viernes, 22 de julio de 2022

Cosecha eterna

                       Campo de trigo con robles,  Robert Zünd (1875)

    Y cualquier día se alzará la tierra.
Ved que siempre está a punto
y espera solo un paso bien pisado.
¡Pronto, pisadla ahora,
que sube, que se sale
la leche, la esperanza
del hombre, que ya cuece
el sobrio guiso de la vida! Pero
no, nunca así.¡Pisadla
con fe, que el pie sencillo
sea ligera arma de pureza!
Nosotros, los mandados de la empresa,
los clientes del cielo,
¿qué más vamos a hacer? Y, nada, nada
habrá bajo la tierra que no salga
a la luz, y ved bien, a pesar nuestro,
cómo llega la hora de la trilla
y se tienden las parvas,
así nos llegará el mes de agosto,
del feraz acarreo,
y romperá hacia el sol nuestro fiel grano
porque algún día se alzará la tierra.

    ¿Quién con su mano eterna
nos siembra claro y nos recoge espeso?
¿Qué otra sazón sino la suya cuaja
nuestra cosecha? ¿Qué bravío empieza
a dar sabor a nuestro fruto? ¡A ese,
parad a ese, a mí, paremos todos:
nuestra semilla al viento!
Pero qué importa. ¡Ved, ved vuestro surco
avanzar como la ola,
vedle romper contra el inmenso escollo
del tiempo! Pero qué importa ¡A la tierra,
a esta mujer mal paridera, demos
nuestra salud, el agua
de la salud del hombre! ¡Que a sus hijos
nos sienta así, nos sienta
heñirla sin dolor su vientre a salvo!
Y ahora más que nunca,
en esta hora del día en que esto canto,
el que no se dé cuenta
de que respira, no salga de casa.
¡A su puerta el aliento
de la vida, a su calle
la verbena mejor! Mucho cuidado:
quien pisa raya pisará medalla.
Sagrado es desde hoy el menor gesto.
¿No se oye como el ruido
de un inmenso redil lejano? ¡Pronto,
que va a llegar la fresca y aún estamos
a la intemperie! Oídme, yo sé un sitio…
¡Vamos, hay que ir allí, no perdáis tiempo,
no esperéis a sacar toda la ropa
que con lo puesto os basta!
¡Que se hace tarde, vámonos, que llega
la hora de la tierra y aún no cala
nuestro riego, que cumple
el gran jornal del hombre y no está el hombre!
Pero ya qué más da. La culpa es nuestra
y quién iba a decirlo, pero vedlo:
mirad a nuestros pies alta la tierra.

Claudio Rodríguez
(Conjuros, 1958)

sábado, 25 de junio de 2022

Jazz-band

      Cartel de la película Aleluya, Al Hirschfeld (1929)

Ritmo cortado.
Luces vibrantes.
Campanas histéricas.
Astros fulminantes.

Erotismos.
Licores rebosantes.
Juegos de niños.
Acordes delirantes.

Jazz-band. Rascacielos.
Diáfanos cristales.
Exóticos murmullos.
Quejido de metales.

Concha Méndez
(Inquietudes, 1926)

sábado, 18 de junio de 2022

Corot

                          El camino verde, Camille Corot (1796-1875)

    Tú, alma evaporada, 
tú, dulce luz de sol desvanecida,
álamo de cintura más delgada
que la paleta que en tu mano anida.
    Hojas a tu pincel en cada aurora
le nacen. Brisas juegan
con tus verdes cabellos florecidos.
Tu pincel a la hora
en que los sonrosados de la tarde navegan
se te duerme de pájaros dormidos.
    Espejo desvelado
de aguas que cantan quietamente quedas,
déjame que me sueñe ensimismado
por tus estremecidas y húmedas alamedas.
    Por ti las ninfas últimas, los trajes
desceñidos, bailando, a los pastores
en guirnaldas se ofrecen.
Por ti mueren los viejos músicos paisajes
y con nuevos colores
por ti más modulados amanecen.
    Pintor de la sonrisa feliz y del aliento
desfallecido de los humos vagos,
silfo del bosque morador del viento,
hilo azul de la virgen de los lagos:
viera yo por los ojos tranquilos de tus puentes
el fluir encantado de la vida,
viera desde tus montes y valles transparentes
mi arboleda perdida.
    Dame tu gracia, tu infantil dulzura,
el amor que no tiene el tiempo en que he nacido,
dame la más humilde rama de tu pintura, 
y no me des la pena de tu olvido.

