lunes, 15 de abril de 2013

O sal da língua


                  Eugénio de Andrade, por Carlos Bottelho (2010)

Escuta, escuta: tenho ainda
uma coisa a dizer.
Não é importante, eu sei, não vai
salvar o mundo, não mudará
a vida de ninguém - mas quem
é hoje capaz de salvar o mundo
ou apenas mudar o sentido
da vida de alguém?
Escuta-me, não te demoro.
É coisa pouca, como a chuvinha
que vem vindo devagar.
São três, quatro palavras, pouco
mais. Palavras que te quero confiar,
para que não se extinga o seu lume,
o seu lume breve.
Palavras que muito amei,
que talvez ame ainda.
Elas são a casa, o sal da língua.

Eugénio de Andrade
(O sal da língua, 1999)

Versión al castellano de Un poema cada día

Escucha, escucha: tengo todavía
una cosa que decirte.
No es importante, lo sé, no va
a salvar el mundo, no cambiará
la vida de nadie -¿mas quién
es hoy capaz de salvar el mundo
o de cambiar apenas el sentido
de la vida de alguien?
Escúchame, no te entretengo.
Es poca cosa, como la llovizna
que lentamente está llegando.
Son tres, cuatro palabras, poco
más. Palabras que te quiero confiar,
para que no se extinga su luz,
su luz breve.
Palabras que mucho amé,
que tal vez ame todavía.
Ellas son la casa, la sal de la lengua.

(La sal de la lengua, 1999)

lunes, 8 de abril de 2013

Romance sonámbulo

Encina en el lago Albano, Italia, 1846, por John F. Kensett
                  Encina en el lago Albano, John F. Kensett (1846)

                                                                       A Gloria Giner
                                                                                                                 y a Fernando de los Ríos

Verde que te quiero verde. 
Verde viento. Verdes ramas. 
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura
ella sueña en su baranda,
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana,
las cosas le están mirando
y ella no puede mirarlas.

                   * 

Verde que te quiero verde.
Grandes estrellas de escarcha,
vienen con el pez de sombra
que abre el camino del alba.
La higuera frota su viento
con la lija de sus ramas,
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.
¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde...?
Ella sigue en su baranda,
verde carne, pelo verde,
soñando en la mar amarga.

                  *

Compadre, quiero cambiar
mi caballo por su casa,
mi montura por su espejo,
mi cuchillo por su manta.
Compadre, vengo sangrando,
desde los puertos de Cabra.
Si yo pudiera, mocito,
este trato se cerraba.
Pero yo ya no soy yo.
Ni mi casa es ya mi casa.
Compadre, quiero morir
decentemente en mi cama.
De acero, si puede ser,
con las sábanas de holanda.
¿No veis la herida que tengo
desde el pecho a la garganta?
Trescientas rosas morenas
lleva tu pechera blanca.
Tu sangre rezuma y huele
alrededor de tu faja.
Pero yo ya no soy yo.
Ni mi casa es ya mi casa.
Dejadme subir al menos
hasta las altas barandas,
¡dejadme subir!, dejadme
hasta las verdes barandas.
Barandales de la luna
por donde retumba el agua.

                      *

Ya suben los dos compadres
hacia las altas barandas.
Dejando un rastro de sangre.
Dejando un rastro de lágrimas.
Temblaban en los tejados
farolillos de hojalata.
Mil panderos de cristal
herían la madrugada.

                      *

Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
Los dos compadres subieron.
El largo viento dejaba
en la boca un raro gusto
de hiel, de menta y de albahaca.
¡Compadre! ¿Dónde está, dime?
¿Dónde está tu niña amarga?
¡Cuántas veces te esperó!
¡Cuántas veces te esperara,
cara fresca, negro pelo,
en esta verde baranda!

                   *

Sobre el rostro del aljibe,
se mecía la gitana.
Verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Un carámbano de luna
la sostiene sobre el agua.
La noche su puso íntima
como una pequeña plaza.
Guardias civiles borrachos
en la puerta golpeaban.
Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar.
Y el caballo en la montaña.

Federico García Lorca
(Romancero gitano, 1928)

jueves, 28 de marzo de 2013

Если жизнь тебя обманет

Vídeo sobre Trigorskoye, uno de los lugares queridos de Pushkin.
Vídeo sobre Trigorskoye (Pskov, Rusia), lugar pushkiniano.

