Bodegón de flores, Ivan Vavpotič (1943)
¡No le toques ya más,
que así es la rosa!
Juan Ramón Jiménez
(Piedra y cielo, 1919)
Aquí está el poema diario que utilizamos para ir fortaleciendo la inteligencia y la sensibilidad de nuestros alumnos. Si alguien encuentra un bálsamo o un revulsivo en esta diaria medicina, bienvenido sea.
jueves, 13 de febrero de 2014
sábado, 8 de febrero de 2014
Caminante, son tus huellas
Alameda en otoño, Walter Moras (1856-1925)
Caminante, son tus huellas
el camino, y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante, no hay camino
sino estelas en la mar.
Antonio Machado
(Campos de Castilla, 1912-1917)
Caminante, son tus huellas
el camino, y nada más;
Caminante, no hay camino,
se hace camino al andar.
Al andar se hace el camino,
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante, no hay camino
sino estelas en la mar.
Antonio Machado
(Campos de Castilla, 1912-1917)
lunes, 3 de febrero de 2014
Ite, missa est
Julieta, Philip Hermogenes Calderon (1888)
Yo adoro a una sonámbula con alma de Eloísa,
virgen como la nieve y honda como la mar;
su espíritu es la hostia de mi amorosa misa,
y alzo al son de una dulce lira crepuscular.
Ojos de evocadora, gesto de profetisa,
en ella hay la sagrada frecuencia del altar;
su risa es la sonrisa suave de Monna Lisa,
sus labios son los únicos labios para besar.
Y he de besarla un día con rojo beso ardiente;
apoyada en mi brazo como convaleciente,
me mirará asombrada con íntimo pavor;
la enamorada esfinge quedará estupefacta;
apagaré la llama de la vestal intacta,
¡y la faunesa antigua me rugirá de amor!
Rubén Darío
(Prosas profanas, 1896)
Yo adoro a una sonámbula con alma de Eloísa,
virgen como la nieve y honda como la mar;
su espíritu es la hostia de mi amorosa misa,
y alzo al son de una dulce lira crepuscular.
Ojos de evocadora, gesto de profetisa,
en ella hay la sagrada frecuencia del altar;
su risa es la sonrisa suave de Monna Lisa,
sus labios son los únicos labios para besar.
Y he de besarla un día con rojo beso ardiente;
apoyada en mi brazo como convaleciente,
me mirará asombrada con íntimo pavor;
la enamorada esfinge quedará estupefacta;
apagaré la llama de la vestal intacta,
¡y la faunesa antigua me rugirá de amor!
Rubén Darío
(Prosas profanas, 1896)
miércoles, 29 de enero de 2014
Noche serena
La noche estrellada sobre el Ródano, Vincent van Gogh (1888)
Cuando contemplo el cielo,
de innumerables luces adornado,
y miro hacia el suelo
de noche rodeado,
en sueño y en olvido sepultado,
el amor y la pena
despiertan en mi pecho un ansia ardiente;
despiden larga vena
los ojos hechos fuente,
Loarte, y digo al fin con voz doliente:
«Morada de grandeza,
templo de claridad y hermosura,
el alma, que a tu alteza
nació, ¿qué desventura
la tiene en esta cárcel baja, escura?
¿Qué mortal desatino
de la verdad aleja así el sentido,
que, de tu bien divino
olvidado, perdido
sigue la vana sombra, el bien fingido?
El hombre está entregado
al sueño, de su suerte no cuidando,
y, con paso callado,
el cielo, vueltas dando,
las horas del vivir le va hurtando.
¡Oh, despertad, mortales!
¡Mirad con atención en vuestro daño!
Las almas inmortales,
hechas a bien tamaño,
¿podrán vivir de sombra y de engaño?
¡Ay, levantad los ojos
aquesta celestial eterna esfera!
Burlaréis los antojos
de aquesa lisonjera
vida, con cuanto teme y cuanto espera.
¿Es más que un breve punto
el bajo y torpe suelo, comparado
con ese gran trasunto,
do vive mejorado
lo que es, lo que será, lo que ha pasado?
Quien mira el gran concierto
de aquestos resplandores eternales,
su movimiento cierto,
sus pasos desiguales
y en proporción concorde tan iguales;
la Luna cómo mueve
la plateada rueda, y va en pos della
la Luz do el saber llueve,
y la graciosa Estrella
de amor la sigue reluciente y bella;
y cómo otro camino
prosigue el sanguinoso Marte airado,
y el Júpiter benino,
de bienes mil cercado,
serena el cielo con su rayo amado;
—rodéase en la cumbre
Saturno, padre de los siglos de oro;
tras él la muchedumbre
del reluciente coro
su luz va repartiendo y su tesoro—:
¿quién es el que esto mira
y precia la bajeza de la tierra,
y no gime y suspira,
y rompe lo que encierra
el alma y destos bienes la destierra?
