domingo, 20 de mayo de 2018

Canción de jinete


                                   Paco Ibáñez interpreta este hermoso y trágico poema de Lorca

     En la luna negra
de los bandoleros,
cantan las espuelas.

     Caballito negro.
¿Dónde llevas tu jinete muerto?

     ...Las duras espuelas
del bandido inmóvil
que perdió las riendas.

     Caballito frío.
¡Qué perfume de flor de cuchillo!

     En la luna negra
sangraba el costado
de Sierra Morena.

     Caballito negro.
¿Dónde llevas tu jinete muerto?

     La noche espolea
sus negros ijares
clavándose estrellas.

     Caballito frío.
¡Qué perfume de flor de cuchillo!

     En la luna negra,
¡un grito! y el cuerno
largo de la hoguera.

     Caballito negro.
¿Dónde llevas tu jinete muerto?


Federico García Lorca
(Canciones, 1921-1924)

lunes, 14 de mayo de 2018

Yo vengo de un brumoso país lejano

            Jardín señorial, Santiago Rusiñol (1912)

    Yo vengo de un brumoso país lejano,
regido por un viejo monarca triste...
Mi numen solo busca lo que es arcano,
mi numen solo adora lo que no existe.
 

    Tú lloras por un sueño que está lejano,
tú aguardas un cariño que ya no existe,
se pierden tus pupilas en el arcano
como dos alas negras, y estás muy triste.

    Eres mía: nacimos de un mismo arcano
y vamos, desdeñosos de cuanto existe,
en pos de ese brumoso país lejano,
regido por un viejo monarca triste...


Amado Nervo
(Los jardines interiores, 1905)

sábado, 5 de mayo de 2018

El lunarcito

   Una nueva cesta de flores, Federico Andreotti (1847-1930)

        La noche y el día,
        ¿qué tienen de igual?
    ¿De dónde, donosa,
el lindo lunar
que sobre tu seno
se vino a posar?

   ¿Cómo, di, la nieve
lleva mancha tal?
        La noche y el día,
        ¿qué tienen de igual?
    ¿Qué tienen las sombras
con la claridad,
ni un oscuro punto
con la alba canal
    que un val de azucenas
hiende por mitad?
       La noche y el día,
       ¿qué tienen de igual?
    Premiando sus hojas,
el ciego rapaz
por juego un granate
fue entre ellas a echar;
    mirolo y riose,
y dijo vivaz:
        «La noche y el día,
        ¿qué tienen de igual?»
    En él sus saetas
se puso a probar,
mas nunca lo hallara
su punta fatal;
   y diz que picado,
se le oyó gritar:
       «La noche y el día,
       ¿qué tienen de igual?»
    Entonces su madre
la parda señal
por término puso
de gracia y beldad,
    do clama el deseo
al verse estrellar:
       «La noche y el día,
       ¿qué tienen de igual?»

   Estréllase, y mira,
y torna a mirar,
mientra el pensamiento
mil vueltas le da,
    iluso, perdido,
ansiando encontrar,
         la noche y el día
         ¿qué tienen de igual?
    Cuando tú lo cubres
de un albo cendal,
por sus leves hilos
se pugna escapar.
    ¡Señuelo del gusto!
¡Dulcísimo imán!
        La noche y el día,
        ¿qué tienen de igual?
    Turgente tu seno
se ve palpitar,
y a su blando impulso
él viene y él va;
    diciéndome mudo
con cada compás:
       «La noche y el día,
       ¿qué tienen de igual?»

   Semeja una rosa
que en medio el cristal
de un limpio arroyuelo
meciéndose está,

   clamando yo al verle
subir y bajar:
        «La noche y el día,
        ¿qué tienen de igual?»

   ¡Mi bien!, si alcanzases
la llaga mortal
que tu lunarcito
me pudo causar,
    no así preguntaras,
burlando mi mal:
         «La noche y el día,
         ¿qué tienen de igual?»


Juan Meléndez Valdés
        (1754-1817)

lunes, 30 de abril de 2018

Pues amarga la verdad


Los cambistas, artista seguidor de Marinus van Reymerswaele (h. 1548)

    Pues amarga la verdad,
quiero echarla de la boca; 
y si al alma su hiel toca,
esconderla es necedad.
Sépase, pues libertad
ha engendrado en mi pereza
                     la pobreza.

    ¿Quién hace al tuerto galán

y prudente al sin consejo?
¿Quién al avariento viejo

le sirve de río Jordán?
¿Quién hace de piedras pan,

sin ser el Dios verdadero?
                      El dinero.

    ¿Quién con su fiereza espanta

el cetro y corona al rey?
¿Quién, careciendo de ley,

merece nombre de santa?
¿Quién con la humildad levanta 

a los cielos la cabeza?
                      La pobreza.

    ¿Quién los jueces con pasión,
sin ser ungüento, hace humanos,
pues untándolos las manos
los ablanda el corazón?
¿Quién gasta su opilación
con oro y no con acero?
                     El dinero.

    ¿Quién procura que se aleje
del suelo la gloria vana?
¿Quién, siendo toda cristiana,
tiene la cara de hereje?
¿Quién hace que al hombre aqueje
el desprecio y la tristeza?
                     La pobreza.

