Paisaje forestal, Peder Mørk Mønsted (1908)
E-nas verdes ervas
vi anda-las cervas,
meu amigo.
E-nos verdes prados
vi os cervos bravos,
meu amigo.
E con sabor d'elas
lavei mias garcetas,
meu amigo.
E con sabor d'elos
lavei meus cabelos,
meu amigo.
Des que los lavei,
d’ouro los liei,
meu amigo.
Des que las lavara,
d’ouro las liara,
meu amigo.
D’ouro los liei,
e vos asperei,
meu amigo.
D’ouro las liara
e vos asperara,
meu amigo.
Pero Meogo
(Siglos XIII-XIV)
Versión al castellano de Un poema cada día
En las verdes hierbas
vi andar las ciervas,
amigo mío.
En los verdes prados,
vi los ciervos bravos,
amigo mío.
Y con placer de ellas
lavé mis guedejas,
amigo mío.
Y con placer de ellos
lavé mis cabellos,
amigo mío.
Cuando los lavé,
de oro los lié,
amigo mío.
Cuando las lavara,
de oro las liara,
amigo mío.
De oro los lié,
y os esperé,
amigo mío.
De oro las liara,
y os esperara,
amigo mío.
Aquí está el poema diario que utilizamos para ir fortaleciendo la inteligencia y la sensibilidad de nuestros alumnos. Si alguien encuentra un bálsamo o un revulsivo en esta diaria medicina, bienvenido sea.
viernes, 28 de noviembre de 2014
miércoles, 26 de noviembre de 2014
Gar, ¿qué fareyo?
Mujer de Bagdad, William Clarke Wontner (1900)
Gar, ¿qué fareyo?,
¿cómo vivreyo?
Est' al-habib espero,
por él murreyo.
Anónimo
(siglo XI)
Versión al castellano de Un poema cada día
Dime, ¿qué haré?,
¿cómo viviré?
A este amado espero,
por él moriré.
Gar, ¿qué fareyo?,
¿cómo vivreyo?
Est' al-habib espero,
por él murreyo.
Anónimo
(siglo XI)
Versión al castellano de Un poema cada día
Dime, ¿qué haré?,
¿cómo viviré?
A este amado espero,
por él moriré.
domingo, 23 de noviembre de 2014
Soy Rocinante, el famo-
Don Quijote, Honoré Daumier (h. 1868)
Soy Rocinante, el famo-,
bisnieto del gran Babie-:
por pecados de flaque-,
fui a poder de un don Quijo-;
parejas corrí a lo flo-,
mas por uña de caba-
no se me escapó ceba-,
que esto saqué a Lazari-,
cuando, para hurtar el vi-
al ciego, le di la pa-.
Miguel de Cervantes
(El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha, 1605)
Cervantes introduce, tras el prólogo de la primera parte del Quijote, una serie de poemas de tono burlesco, parodia de los que solían aparecer al comienzo de las novelas de caballerías para elogiar a sus protagonistas. Este, escrito con versos de cabo roto y alusivo a Rocinante, va precedido de la siguiente leyenda: "Del Donoso, poeta entreverado, a Rocinante".
Soy Rocinante, el famo-,
bisnieto del gran Babie-:
por pecados de flaque-,
fui a poder de un don Quijo-;
parejas corrí a lo flo-,
mas por uña de caba-
no se me escapó ceba-,
que esto saqué a Lazari-,
cuando, para hurtar el vi-
al ciego, le di la pa-.
Miguel de Cervantes
(El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha, 1605)
Cervantes introduce, tras el prólogo de la primera parte del Quijote, una serie de poemas de tono burlesco, parodia de los que solían aparecer al comienzo de las novelas de caballerías para elogiar a sus protagonistas. Este, escrito con versos de cabo roto y alusivo a Rocinante, va precedido de la siguiente leyenda: "Del Donoso, poeta entreverado, a Rocinante".
miércoles, 19 de noviembre de 2014
Te has despertado pronto
Te has despertado pronto. Es noviembre. Esta noche
dormiste mal. Y ahora, aturdido, buscas
en la mesilla de tu cuarto, a tientas,
tabaco y fuego. Enciendes un cigarrillo, y miras
el reloj. Hace frío en este hotel. El alba
no llega todavía. Estás cansado. Llueve.