Rafael Alberti
(A la pintura. Poema del color y la línea, 1945-1948)

domingo, 12 de junio de 2022

Primavera vieja

       Jardines del Alcázar de Sevilla, Manuel García y Rodríguez (1921)

Ahora, al poniente morado de la tarde,
En flor ya los magnolios mojados de rocío,
Pasar aquellas calles, mientras crece
La luna por el aire, será soñar despierto.

El cielo con su queja harán más vasto
Bandos de golondrinas; el agua en una fuente
Librará puramente la honda voz de la tierra;
Luego el cielo y la tierra quedarán silenciosos.

En el rincón de algún compás, a solas
Con la frente en la mano, un fantasma
Que vuelve, llorarías pensando
Cuán bella fue la vida y cuán inútil.

Luis Cernuda
(Como quien espera el alba, 1947)

martes, 7 de junio de 2022

Nuestra heredad

        Luis de Góngora y Argote, Diego Velázquez (h.1622)

    Juan de la Cruz prurito de Dios siente,
furia estética a Góngora agiganta,
Lope chorrea vida y vida canta:
tres frenesís de nuestra sangre ardiente.

    Quevedo prensa pensamiento hirviente;
Calderón en sistema lo atiranta;
León, herido, al cielo se levanta;
Juan Ruiz, ¡qué cráter de hombredad bullente!

    Teresa es pueblo, y habla como un oro;
Garcilaso un fluir, melancolía;
Cervantes, toda la Naturaleza.

    Hermanos en mi lengua, qué tesoro
nuestra heredad –oh, amor; oh poesía–,
esta lengua que hablamos –oh belleza–.

Dámaso Alonso
(Tres sonetos sobre la lengua castellana, 1958)

martes, 31 de mayo de 2022

Siempre

                                Escena de Capri, Janus la Cour (1874)

    Estoy solo. Las ondas; playa, escúchame
De frente los delfines o la espada.
La certeza de siempre, los no-límites.
Esta tierna cabeza no amarilla,
esta piedra de carne que solloza.
Arena, arena, tu clamor es mío.
Por mi sombra no existes como seno,
no finjas que las velas, que la brisa,
que un aquilón, un viento furibundo,
va a empujar tu sonrisa hasta la espuma,
robándole a la sangre sus navíos.

Amor, amor, detén tu planta impura.

Vicente Aleixandre
(Espadas como labios, 1932)

lunes, 23 de mayo de 2022

Idilio

          Jardín de Octave Mirbeau en Damps, Camille Pissarro (1892)

    Tú querías que yo te dijera
el secreto de la primavera.

    Y yo soy para el secreto
lo mismo que es el abeto.

    Árbol cuyos mil deditos
señalan mil caminitos.

    Nunca te diré, amor mío,
por qué corre lento el río.

    Pero pondré en mi voz estancada
el cielo ceniza de tu mirada.

    ¡Dame vueltas, morenita!
Ten cuidado con mis hojitas.

    Dame más vueltas alrededor,
jugando a la noria del amor.

    ¡Ay! No puedo decirte, aunque quisiera,
el secreto de la primavera.

Federico García Lorca
(Canciones, 1921-1924)

viernes, 20 de mayo de 2022

Beato sillón

               Vista de una habitación, József Rippl-Rónai (h. 1927)

¡Beato sillón! La casa
Corrobora su presencia
Con la vaga intermitencia
De su invocación en masa
A la memoria. No pasa
Nada. Los ojos no ven,
Saben. El mundo está bien
Hecho. El instante lo exalta
A marea, de tan alta,
De tan alta, sin vaivén.

