miércoles, 26 de noviembre de 2014

Gar, ¿qué fareyo?

      Mujer de Bagdad, William Clarke Wontner (1900)

Gar, ¿qué fareyo?,
¿cómo vivreyo?
Est' al-habib espero,
por él murreyo.

Anónimo
(siglo XI)

Versión al castellano de Un poema cada día

Dime, ¿qué haré?,
¿cómo viviré?
A este amado espero,
por él moriré.

domingo, 23 de noviembre de 2014

Soy Rocinante, el famo-

         Don Quijote, Honoré Daumier (h. 1868)

Soy Rocinante, el famo-,
bisnieto del gran Babie-:
por pecados de flaque-,
fui a poder de un don Quijo-;
parejas corrí a lo flo-,
mas por uña de caba-
no se me escapó ceba-,
que esto saqué a Lazari-,
cuando, para hurtar el vi-
al ciego, le di la pa-.

Miguel de Cervantes
(El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha, 1605)

Cervantes introduce, tras el prólogo de la primera parte del Quijote, una serie de poemas de tono burlesco,  parodia de los que solían aparecer al comienzo de las novelas de caballerías para elogiar a sus protagonistas. Este, escrito con versos de cabo roto y alusivo a Rocinante, va precedido de la siguiente leyenda: "Del Donoso, poeta entreverado, a Rocinante".

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Te has despertado pronto

     Hombre barbudo sentado, Roger de La Fresnaye (h. 1910)

Te has despertado pronto. Es noviembre. Esta noche
dormiste mal. Y ahora, aturdido, buscas
en la mesilla de tu cuarto, a tientas,
tabaco y fuego. Enciendes un cigarrillo, y miras
el reloj. Hace frío en este hotel. El alba
no llega todavía. Estás cansado. Llueve.
Y aquí, en la oscuridad desapacible
de este cuarto alquilado, muy a solas
contigo mismo, piensas en tu vida.

Eloy Sánchez Rosillo
(Autorretratos, 1989)

martes, 11 de noviembre de 2014

¡Ah! No es cierto, ángel de amor

    Paisaje marino a la luz de la luna, Giuseppe Canella el Joven (1837-1913)

DON JUAN.    ¡Ah! ¿No es cierto, ángel de amor, 
                   que en esta apartada orilla
                   más pura la luna brilla
                   y se respira mejor?
                       Esta aura que vaga llena
                   de los sencillos olores
                   de las campesinas flores
                   que brota esa orilla amena;
                   esa agua limpia y serena
                   que atraviesa sin temor
                   la barca del pescador
                   que espera cantando el día,
                   ¿no es cierto, paloma mía,
                   que están respirando amor?
                       Esa armonía que el viento
                   recoge entre esos millares
                   de floridos olivares
                   que agita con manso aliento;
                   ese dulcísimo acento
                   con que trina el ruiseñor
                   de sus copas morador
                   llamando al cercano día,
                   ¿no es verdad, gacela mía,
                   que están respirando amor?
                       Y estas palabras que están
                   filtrando insensiblemente
                   tu corazón, ya pendiente
                   de los labios de don Juan,
                   y cuyas ideas van
                   inflamando en su interior
                   un fuego germinador
                   no encendido todavía,
                   ¿no es verdad, estrella mía,
                   que están respirando amor?
                       Y esas dos líquidas perlas
                   que se desprenden tranquilas
                   de tus radiantes pupilas
                   convidándome a beberlas,
                   evaporarse, a no verlas,
                   de sí mismas al calor;
                   y ese encendido color
                   que en tu semblante no había,
                   ¿no es verdad, hermosa mía,
                   que están respirando amor?
                       ¡Oh, sí!, bellísima Inés,
                   espejo y luz de mis ojos,
                   escucharme sin enojos,
                   como lo haces, amor es:
                   mira aquí a tus plantas, pues,
                   todo el altivo rigor
                   de este corazón traidor
                   que rendirse no creía,
                   adorando, vida mía,
                   la esclavitud de tu amor. 

                   José Zorrilla
                   (Don Juan Tenorio, 1844)

jueves, 30 de octubre de 2014

No salieron jamás

                                     El beso, Carolus-Duran (1868)

No salieron jamás
del vergel del abrazo,
y ante el rojo rosal
de los besos rodaron.
 

Huracanes quisieron
con rencor separarlos.
Y las hachas tajantes.
Y los rígidos rayos.
 

Aumentaron la tierra
de las pálidas manos.
Precipicios midieron
por el viento impulsados
entre bocas deshechas.
Recorrieron naufragios
cada vez más profundos,
en sus cuerpos, sus brazos.
Perseguidos, hundidos
por un gran desamparo
de recuerdos y lunas,
de noviembres y marzos,
aventados se vieron
como polvo liviano:
aventados se vieron:
pero siempre abrazados.


Miguel Hernández
(Cancionero y romancero de ausencias, 1938-1941)

martes, 28 de octubre de 2014

Hora tras hora, día tras día

             Bosque en otoño con arroyo, Bruno Moras (1883-1939)

    Hora tras hora, día tras día,
entre el cielo y la tierra que quedan
             eternos vigías,
como torrente que se despeña
             pasa la vida.