Y aquí, en la oscuridad desapacible
de este cuarto alquilado, muy a solas
contigo mismo, piensas en tu vida.
Eloy Sánchez Rosillo
(Autorretratos, 1989)
martes, 11 de noviembre de 2014
¡Ah! No es cierto, ángel de amor
Paisaje marino a la luz de la luna, Giuseppe Canella el Joven (1837-1913)
DON JUAN. ¡Ah! ¿No es cierto, ángel de amor,
que en esta apartada orilla
más pura la luna brilla
y se respira mejor?
Esta aura que vaga llena
de los sencillos olores
de las campesinas flores
que brota esa orilla amena;
esa agua limpia y serena
que atraviesa sin temor
la barca del pescador
que espera cantando el día,
¿no es cierto, paloma mía,
que están respirando amor?
Esa armonía que el viento
recoge entre esos millares
de floridos olivares
que agita con manso aliento;
ese dulcísimo acento
con que trina el ruiseñor
de sus copas morador
llamando al cercano día,
¿no es verdad, gacela mía,
que están respirando amor?
Y estas palabras que están
filtrando insensiblemente
tu corazón, ya pendiente
de los labios de don Juan,
y cuyas ideas van
inflamando en su interior
un fuego germinador
no encendido todavía,
¿no es verdad, estrella mía,
que están respirando amor?
Y esas dos líquidas perlas
que se desprenden tranquilas
de tus radiantes pupilas
convidándome a beberlas,
evaporarse, a no verlas,
de sí mismas al calor;
y ese encendido color
que en tu semblante no había,
¿no es verdad, hermosa mía,
que están respirando amor?
¡Oh, sí!, bellísima Inés,
espejo y luz de mis ojos,
escucharme sin enojos,
como lo haces, amor es:
mira aquí a tus plantas, pues,
todo el altivo rigor
de este corazón traidor
que rendirse no creía,
adorando, vida mía,
la esclavitud de tu amor.
José Zorrilla
(Don Juan Tenorio, 1844)
DON JUAN. ¡Ah! ¿No es cierto, ángel de amor,
que en esta apartada orilla
más pura la luna brilla
y se respira mejor?
Esta aura que vaga llena
de los sencillos olores
de las campesinas flores
que brota esa orilla amena;
esa agua limpia y serena
que atraviesa sin temor
la barca del pescador
que espera cantando el día,
¿no es cierto, paloma mía,
que están respirando amor?
Esa armonía que el viento
recoge entre esos millares
de floridos olivares
que agita con manso aliento;
ese dulcísimo acento
con que trina el ruiseñor
de sus copas morador
llamando al cercano día,
¿no es verdad, gacela mía,
que están respirando amor?
Y estas palabras que están
filtrando insensiblemente
tu corazón, ya pendiente
de los labios de don Juan,
y cuyas ideas van
inflamando en su interior
un fuego germinador
no encendido todavía,
¿no es verdad, estrella mía,
que están respirando amor?
Y esas dos líquidas perlas
que se desprenden tranquilas
de tus radiantes pupilas
convidándome a beberlas,
evaporarse, a no verlas,
de sí mismas al calor;
y ese encendido color
que en tu semblante no había,
¿no es verdad, hermosa mía,
que están respirando amor?
¡Oh, sí!, bellísima Inés,
espejo y luz de mis ojos,
escucharme sin enojos,
como lo haces, amor es:
mira aquí a tus plantas, pues,
todo el altivo rigor
de este corazón traidor
que rendirse no creía,
adorando, vida mía,
la esclavitud de tu amor.