Если жизнь тебя обманет,
Не печалься, не сердись!
В день уныния смирись:
День веселья, верь, настанет.
 

Сердце в будущем живет;
Настоящее уныло:
Все мгновенно, все пройдет;
Что пройдет, то будет мило.

 
Александр С. Пушкин, 1825.


***

Versión de Un poema cada día


Si la vida te defrauda,
¡no te aflijas, no te enojes!
Acepta hoy sus dolores:
ya vendrá alegre mañana.

Es futuro el corazón.
¿Estás hoy en desdicha?
Todo pasa, todo pasó;
lo que fue será alegría.

Alexander S. Pushkin
, 1825.



En Trigorskoye ("la colina de Pushkin") habitaba la familia Osipova. Varios famosos poemas de Pushkin están inspirados en ese lugar y en los amores que allí surgieron. Este fue dedicado a Eupraxia N. Wolfe.

martes, 26 de marzo de 2013

Я вас любил

Retrato de Pushkin por Vasili Tropinin (1827)
 Retrato de Pushkin por Vasili Tropinin (1827)

Я вас любил: любовь еще, быть может,
В душе моей угасла не совсем;
Но пусть она вас больше не тревожит;
Я не хочу печалить вас ничем.

Я вас любил безмолвно, безнадежно,
То робостью, то ревностью томим;
Я вас любил так искренно, так нежно,
Как дай вам бог любимой быть другим.

Александр С. Пушкин, 1829.



Yo os amé

Sí, yo os amé, y en mi alma delirante
Aquel amor no se extinguió quizás.
Mas no tengáis temor en adelante;
No quiero ya afligiros nunca más.

Amé en silencio, lleno de amargura;
Celoso fui, sufrí la timidez...
Amé de corazón, con tal ternura,
Cual quiera Dios que os amen otra vez.


Alexander S. Pushkin, 1829.
[Traducción de César Ástor e I. Brey]

Aquí puede escucharse el poema en su lengua original: versión musicada en ruso.

jueves, 21 de marzo de 2013

Puck

Oberon, Titania y Puck en el baile de las hadas, William Blake (1757-1827)

Toma la flor azul del sueño,
la roja del amor,
la blanca de la luna
y la negra del bosque.


Toma la flor naranja de la noche,
la flor verde del aire.
Toma la flor morada del deseo
y la flor amarilla de la muerte.


Cuando despiertes
se encenderá tu ramo
colgado de las varas del telar
del último escenario.


Álvaro Tato
(Cara máscara, 2007)

lunes, 18 de marzo de 2013

Ven siempre, ven

 
                  Paisaje tropical, Frederic Edwin Church (1826-1900)

    No te acerques. Tu frente, tu ardiente frente, tu encendida frente, 
las huellas de unos besos,
ese resplandor que aun de día se siente si te acercas,
ese resplandor contagioso que me queda en las manos,
ese río luminoso en que hundo mis brazos,
en el que casi no me atrevo a beber, por temor después a ya una dura vida de lucero.

    No quiero que vivas en mí como vive la luz,
con ese ya aislamiento de estrella que se une con su luz,
a quien el amor se niega a través del espacio
duro y azul que separa y no une,
donde cada lucero inaccesible
es una soledad que, gemebunda, envía su tristeza.

    La soledad destella en el mundo sin amor.
La vida es una vívida corteza,
una rugosa piel inmóvil
donde el hombre no puede encontrar su descanso

por más que aplique su sueño contra un astro apagado.
 

    Pero tú no te acerques. Tu frente destellante, carbón encendido que me arrebata 
                                                                                                            [a la propia conciencia,
duelo fulgúreo en que de pronto siento la tentación de morir,
de quemarme los labios con tu roce indeleble,
de sentir mi carne deshacerse contra tu diamante abrasador.
 

    No te acerques, porque tu beso se prolonga como el choque imposible de las estrellas,
como el espacio que súbitamente se incendia,
éter propagador donde la destrucción de los mundos
es un único corazón que totalmente se abrasa.

    Ven, ven, ven como el carbón extinto oscuro que encierra una muerte;
ven como la noche ciega que me acerca su rostro;
ven como los dos labios marcados por el rojo,
por esa línea larga que funde los metales.