Aquí vive el contento,
aquí reina la paz; aquí, asentado
en rico y alto asiento,
está el Amor sagrado,
de glorias y deleites rodeado;
inmensa hermosura
aquí se muestra toda, y resplandece
clarísima luz pura,
que jamás anochece;
eterna primavera aquí florece.
¡Oh campos verdaderos!
¡Oh prados con verdad frescos y amenos!
¡Riquísimos mineros!
¡Oh deleitosos senos!
¡Repuestos valles de mil bienes llenos!»
Fray Luis de León
(1527-1591)
sábado, 25 de enero de 2014
Soneto VIII
Retrato de Lucrezia Panciatichi, Angelo Bronzino (1503-1572)
De aquella vista pura y excelente
salen espirtus vivos y encendidos,
y siendo por mis ojos recebidos,
me pasan hasta donde el mal se siente;
éntranse en el camino fácilmente
por do los mios, de tal calor movidos,
salen fuera de mí como perdidos,
llamados de aquel bien que está presente.
Ausente, en la memoria la imagino;
mis espirtus, pensando que la vían,
se mueven y se encienden sin medida;
mas no hallando fácil el camino,
que los suyos entrando derretían,
revientan por salir do no hay salida.
Garcilaso de la Vega
(h. 1501-1536)
De aquella vista pura y excelente
salen espirtus vivos y encendidos,
y siendo por mis ojos recebidos,
me pasan hasta donde el mal se siente;
éntranse en el camino fácilmente
por do los mios, de tal calor movidos,
salen fuera de mí como perdidos,
llamados de aquel bien que está presente.
Ausente, en la memoria la imagino;
mis espirtus, pensando que la vían,
se mueven y se encienden sin medida;
mas no hallando fácil el camino,
que los suyos entrando derretían,
revientan por salir do no hay salida.
Garcilaso de la Vega
(h. 1501-1536)
miércoles, 22 de enero de 2014
Soneto XI
Hilas y las ninfas, Henrietta Rae (1859-1928)
Hermosas ninfas, que en el río metidas,
contentas habitáis en las moradas
de relucientes piedras fabricadas
y en columnas de vidrio sostenidas,
agora estéis labrando embebecidas
o tejiendo las telas delicadas,
agora unas con otras apartadas
contándoos los amores y las vidas:
dejad un rato la labor, alzando
vuestras rubias cabezas a mirarme,
y no os detendréis mucho según ando,
que o no podréis de lástima escucharme,
o convertido en agua aquí llorando,
podréis allá despacio consolarme.
Garcilaso de la Vega
(h. 1501-1536)
Hermosas ninfas, que en el río metidas,
contentas habitáis en las moradas
de relucientes piedras fabricadas
y en columnas de vidrio sostenidas,
agora estéis labrando embebecidas
o tejiendo las telas delicadas,
agora unas con otras apartadas
contándoos los amores y las vidas:
dejad un rato la labor, alzando
vuestras rubias cabezas a mirarme,
y no os detendréis mucho según ando,
que o no podréis de lástima escucharme,
o convertido en agua aquí llorando,
podréis allá despacio consolarme.
Garcilaso de la Vega
(h. 1501-1536)
miércoles, 15 de enero de 2014
Una mujer y un hombre
El beso, Edvard Munch (1897)
Una mujer y un hombre llevados por la vida,
una mujer y un hombre cara a cara
habitan en la noche, desbordan por sus manos,
se oyen subir libres en la sombra,
sus cabezas descansan en una bella infancia
que ellos crearon juntos, plena de sol, de luz,
una mujer y un hombre atados por sus labios
llenan la noche lenta con toda su memoria,
una mujer y un hombre más bellos en el otro
ocupan su lugar en la tierra.
Juan Gelman
(Gotán, 1962)
lunes, 13 de enero de 2014
Platero
Platero en bronce, obra del escultor León Ortega (1963)
Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón; que no lleva huesos. Solo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro.
Lo dejo suelto, y se va al prado, y acaricia tibiamente con su hocico, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas… Lo llamo dulcemente: “¿Platero?”, y viene a mí con un trotecillo alegre que parece que se ríe, en no sé qué cascabeleo ideal…
Come cuanto le doy. Le gustan las naranjas mandarinas, las uvas moscateles, todas de ámbar, los higos morados, con su cristalina gotita de miel…
Es tierno y mimoso igual que un niño, que una niña…; pero fuerte y seco por dentro, como de piedra. Cuando paseo sobre él, los domingos, por las últimas callejas del pueblo, los hombres del campo, vestidos de limpio y despaciosos, se quedan mirándolo:
—Tien´asero…
Tiene acero. Acero y plata de luna, al mismo tiempo.