José Zorrilla
(Don Juan Tenorio, 1844)
jueves, 30 de octubre de 2014
No salieron jamás
El beso, Carolus-Duran (1868)
del vergel del abrazo,
y ante el rojo rosal
de los besos rodaron.
Huracanes quisieron
con rencor separarlos.
Y las hachas tajantes.
Y los rígidos rayos.
Aumentaron la tierra
de las pálidas manos.
Precipicios midieron
por el viento impulsados
entre bocas deshechas.
Recorrieron naufragios
cada vez más profundos,
en sus cuerpos, sus brazos.
Perseguidos, hundidos
por un gran desamparo
de recuerdos y lunas,
de noviembres y marzos,
aventados se vieron
como polvo liviano:
aventados se vieron:
pero siempre abrazados.
Miguel Hernández
(Cancionero y romancero de ausencias, 1938-1941)
martes, 28 de octubre de 2014
Hora tras hora, día tras día
Bosque en otoño con arroyo, Bruno Moras (1883-1939)
Hora tras hora, día tras día,
entre el cielo y la tierra que quedan
eternos vigías,
como torrente que se despeña
pasa la vida.
Devolvedle a la flor su perfume
después de marchita;
de las ondas que besan la playa
y que una tras otra besándola expiran
recoged los rumores, las quejas,
y en planchas de bronce grabad su armonía.
Tiempos que fueron, llantos y risas,
negros tormentos, dulces mentiras,
¡ay!, ¿en dónde su rastro dejaron,
en dónde, alma mía?
Rosalía de Castro
(En las orillas del Sar, 1884)
Hora tras hora, día tras día,
entre el cielo y la tierra que quedan
eternos vigías,
como torrente que se despeña
pasa la vida.
Devolvedle a la flor su perfume
después de marchita;
de las ondas que besan la playa
y que una tras otra besándola expiran
recoged los rumores, las quejas,
y en planchas de bronce grabad su armonía.
Tiempos que fueron, llantos y risas,
negros tormentos, dulces mentiras,
¡ay!, ¿en dónde su rastro dejaron,
en dónde, alma mía?
Rosalía de Castro
(En las orillas del Sar, 1884)
sábado, 25 de octubre de 2014
Rima XXI
Retrato de mujer, Pyotr Fyodorovich Sokolov (1826)
¿Qué es poesía?, dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul.
¡Qué es poesía! ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía... eres tú.
Gustavo Adolfo Bécquer
(Rimas, 1871)
¿Qué es poesía?, dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul.
¡Qué es poesía! ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía... eres tú.
Gustavo Adolfo Bécquer
(Rimas, 1871)
jueves, 23 de octubre de 2014
Bella y más pura que el azul del cielo
The Pink Rose, Charles-Amable Lenoir (1860-1926)
Bella y más pura que el azul del cielo
con dulces ojos lánguidos y hermosos,
donde acaso el amor brilló entre el velo
del pudor que los cubre candorosos;
tímida estrella que refleja al suelo
rayos de luz brillantes y dudosos,
ángel puro de amor, que amor inspira,
fue la inocente y desdichada Elvira.
Elvira, amor del estudiante un día,
tierna y feliz de su amante ufana,
cuando al placer su corazón se abría,
como al rayo del sol rosa temprana;
del fingido amador que la mentía,
la miel falaz que de sus labios mana
bebe en su ardiente sed, el pecho ajeno
de que oculto en la miel hierve el veneno.
Que no descansa de su madre en brazos
más descuidado el candoroso infante,
que ella en los falsos lisonjeros lazos
que teje astuto el seductor amante;
dulces caricias, lánguidos abrazos,
placeres ¡ay! que duran un instante
que habrán de ser eternos imagina
la triste Elvira en su ilusión divina.
Que el alma virgen que halagó un encanto
con nacarado sueño en su pureza,
todo lo juzga verdadero y santo,
presta a todo virtud, presta belleza.
Del cielo azul al tachonado manto,
del sol radiante a la inmortal riqueza.
Al aire, al campo, a las fragantes flores
ella añade esplendor, vida y colores.
