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martes, 1 de abril de 2025

Verde embeleso de la vida humana

                 Esperanza, George Frederic Watts (1886)

Verde embeleso de la vida humana,
loca Esperanza, frenesí dorado,
sueño de los despiertos intrincado,
como de sueños, de tesoros vana;

alma del mundo, senectud lozana,
decrépito verdor imaginado;
el hoy de los dichosos esperado
y de los desdichados el mañana:

sigan tu sombra en busca de tu día
los que, con verdes vidrios por anteojos,
todo lo ven pintado a su deseo;

que yo, más cuerda en la fortuna mía,
tengo en entrambas manos ambos ojos
y solamente lo que toco veo.

Sor Juana Inés de la Cruz
             (1651-1695)

viernes, 28 de marzo de 2025

Huye del sol el sol, y se deshace

                               Atardecer en Yalta, Ivan Aivazovsky (1861)

Huye del sol el sol, y se deshace
la vida a manos de la propia vida,
del tiempo que, a sus partos homicida,
en mies de siglos las edades pace.

Nace la vida, y con la vida nace
del cadáver la fábrica temida.
¿Qué teme, pues, el hombre en la partida,
si vivo estriba en lo que muerto yace?

Lo que pasó ya falta, lo futuro
aún no se vive, lo que está presente
no está, porque es su esencia el movimiento.

Lo que se ignora es solo lo seguro,
este mundo, república de viento,
que tiene por monarca un accidente.

Gabriel Bocángel
   (1603-1658)

lunes, 24 de marzo de 2025

A un chopo, semejante en desgracia a su amor

                        Avenida de chopos en Moret, Alfred Sisley (1888)

Remataba en los cielos su belleza,
alivio, un alto chopo, a un verde prado,
amante de una vid y de ella amado,
que amor halló aposento en su dureza.

Soberbia, exenta, altiva su cabeza
era lengua del céfiro enojado,
del verde campo rey, pues, coronado, 
daba leyes de amor en su corteza.

Robole su corona airado el viento;
sintió tanto su mal, que fue tornada
en verde oscura su esperanza verde.

Yo, sin los lazos de mi Celia amada,
¿qué mucho a tal me traiga un pensamiento,
si un árbol me dio Amor que me lo acuerde?

Luis Carrillo y Sotomayor
            (h. 1585-1610)

sábado, 22 de marzo de 2025

Al cisne

                                    Cisnes en Reeds, Bruno Liljefors (1907)

Ave de nieve que rompiendo espumas
de ese cristal lascivo donde cantas,
las cándidas espumas que levantas
son igual competencia de tus plumas.

No es bien que cuando mueres lo presumas,
porque tu vida empieza en lo que cantas,
que a tus méritos propios te adelantas,
para adquirir las alabanzas sumas.

Cantando con espíritu del cielo,
te despides del orbe de la tierra:
que allá premio a sus méritos previenes.

Mas si es tu voz un cielo acá en el suelo,
solo por nuestro daño se destierra,
que en ella misma lo que buscas tienes.

Alonso Jerónimo de Salas Barbadillo
                   (1581-1635)

viernes, 14 de marzo de 2025

Epístola moral a Fabio

                  Casita en Goupillieres, Louis Aston Knight (1873-1948)

