la pluja caigui a poc a poc en els sembrats
i l'aire passi com una estesa mà
suau i molt benigna damunt els amples camps.
Que Sepharad visqui eternament
en l'ordre i en la pau, en el treball,
en la difícil i merescuda
llibertat.
Salvador Espriu
(La pell de brau, 1960)
Versión al castellano de Un poema cada día.
A veces es necesario y forzoso
que un hombre muera por un pueblo,
pero nunca ha de morir todo un pueblo
por un hombre solo:
recuerda siempre esto, Sefarad.
Haz que sean seguros los puentes del diálogo
y trata de comprender y amar
las razones y las hablas diversas de tus hijos.
Que la lluvia caiga poco a poco en los sembrados
y el aire pase como una extendida mano
suave y muy benigna sobre los amplios campos.
Que Sefarad viva eternamente
en el orden y en la paz, en el trabajo,
en la difícil y merecida
libertad.
(La piel de toro, 1960)
sábado, 14 de septiembre de 2013
Siempre la claridad viene del cielo
Otoño dorado, Isaac Levitan (1895)
Siempre la claridad viene del cielo;
es un don: no se halla entre las cosas
sino muy por encima, y las ocupa
haciendo de ello vida y labor propias.
Así amanece el día; así la noche
cierra el gran aposento de sus sombras.
Y esto es un don. ¿Quién hace menos creados
cada vez a los seres? ¿Qué alta bóveda
los contiene en su amor? ¡Si ya nos llega
y es pronto aún, ya llega a la redonda
a la manera de los vuelos tuyos
y se cierne, y se aleja y, aún remota,
nada hay tan claro como sus impulsos!
Oh, claridad sedienta de una forma,
de una materia para deslumbrarla
quemándose a sí misma al cumplir su obra.
Como yo, como todo lo que espera.
Si tú la luz te la has llevado toda,
¿cómo voy a esperar nada del alba?
Y, sin embargo –esto es un don–, mi boca
espera, y mi alma espera, y tú me esperas,
ebria persecución, claridad sola
mortal como el abrazo de las hoces,
pero abrazo hasta el fin que nunca afloja.
Claudio Rodríguez
(Don de la ebriedad, 1953)
Siempre la claridad viene del cielo;
es un don: no se halla entre las cosas
sino muy por encima, y las ocupa
haciendo de ello vida y labor propias.
Así amanece el día; así la noche
cierra el gran aposento de sus sombras.
Y esto es un don. ¿Quién hace menos creados
cada vez a los seres? ¿Qué alta bóveda
los contiene en su amor? ¡Si ya nos llega
y es pronto aún, ya llega a la redonda
a la manera de los vuelos tuyos
y se cierne, y se aleja y, aún remota,
nada hay tan claro como sus impulsos!
Oh, claridad sedienta de una forma,
de una materia para deslumbrarla
quemándose a sí misma al cumplir su obra.
Como yo, como todo lo que espera.
Si tú la luz te la has llevado toda,
¿cómo voy a esperar nada del alba?
Y, sin embargo –esto es un don–, mi boca
espera, y mi alma espera, y tú me esperas,
ebria persecución, claridad sola
mortal como el abrazo de las hoces,
pero abrazo hasta el fin que nunca afloja.
Claudio Rodríguez
(Don de la ebriedad, 1953)
domingo, 25 de agosto de 2013
Sima de amor
La vigilia de la valquiria, Edward Roberts Hughes (1851-1914)
Resbalando por esta sima umbrosa,
yendo sin freno el pie tras la mirada,
la mano tanteando en piedra helada,
y presa la mirada en lumbre hermosa,
por esta sima voy. ¿Qué luz undosa
de antorchas te me muestra, mi ignorada?
¡Oh inofensiva unión y peligrosa
la de la llama a la pupila atada!
Todo al revés se ve, y a la deriva,
por esta oscuridad que luz trasciende
donde el misterio del amor estriba.
Y si la muerte siento que en mí prende,
también me gozo al verla ardiendo viva
si los caminos de tu alma enciende.
Francisco Pino
(Espesa Rama, 1966)
Resbalando por esta sima umbrosa,
yendo sin freno el pie tras la mirada,
la mano tanteando en piedra helada,
y presa la mirada en lumbre hermosa,
por esta sima voy. ¿Qué luz undosa
de antorchas te me muestra, mi ignorada?
¡Oh inofensiva unión y peligrosa
la de la llama a la pupila atada!
Todo al revés se ve, y a la deriva,
por esta oscuridad que luz trasciende
donde el misterio del amor estriba.
Y si la muerte siento que en mí prende,
también me gozo al verla ardiendo viva
si los caminos de tu alma enciende.
Francisco Pino
(Espesa Rama, 1966)
martes, 30 de julio de 2013
El pino de la Corona
Dondequiera que paro, Platero, me parece que paro bajo el pino de la Corona. Adondequiera que llego —ciudad, amor, gloria— me parece que llego a su plenitud verde y derramada bajo el gran cielo azul de nubes blancas. Él es faro rotundo y claro en los mares difíciles de mi sueño, como lo es de los marineros de Moguer en las tormentas de la barra; segura cima de mis días difíciles, en lo alto de su cuesta roja y agria, que toman los mendigos, camino de Sanlúcar.
¡Qué fuerte me siento siempre que reposo bajo su recuerdo! Es lo único que no ha dejado, al crecer yo, de ser grande, lo único que ha sido mayor cada vez. Cuando le cortaron aquella rama que el huracán le tronchó, me pareció que me habían arrancado un miembro; y, a veces, cuando cualquier dolor me coge de improviso, me parece que le duele al pino de la Corona.
La palabra magno le cuadra como al mar, como al cielo y como a mi corazón. A su sombra, mirando las nubes, han descansado razas y razas por siglos, como sobre el agua, bajo el cielo y en la nostalgia de mi corazón. Cuando, en el descuido de mis pensamientos, las imágenes arbitrarias se colocan donde quieren, o en esos instantes en que hay cosas que se ven cual en una visión segunda y a un lado de lo distinto, el pino de la Corona, transfigurado en no sé qué cuadro de eternidad, se me presenta, más rumoroso y más gigante aún, en la duda, llamándome a descansar a su paz, como el término verdadero y eterno de mi viaje por la vida.
Juan Ramón Jiménez
(Platero y yo, XL, 1914, 1917)
jueves, 25 de julio de 2013
Un despertar de Moguer
Retrato de Juan Ramón Jiménez, Joaquín Sorolla (1903)
Bajo mi sol, mi mañana ¡qué alegre mi viña fresca,
con mi río amoratado entre mi marisma y Huelva!
A la sombra de mis pinos, por mi honda carretera,
mi jente se entra despacio, aquí y allá, por mis tierras.
Y en mi colina dorada de mi sol, mi primavera,
entre mi humo, Moguer, mi Moguer blanco despierta.
Pero tengo un tú sin mí, una sílaba desierta
como mis cuatro horizontes: mar, colina, pino, sierra.
Juan Ramón Jiménez
(Arias tristes, 1903)
Bajo mi sol, mi mañana ¡qué alegre mi viña fresca,
con mi río amoratado entre mi marisma y Huelva!
A la sombra de mis pinos, por mi honda carretera,
mi jente se entra despacio, aquí y allá, por mis tierras.
Y en mi colina dorada de mi sol, mi primavera,
entre mi humo, Moguer, mi Moguer blanco despierta.
Pero tengo un tú sin mí, una sílaba desierta
como mis cuatro horizontes: mar, colina, pino, sierra.
Juan Ramón Jiménez
(Arias tristes, 1903)
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