Cifró en don Félix la infeliz doncella
toda su dicha, de su amor perdida;
fueron sus ojos a los ojos de ella
astros de gloria, manantial de vida.
Cuando sus labios con sus labios sella,
cuando su voz escucha embebecida,
embriagada del dios que la enamora,
dulce le mira, extática le adora.
José de Espronceda
(El estudiante de Salamanca, 1839)
Bella y más pura que el azul del cielo
con dulces ojos lánguidos y hermosos,
donde acaso el amor brilló entre el velo
del pudor que los cubre candorosos;
tímida estrella que refleja al suelo
rayos de luz brillantes y dudosos,
ángel puro de amor, que amor inspira,
fue la inocente y desdichada Elvira.
Elvira, amor del estudiante un día,
tierna y feliz de su amante ufana,
cuando al placer su corazón se abría,
como al rayo del sol rosa temprana;
del fingido amador que la mentía,
la miel falaz que de sus labios mana
bebe en su ardiente sed, el pecho ajeno
de que oculto en la miel hierve el veneno.
Que no descansa de su madre en brazos
más descuidado el candoroso infante,
que ella en los falsos lisonjeros lazos
que teje astuto el seductor amante;
dulces caricias, lánguidos abrazos,
placeres ¡ay! que duran un instante
que habrán de ser eternos imagina
la triste Elvira en su ilusión divina.
Que el alma virgen que halagó un encanto
con nacarado sueño en su pureza,
todo lo juzga verdadero y santo,
presta a todo virtud, presta belleza.
Del cielo azul al tachonado manto,
del sol radiante a la inmortal riqueza.
Al aire, al campo, a las fragantes flores
ella añade esplendor, vida y colores.
Cifró en don Félix la infeliz doncella
toda su dicha, de su amor perdida;
fueron sus ojos a los ojos de ella
astros de gloria, manantial de vida.
Cuando sus labios con sus labios sella,
cuando su voz escucha embebecida,
embriagada del dios que la enamora,
dulce le mira, extática le adora.
José de Espronceda
(El estudiante de Salamanca, 1839)
sábado, 18 de octubre de 2014
Segundo don Juan Tenorio
El cantante Franciso d'Andrade como Don Giovanni, Max Slevogt (1912)
Segundo don Juan Tenorio,
alma fiera e insolente,
irreligioso y valiente,
altanero y reñidor,
siempre el insulto en los ojos,
en los labios la ironía,
nada teme y todo fía
de su espada y su valor.
Corazón gastado, mofa
de la mujer que corteja,
y hoy despreciándola deja
la que ayer se le rindió.
Ni el porvenir temió nunca,
ni recuerda en lo pasado
la mujer que ha abandonado,
ni el dinero que perdió.
Ni vio el fantasma entre sueños
del que mató en desafío,
ni turbó jamás su brío
recelosa previsión.
Siempre en lances y en amores,
siempre en báquicas orgías,
mezcla en palabras impías
un chiste a una maldición.
En Salamanca famoso
por su vida y buen talante,
al atrevido estudiante
le señalan entre mil;
fueros le da su osadía,
le disculpa su riqueza,
su generosa nobleza,
su hermosura varonil.
Que su arrogancia y sus vicios,
caballeresca apostura,
agilidad y bravura
ninguno alcanza a igualar;
que hasta en sus crímenes mismos,
en su impiedad y altiveza,
pone un sello de grandeza
don Félix de Montemar.
José de Espronceda
(El estudiante de Salamanca, 1839)
Segundo don Juan Tenorio,
alma fiera e insolente,
irreligioso y valiente,
altanero y reñidor,
siempre el insulto en los ojos,
en los labios la ironía,
nada teme y todo fía
de su espada y su valor.
Corazón gastado, mofa
de la mujer que corteja,
y hoy despreciándola deja
la que ayer se le rindió.
Ni el porvenir temió nunca,
ni recuerda en lo pasado
la mujer que ha abandonado,
ni el dinero que perdió.