    Ven, ven, amor mío; ven, hermética frente, redondez casi rodante
que luces como una órbita que va a morir en mis brazos;

ven como dos ojos o dos profundas soledades,
dos imperiosas llamadas de una hondura que no conozco.

    ¡Ven, ven muerte, amor; ven pronto, te destruyo;
ven, que quiero matar o amar o morir o darte todo;
ven, que ruedas como liviana piedra,
confundida como una luna que me pide mis rayos!


Vicente Aleixandre
(La destrucción o el amor, 1935)

jueves, 14 de marzo de 2013

Cuadro

                 Bodegón con guitarra, Juan Gris (1887-1927)
                                                                                                            A Maurice Raynal
El mantel                            jirón del cielo
es mi estandarte
y el licor del poniente
da su reflejo al arte

 

Yo prefiero el mar cerrado
y al sol le pongo sordina
Mi poesía y las manzanas
hacen la atmósfera más fina

 

Enmedio la guitarra
                                                         Amémosla

 

Ella recoge el aire circundante
Es el desnudo nuevo
venus del siglo o madona sin infante

 

Bajo sus cuerdas los ríos pasan
y los pájaros beben el agua sin mancharla

 

Después de ver el cuadro
la luna es más precisa
y la vida más bella

 

El espejo doméstico ensaya una sonrisa
y en un transporte de pasión
canta el agua enjaulada en la botella


Gerardo Diego
(Manual de espumas, 1924)

viernes, 8 de marzo de 2013

Cima de la delicia

                    El Juniata, Thomas Moran (1837-1926)

¡Cima de la delicia!
Todo en el aire es pájaro.
Se cierne lo inmediato
Resuelto en lejanía.

¡Hueste de esbeltas fuerzas!
¡Qué alacridad de mozo
En el espacio airoso,
Henchido de presencia!

El mundo tiene cándida
Profundidad de espejo.
Las más claras distancias
Sueñan lo verdadero.

¡Dulzura de los años
Irreparables! ¡Bodas
Tardías con la historia
Que desamé a diario!

Más, todavía más.
Hacia el sol, en volandas
La plenitud se escapa.
¡Ya solo sé cantar!


Jorge Guillén
(Cántico, 1928)

sábado, 2 de marzo de 2013

La casada infiel

             Estanque de nenúfares y sauce llorón, Claude Monet (1840-1926)
                                                                                                                                             A Lydia Cabrera y a su negrita
      Y que yo me la llevé al río
creyendo que era mozuela,
pero tenía marido. 

Fue la noche de Santiago
y casi por compromiso.
Se apagaron los faroles
y se encendieron los grillos.
En las últimas esquinas
toqué sus pechos dormidos,
y se me abrieron de pronto
como ramos de jacintos.
El almidón de su enagua
me sonaba en el oído,
como una pieza de seda
rasgada por diez cuchillos.
Sin luz de plata en sus copas
los árboles han crecido,
y un horizonte de perros
ladra muy lejos del río. 


                       * 
     Pasadas las zarzamoras,
los juncos y los espinos,
bajo su mata de pelo
hice un hoyo sobre el limo.
Yo me quité la corbata.
Ella se quitó el vestido.
Yo el cinturón con revólver.
Ella sus cuatro corpiños.
Ni nardos ni caracolas
tienen el cutis tan fino,
ni los cristales con luna
relumbran con ese brillo.
Sus muslos se me escapaban
como peces sorprendidos,
la mitad llenos de lumbre,
la mitad llenos de frío.
Aquella noche corrí
el mejor de los caminos,
montado en potra de nácar
sin bridas y sin estribos.
No quiero decir, por hombre,
las cosas que ella me dijo.
La luz del entendimiento
me hace ser muy comedido.
Sucia de besos y arena
yo me la llevé del río.
Con el aire se batían
las espadas de los lirios. 


     Me porté como quien soy.
Como un gitano legítimo.
La regalé un costurero
grande de raso pajizo,
y no quise enamorarme
porque teniendo marido
me dijo que era mozuela
cuando la llevaba al río.


Federico García Lorca
(Romancero gitano, 1928)

martes, 26 de febrero de 2013

Te quiero

                En el borde del bosque, Eugène Jansson (1862-1915)

 Te quiero.