Lo dejo suelto, y se va al prado, y acaricia tibiamente con su hocico, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas… Lo llamo dulcemente: “¿Platero?”, y viene a mí con un trotecillo alegre que parece que se ríe, en no sé qué cascabeleo ideal…
Come cuanto le doy. Le gustan las naranjas mandarinas, las uvas moscateles, todas de ámbar, los higos morados, con su cristalina gotita de miel…
Es tierno y mimoso igual que un niño, que una niña…; pero fuerte y seco por dentro, como de piedra. Cuando paseo sobre él, los domingos, por las últimas callejas del pueblo, los hombres del campo, vestidos de limpio y despaciosos, se quedan mirándolo:
—Tien´asero…
Tiene acero. Acero y plata de luna, al mismo tiempo.
Juan Ramón Jiménez
(Platero y yo, 1914)
Este año se celebra el centenario de la primera edición de esta deliciosa obra juanramoniana. Constaba de 63 capítulos. La edición definitiva se publicaría en 1917, con 138 capítulos en total.
sábado, 11 de enero de 2014
Romance del rey moro que perdió Alhama
La Alcazaba y Torres Bermejas, Manuel Gómez Moreno (h. 1887)
Paseábase el rey moro
por la ciudad de Granada,
desde la puerta de Elvira
hasta la de Vivarrambla.
¡Ay de mi Alhama!
Cartas le fueron venidas
que Alhama estaba ganada;
las cartas echó en el fuego
y al mensajero matara.
¡Ay de mi Alhama!
Descabalga de una mula
y en un caballo cabalga;
por el Zacatín arriba
subido se había al Alhambra.
¡Ay de mi Alhama!
Como en el Alhambra estuvo,
al mismo punto mandaba
que se toquen sus trompetas,
sus añafiles de plata.
¡Ay de mi Alhama!
Y que las cajas de guerra
aprisa toquen alarma,
porque lo oigan sus moros,
los de la Vega y Granada.
¡Ay de mi Alhama!
Los moros, que el son oyeron,
que al sangriento Marte llama,
uno a uno y dos a dos,
juntado se ha gran batalla.
¡Ay de mi Alhama!
Allí habló un moro viejo,
de esta manera hablara:
—¿Para qué nos llamas, rey?
¿Para qué es esta llamada?
¡Ay de mi Alhama!
—Habéis de saber, amigos,
una nueva desdichada,
que cristianos de braveza
ya nos han ganado Alhama.
¡Ay de mi Alhama!
Allí habló un alfaquí
de barba crecida y cana:
—Bien se te emplea, buen rey,
buen rey, bien se te empleara.
¡Ay de mi Alhama!
Mataste los Bencerrajes,
que eran la flor de Granada;
cogiste los tornadizos
de Córdoba la nombrada.
¡Ay de mi Alhama!
Por eso mereces, rey,
una pena muy doblada:
que te pierdas tú y el reino,
y aquí se pierda Granada.
¡Ay de mi Alhama!
Anónimo
(Siglo XV)
Paseábase el rey moro
por la ciudad de Granada,
desde la puerta de Elvira
hasta la de Vivarrambla.
¡Ay de mi Alhama!
Cartas le fueron venidas
que Alhama estaba ganada;
las cartas echó en el fuego
y al mensajero matara.
¡Ay de mi Alhama!
Descabalga de una mula
y en un caballo cabalga;
por el Zacatín arriba
subido se había al Alhambra.
¡Ay de mi Alhama!
Como en el Alhambra estuvo,
al mismo punto mandaba
que se toquen sus trompetas,
sus añafiles de plata.
¡Ay de mi Alhama!
Y que las cajas de guerra
aprisa toquen alarma,
porque lo oigan sus moros,
los de la Vega y Granada.
¡Ay de mi Alhama!
Los moros, que el son oyeron,
que al sangriento Marte llama,
uno a uno y dos a dos,
juntado se ha gran batalla.
¡Ay de mi Alhama!
Allí habló un moro viejo,
de esta manera hablara:
—¿Para qué nos llamas, rey?
¿Para qué es esta llamada?
¡Ay de mi Alhama!
—Habéis de saber, amigos,
una nueva desdichada,
que cristianos de braveza
ya nos han ganado Alhama.
¡Ay de mi Alhama!
Allí habló un alfaquí
de barba crecida y cana:
—Bien se te emplea, buen rey,
buen rey, bien se te empleara.
¡Ay de mi Alhama!