Ni vio el fantasma entre sueños
del que mató en desafío,
ni turbó jamás su brío
recelosa previsión.
Siempre en lances y en amores,
siempre en báquicas orgías,
mezcla en palabras impías
un chiste a una maldición.
En Salamanca famoso
por su vida y buen talante,
al atrevido estudiante
le señalan entre mil;
fueros le da su osadía,
le disculpa su riqueza,
su generosa nobleza,
su hermosura varonil.
Que su arrogancia y sus vicios,
caballeresca apostura,
agilidad y bravura
ninguno alcanza a igualar;
que hasta en sus crímenes mismos,
en su impiedad y altiveza,
pone un sello de grandeza
don Félix de Montemar.
José de Espronceda
(El estudiante de Salamanca, 1839)
domingo, 12 de octubre de 2014
Alfa y Omega
Puesta de sol sobre el agua, Peder Mørk Mønsted (1900)
Cabe la vida entera en un soneto
empezado con lánguido descuido;
y apenas iniciado, ya se ha ido
la infancia, imagen del primer cuarteto.
Viene la juventud, con el secreto
de la vida, que pasa inadvertido,
y que se va también, que ya se ha ido,
antes de entrar en el primer terceto.
Maduros, a mirar a ayer tornamos
añorantes y, ansiosos, a mañana...;
y así el primer terceto malgastamos.
Y cuando en el terceto último entramos,
es para ver, con experiencia vana,
que se nos va el soneto... ¡y que nos vamos!
Pero cuando logramos
tal vez del Arte el mágico secreto,
si la vida se va, queda el soneto.
Manuel Machado
(Sevilla y otros Poemas, 1921)
El estrambote de este soneto no figuraba en la primera edición de la obra.
Cabe la vida entera en un soneto
empezado con lánguido descuido;
y apenas iniciado, ya se ha ido
la infancia, imagen del primer cuarteto.
Viene la juventud, con el secreto
de la vida, que pasa inadvertido,
y que se va también, que ya se ha ido,
antes de entrar en el primer terceto.
Maduros, a mirar a ayer tornamos
añorantes y, ansiosos, a mañana...;
y así el primer terceto malgastamos.
Y cuando en el terceto último entramos,
es para ver, con experiencia vana,
que se nos va el soneto... ¡y que nos vamos!
Pero cuando logramos
tal vez del Arte el mágico secreto,
si la vida se va, queda el soneto.
Manuel Machado
(Sevilla y otros Poemas, 1921)
El estrambote de este soneto no figuraba en la primera edición de la obra.
lunes, 6 de octubre de 2014
El burro flautista
Imagen procedente del CEDOCAM
Esta fabulilla,
salga bien o mal,
me ha ocurrido ahora
por casualidad.
Cerca de unos prados
que hay en mi lugar,
pasaba un borrico
por casualidad.
Una flauta en ellos
halló, que un zagal
se dejó olvidada
por casualidad.
Acercose a olerla
el dicho animal,
y dio un resoplido
por casualidad.
En la flauta el aire
se hubo de colar,
y sonó la flauta
por casualidad.
«iOh!», dijo el borrico;
«¡qué bien sé tocar!
¡Y dirán que es mala
la música asnal!»
Sin reglas del arte,
borriquitos hay
que una vez aciertan
por casualidad.
Tomás de Iriarte
(1750-1791)
Esta fabulilla,
salga bien o mal,
me ha ocurrido ahora
por casualidad.
Cerca de unos prados
que hay en mi lugar,
pasaba un borrico
por casualidad.
Una flauta en ellos
halló, que un zagal
se dejó olvidada
por casualidad.
Acercose a olerla
el dicho animal,
y dio un resoplido
por casualidad.
En la flauta el aire
se hubo de colar,
y sonó la flauta
por casualidad.
«iOh!», dijo el borrico;
«¡qué bien sé tocar!
¡Y dirán que es mala
la música asnal!»
Sin reglas del arte,
borriquitos hay
que una vez aciertan
por casualidad.
