viernes, 2 de enero de 2026

Este hilo

               Retrato de familia bajo el saúco, Giovanni Giacometti (1911)

Los hilos a menudo son tan leves
que viajan por el aire inadvertidos.
Son las briznas de hierba, los caminos,
las cuerdas de un laúd, la vida breve,

las hormigas que marchan como deben,
los versos alineados en un libro,
tus venas, tus cabellos… todos hilos.
También la lluvia que la tierra bebe.

No sueltes esta hebra que te tiendo
y a mí gentes más viejas me dejaron.
Eres porque otros fueron en el tiempo.

Que este hilo es la voz de antiguos cantos.
Si nadie los recuerda, van muriendo.
Un presente te doy: nuestro pasado.

Beatriz Giménez de Ory
(Un hilo me liga a vos, 2020)

lunes, 29 de diciembre de 2025

Amo a una mujer de larga cabellera

                          Ante el espejo, Berthe Morisot (1890)

Amo a una mujer de larga cabellera
Como en un lago me hundo en su rostro suave
En su vientre mi frente boga con lentitud
Palpo muerdo acaricio volúmenes sedosos
Registro cavidades me esponjo de su zumo
Mujer pantano mío araña tenebrosa
Laberinto infinito tambor palacio extraño
Eres mi hermana única de olvido y abandono
Tus pechos y tus nalgas dobles montes gemelos
me brindan la blancura de paloma gigante
El amor que nos damos es de noche en la noche
En rotundas crudezas la cama nos reúne
Se levantan columnas de olor y de respiros

Trituro masco sorbo me despeño
El deseo florece entre tumbas abiertas
Tumbas de besos bocas o moluscos
Estoy volando enfermo de venenos
Reinando en tus membranas errante y enviciado
Nada termina nada empieza todo es triunfo
de la ternura custodiada de silencio
El pensamiento ha huido de nosotros
Se juntan nuestras manos como piedras felices
Está la mente quieta como inmóvil palmípedo
Las horas se derriten los minutos se agotan
No existe nada más que agonía y placer

Placer tu cara no habla sino que va a caballo
sobre un mundo de nubes en la cueva del ser
Somos mudos no estamos en la vida ridícula
Hemos llegado a ser terribles y divinos
Fabricantes secretos de miel en abundancia
Se oyen los gemidos de la carne incansable
En un instante oí la mitad de mi nombre
saliendo repentino de tus dientes unidos
En la luz pude ver la expresión de tu faz
que parecías otra mujer en aquel éxtasis

La oscuridad me pone furioso no te veo
No encuentro tu cabeza y no sé lo que toco
Cuatro manos se van con sus dueños dormidos
y lejos de ellas vagan también los cuatro pies
Ya no hay dueños no hay más que suspenso y vacío
El barco del placer encalla en alta mar
¿Dónde estás? ¿Dónde estoy? ¿Quién soy? ¿Quién eres?
Para siempre abandono este interrogatorio
Ebrio hechizado loco a las puertas del morbo
grandiosa la pasión espero el turno fálico

De nuevo en una habitación estamos juntos
Desnudos estupendos cómplices de la Muerte.

Carlos Edmundo de Ory
(Poesía: 1949-1969, 1970)

jueves, 25 de diciembre de 2025

Usted, invierno

               Camino soleado de invierno, Fritz Müller-Landeck (h. 1942)

Usted, Invierno, poca cosa es:
un viejo gris, mal encarado.
¡Cuánto mejor transita por el prado
la Primavera,
                         que vendrá después
trayendo con amor, a su gentil costado,
abril y mayo,
                         mes tras mes!

Esa fuente de luz nos adereza
        campos, bosques y flores,
y les añade sin cesar colores,
dócil al fiat de la Naturaleza.

Usted, en cambio, nieva, llueve,
sopla vientos helados y granizo.
Invierno, seré breve:
                                       Pues el tiempo deshizo
con sus vientos, sus lluvias y su nieve,
el diablo que lo quiso se lo lleve.

Jaime García Terrés
(Las manchas del sol. Poesía 1956-1987, 1988)

domingo, 21 de diciembre de 2025

Te estoy llamando

                    Pensamientos lejanos, John William Godward (1892)

Amor
desde la sombra
desde el dolor
amor
te estoy llamando
desde el pozo asfixiante del recuerdo
sin nada que me sirva
ni te espere.
Te estoy llamando
amor
como al destino
como al sueño
a la paz
te estoy llamando
con la voz
con el cuerpo
con la vida
con todo lo que tengo
y que no tengo
con desesperación
con sed
con llanto
como si fueras aire
y yo me ahogara
como si fueras luz
y me muriera.
Desde una noche ciega
desde olvido
desde horas cerradas
en lo solo
sin lágrimas ni amor
te estoy llamando
como a la muerte
amor
como a la muerte.

Idea Vilariño
(Poemas de amor, 1958)

miércoles, 17 de diciembre de 2025

Mujer en su ventana

                             Reflejos, Childe Hassam (a. 1935)

Ella está sumergida en su ventana
contemplando las brasas del anochecer, posible todavía.
Todo fue consumado en su destino, definitivamente inalterable
    desde ahora
como el mar en un cuadro,
y sin embargo el cielo continúa pasando con sus angelicales
   procesiones.
Ningún pato salvaje interrumpió su vuelo hacia el oeste;
allá lejos seguirán floreciendo los ciruelos, blancos, como si 
   nada,
y alguien en cualquier parte levantará su casa
sobre el polvo y el humo de otra casa.
Inhóspito este mundo. 
Áspero este lugar de nunca más.
Por una fisura del corazón sale un pájaro negro y es la noche
–¿o acaso será un dios que cae agonizando sobre el mundo?–,
pero nadie lo ha visto, nadie sabe,
ni el que se va creyendo que de los lazos rotos nacen preciosas
    alas,
los instantáneos nudos del azar, la inmortal aventura,
aunque cada pisada clausure con un sello todos los paraísos
    prometidos.
Ella oyó en cada paso la condena.
Y ahora ya no es más que una remota, inmóvil mujer en su
    ventana,
la simple arquitectura de la sombra aislada en su piel,
como si alguna vez una frontera, un muro, un silencio, un
    adiós,
hubieran sido el verdadero límite,
el abismo final entre una mujer y un hombre.

Olga Orozco
(Con esta boca, en este mundo, 1994)
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