Mataste los Bencerrajes,
que eran la flor de Granada;
cogiste los tornadizos
de Córdoba la nombrada.
¡Ay de mi Alhama!
Por eso mereces, rey,
una pena muy doblada:
que te pierdas tú y el reino,
y aquí se pierda Granada.
¡Ay de mi Alhama!
Anónimo
(Siglo XV)
viernes, 3 de enero de 2014
Soy Sancho Panza, escude-
Ilustración para el Quijote de Ricardo Balaca (1880-1883)
Soy Sancho Panza, escude-
del manchego don Quijo-;
puse pies en polvoro-,
por vivir a lo discre-,
que el tácito Villadie-
toda su razón de esta-
cifró en una retira-,
según siente Celesti-,
libro, en mi opinión divi-
si encubriera más lo huma-.
Miguel de Cervantes
(El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha, 1605)
Cervantes introduce, tras el prólogo de la primera parte del Quijote, una serie de poemas de tono burlesco, parodia de los que solían aparecer al comienzo de las novelas de caballerías para elogiar a sus protagonistas. Este, escrito con versos de cabo roto y alusivo a Sancho, va precedido de la siguiente leyenda: "Del Donoso, poeta entreverado, a Sancho Panza".
Soy Sancho Panza, escude-
del manchego don Quijo-;
puse pies en polvoro-,
por vivir a lo discre-,
que el tácito Villadie-
toda su razón de esta-
cifró en una retira-,
según siente Celesti-,
libro, en mi opinión divi-
si encubriera más lo huma-.
Miguel de Cervantes
(El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha, 1605)
Cervantes introduce, tras el prólogo de la primera parte del Quijote, una serie de poemas de tono burlesco, parodia de los que solían aparecer al comienzo de las novelas de caballerías para elogiar a sus protagonistas. Este, escrito con versos de cabo roto y alusivo a Sancho, va precedido de la siguiente leyenda: "Del Donoso, poeta entreverado, a Sancho Panza".
sábado, 28 de diciembre de 2013
Carmina XLV
Desposados, Frederic Leighton (h. 1881-1882)
Acmen Septimius suos amores
tenens in gremio 'mea' inquit 'Acme,
ni te perdite amo atque amare porro
omnes sum assidue paratus annos,
quantum qui pote plurimum perire,
solus in Libya Indiaque tosta
caesio ueniam obuius leoni.'
Hoc ut dixit, Amor sinistra ut ante,
dextra sternuit approbationem.
At Acme leuiter caput reflectens
et dulcis pueri ebrios ocellos
illo purpureo ore suauiata,
'sic' inquit 'mea uita, Septimille,
huic uni domino usque seruiamus,
ut multo mihi maior acriorque
ignis mollibus ardet in medullis.'
Hoc ut dixit, Amor sinistra ut ante,
dextra sternuit approbationem.
Nunc ab auspicio bono profecti
mutuis animis amant amantur.
Vnam Septimius misellus Acmen
maluuit quam Syrias Britanniasque:
uno in Septimio fidelis Acme
facit delicias libidinisque.
Quis ullos homines beatiores
uidit, quis Venerem auspicatiorem?
Gayo Valerio Catul0
(Siglo I a. C.)
Versión al castellano de Un poema cada día
Teniendo Septimio a Acme, su amor,
en el regazo, dice: "Acme mía,
si no te amo desesperadamente
y dispuesto no estoy a amarte con constancia
todos los años en el porvernir,
como para ser capaz de perecer,
vaya solo a Libia y a la abrasada India,
expuesto al león de azulverdosos ojos."
He aquí lo que dijo; el Amor,
como antes a la izquierda, a la derecha
estornudó en señal de aprobación.
Por su parte, Acme, inclinando apenas
la cabeza, y habiendo besado
con su purpúrea boca los embriagados ojillos
de su dulce niño, dice: "Septimillo,
vida mía, sirvamos siempre
a este único señor, tal como su llama,
mucho mayor y más ardiente,
me abrasa en las tiernas entrañas."
He aquí lo que dijo; el Amor,
como antes a la izquierda, a la derecha
estornudó en señal de aprobación.
Ahora, habiendo empezado con buen presagio,
aman y son amados en sus mutuos corazones.
El pobre Septimio prefiere a su única
Acme más que a las sirias y britanas;
y la fiel Acme encuentra las delicias
de su deseo en su único Septimio.
¿Quién vio personas más dichosas,
quién, más consagradas por los auspicios
a Venus?
Acmen Septimius suos amores
tenens in gremio 'mea' inquit 'Acme,
ni te perdite amo atque amare porro
omnes sum assidue paratus annos,
quantum qui pote plurimum perire,
solus in Libya Indiaque tosta
caesio ueniam obuius leoni.'