    Fabio, las esperanzas cortesanas
prisiones son do el ambicioso muere,
y donde al más activo nacen canas.
    El que no las limare o las rompiere,
ni el nombre de varón ha merecido,
ni subir al honor que pretendiere.
    El ánimo plebeyo y abatido
elija, en sus intentos temeroso,
primero estar suspenso que caído;
    que el corazón entero y generoso,
al caso adverso inclinará la frente,
antes que la rodilla al poderoso.
    Más triunfos, más coronas dio al prudente
que supo retirarse, la Fortuna,
que al que esperó obstinada y locamente.
    Esta invasión terrible e importuna
de contrarios sucesos nos espera
desde el primer sollozo de la cuna.
    Dejémosla pasar como a la fiera
corriente del gran Betis, cuando airado
dilata hasta los montes la ribera.
    Aquel entre los héroes es contado
que el premio mereció, no quien le alcanza
por vanas consecuencias del estado. [...]
    El oro, la maldad, la tiranía
del inicuo precede, y pasa al bueno:
¿qué espera la virtud o qué confía? [...]
    Busca, pues, el sosiego dulce y caro,
como, en la oscura noche del Egeo
busca el piloto el eminente faro;
    que si acortas y ciñes tu deseo,
dirás: "Lo que desprecio he conseguido,
que la opinión vulgar es devaneo."
    Más quiere el ruiseñor su pobre nido
de pluma y leves pajas, más sus quejas,
en el monte repuesto y escondido,
    que agradar lisonjero las orejas
de algún príncipe insigne, aprisionado
en el metal de las doradas rejas. [...]
    Iguala con la vida el pensamiento,
y no le pasarás de hoy a mañana,
ni aun quizá de un momento a otro momento. [...]
    ¿Qué es nuestra vida más que un breve día,
do apenas sale el sol, cuando se pierde
en las tinieblas de la noche fría?
    ¿Qué más que el heno, a la mañana verde,
seco a la tarde? ¡Oh ciego desvarío!
¿Será que de este sueño se recuerde?
    ¿Será que pueda ver que me desvío
de la vida viviendo, y que esté unida
la cauta muerte al simple vivir mío? 
[...]
   ¿Piensas acaso tú que fue criado
el varón para el rayo de la guerra,
para surcar el piélago salado,
    para medir el orbe de la tierra
o el cerco por do el sol siempre camina?
¡Oh, quien así lo piensa, cuánto yerra!
    Esta nuestra porción alta y divina
a mayores acciones es llamada
y en más nobles objetos se termina. 
[...]
    Quiero, Fabio, seguir a quien me llama,
y callado pasar entre la gente,
que no afecto los nombres ni la fama. 
[...]
    Un ángulo me basta entre mis lares,
un libro y un amigo, un sueño breve,
que no perturben deudas ni pesares. 
[...]
    No quiera Dios que siga los varones
que moran nuestras plazas, macilentos,
de la virtud infames histrïones;
    estos inmundos trágicos y atentos
al aplauso común, cuyas entrañas
son oscuros e infaustos monumentos. [...]
   ¡Qué muda la virtud por el prudente!
¡Qué redundante y llena de rüido
por el vano, ambicioso y aparente! 
    Quiero imitar al pueblo en el vestido,
en las costumbres solo a los mejores,
sin presumir de roto y mal ceñido. 
[...]
    Una mediana vida yo posea,
un estilo común y moderado,
que no le note nadie que le vea. 
[...]
    Sin la templanza ¿viste tú perfeta
alguna cosa? ¡Oh muerte!, ven callada
como sueles venir en la saeta;
    no en la tonante máquina preñada
de fuego y de rumor; que no es mi puerta
de doblados metales fabricada.
    Así, Fabio, me muestra descubierta
su esencia la verdad, y mi albedrío
con ella se compone y se concierta.
    No te burles de ver cuánto confío,
ni al arte de decir, vana y pomposa,
el ardor atribuyas de este brío.
    ¿Es por ventura menos poderosa
que el vicio la virtud, o menos fuerte?
No la arguyas de flaca y temerosa. 
[...]
    Ya, dulce amigo, huyo y me retiro
de cuanto simple amé; rompí los lazos.
Ven y verás al grande fin que aspiro,
antes que el tiempo muera en nuestros brazos.

Andrés Fernández de Andrada
            (h. 1575-1648)

lunes, 10 de marzo de 2025

Las almas son eternas, son iguales

La costurera, Charles-Amable Lenoir (1860-1926)

Las almas son eternas, son iguales,
son libres, son espíritus, María:
si en ellas hay amor, con la porfía
de los estorbos crece, y de los males.

Nacimos en fortuna desiguales,
no en gustos; la violencia nos desvía;
el tiempo corre lento, y deja el día
de sí hasta en los mármoles señales.

Mas tú ni a tiempo alguno ni a violencia,
ni a aquello desigual de la fortuna,
ni temas a la más prolija ausencia;

que si nuestras dos almas son una,
¿en quién, si no ya en Dios, habrá potencia
que las gaste o las fuerce o las desuna?

Francisco de Medrano
          (1570-1607)

jueves, 6 de marzo de 2025

Ya besando unas manos cristalinas

Retrato de Leopoldine K. Palffy, Carl Vogel von Vogelstein (1818)

Ya besando unas manos cristalinas,
ya anudándome a un blanco y liso cuello,
ya esparciendo por él aquel cabello
que Amor sacó entre el oro de sus minas,

ya quebrando en aquellas perlas finas
palabras dulces mil sin merecello,
ya cogiendo de cada labio bello
purpúreas rosas sin temor de espinas,

estaba, oh claro sol invidïoso,
cuando tu luz, hiriéndome los ojos,
mató mi gloria y acabó mi suerte.

Si el cielo ya no es menos poderoso,
porque no den los tuyos más enojos,
rayos, como a tu hijo, te den muerte.