    ¿Quién la montaña derriba
al valle; la hermosa al feo?
¿Quién podrá cuanto el deseo,
aunque imposible, conciba?
¿Y quién lo de abajo arriba
vuelve en el mundo ligero?
                      El dinero


Francisco de Quevedo
         (1580-1645)

viernes, 27 de abril de 2018

Debe tan poco al tiempo el que ha nacido

             El tramposo del as de diamantes, Georges de La Tour (h. 1635)

    Debe tan poco al tiempo el que ha nacido
en la estéril región de nuestros años,
que premiada la culpa y los engaños,
el mérito se encoge escarnecido.

    Ser un inútil anhelar perdido,
y natural remedio a los extraños;
avisar las ofensas con los daños,
y haber de agradecer el ofendido.

    Máquina de ambición, aplausos de ira,
donde solo es verdad el justo miedo
del que percibe el daño y se retira.

    Violenta adulación, mañoso enredo,
en fe violada han puesto a la mentira
fuerza de ley y sombra de denuedo.

Juan de Tassis, Conde de Villamediana
                   (1582-1622)

sábado, 21 de abril de 2018

Esta biforme imagen de la vida

                                 Bodegón, Maestro de las vanidades (h. 1650)

    Esta biforme imagen de la vida,
reloj luciente, o lumbre numerosa,
que la describe fácil como rosa,
de un soplo, de un sosiego interrumpida;

    esta llama que al sol desvanecida
más que llama parece mariposa,
esta esfera fatal, que rigurosa
cada momento suyo es homicida,
 

    es, Fabio, un vivo ejemplo, no te estorbes
al desengaño de su frágil suerte:
términos tiene el tiempo y la hermosura. 


    El concertado impulso de los orbes
es un reloj de sol, y el sol advierte
que también es mortal lo que más dura.


Gabriel Bocángel
     (1603-1658)

jueves, 12 de abril de 2018

En el siniestro brazo recostada

                             Paisaje pastoril, Asher Brown Durand (1861)

    En el siniestro brazo recostada
de su amado pastor, Silva dormía,
y con la diestra mano la tenía
con un estrecho abrazo a sí allegada.


    Y de aquel dulce sueño recordada,
le dijo: "El corazón del alma mía
vela, y yo duermo. ¡Ay! Suma alegría,
cuál me tiene tu amor tan traspasada.


    "Ninfas del paraíso soberanas,
sabed que estoy enferma y muy herida
de unos abrasadísimos amores.


    "Cercadme de odoríferas manzanas,
pues me veis, como fénix, encendida,
y cercadme también de amenas flores."


Luisa de Carvajal y Mendoza
          (1566-1614)

miércoles, 4 de abril de 2018

En el claro cristal del desengaño

     Joven dama con espejo, Jean Raoux (1677-1734)

    En el claro cristal del desengaño
se miraba Jacinta descuidada,
contenta de no amar, ni ser amada,
viendo su bien en el ajeno daño.

    Mira de los amantes el engaño,
la voluntad, por firme, despreciada,
y de haberla tenido escarmentada,
huye de amor el proceder extraño.

    Celio, sol de esta edad, casi envidioso,
de ver la libertad con que vivía,
exenta de ofrecer a amor despojos,

    galán, discreto, amante y dadivoso,
reflejos que animaron su osadía,
dio en el espejo, y deslumbró sus ojos.

    Sintió dulces enojos,
y apartando el cristal, dijo piadosa:
"Por no haber visto a Celio, fui animosa,
y aunque llegue a abrasarme,
no pienso de sus rayos apartarme."


María de Zayas
(En Novelas amorosas y ejemplares, 1637)

jueves, 29 de marzo de 2018

Rosa divina que en gentil cultura

               El jardín de rosas, Carl Frederik Aagaard (1877)
 
    Rosa divina que en gentil cultura
eres, con tu fragante sutileza,
magisterio purpúreo en la belleza,
enseñanza nevada a la hermosura.

    Amago de la humana arquitectura,
ejemplo de la vana gentileza,
en cuyo ser unió naturaleza
la cuna alegre y triste sepultura.

    ¡Cuán altiva en tu pompa, presumida,
soberbia, el riesgo de morir desdeñas,
y luego desmayada y encogida

    de tu caduco ser das mustias señas,
con que con docta muerte y necia vida,
viviendo engañas y muriendo enseñas!
 
Sor Juana Inés de la Cruz
              (1651-1695)

lunes, 26 de marzo de 2018

La lengua del amor, a quien no sabe

         El lago Hinter en Berchtesgaden, Johann Nepomuk Ott (1826)

    La lengua del amor, a quien no sabe
lo que es amor, ¡qué bárbara parece!;
pues como por instantes enmudece,
tiene pausas de música süave.

    Tal vez suspensa, tal aguda y grave,
rotos conceptos al amante ofrece;
aguarda los compases que padece,
porque la causa su destreza alabe.

    ¡Oh dulcísimo bien, que al bien me guía!,
¿con qué lengua os diré mi sentimiento,
ya que tengo de hablaros osadía?

    Mas si es de los conceptos instrumento,
¿qué importa que calléis, oh lengua mía,
pues que vos penetráis mi pensamiento?

Lope de Vega
   (1562-1635)
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