Tomás de Iriarte
(1750-1791)
viernes, 3 de octubre de 2014
El Amor mariposa
Amantes en un parque, François Boucher (1758)
Viendo el Amor un día
que mil lindas zagalas
huían de él medrosas
por mirarle con armas,
dicen que de picado
les juró la venganza
y una burla les hizo,
como suya, extremada.
Tornose en mariposa,
los bracitos en alas
y los pies ternezuelos
en patitas doradas.
¡Oh! ¡qué bien que parece!
¡Oh! ¡qué suelto que vaga,
y ante el sol hace alarde
de su púrpura y nácar!
Ya en el valle se pierde,
ya en una flor se para,
ya otra besa festivo,
y otra ronda y halaga.
Las zagalas, al verle,
por sus vuelos y gracia
mariposa le juzgan
y en seguirle no tardan.
Una a cogerle llega,
y él la burla y se escapa;
otra en pos va corriendo,
y otra simple le llama,
despertando el bullicio
de tan loca algazara
en sus pechos incautos
la ternura más grata.
Ya que juntas las mira,
dando alegres risadas
súbito Amor se muestra,
y a todas las abrasa.
Mas las alas ligeras
en los hombros por gala
se guardó el fementido,
y así a todos alcanza.
También de mariposa
le quedó la inconstancia:
llega, hiere, y de un pecho
a herir otro se pasa.
Juan Meléndez Valdés
(1754-1817)
Viendo el Amor un día
que mil lindas zagalas
huían de él medrosas
por mirarle con armas,
dicen que de picado
les juró la venganza
y una burla les hizo,
como suya, extremada.
Tornose en mariposa,
los bracitos en alas
y los pies ternezuelos
en patitas doradas.
¡Oh! ¡qué bien que parece!
¡Oh! ¡qué suelto que vaga,
y ante el sol hace alarde
de su púrpura y nácar!
Ya en el valle se pierde,
ya en una flor se para,
ya otra besa festivo,
y otra ronda y halaga.
Las zagalas, al verle,
por sus vuelos y gracia
mariposa le juzgan
y en seguirle no tardan.
Una a cogerle llega,
y él la burla y se escapa;
otra en pos va corriendo,
y otra simple le llama,
despertando el bullicio
de tan loca algazara
en sus pechos incautos
la ternura más grata.
Ya que juntas las mira,
dando alegres risadas
súbito Amor se muestra,
y a todas las abrasa.
Mas las alas ligeras
en los hombros por gala
se guardó el fementido,
y así a todos alcanza.
También de mariposa
le quedó la inconstancia:
llega, hiere, y de un pecho
a herir otro se pasa.
Juan Meléndez Valdés
(1754-1817)
viernes, 26 de septiembre de 2014
Rima XVI
El despertar, Eva Gonzalès (1876)
Si al mecer las azules campanillas
de tu balcón,
crees que suspirando pasa el viento
murmurador,
sabe que oculto entre las verdes hojas
suspiro yo.
Si al resonar confuso a tus espaldas
vago rumor,
crees que por tu nombre te ha llamado
lejana voz,
sabe que entre las sombras que te cercan
te llamo yo.
Si se turba medroso en la alta noche
tu corazón,
al sentir en tus labios un aliento
abrasador,
sabe que, aunque invisible, al lado tuyo
respiro yo.
Gustavo Adolfo Bécquer
(Rimas, 1871)
Si al mecer las azules campanillas
de tu balcón,
crees que suspirando pasa el viento
murmurador,
sabe que oculto entre las verdes hojas
suspiro yo.
Si al resonar confuso a tus espaldas
vago rumor,
crees que por tu nombre te ha llamado
lejana voz,
sabe que entre las sombras que te cercan
te llamo yo.
Si se turba medroso en la alta noche
tu corazón,
al sentir en tus labios un aliento
abrasador,
sabe que, aunque invisible, al lado tuyo
respiro yo.
