jueves, 11 de octubre de 2012

Canto a Teresa (fragmento)


                El funeral de Atala, Girodet (1767-1824)

     Aún parece, Teresa, que te veo
aérea como dorada mariposa,
ensueño delicioso del deseo,
sobre tallo gentil temprana rosa,
del amor venturoso devaneo,
angélica, purísima y dichosa,

y oigo tu voz dulcísima, y respiro
tu aliento perfumado en tu suspiro.


    Y aún miro aquellos ojos que robaron
a los cielos su azul, y las rosadas
tintas sobre la nieve, que envidiaron
las de mayo serenas alboradas;

y aquellas horas dulces que pasaron
tan breves ¡ay! como después lloradas,
horas de confianza y de delicias,
de abandono, y de amor, y de caricias.


    Que así las horas rápidas pasaban,
y pasaba a la par nuestra ventura;
y nunca nuestras ansias las contaban,
tú embriagada en mi amor, yo en tu hermosura,

las horas ¡ay! huyendo nos miraban,
llanto tal vez vertiendo de ternura,

que nuestro amor y juventud veían,
y temblaban las horas que vendrían.


    Y llegaron en fin. ¡Oh! ¿Quién impío,
¡ay! agostó la flor de tu pureza?
Tú fuiste un tiempo cristalino río,
manantial de purísima limpieza;
después torrente de color sombrío,
rompiendo entre peñascos y maleza,
y estanque en fin de aguas corrompidas,
entre fétido fango detenidas.


José de Espronceda
(El Diablo Mundo, 1841)

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