Te lo he dicho con el viento,
Jugueteando como animalillo en la arena
O iracundo como órgano tempestuoso;

Te lo he dicho con el sol,
Que dora desnudos cuerpos juveniles
Y sonríe en todas las cosas inocentes;

Te lo he dicho con las nubes,
Frentes melancólicas que sostienen el cielo,
Tristezas fugitivas;

Te lo he dicho con las plantas,
Leves criaturas transparentes
Que se cubren de rubor repentino;

Te lo he dicho con el agua,
Vida luminosa que vela un fondo de sombra;
Te lo he dicho con el miedo,
Te lo he dicho con la alegría,
Con el hastío, con las terribles palabras.

Pero así no me basta:
Más allá de la vida,
Quiero decírtelo con la muerte;
Más allá del amor, 

Quiero decírtelo con el olvido.

Luis Cernuda
(Los placeres prohibidos, 1931)

miércoles, 20 de febrero de 2013

Himno

Álvaro Tato en el IES Antonio López García (19/2/13)

Que haya viento a favor.

Que mires atrás una sola vez
para saber que aún no te persigues.

Que encuentres la alegría de perderte,
la certeza fugaz de no estar muerto,
alguien que te acompañe
y cosas que sucedan.

Que sigas. Que te pares.
Que nunca des contigo.

Y que tu patria sea ese lugar
al que no llegarás.


Álvaro Tato
(Gira, editorial Hiperión, 2011)

Puedes escuchar este poema leído por el autor en esta grabación realizada y difundida con su permiso.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Serás, amor

El arrobamiento de Psyque, William-Adolphe Bouguereau (1825-1905)

¿Serás, amor,
un largo adiós que no se acaba?
Vivir, desde el principio, es separarse.
En el primer encuentro
con la luz, con los labios,
el corazón percibe la congoja
de tener que estar ciego y solo un día.
Amor es el retraso milagroso
de su término mismo;
es prolongar el hecho mágico
de que uno y uno sean dos, en contra
de la primer condena de la vida.
Con los besos,
con la pena y el pecho se conquistan
en afanosas lides, entre gozos
parecidos a juegos,
días, tierras, espacios fabulosos,
a la gran disyunción que está esperando,
hermana de la muerte o muerte misma.
Cada beso perfecto aparta el tiempo,
le echa hacia atrás, ensancha el mundo breve
donde puede besarse todavía.
Ni en el llegar, ni en el hallazgo
tiene el amor su cima:
es en la resistencia a separarse
en donde se le siente,
desnudo, altísimo, temblando.
Y la separación no es el momento
cuando brazos, o voces,
se despiden con señas materiales:
es de antes, de después.
Si se estrechan las manos, si se abraza,
nunca es para apartarse,
es porque el alma ciegamente siente
que la forma posible de estar juntos
es una despedida larga, clara.
Y que lo más seguro es el adiós.


Pedro Salinas
(Razón de amor, 1936)

sábado, 9 de febrero de 2013

Otra estirpe

                                    Flora, Louise Abbéma (1853-1927)

Eros, yo quiero guiarte, Padre ciego...
Pido a tus manos todopoderosas
¡su cuerpo excelso derramado en fuego
sobre mi cuerpo desmayado en rosas!


La eléctrica corola que hoy despliego
brinda el nectario de un jardín de Esposas;
para sus buitres en mi carne entrego
todo un enjambre de palomas rosas.


Da a las dos sierpes de su abrazo, crueles,
mi gran tallo febril... Absintio, mieles,
viérteme de sus venas, de su boca...


¡Así tendida, soy un surco ardiente
donde puede nutrirse la simiente
de otra Estirpe sublimemente loca!


Delmira Agustini
(Los cálices vacíos, 1913)

lunes, 4 de febrero de 2013

"Toilette" suprema

              Mañana en los Trópicos, Frederic Edwin Church (1826-1900)

    Bajo el encanto sombrío
De la tarde de tormenta
Hay trazos de luz violenta
En la amatista del río.
Y siento la tentación
De hundir mi cuerpo en la oscura
Agua quieta que fulgura
Bajo el cielo de crespón.


    Intensa coquetería
Del contraste con la onda
Que hará mi carne más blonda
Entre su gasa sombría.
Rara y divina toalé
Que en la penumbra amatista
Dará una gracia imprevista
A mi cuerpo rosa-té.


    Ninguna tela más bella
En su pliegue ha de envolverme.
¡Nunca tornarás a verme
Con tal blancura de estrella!
Jamás caprichoso azar

Ha dado, a ninguna amante,
Un lecho más fulgurante

Bajo el amado mirar.