Hoc ut dixit, Amor sinistra ut ante,
dextra sternuit approbationem.
At Acme leuiter caput reflectens
et dulcis pueri ebrios ocellos
illo purpureo ore suauiata,
'sic' inquit 'mea uita, Septimille,
huic uni domino usque seruiamus,
ut multo mihi maior acriorque
ignis mollibus ardet in medullis.'
Hoc ut dixit, Amor sinistra ut ante,
dextra sternuit approbationem.
Nunc ab auspicio bono profecti
mutuis animis amant amantur.
Vnam Septimius misellus Acmen
maluuit quam Syrias Britanniasque:
uno in Septimio fidelis Acme
facit delicias libidinisque.
Quis ullos homines beatiores
uidit, quis Venerem auspicatiorem?
Gayo Valerio Catul0
(Siglo I a. C.)
Versión al castellano de Un poema cada día
Teniendo Septimio a Acme, su amor,
en el regazo, dice: "Acme mía,
si no te amo desesperadamente
y dispuesto no estoy a amarte con constancia
todos los años en el porvernir,
como para ser capaz de perecer,
vaya solo a Libia y a la abrasada India,
expuesto al león de azulverdosos ojos."
He aquí lo que dijo; el Amor,
como antes a la izquierda, a la derecha
estornudó en señal de aprobación.
Por su parte, Acme, inclinando apenas
la cabeza, y habiendo besado
con su purpúrea boca los embriagados ojillos
de su dulce niño, dice: "Septimillo,
vida mía, sirvamos siempre
a este único señor, tal como su llama,
mucho mayor y más ardiente,
me abrasa en las tiernas entrañas."
He aquí lo que dijo; el Amor,
como antes a la izquierda, a la derecha
estornudó en señal de aprobación.
Ahora, habiendo empezado con buen presagio,
aman y son amados en sus mutuos corazones.
El pobre Septimio prefiere a su única
Acme más que a las sirias y britanas;
y la fiel Acme encuentra las delicias
de su deseo en su único Septimio.
¿Quién vio personas más dichosas,
quién, más consagradas por los auspicios
a Venus?
viernes, 20 de diciembre de 2013
Habrá poesía
La Argentinita, Julio Romero de Torres (1915)
Mientras la Argentinita canta con voz de calandria acompañada
al piano por Federico,
y caminan poco a poco las estrellas llevándose la mano al pelo al
pasar por sobre el pozo.
Mientras Elisa tome un helado y yo sienta frío en la espalda
y continúe trayendo y llevando maletas, jabas, cestos, escapula-
rios
y demás chirimías.
Mientras escribo a mi madre una de mis últimas cartas, ignoro si
por la proximidad de mi muerte o el tiempo que le reste de
vida.
Mientras Fernanda no se serene y vista de hermosura y luz del
Caribe
y tú me esperes vestida de blanco con una cinta me atrevo a decir
que malva,
mientras haya en el mundo primavera,
habrá caminos, y barricadas, y grandes nubes luminosas, y aquí
termino.
Blas de Otero
(Hojas de Madrid con La galerna, 1968-1977)
Mientras la Argentinita canta con voz de calandria acompañada
al piano por Federico,
y caminan poco a poco las estrellas llevándose la mano al pelo al
pasar por sobre el pozo.
Mientras Elisa tome un helado y yo sienta frío en la espalda
y continúe trayendo y llevando maletas, jabas, cestos, escapula-
rios
y demás chirimías.
Mientras escribo a mi madre una de mis últimas cartas, ignoro si
por la proximidad de mi muerte o el tiempo que le reste de
vida.
Mientras Fernanda no se serene y vista de hermosura y luz del
Caribe
y tú me esperes vestida de blanco con una cinta me atrevo a decir
que malva,
mientras haya en el mundo primavera,
habrá caminos, y barricadas, y grandes nubes luminosas, y aquí
termino.
Blas de Otero
(Hojas de Madrid con La galerna, 1968-1977)
domingo, 15 de diciembre de 2013
Baladilla de los tres ríos
Vista del río Guadalquivir, Manuel Barrón y Carrillo (1854)
A Salvador Quintero El río Guadalquivir
va entre naranjos y olivos.
Los dos ríos de Granada
bajan de la nieve al trigo.
¡Ay, amor
que se fue y no vino!
El río Guadalquivir
tiene las barbas granates.
Los dos ríos de Granada,
uno llanto y otro sangre.
¡Ay, amor
que se fue por el aire!
Para los barcos de vela
Sevilla tiene un camino;
por el agua de Granada
solo reman los suspiros.
