lunes, 24 de marzo de 2025

A un chopo, semejante en desgracia a su amor

                        Avenida de chopos en Moret, Alfred Sisley (1888)

Remataba en los cielos su belleza,
alivio, un alto chopo, a un verde prado,
amante de una vid y de ella amado,
que amor halló aposento en su dureza.

Soberbia, exenta, altiva su cabeza
era lengua del céfiro enojado,
del verde campo rey, pues, coronado, 
daba leyes de amor en su corteza.

Robole su corona airado el viento;
sintió tanto su mal, que fue tornada
en verde oscura su esperanza verde.

Yo, sin los lazos de mi Celia amada,
¿qué mucho a tal me traiga un pensamiento,
si un árbol me dio Amor que me lo acuerde?

Luis Carrillo y Sotomayor
            (h. 1585-1610)

sábado, 22 de marzo de 2025

Al cisne

                                    Cisnes en Reeds, Bruno Liljefors (1907)

Ave de nieve que rompiendo espumas
de ese cristal lascivo donde cantas,
las cándidas espumas que levantas
son igual competencia de tus plumas.

No es bien que cuando mueres lo presumas,
porque tu vida empieza en lo que cantas,
que a tus méritos propios te adelantas,
para adquirir las alabanzas sumas.

Cantando con espíritu del cielo,
te despides del orbe de la tierra:
que allá premio a sus méritos previenes.

Mas si es tu voz un cielo acá en el suelo,
solo por nuestro daño se destierra,
que en ella misma lo que buscas tienes.

Alonso Jerónimo de Salas Barbadillo
                   (1581-1635)

martes, 18 de marzo de 2025

Retrato de Lisi que traía en una sortija

            Retrato de una joven, Anónimo (Siglo XVII)

En breve cárcel traigo aprisionado, 
con toda su familia de oro ardiente,
el cerco de la luz resplandeciente,
y grande imperio del Amor cerrado.

Traigo el campo que pacen estrellado
las fieras altas de la piel luciente;
y a escondidas del cielo y del Oriente,
día de luz y parto mejorado.

Traigo todas las Indias en mi mano:
perlas que, en un diamante, por rubíes, 
pronuncian con desdén sonoro yelo;

y razonan tal vez fuego tirano 
relámpagos de risa carmesíes,
auroras, gala y presunción del cielo.

Francisco de Quevedo
        (1580-1645)

viernes, 14 de marzo de 2025

Epístola moral a Fabio

                  Casita en Goupillieres, Louis Aston Knight (1873-1948)

    Fabio, las esperanzas cortesanas
prisiones son do el ambicioso muere,
y donde al más activo nacen canas.
    El que no las limare o las rompiere,
ni el nombre de varón ha merecido,
ni subir al honor que pretendiere.
    El ánimo plebeyo y abatido
elija, en sus intentos temeroso,
primero estar suspenso que caído;
    que el corazón entero y generoso,
al caso adverso inclinará la frente,
antes que la rodilla al poderoso.
    Más triunfos, más coronas dio al prudente
que supo retirarse, la Fortuna,
que al que esperó obstinada y locamente.
    Esta invasión terrible e importuna
de contrarios sucesos nos espera
desde el primer sollozo de la cuna.
    Dejémosla pasar como a la fiera
corriente del gran Betis, cuando airado
dilata hasta los montes la ribera.
    Aquel entre los héroes es contado
que el premio mereció, no quien le alcanza
por vanas consecuencias del estado. [...]
    El oro, la maldad, la tiranía
del inicuo precede, y pasa al bueno:
¿qué espera la virtud o qué confía? [...]
    Busca, pues, el sosiego dulce y caro,
como, en la oscura noche del Egeo
busca el piloto el eminente faro;
    que si acortas y ciñes tu deseo,
dirás: "Lo que desprecio he conseguido,
que la opinión vulgar es devaneo."
    Más quiere el ruiseñor su pobre nido
de pluma y leves pajas, más sus quejas,
en el monte repuesto y escondido,
    que agradar lisonjero las orejas
de algún príncipe insigne, aprisionado
en el metal de las doradas rejas. [...]
    Iguala con la vida el pensamiento,
y no le pasarás de hoy a mañana,
ni aun quizá de un momento a otro momento. [...]
    ¿Qué es nuestra vida más que un breve día,
do apenas sale el sol, cuando se pierde
en las tinieblas de la noche fría?
    ¿Qué más que el heno, a la mañana verde,
seco a la tarde? ¡Oh ciego desvarío!
¿Será que de este sueño se recuerde?
    ¿Será que pueda ver que me desvío
de la vida viviendo, y que esté unida
la cauta muerte al simple vivir mío? 
[...]
   ¿Piensas acaso tú que fue criado
el varón para el rayo de la guerra,
para surcar el piélago salado,
    para medir el orbe de la tierra
o el cerco por do el sol siempre camina?
¡Oh, quien así lo piensa, cuánto yerra!
    Esta nuestra porción alta y divina
a mayores acciones es llamada
y en más nobles objetos se termina. 
[...]
    Quiero, Fabio, seguir a quien me llama,
y callado pasar entre la gente,
que no afecto los nombres ni la fama. 
[...]
    Un ángulo me basta entre mis lares,
un libro y un amigo, un sueño breve,
que no perturben deudas ni pesares. 
[...]
    No quiera Dios que siga los varones
que moran nuestras plazas, macilentos,
de la virtud infames histrïones;
    estos inmundos trágicos y atentos
al aplauso común, cuyas entrañas
son oscuros e infaustos monumentos. [...]
   ¡Qué muda la virtud por el prudente!
¡Qué redundante y llena de rüido
por el vano, ambicioso y aparente! 
    Quiero imitar al pueblo en el vestido,
en las costumbres solo a los mejores,
sin presumir de roto y mal ceñido. 
[...]
    Una mediana vida yo posea,
un estilo común y moderado,
que no le note nadie que le vea. 
[...]
    Sin la templanza ¿viste tú perfeta
alguna cosa? ¡Oh muerte!, ven callada
como sueles venir en la saeta;
    no en la tonante máquina preñada
de fuego y de rumor; que no es mi puerta
de doblados metales fabricada.
    Así, Fabio, me muestra descubierta
su esencia la verdad, y mi albedrío
con ella se compone y se concierta.
    No te burles de ver cuánto confío,
ni al arte de decir, vana y pomposa,
el ardor atribuyas de este brío.
    ¿Es por ventura menos poderosa
que el vicio la virtud, o menos fuerte?
No la arguyas de flaca y temerosa. 
[...]
    Ya, dulce amigo, huyo y me retiro
de cuanto simple amé; rompí los lazos.
Ven y verás al grande fin que aspiro,
antes que el tiempo muera en nuestros brazos.

Andrés Fernández de Andrada
            (h. 1575-1648)

lunes, 10 de marzo de 2025

Las almas son eternas, son iguales

La costurera, Charles-Amable Lenoir (1860-1926)

Las almas son eternas, son iguales,
son libres, son espíritus, María:
si en ellas hay amor, con la porfía
de los estorbos crece, y de los males.

Nacimos en fortuna desiguales,
no en gustos; la violencia nos desvía;
el tiempo corre lento, y deja el día
de sí hasta en los mármoles señales.

Mas tú ni a tiempo alguno ni a violencia,
ni a aquello desigual de la fortuna,
ni temas a la más prolija ausencia;

que si nuestras dos almas son una,
¿en quién, si no ya en Dios, habrá potencia
que las gaste o las fuerce o las desuna?

Francisco de Medrano
          (1570-1607)
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