     Devolvedle a la flor su perfume
            después de marchita;
de las ondas que besan la playa
y que una tras otra besándola expiran
recoged los rumores, las quejas,
y en planchas de bronce grabad su armonía.

     Tiempos que fueron, llantos y risas,
negros tormentos, dulces mentiras,
¡ay!, ¿en dónde su rastro dejaron,
en dónde, alma mía?


Rosalía de Castro
(En las orillas del Sar, 1884)

sábado, 25 de octubre de 2014

Rima XXI

           Retrato de mujer, Pyotr Fyodorovich Sokolov (1826)

     ¿Qué es poesía?, dices mientras clavas
en mi pupila tu pupila azul.
¡Qué es poesía! ¿Y tú me lo preguntas?
Poesía... eres tú.


Gustavo Adolfo Bécquer
(Rimas, 1871)

jueves, 23 de octubre de 2014

Bella y más pura que el azul del cielo

 The Pink Rose, Charles-Amable Lenoir (1860-1926)

     Bella y más pura que el azul del cielo
con dulces ojos lánguidos y hermosos,
donde acaso el amor brilló entre el velo
del pudor que los cubre candorosos;
tímida estrella que refleja al suelo
rayos de luz brillantes y dudosos,
ángel puro de amor, que amor inspira,
fue la inocente y desdichada Elvira.

     Elvira, amor del estudiante un día,
tierna y feliz de su amante ufana,
cuando al placer su corazón se abría,
como al rayo del sol rosa temprana;
del fingido amador que la mentía,
la miel falaz que de sus labios mana
bebe en su ardiente sed, el pecho ajeno
de que oculto en la miel hierve el veneno.

     Que no descansa de su madre en brazos
más descuidado el candoroso infante,
que ella en los falsos lisonjeros lazos 
que teje astuto el seductor amante;
dulces caricias, lánguidos abrazos,
placeres ¡ay! que duran un instante
que habrán de ser eternos imagina
la triste Elvira en su ilusión divina.

     Que el alma virgen que halagó un encanto
con nacarado sueño en su pureza,
 todo lo juzga verdadero y santo,
presta a todo virtud, presta belleza.
Del cielo azul al tachonado manto,
del sol radiante a la inmortal riqueza.
Al aire, al campo, a las fragantes flores
ella añade esplendor, vida y colores.

     Cifró en don Félix la infeliz doncella
toda su dicha, de su amor perdida;
fueron sus ojos a los ojos de ella
astros de gloria, manantial de vida.
Cuando sus labios con sus labios sella,
cuando su voz escucha embebecida,
embriagada del dios que la enamora,
dulce le mira, extática le adora.

José de Espronceda
(El estudiante de Salamanca, 1839)

sábado, 18 de octubre de 2014

Segundo don Juan Tenorio

 El cantante Franciso d'Andrade como Don Giovanni, Max Slevogt (1912)

     Segundo don Juan Tenorio,
alma fiera e insolente,
irreligioso y valiente,
altanero y reñidor,
siempre el insulto en los ojos,
en los labios la ironía,
nada teme y todo fía
de su espada y su valor.

     Corazón gastado, mofa
de la mujer que corteja,
y hoy despreciándola deja
la que ayer se le rindió.
Ni el porvenir temió nunca,
ni recuerda en lo pasado
la mujer que ha abandonado,
ni el dinero que perdió.

     Ni vio el fantasma entre sueños
del que mató en desafío,
ni turbó jamás su brío
recelosa previsión.
Siempre en lances y en amores,
siempre en báquicas orgías,
mezcla en palabras impías
un chiste a una maldición.

     En Salamanca famoso
por su vida y buen talante,
al atrevido estudiante
le señalan entre mil;
fueros le da su osadía,
le disculpa su riqueza,
su generosa nobleza,
su hermosura varonil.

     Que su arrogancia y sus vicios,
caballeresca apostura,
agilidad y bravura
ninguno alcanza a igualar;
que hasta en sus crímenes mismos,
en su impiedad y altiveza,
pone un sello de grandeza
don Félix de Montemar.

José de Espronceda
(El estudiante de Salamanca, 1839)

domingo, 12 de octubre de 2014

Alfa y Omega

                Puesta de sol sobre el agua, Peder Mørk Mønsted (1900)

     Cabe la vida entera en un soneto
empezado con lánguido descuido;
y apenas iniciado, ya se ha ido
la infancia, imagen del primer cuarteto.

     Viene la juventud, con el secreto
de la vida, que pasa inadvertido,
y que se va también, que ya se ha ido,
antes de entrar en el primer terceto.

     Maduros, a mirar a ayer tornamos
añorantes y, ansiosos, a mañana...;
y así el primer terceto malgastamos.

     Y cuando en el terceto último entramos,
es para ver, con experiencia vana,
que se nos va el soneto... ¡y que nos vamos!


     Pero cuando logramos
tal vez del Arte el mágico secreto,
si la vida se va, queda el soneto.

Manuel Machado
(Sevilla y otros Poemas, 1921)

El estrambote de este soneto no figuraba en la primera edición de la obra.
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