¡Ay, amor
que se fue y no vino!
Guadalquivir, alta torre
y viento en los naranjales.
Dauro y Genil, torrecillas
muertas sobre los estanques.
¡Ay, amor
que se fue por el aire!
¡Quién dirá que el agua lleva
un fuego fatuo de gritos!
¡Ay, amor
que se fue y no vino!
Lleva azahar, lleva olivas,
Andalucía, a tus mares.
¡Ay, amor
que se fue por el aire!
Federico García Lorca
(Poema del cante jondo, 1921)
viernes, 6 de diciembre de 2013
XXVII
Nelson Mandela (1918-2013)/Wikimedia Commons
Me has dado la fraternidad hacia el que no conozco.
Me has agregado la fuerza de todos los que viven.
Me has vuelto a dar la patria como en un nacimiento.
Me has dado la libertad que no tiene el solitario.
Me enseñaste a encender la bondad, como el fuego.
Me diste la rectitud que necesita el árbol.
Me enseñaste a ver la unidad y la diferencia de los hombres.
Me mostraste cómo el dolor de un ser ha muerto en la victoria de todos.
Me enseñaste a dormir en las camas duras de mis hermanos.
Me hiciste construir sobre la realidad como sobre una roca.
Me hiciste adversario del malvado y muro del frenético.
Me has hecho ver la claridad del mundo y la posibilidad de la alegría.
Me has hecho indestructible porque contigo no termino en mí mismo.
Pablo Neruda
(Canto general, 1950)
lunes, 25 de noviembre de 2013
La corriente
Música azul y verde, Georgia O'Keeffe (1919)
Si cierras la puerta con tanto aspaviento
levantas corriente
y vuelan las cosas que reposan tranquilas
posándose en sitios que no les pertenecen.
La mesa en el pasillo
la alfombra en la alacena
el jarrón en el jardín.
Y al regresar nada es cercano.
Es insólito, disparatado e impropio.
Volviste con premura y a ordenar.
no dio
tiempo
Vega Cerezo
(La sirena dormida, 2010)
Si cierras la puerta con tanto aspaviento
levantas corriente
y vuelan las cosas que reposan tranquilas
posándose en sitios que no les pertenecen.
La mesa en el pasillo
la alfombra en la alacena
el jarrón en el jardín.
Y al regresar nada es cercano.
Es insólito, disparatado e impropio.
Volviste con premura y a ordenar.
no dio
tiempo
Vega Cerezo
(La sirena dormida, 2010)
viernes, 22 de noviembre de 2013
En el tiempo que me vi
Romeo en el lecho de muerte de Julieta, Johann Heinrich Füssli (1809)
En el tiempo que me vi
más alegre y placentero,
encontré con un palmero
que me habló y dijo así:
–¿Dónde vas, el caballero?
¿Dónde vas, triste de ti?
Muerta es tu linda amiga,
muerta es, que yo la vi;
las andas en que ella iba
de luto las vi cubrir,
duques, condes la lloraban
todos por amor de ti;
dueñas, damas y doncellas
llorando dicen así:
–¡Oh triste del caballero
que tal dama pierde aquí!
Anónimo
(Siglo XV)
domingo, 17 de noviembre de 2013
Jardín de nuevo, IV
Acme y Septimio, Frederic Leighton (h. 1868)
Si ella me ofreciera de su boca nuevamente
la manzana del árbol de la vida
y como ayer brillaran los ojos de la sierpe
por detrás de su corteza encarnada
igual mordería por besarla aunque supiera
el misterio del edénico exilio,
la vergüenza que cubre los sueños más hermosos
y la sed de los jardines perdidos.
Si ella me llamara ven amor desde las torres
del templo de las nubes subiría;
si a brazo no pudiera lo haría a santidad,
buscando muerte lenta y buenas obras
para que al fin me nacieran dos alas de oro
en la espalda cargada de milagros
y volar y hacer pudiera de aire nuestro nido,
el nuevo paraíso de los labios.
Si ella me llamara Salomón y rey yo fuera
y postradas de hinojos ante mí
princesas concubinas, mancebos querubines
cantaran ven al tálamo florido
a todos negaría mi cuerpo, que es el suyo,
y a la casa pequeña volvería
mordiendo una vez más lo que escapa a Salomón:
la manzana del árbol de la vida.
Álvaro Tato
(Hexateuco, 2000)
viernes, 8 de noviembre de 2013
To Autumn
Bosque en otoño, Walter Moras (1856-1925)
I
Season of mists and mellow fruitfulness,
Close bosom-friend of the maturing sun,
Conspiring with him how to load and bless
With fruit the vines that round the thatch-eves run;
To bend with apples the mossed cottage-trees,
And fill all fruit with ripeness to the core;
To swell the gourd, and plump the hazel shells
With a sweet kernel; to set budding more,
And still more, later flowers for the bees,
Until they think warm days will never cease,
For Summer has o'er-brimmed their clammy cells.