        Luis de Góngora
            (1560-1627)

domingo, 2 de marzo de 2025

Del soberbio

               Fuegos artificiales en Venecia, Konstantin Gorbatov (1935)

Es el cohete un hilo manifiesto,
de pólvora y papel acompañado,
que con alas de fuego levantado
vuela por verse en las estrellas puesto.

Gira con furia, mas fenece presto
su curso artificial y acelerado,
dejando por señal de que ha pasado
reliquias tristes de un olor molesto.

La vida del soberbio es un cohete,
papel su carne, pólvora su intento,
atado con el hilo de la vida.

No hay quien el fuego del furor sujete
mientras vuela esta máquina, y, rompida,
deja el olor de un infernal tormento.

Alonso de Bonilla
    (Siglo XVII)

miércoles, 26 de febrero de 2025

Querido manso mío, que viniste

                         Valle y dehesa, Robert Seldon Duncanson (1857)

Querido manso mío, que viniste
por sal mil veces junto aquella roca,
y en mi grosera mano vuestra boca
y vuestra lengua de clavel pusiste,

¿por qué montañas ásperas subiste,
que tal selvatiquez el alma os toca?
¿Qué furia os hizo condición tan loca
que la memoria y la razón perdiste?

Paced la anacardina porque os vuelva
de ese crüel e interesable sueño,
y no bebáis del agua del olvido.

Aquí está vuestra vega, monte y selva;
yo soy vuestro pastor y vos mi dueño;
vos mi ganado, y yo vuestro perdido.

           Lope de Vega
              (1562-1635)

martes, 18 de febrero de 2025

Don Belianís de Grecia a don Quijote de La Mancha

                           Don Quijote, Johann Baptist Zwecker (1854)

Rompí, corté, abollé, y dije e hice
más que en el orbe caballero andante;
fui diestro, fui valiente y arrogante,
mil agravios vengué, cien mil deshice.

Hazañas di a la fama que eternice;
fui comedido y regalado amante;
fue enano para mí todo gigante,
y al duelo en cualquier punto satisfice.

Tuve a mis pies postrada la Fortuna
y trajo del copete mi cordura
a la calva ocasión al estricote.

Mas, aunque sobre el cuerno de la luna
siempre se vio encumbrada mi ventura,
tus proezas envidio, ¡oh, gran Quijote!

Miguel de Cervantes
(El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha, 1605)

miércoles, 28 de diciembre de 2022

Soneto CXXX

              Autorretrato, Marie-Geneviève Bouliard (1792)
 
My mistress' eyes are nothing like the sun;
Coral is far more red than her lips' red;
If snow be white, why then her breasts are dun;
If hairs be wires, black wires grow on her head.

I have seen roses damasked, red and white,
But no such roses see I in her cheeks;
And in some perfumes is there more delight
Than in the breath that from my mistress reeks.

I love to hear her speak, yet well I know
That music hath a far more pleasing sound;
I grant I never saw a goddess go;

My mistress, when she walks, treads on the ground.
And yet, by heaven, I think my love as rare 
As any she belied with false compare.

William Shakespeare
(Sonnets, 1609)


Versión en castellano


No comparo los ojos de mi amada con soles,
es más rojo el coral que el color de sus labios
y si es blanca la nieve son sus pechos morenos;
si el cabello es de hierro, negro hierro la ciñe.

Sé de rosas de Oriente que son rojas y blancas,
mas no veo estas rosas en lugar de mejillas;
y en algunos perfumes hay delicias mayores
que el aliento que sale de la boca que yo amo.

Me enamora escucharla, y no obstante sé bien
que la música tiene un sonido más dulce;
reconozco que nunca vi el andar de una diosa,

ella cuando camina va pisando la tierra.
Pero, oh cielos, solo ella es así, sin igual,
no como otras burladas por ridículos símiles.

[Traducción al castellano de Carlos Pujol]

jueves, 22 de julio de 2021

Si en un carcaj dorado están metidas


                      Cupido,  Giulio Cesare Procaccini (1574-1625)

    Si en un carcaj dorado están metidas,
Amor, tus flechas, bien se ve que a tiento
ciego las sacas con diverso intento
del que después se mira en las heridas.

    Quitas sin vista diferentes vidas
y como las esparces por el viento,
y el blanco no se ve del pensamiento,
por eso quieres y por eso olvidas.

    Tirando así, no hay alma que resista
las duras puntas de tus flechas fieras
porque el mundo contigo se resista.

    ¡Oh, si con vista, dulce amor, nacieras
y acertaras las almas con la vista...!
Mas no fueras amor si la tuvieras.