    Deja que el río me vista
Con sus largos pliegues lilas,
Y guarda en tus dos pupilas,
Junto al fondo de amatista,
La visión loca y suprema
De mi cuerpo embellecido
Por el oscuro vestido

Y la sombría diadema.

Juana de Ibarbourou
(Las lenguas de diamante, 1919)

jueves, 31 de enero de 2013

Antífona

    Odalisca con pandereta, Léon-François Comerre (1850-1916)

    Ven, reina de los besos, flor de la orgía,
amante sin amores, sonrisa loca...
Ven, que yo sé la pena de tu alegría
y el rezo de amargura que hay en tu boca. 


    Yo no te ofrezco amores que tú no quieres;
conozco tu secreto, virgen impura;
amor es enemigo de los placeres
en que los dos ahogamos nuestra amargura. 


    Amarnos...¡Ya no es tiempo de que me ames!
A ti y a mí nos llevan olas sin leyes.
¡Somos a un mismo tiempo santos e infames,
somos a un mismo tiempo pobres y reyes! 


    ¡Bah! Yo sé que los mismos que nos adoran,
en el fondo nos guardan igual desprecio.
Y justas son las voces que nos desdoran...
Lo que vendemos ambos no tiene precio. 


    Así los dos, tú amores, yo poesía,
damos por oro a un mundo que despreciamos...
¡Tú, tu cuerpo de diosa; yo, el alma mía...!
Ven y reiremos juntos mientras lloramos. 


    Joven quiere en nosotros Naturaleza
hacer, entre poemas y bacanales,
el imperial regalo de la belleza,
luz, a la oscura senda de los mortales. 


    ¡Ah! Levanta la frente, flor siempreviva,
que das encanto, aroma, placer, colores...
Diles con esa fresca boca lasciva...
¡que no son de este mundo nuestros amores! 


    Igual camino en suerte nos ha cabido.
Un ansia igual nos lleva, que no se agota,
hasta que se confundan en el olvido
tu hermosura podrida, mi lira rota. 


    Crucemos nuestra calle de la amargura,
levantadas las frentes, juntas las manos...
¡Ven tú conmigo, reina de la hermosura;
hetairas y poetas somos hermanos!


Manuel Machado
(Alma, 1902)

jueves, 24 de enero de 2013

El viaje definitivo

            Emparrado, Ignacio Pinazo Camarlench (1849-1916)

     ...Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros
cantando;
y se quedará mi huerto, con su verde árbol,
y con su pozo blanco.

    Todas las tardes, el cielo será azul y plácido;
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario. 

    Se morirán aquellos que me amaron;
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado,
mi espíritu errará, nostáljico... 

    Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido...
Y se quedarán los pájaros cantando.


Juan Ramón Jiménez
(Segunda antolojía poética, 1922) 

sábado, 19 de enero de 2013

Desde el umbral del sueño me llamaron

             Jardingane (Algorta), Jaime Morera Galicia (1854-1927)

    Desde el umbral de un sueño me llamaron... 
Era la buena voz, la voz querida. 
    -Dime: ¿vendrás conmigo a ver el alma?.... 
Llegó a mi corazón una caricia. 
    -Contigo siempre....Y avancé en mi sueño 
por una larga, escueta galería, 
sintiendo el roce de la veste pura 
y el palpitar suave de la mano amiga.

Antonio Machado
(Soledades, galerías y otros poemas, 1907)

miércoles, 16 de enero de 2013

Mon rêve familier

   Ophelia, Arthur Hughes (1832-1915)

Je fais souvent ce rêve étrange et pénétrant
D'une femme inconnue, et que j'aime, et qui m'aime,
Et qui n'est, chaque fois, ni tout à fait la même
Ni tout à fait une autre, et m'aime et me comprend.

Car elle me comprend, et mon coeur, transparent
Pour elle seule, hélas! cesse d'être un problème,
Pour elle seule, et les moiteurs de mon front blême,
Elle seule les sait rafraîchir en pleurant.

Est-elle brune, blonde ou rousse? –Je l'ignore.
Son nom? Je me souviens qu'il est doux et sonore
Comme ceux des aimés que la Vie exila.

Son regard est pareil au regard des statues,
Et, pour sa voix, lointaine, et calme, et grave, elle a
L'inflexion des voix chères qui se sont tues.