Gustavo Adolfo Bécquer
(Rimas, 1871)
viernes, 5 de septiembre de 2014
Siete
Lago con castillo en una colina, Joseph Wright (1787)
son los temas fundamentales de la poesía lírica
en primer lugar el pubis de la doncella
luego la luna llena que es el pubis del cielo
los bosquecillos abarrotados de pájaros
el crepúsculo que parece una tarjeta postal
el instrumento músico llamado violín
y la maravilla absoluta que es un racimo de uvas
Nicanor Parra
(Emergency Poemes, 1972)
martes, 19 de agosto de 2014
É preciso avisar toda a gente
Marvão (Portugal), lugar de la última residencia del poeta
É preciso avisar toda a gente
dar notícia informar prevenir
que por cada flor estrangulada
há milhões de sementes a florir.
É preciso avisar toda a gente
segredar a palavra e a senha
engrossando a verdade corrente
duma força que nada a detenha.
É preciso avisar toda a gente
que há fogo no meio da floresta
e que os mortos apontam em frente
o caminho da esperança que resta.
É preciso avisar toda a gente
transmitindo este morse de dores
É preciso imperioso e urgente
mais flores, mais flores, mais flores.
João Apolinário
(Morse de Sangue, 1955)
Versión en castellano de Un poema cada día
Es preciso avisar a toda gente,
dar noticia, informar, prevenir
que por cada flor estrangulada
hay millones de simientes que han de abrir.
Es preciso avisar a toda gente,
ocultar la palabra y la seña,
agrandando la verdad corriente
de una fuerza que nada detenga.
Es preciso avisar a toda gente
que hay fuego en medio de la floresta
y que los muertos señalan enfrente
el camino de esperanza que resta.
Es preciso avisar a toda gente
transmitiendo este morse de dolores.
Es preciso, imperioso y urgente:
más flores, más flores, más flores.
(Morse de sangre, 1955)
É preciso avisar toda a gente
dar notícia informar prevenir
que por cada flor estrangulada
há milhões de sementes a florir.
É preciso avisar toda a gente
segredar a palavra e a senha
engrossando a verdade corrente
duma força que nada a detenha.
É preciso avisar toda a gente
que há fogo no meio da floresta
e que os mortos apontam em frente
o caminho da esperança que resta.
É preciso avisar toda a gente
transmitindo este morse de dores
É preciso imperioso e urgente
mais flores, mais flores, mais flores.
João Apolinário
(Morse de Sangue, 1955)
Versión en castellano de Un poema cada día
Es preciso avisar a toda gente,
dar noticia, informar, prevenir
que por cada flor estrangulada
hay millones de simientes que han de abrir.
Es preciso avisar a toda gente,
ocultar la palabra y la seña,
agrandando la verdad corriente
de una fuerza que nada detenga.
Es preciso avisar a toda gente
que hay fuego en medio de la floresta
y que los muertos señalan enfrente
el camino de esperanza que resta.
Es preciso avisar a toda gente
transmitiendo este morse de dolores.
Es preciso, imperioso y urgente:
más flores, más flores, más flores.
(Morse de sangre, 1955)
sábado, 26 de julio de 2014
Amor te obliga a escribir
Joven leyendo una carta, Jean Raoux (1677-1734)
LEONOR: ¿Amor te obliga a escribir
sin saber a quién?
INÉS: Sospecho
que es invención que se ha hecho,
para probarme a rendir,
de parte del forastero.
LEONOR: Yo también lo imaginé.
INÉS: Si fue ansí, discreto fue.
Leerte unos versos quiero.
(Lea)
"Yo vi la más hermosa labradora,
en la famosa feria de Medina,
que ha visto el sol adonde más se inclina
desde la risa de la blanca aurora.
Una chinela de color que dora
de una columna hermosa y cristalina
la breve basa, fue la ardiente mina
que vuela el alma a la región que adora.
Que una chinela fuese victoriosa,
siendo los ojos del amor enojos,
confesé por hazaña milagrosa.