II
Who hath not seen thee oft amid thy store?
Sometimes whoever seeks abroad may find
Thee sitting careless on a granary floor,
Thy hair soft-lifted by the winnowing wind;
Or on a half-reaped furrow sound asleep,
Drowsed with the fume of poppies, while thy hook
Spares the next swath and all its twined flowers;
And sometimes like a gleaner thou dost keep
Steady thy laden head across a brook;
Or by a cider-press, with patient look,
Thou watchest the last oozings hours by hours.
III
Where are the songs of Spring? Ay, where are they?
Think not of them, thou hast thy music too,–
While barred clouds bloom the soft-dying day,
And touch the stubble-plains with rosy hue;
Then in a wailful choir the small gnats mourn
Among the river sallows, borne aloft
Or sinking as the light wind lives or dies;
And full-grown lambs loud bleat from hilly bourn;
Hedge-crickets sing; and now with treble soft
The red-breast whistles from a garden-croft;
And gathering swallows twitter in the skies.
John Keasts
(To Autumn, 1819)
I
Época de neblinas, de fértiles sazones,
Compañera entrañable del sol casi maduro,
Conspirando con él cómo llenar las viñas
Que escalan por las bardas con bendición de frutos
O encorvar con manzanas los árboles del huerto.
Eres tú quien los frutos sazonas hondamente,
Hinches la calabaza, la cáscara morena
Llenas con dulce almendra, y tan diversos brotes
De flores ya tardías regalas a la abeja,
Que los cálidos días supone interminables,
Desbordando el verano de sus celdas viscosas.
II
¿Quién no te ha contemplado ceñido de abundancia?
Aquel que en torno mira hallarte suele
Sentado con descuido en los graneros,
Tu pelo levantado al viento que lo aventa,
O en surco aún no segado dormir profundamente,
Ebrio de adormideras, en tanto tu hoz respeta
La próxima gavilla de flores enlazadas.
Otras, como un espigador, mantienes fijamente
Tu cabeza inclinada encima de un arroyo,
O con ojos pacientes en el lagar contemplas
La cidra hora tras hora correr en gotas últimas.
III
¿Adónde con sus cantos se fue la primavera?
Mas no los recordemos, que en ti música hay.
Cuando florece en nubes el día declinante
Cubriendo los rastrojos de un matiz sonrosado,
Un coro lastimero de cínifes se duele
Entre orillas de sauces, que erguidos o doblados
Siguen al viento leve según renace o muere.
Hay corderos que balan por su otero nativo
Mientras cantan los grillos, y luego, blandamente,
El petirrojo silba cerca de alguna huerta
O trinan por el cielo bandos de golondrina.
(Al otoño)
[Traducción al castellano de Luis Cernuda]
I
Season of mists and mellow fruitfulness,
Close bosom-friend of the maturing sun,
Conspiring with him how to load and bless
With fruit the vines that round the thatch-eves run;
To bend with apples the mossed cottage-trees,
And fill all fruit with ripeness to the core;
To swell the gourd, and plump the hazel shells
With a sweet kernel; to set budding more,
And still more, later flowers for the bees,
Until they think warm days will never cease,
For Summer has o'er-brimmed their clammy cells.
II
Who hath not seen thee oft amid thy store?
Sometimes whoever seeks abroad may find
Thee sitting careless on a granary floor,
Thy hair soft-lifted by the winnowing wind;
Or on a half-reaped furrow sound asleep,
Drowsed with the fume of poppies, while thy hook
Spares the next swath and all its twined flowers;
And sometimes like a gleaner thou dost keep
Steady thy laden head across a brook;
Or by a cider-press, with patient look,
Thou watchest the last oozings hours by hours.
III
Where are the songs of Spring? Ay, where are they?
Think not of them, thou hast thy music too,–
While barred clouds bloom the soft-dying day,
And touch the stubble-plains with rosy hue;
Then in a wailful choir the small gnats mourn
Among the river sallows, borne aloft
Or sinking as the light wind lives or dies;
And full-grown lambs loud bleat from hilly bourn;
Hedge-crickets sing; and now with treble soft
The red-breast whistles from a garden-croft;
And gathering swallows twitter in the skies.
John Keasts
(To Autumn, 1819)
I
Época de neblinas, de fértiles sazones,
Compañera entrañable del sol casi maduro,
Conspirando con él cómo llenar las viñas
Que escalan por las bardas con bendición de frutos
O encorvar con manzanas los árboles del huerto.