Paul Verlaine
(Poèmes saturniens, 1866) 

Versión al castellano de Un poema cada día

Mi sueño familiar

Tengo a menudo este sueño extraño y penetrante
de una mujer desconocida, y a la que amo, y que me ama.
Y que no es, cada vez, ni del todo la misma
ni del todo distinta, y me ama y me comprende.

Porque ella me comprende, y mi corazón, transparente
para ella sola, ¡ay!, deja de ser un problema,
para ella sola, y el sudor de mi pálida frente,
ella sola lo sabe refrescar cuando llora.

¿Es morena, rubia o pelirroja? Lo ignoro.
¿Su nombre? Me acuerdo de que es suave y sonoro
como los de los amados a los que la Vida desterró.

Su mirada es parecida a la mirada de las estatuas,
y, en cuanto a su voz, lejana, y tranquila, y grave, tiene
la inflexión de las voces queridas que se han callado.

(Poemas saturnianos)

jueves, 10 de enero de 2013

Era un aire suave

              Baile delante de una fuente, Nicolas Lancret (1690-1743)

    Era un aire suave, de pausados giros:
el hada Harmonía ritmaba sus vuelos,
e iban frases vagas y tenues suspiros
entre los sollozos de los violoncelos. 

    Sobre la terraza, junto a los ramajes,
diríase un trémolo de liras eolias
cuando acariciaban los sedosos trajes,
sobre el tallo erguidas, las blancas magnolias. 

    La marquesa Eulalia risas y desvíos
daba a un tiempo mismo para dos rivales:
el vizconde rubio de los desafíos
y el abate joven de los madrigales.
   Cerca, coronado con hojas de viña,
reía en su máscara Término barbudo,
y, como un efebo que fuese una niña,
mostraba una Diana su mármol desnudo. 

    Y bajo un boscaje del amor palestra,
sobre rico zócalo al modo de Jonia,
con un candelabro prendido en la diestra
volaba el Mercurio de Juan de Bolonia. 

    La orquesta perlaba sus mágicas notas;
un coro de sones alados se oía;
galantes pavanas, fugaces gavotas
cantaban los dulces violines de Hungría. 

    Al oír las quejas de sus caballeros,
ríe, ríe, ríe la divina Eulalia,
pues son su tesoro las flechas de Eros,
el cinto de Cipria, la rueca de Onfalia. 

    ¡Ay de quien sus mieles y frases recoja!
¡Ay de quien del canto de su amor se fíe!
Con sus ojos lindos y su boca roja,
la divina Eulalia ríe, ríe, ríe. 

    Tiene azules ojos, es maligna y bella;
cuando mira, vierte viva luz extraña;
se asoma a sus húmedas pupilas de estrella
el alma del rubio cristal de Champaña. 

    Es noche de fiesta, y el baile de trajes
ostenta su gloria de triunfos mundanos.
La divina Eulalia, vestida de encajes,
una flor destroza con sus tersas manos. 

    El teclado armónico de su risa fina
a la alegre música de un pájaro iguala,
con los staccati de una bailarina
y las locas fugas de una colegiala. 

    ¡Amoroso pájaro que trinos exhala
bajo el ala a veces ocultando el pico;
que desdenes rudos lanza bajo el ala,
bajo el ala aleve del leve abanico! 

    Cuando a medianoche sus notas arranque
y en arpegios áureos gima Filomela,
y el ebúrneo cisne, sobre el quieto estanque
como blanca góndola imprima su estela, 

    la marquesa alegre llegará al boscaje,
boscaje que cubre la amable glorieta
donde han de estrecharla los brazos de un paje,
que, siendo su paje, será su poeta. 

    Al compás de un canto de artista de Italia
que en la brisa errante la orquesta deslíe,
junto a los rivales, la divina Eulalia,
la divina Eulalia, ríe, ríe, ríe. 

    ¿Fue acaso en el tiempo del rey Luis de Francia,
sol con corte de astros, en campos de azur,
cuando los alcázares llenó de fragancia
la regia y pomposa rosa Pompadour? 

    ¿Fue cuando la bella su falda cogía
con dedos de ninfa, bailando el minué,
y de los compases el ritmo seguía,
sobre el tacón rojo, lindo y leve el pie? 

    ¿O cuando pastoras de floridos valles
ornaban con cintas sus albos corderos
y oían, divinas Tirsis de Versalles,
las declaraciones de sus caballeros? 