Lope de Vega
(1562-1635)

lunes, 19 de julio de 2021

Lloraba la niña

                           Un corazón roto, Walter Langley (1894)

Lloraba la niña
(y tenía razón)
la prolija ausencia
de su ingrato amor.
Dejola tan niña,
que apenas, creo yo,
que tenía los años
que ha que la dejó.
Llorando la ausencia
del galán traidor,
la halla la Luna
y la deja el Sol,
añadiendo siempre
pasión a pasión,
memoria a memoria,
dolor a dolor.

Llorad, corazón,
que tenéis razón.


Dícele su madre:
«Hija, por mi amor,
que se acabe el llanto,
o me acabe yo.»
Ella le responde:
«No podrá ser, no:
las causas son muchas,
los ojos son dos.
Satisfagan, madre,
tanta sinrazón,
y lágrimas lloren
en esta ocasión,
tantas como dellos
un tiempo tiró
flechas amorosas
el arquero dios.
Ya no canto, madre,
y si canto yo,
muy tristes endechas
mis canciones son,
porque el que se fue,
con lo que llevó,
se dejó el silencio,
y llevó la voz.»

Llorad, corazón,
que tenéis razón.

Luis de Góngora
(1561-1627)

sábado, 10 de abril de 2021

Junto al alero

        Castaño en flor, Vincent van Gogh (1890)

Junto al alero,
     flores que nadie advierte:
         las del castaño.

Matsuo Bashō
(Senda hacia tierras hondas, 1694)

Traducción del original (Oku no Hosomichial castellano de Antonio Cabezas para la editorial Hiperión (1993).

domingo, 17 de marzo de 2019

¿Qué es esto, Alcino? Cómo tu cordura

                 Se acabó, Edmund Blair Leighton (1899)

    ¿Qué es esto, Alcino? ¿Cómo tu cordura
se deja así vencer de un mal celoso,
haciendo con extremos de furioso
demostraciones más que de locura?

     ¿En qué te ofendió Celia, si se apura?
¿O por qué al Amor culpas de engañoso,
si no aseguró nunca, poderoso,
la eterna posesión de su hermosura?

     La posesión de cosas temporales
temporal es, Alcino, y es abuso
el querer conservarlas siempre iguales.

     Con que tu error o tu ignorancia acuso,
pues Fortuna y Amor, de cosas tales
la propiedad no han dado, sino el uso.


Sor Juana Inés de la Cruz
           (1648-1695)

miércoles, 13 de marzo de 2019

A una rosa

 Rosas rojas en un jarrón japonés, Martin Johnson Heade (1819-1904)

    ¡Con qué artificio tan divino sales
de esa camisa de esmeralda fina,
oh rosa celestial alejandrina,
coronada de granos orientales!
 

    Ya en rubíes te enciendes, ya en corales,
ya tu color a púrpura se inclina,
sentada en esa basa peregrina
que forman cinco puntas desiguales.
 

    Bien haya tu divino Autor, pues mueves
a su contemplación el pensamiento
y aun a pensar en nuestros años breves.
 

    Así la verde edad se esparce al viento,
y así las esperanzas son aleves
que tienen en la tierra el fundamento.

  
        Lope de Vega
          (1562-1635)

viernes, 8 de marzo de 2019

Jardín cerrado, inundación de olores

                              Jardín italiano, George Samuel Elgood (1907)

    Jardín cerrado, inundación de olores,
fuente sellada, cristalina y pura;
inexpugnable torre, do segura
de asaltos, goza el alma sus amores.

     Intactas guardas tus hermosas flores,
matas la sed, destierras la secura,
ostentas majestad y de esa altura
penden trofeos siempre vencedores.

     El verdor tuyo nunca el lustre pierde,
ni se enturbia el candor de tu corriente;
firme está en tu invencible fortaleza.

     Que es el jardín cerrado siempre verde,
es siempre clara la guardada fuente,
y es propia de la torre la firmeza.


Bernarda Ferreira de la Cerda
                  (1595-1644)

jueves, 7 de marzo de 2019

El reloj de arena

 
Anciano con reloj de arena, Gonzales Coques (1614-1684)

     ¿Qué tienes que contar, reloj molesto,
en un soplo de vida desdichada
que se pasa tan presto;
en un camino que es una jornada,
breve y estrecha, de este al otro polo,
siendo jornada que es un paso solo?
Que, si son mis trabajos y mis penas,
no alcanzarás allá, si capaz vaso
fueses de las arenas
en donde el alto mar detiene el paso.
Deja pasar las horas sin sentirlas,
que no quiero medirlas,
ni que me notifiques de esa suerte
los términos forzosos de la muerte.
No me hagas más guerra;
déjame, y nombre de piadoso cobra,
que harto tiempo me sobra
para dormir debajo de la tierra.