Pero díjele, dando los despojos:
"Si matas con los pies, Inés hermosa,
¿qué dejas para el fuego de tus ojos?" "
Lope de Vega
(El caballero de Olmedo, h. 1620)
LEONOR: ¿Amor te obliga a escribir
sin saber a quién?
INÉS: Sospecho
que es invención que se ha hecho,
para probarme a rendir,
de parte del forastero.
LEONOR: Yo también lo imaginé.
INÉS: Si fue ansí, discreto fue.
Leerte unos versos quiero.
(Lea)
"Yo vi la más hermosa labradora,
en la famosa feria de Medina,
que ha visto el sol adonde más se inclina
desde la risa de la blanca aurora.
Una chinela de color que dora
de una columna hermosa y cristalina
la breve basa, fue la ardiente mina
que vuela el alma a la región que adora.
Que una chinela fuese victoriosa,
siendo los ojos del amor enojos,
confesé por hazaña milagrosa.
Pero díjele, dando los despojos:
"Si matas con los pies, Inés hermosa,
¿qué dejas para el fuego de tus ojos?" "
Lope de Vega
(El caballero de Olmedo, h. 1620)
lunes, 30 de junio de 2014
miércoles, 25 de junio de 2014
El alfarero
Pigmalión y Galatea, Jean-Léon Gérôme (1824-1904)
Tus manos
que me han esculpido de esta singular manera
para repeler el placer
de otras manos.
En la plural forma de recibir
sin apenas precisar la caricia.
Tus manos. Siempre tus manos...
Enormes.
Y el mundo que dispongo a tu alcance
responde complaciente a los deseos,
como si su orden natural fuese gravitar hacia ti
para que tú solo entretengas las manos
en esta artesana pasión
de modelarme.
Vega Cerezo
(Yo soy un país, 2013)
Tus manos
que me han esculpido de esta singular manera
para repeler el placer
de otras manos.
En la plural forma de recibir
sin apenas precisar la caricia.
Tus manos. Siempre tus manos...
Enormes.
Y el mundo que dispongo a tu alcance
responde complaciente a los deseos,
como si su orden natural fuese gravitar hacia ti
para que tú solo entretengas las manos
en esta artesana pasión
de modelarme.
Vega Cerezo
(Yo soy un país, 2013)
domingo, 22 de junio de 2014
Amistad a lo largo
Juan Marsé, Carlos Barral, Jaime Gil de Biedma, Ángel González y José A. Goytisolo (imagen de www.cervantesvirtual.com)
Pasan lentos los días
y muchas veces estuvimos solos.
Pero luego hay momentos felices
para dejarse ser en amistad.
Mirad:
somos nosotros.
Un destino condujo diestramente
las horas, y brotó la compañía.
Llegaban las noches. Al amor de ellas
nosotros encendíamos palabras,
las palabras que luego abandonamos
para subir a más:
empezamos a ser los compañeros
que se conocen
por encima de la voz o de la seña.
Ahora sí. Pueden alzarse
las gentiles palabras
–esas que ya no dicen cosas–,
flotar ligeramente sobre el aire;
porque estamos nosotros enzarzados
en mundo, sarmentosos
de historia acumulada,
y está la compañía que formamos plena,
frondosa de presencias.
Detrás de cada uno
vela su casa, el campo, la distancia.
Pero callad.
Quiero deciros algo.
Solo quiero deciros que estamos todos juntos.
A veces, al hablar, alguno olvida
su brazo sobre el mío,
y yo aunque esté callado doy las gracias,
porque hay paz en los cuerpos y en nosotros.
Quiero deciros cómo todos trajimos
nuestras vidas aquí, para contarlas.
Largamente, los unos a los otros
en el rincón hablamos, tantos meses!
que no sabemos bien, y en el recuerdo
el júbilo es igual a la tristeza.
Para nosotros el dolor es tierno.
Ay el tiempo! Ya todo se comprende.
Jaime Gil de Biedma
(Compañeros de viaje, 1959)
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