    ¿Fue en ese buen tiempo de duques pastores,
de amantes princesas y tiernos galanes,
cuando entre sonrisas y perlas y flores
iban las casacas de los chambelanes?  

    ¿Fue acaso en el Norte o en el Mediodía?
Yo el tiempo y el día y el país ignoro;
pero sé que Eulalia ríe todavía,
¡y es cruel y eterna su risa de oro!


Rubén Darío
(Prosas profanas, 1896)

martes, 8 de enero de 2013

Caupolicán

       Lucha de Hércules con el león de Nemea, Francisco de Zurbarán (1598-1664)
                                                                             A Henrique Hernández Miyares
    Es algo formidable que vio la vieja raza;
robusto tronco de árbol al hombro de un campeón
salvaje y aguerrido, cuya fornida maza
blandiera el brazo de Hércules, o el brazo de Sansón.

    Por casco sus cabellos, su pecho por coraza,
pudiera tal guerrero, de Arauco en la región,
lancero de los bosques, Nemrod que todo caza,
desjarretar un toro, o estrangular un león.

    Anduvo, anduvo, anduvo. Le vio la luz del día,
le vio la tarde pálida, le vio la noche fría,
y siempre el tronco de árbol a cuestas del titán.

    «¡El Toqui, el Toqui!», clama la conmovida casta.
Anduvo, anduvo, anduvo. La Aurora dijo: «Basta»,
e irguióse la alta frente del gran Caupolicán.


Rubén Darío
(Azul, 1888)

viernes, 4 de enero de 2013

Rêvé pour l'hiver

                 El beso, Henri de Toulouse-Lautrec (1864-1901)
                                                                                                                                     À Elle
 L'hiver nous irons dans un petit wagon rose
                         Avec des coussins bleus.
Nous serons bien. Un nid de baisers fous repose
                         Dans chaque coin moelleux.
Tu fermeras l'oeil, pour ne point voir, par la glace,
                      Grimacer les ombres des soirs,
Ces monstruosités hargneuses, populace
                      De démons noirs et de loups noirs.

Puis tu te sentiras la joue égratignée...
Un petit baiser, comme une folle araignée,
                     Te courra par le cou...

Et tu me diras: "Cherche!" en inclinant la tête,
–Et nous prendrons du temps à trouver cette bête
                    Qui voyage beaucoup...

Arthur Rimbaud
(En Wagon, le 7 octobre 1870)

Versión al castellano de Un poema cada día

                Ideal para el invierno
                                                                                              A Ella
 En el invierno, iremos en un pequeño vagón rosa
                         con cojines azules.
Nos sentiremos bien. Un nido de besos locos descansa
                         en cada rincón mullido.
Cerrarás los ojos, para no ver, por el cristal,
                      gesticular las sombras de la tarde,
esas monstruosidades coléricas, populacho
                      de demonios negros y de lobos negros.

Luego te sentirás la mejilla arañada...
Un pequeño beso, como una loca araña,
                      te correrá por el cuello...

Y me dirás: "¡Busca!", inclinando la cabeza,
–y nos llevará tiempo encontrar a esta bestia
                    que viaja mucho...

viernes, 21 de diciembre de 2012

To Fanny

 Hermosa Rosamunda, Arthur Hughes (1832-1915)

    I cry your mercy—pity—love!—aye, love! 
Merciful love that tantalizes not,
One-thoughted, never-wandering, guileless love,
Unmasked, and being seen—without a blot!

    O! let me have thee whole,—all—all—be mine!
That shape, that fairness, that sweet minor zest
Of love, your kiss,—those hands, those eyes divine,
That warm, white, lucent, million-pleasured breast,—

    Yourself—your soul—in pity give me all,
Withhold no atom’s atom or I die,
Or living on, perhaps, your wretched thrall,

    Forget, in the midst of idle misery,
Life’s purposes,—the palate of my mind
Losing its gust, and my ambition blind!

John Keats
(1795-1821)

Versión en castellano de Un poema cada día

    ¡Imploro tu compasión, piedad, amor! ¡Sí, amor!
Compasivo amor que no atormenta,
único en mi pensamiento, nunca errante, puro amor,
sin máscara, y ya descubierto, ¡sin mancilla!