Eres tú quien los frutos sazonas hondamente,
Hinches la calabaza, la cáscara morena
Llenas con dulce almendra, y tan diversos brotes
De flores ya tardías regalas a la abeja,
Que los cálidos días supone interminables,
Desbordando el verano de sus celdas viscosas.
II
¿Quién no te ha contemplado ceñido de abundancia?
Aquel que en torno mira hallarte suele
Sentado con descuido en los graneros,
Tu pelo levantado al viento que lo aventa,
O en surco aún no segado dormir profundamente,
Ebrio de adormideras, en tanto tu hoz respeta
La próxima gavilla de flores enlazadas.
Otras, como un espigador, mantienes fijamente
Tu cabeza inclinada encima de un arroyo,
O con ojos pacientes en el lagar contemplas
La cidra hora tras hora correr en gotas últimas.
III
¿Adónde con sus cantos se fue la primavera?
Mas no los recordemos, que en ti música hay.
Cuando florece en nubes el día declinante
Cubriendo los rastrojos de un matiz sonrosado,
Un coro lastimero de cínifes se duele
Entre orillas de sauces, que erguidos o doblados
Siguen al viento leve según renace o muere.
Hay corderos que balan por su otero nativo
Mientras cantan los grillos, y luego, blandamente,
El petirrojo silba cerca de alguna huerta
O trinan por el cielo bandos de golondrina.
(Al otoño)
[Traducción al castellano de Luis Cernuda]
martes, 5 de noviembre de 2013
Adolescente fui en días idénticos a nubes
Pérgola en Amalfi, Carl Frederik Aagaard (h. 1880)
Adolescente fui en días idénticos a nubes,
Cosa grácil, visible por penumbra y reflejo,
Y extraño es, si ese recuerdo busco,
Que tanto, tanto duela sobre el cuerpo de hoy.
Y extraño es, si ese recuerdo busco,
Que tanto, tanto duela sobre el cuerpo de hoy.
Perder placer es triste
Como la dulce lámpara sobre el lento nocturno;
Aquel fui, aquel fui, aquel he sido;
Era la ignorancia mi sombra.
Como la dulce lámpara sobre el lento nocturno;
Aquel fui, aquel fui, aquel he sido;
Era la ignorancia mi sombra.
Ni gozo ni pena; fui niño
Prisionero entre muros cambiantes;
Historias como cuerpos, cristales como cielos,
Sueño luego, un sueño más alto que la vida.
Prisionero entre muros cambiantes;
Historias como cuerpos, cristales como cielos,
Sueño luego, un sueño más alto que la vida.
Cuando la muerte quiera
Una verdad quitar de entre mis manos,
Las hallará vacías, como en la adolescencia
Ardientes de deseo, tendidas hacia el aire.
Una verdad quitar de entre mis manos,
Las hallará vacías, como en la adolescencia
Ardientes de deseo, tendidas hacia el aire.
Luis Cernuda
(Donde habite el olvido, 1932-1933)
domingo, 3 de noviembre de 2013
El otoño cruzaba
En el Saco, Albert Bierstadt (1830-1902)
El otoño cruzaba
las colinas de débiles
temblores. Cada
hoja caída
estremecía toda una montaña.
Leve rumor de luces y de brisas
rodaba por el valle, se acercaba.
Los pájaros dejaban bruscamente
temblorosas las ramas
cayéndose hacia el cielo, arrebatados
por una fuerza extraña.
Las carnosas ortigas
se apretaban
como un rebaño
inquieto. Levantaban del agua
su cabeza, los juncos.
Las verdinegras zarzas
se crecían.
Imperceptibles, más delgadas
por la tensa postura de su espera,
las hierbas, anhelantes…
Tú llegabas,
y una amarilla paz de hojas caídas
reponía el silencio a tus espaldas.
Ángel González
(Áspero mundo, 1956)
El otoño cruzaba
las colinas de débiles
temblores. Cada
hoja caída
estremecía toda una montaña.
Leve rumor de luces y de brisas
rodaba por el valle, se acercaba.
Los pájaros dejaban bruscamente
temblorosas las ramas
cayéndose hacia el cielo, arrebatados
por una fuerza extraña.
Las carnosas ortigas
se apretaban
como un rebaño
inquieto. Levantaban del agua
su cabeza, los juncos.
Las verdinegras zarzas
se crecían.
Imperceptibles, más delgadas
por la tensa postura de su espera,
las hierbas, anhelantes…
Tú llegabas,
y una amarilla paz de hojas caídas
reponía el silencio a tus espaldas.
Ángel González
(Áspero mundo, 1956)
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