     Pero si acaso por oficio tienes
el contarme la vida,
presto descansarás, que los cuidados
mal acondicionados,
que alimenta lloroso
el corazón cuitado y lastimoso,
y la llama atrevida
que Amor, ¡triste de mí!, arde en mis venas
(menos de sangre que de fuego llenas),
no solo me apresura
la muerte, pero abréviame el camino;
pues, con pie doloroso,
mísero peregrino,
doy cercos a la negra sepultura.
Bien sé que soy aliento fugitivo;
ya sé, ya temo, ya también espero
que he de ser polvo, como tú, si muero,
y que soy vidrio, como tú, si vivo.
 

Francisco de Quevedo
         (1580-1645)

lunes, 4 de marzo de 2019

Hermana Marica

                            Fiesta de campesinos, David Teniers (h. 1650)

    Hermana Marica,
mañana, que es fiesta,
no irás tú a la amiga
ni yo iré a la escuela.

Pondraste el corpiño
y la saya buena,
cabezón labrado,
toca y albanega;

y a mí me podrán
mi camisa nueva,
sayo de palmilla,
media de estameña;

y si hace bueno,
traeré la montera
que me dio la Pascua
mi señora abuela,

y el estadal rojo
con lo que le cuelga,
que trajo el vecino
cuando fue a la feria.

Iremos a misa,
veremos la iglesia,
daranos un cuarto
mi tía la ollera.

Compraremos de él
(que nadie lo sepa)
chochos y garbanzos
para la merienda;

y en la tardecica,
en nuestra plazuela,
jugaré yo al toro
y tú a las muñecas

con las dos hermanas,
Juana y Madalena,
y las dos primillas,
Marica y la tuerta;

y si quiere madre
dar las castañetas,
podrás tanto dello
bailar en la puerta;

y al son del adufe
cantará Andrehuela:

No me aprovecharon,
madre, las hierbas;

y yo de papel
haré una librea,
teñida con moras
porque bien parezca,
y una caperuza
con muchas almenas;
pondré por penacho
las dos plumas negras

del rabo del gallo,
que acullá en la huerta
anaranjeamos
las Carnestolendas;

y en la caña larga
pondré una bandera
con dos borlas blancas
en sus tranzaderas;

y en mi caballito
pondré una cabeza
de guadamecí,
dos hilos por riendas;

y entraré en la calle
haciendo corvetas.
Yo, y otros del barrio,
que son más de treinta,

jugaremos cañas
junto a la plazuela,
porque Barbolilla
salga acá y nos vea;

Barbola, la hija
de la panadera,
la que suele darme
tortas con manteca,

porque algunas veces
hacemos yo y ella
las bellaquerías
detrás de la puerta.


Luis de Góngora
   (1561-1627)

lunes, 30 de abril de 2018

Pues amarga la verdad


Los cambistas, artista seguidor de Marinus van Reymerswaele (h. 1548)

    Pues amarga la verdad,
quiero echarla de la boca; 
y si al alma su hiel toca,
esconderla es necedad.
Sépase, pues libertad
ha engendrado en mi pereza
                     la pobreza.

    ¿Quién hace al tuerto galán

y prudente al sin consejo?
¿Quién al avariento viejo

le sirve de río Jordán?
¿Quién hace de piedras pan,

sin ser el Dios verdadero?
                      El dinero.

    ¿Quién con su fiereza espanta

el cetro y corona al rey?
¿Quién, careciendo de ley,

merece nombre de santa?
¿Quién con la humildad levanta 

a los cielos la cabeza?
                      La pobreza.

    ¿Quién los jueces con pasión,
sin ser ungüento, hace humanos,
pues untándolos las manos
los ablanda el corazón?
¿Quién gasta su opilación
con oro y no con acero?
                     El dinero.

    ¿Quién procura que se aleje
del suelo la gloria vana?
¿Quién, siendo toda cristiana,
tiene la cara de hereje?
¿Quién hace que al hombre aqueje
el desprecio y la tristeza?
                     La pobreza.

    ¿Quién la montaña derriba
al valle; la hermosa al feo?
¿Quién podrá cuanto el deseo,
aunque imposible, conciba?
¿Y quién lo de abajo arriba
vuelve en el mundo ligero?
                      El dinero


Francisco de Quevedo
         (1580-1645)
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