    ¡Oh! ¡Déjame tenerte entera, toda, toda, sé mía!
Esa forma, esa beldad, ese dulce y pequeño gozo
de amor, tu beso; esas manos, esos ojos divinos,
ese cálido, blanco, radiante, infinitamente placentero pecho,

    a ti misma, tu alma, por piedad, dámelo todo,
no retengas ni un átomo de un átomo o muero,
o si vivo, tal vez, como tu miserable esclavo,

    ¡olvida, en medio de la ociosa desdicha,
los propósitos de la vida, el gusto de mi mente
perdido en su arrebato, y mi ciega ambición!

viernes, 14 de diciembre de 2012

Cántico espiritual (fragmento)

           Bajo los árboles, Thomas Moran (1837-1926)
     
    ¿Adónde te escondiste,
Amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste
habiéndome herido;
salí tras ti clamando, y eras ido.

    Pastores, los que fuerdes
allá por las majadas al otero,
si por ventura vierdes
aquel que yo más quiero,
decidle que adolezco, peno y muero.

    Buscando mis amores,
iré por esos montes y riberas;
ni cogeré las flores,
ni temeré las fieras,
y pasaré los fuertes y fronteras.

    ¡Oh bosques y espesuras
plantadas por la mano del Amado!
¡Oh prado de verduras,
de flores esmaltado!
¡Decid si por vosotros ha pasado!

    Mil gracias derramando
pasó por estos sotos con presura,
e, yéndolos mirando,
con sola su figura
vestidos los dejó de hermosura.

    ¡Ay! ¿Quién podrá sanarme?
Acaba de entregarte ya de vero.
No quieras enviarme
de hoy más ya mensajero;
que no saben decirme lo que quiero.

    Y todos cuantos vagan
de ti me van mil gracias refiriendo,
y todos más me llagan,
y déjame muriendo
un no sé qué que quedan balbuciendo.


San Juan de la Cruz

(1542-1591)

jueves, 6 de diciembre de 2012

Despedir-se

      Jardín de las Elegías. Son Moragas, Santiago Rusiñol (1861-1931)

He tret catifes i cortines,
les taules on fa temps que no menjo ni escric.
He tret els quadres i he pintat els murs
per esborrar les marques de tants anys.
He guardat alguns llibres. Sé quins són.
He destruït cartes d'amor.
Silenciosos, els amors
ara són icebergs errants del pensament.
Sense racons per a la por, la casa
m'ha despullat els ulls. Ni l'esperança
pertorbarà l'última mort.
No hi ha cap altra casa pels qui estimo.


Joan Margarit
(Misteriosament feliç, 2008)

Versión al castellano de Un poema cada día

He sacado alfombras y cortinas,
las mesas donde hace tiempo que no como ni escribo.
He sacado los cuadros y he pintado los muros
para borrar las marcas de tantos años.
He guardado algunos libros. Sé cuáles son.
He destruido cartas de amor.
Silenciosos, los amores
ahora son icebergs errantes del pensamiento.
Sin rincones para el miedo, la casa
me ha desnudado los ojos. Ni la esperanza
perturbará la última muerte.
No hay ninguna otra casa para los que amo.

domingo, 2 de diciembre de 2012

La fabulosa eternidad

         Sendero en el jardín del artista, Claude Monet (1840-1926)

Es rosa el monte tras el mudo huerto
del otoño. Los pájaros confunden
ramas, vuelos y trinos; y en el mar
se adormecen las velas solitarias.
Cuelgan de las palmeras los dorados
racimos, y los aires vienen breves
a golpear las ramas del naranjo.
Un aroma de tardíos jazmines
da a mi carne vigor, y juventud.
Los rosales son zarzas y son fuego:
se desnudan de olor. Y son sus flores
sangrientas, blancas, rosas, amarillas.
La casa esplende bajo el sol tardío;
el tiempo es una luz ya muy cansada.

Puntean las estrellas, y algún frío
baja el azul; es hosca la llegada
de los cuervos que baten el pinar.
Aquí, en este lugar, supo mi infancia
que era eterna la vida, y el engaño
da a mis ojos amor. Hoy miro el mundo
como el amante sabe, abandonado,
que quien le desdeñó le merecía.
Y todo pudo ser, pues fue vivido,
y este rumor de tiempo que yo soy
recuerda, como un sueño, que fue eterno.

Francisco Brines
(El otoño de las rosas, 1986)
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