Jorge Guillén
(Cántico, 1928)

martes, 17 de mayo de 2022

35 bujías

       Lámpara eléctrica, Giacomo Balla (h.1909) 

Sí. Cuando quiera yo
la soltaré. Está presa
aquí arriba, invisible.
Yo la veo en su claro
castillo de cristal, y la vigilan
–cien mil lanzas– los rayos
–cien mil rayos– del sol. Pero de noche,
cerradas las ventanas
para que no la vean
–guiñadoras espías– las estrellas,
la soltaré. (Apretar un botón.)
Caerá toda de arriba
a besarme, a envolverme
de bendición, de claro, de amor, pura.
En el cuarto ella y yo no más, amantes
eternos, ella mi iluminadora
musa dócil en contra
de secretos en masa de la noche
–afuera–
descifraremos formas leves, signos,
perseguidos en mares de blancura
por mí, por ella, artificial princesa,
amada eléctrica.

Pedro Salinas
(Seguro Azar, 1929)

domingo, 15 de mayo de 2022

Tranvía

                              Bredgade, Paul Gustav Fischer (1860-1934)

El gusano de cables
va hilando su camino

                             Y sobre la bitácora
                             un experto marino
                   juega a los barquillos en la rosa náutica

Las estrellas medrosas
deshojadas y rotas
huyendo del huracán
vienen a refugiarse en nuestras gavias

Se oyen morir extáticas las olas
                                                  en la playa desierta

                                      De repente notamos
                            que alguien nos ha robado
                 Buscamos la memoria y no la hallamos

No tengas miedo

                      Sobre las nubes
                      imantadas de relámpagos
               Elías cruza en su tranvía eléctrico

Gerardo Diego
(Limbo, 1951)

viernes, 22 de abril de 2022

Dedicatoria

                              La lectora, Marie-Agustin Zwiller (a. 1939)

La literatura nos separó: todo lo que supe de ti
lo aprendí en los libros
y a lo que faltaba,
yo le puse palabras.

Cristina Peri Rossi
(Evohé, 1971)

miércoles, 30 de marzo de 2022

Con la primavera

                 Primavera, Daniel Alexander Williamson (h. 1863)

Con la primavera
viene la canción,
la tristeza dulce
y el galante amor.

Con la primavera
viene una ansiedad
de pájaro preso
que quiere volar.

No hay cetro más noble 
que el de padecer:
solo un rey existe:
el muerto es el rey.

José Martí
(1853-1895)

Este poema de José Martí, con ligeras variantes, se puede leer en el volumen 17 de sus Obras completas, editadas por el Centro de Estudios Martianos de La Habana (2001). La versión aquí reproducida corresponde a la que aparece en la antología Dicen que no hablan las plantas, selección de Raquel Lanseros y Fernando Marías –ilustrada por Raquel Lanseros–, Anaya (2021)

lunes, 21 de marzo de 2022

Amada, eres la única, la sola

                Detalle de la tumba de Nakht ( Nuevo Imperio)

Amada, eres la única, la sola.

De todas las mujeres, la más bella,
        luminosa y perfecta,
un lucero que cruza el horizonte del año nuevo,
        de un año bueno:
un lucero de espléndidos colores
        y guiños fascinantes.
Seductores sus labios,
       de un largo justo el cuello,
               un prodigio sus pechos.
Sus cabellos: radiante lapislázuli;
         más que el oro rutilan sus dos brazos.
Se me antojan pétalos sus dedos,
         los pétalos de un loto. 
Modeladas a torno sus caderas;
         ninguna beldad tiene piernas como las suyas.
Majestuoso es su andar
         (su paso reveló que era una diosa).
Mi corazón sería su esclavo si la viera sin velos.
Es culpa suya que todos los cuellos
         se vuelvan a admirarla.
Dichoso aquel que entera la abrazara:
        ¡el primero sería de todos los amantes!
Émula mía, la deidad.
       Las miradas la siguen todavía,
                aunque ella ya está fuera de su alcance.
Es una diosa sola;
         entre todas, la única.

Ezra Pound y Noel Stoch
(Poemas de amor del Antiguo Egipto)

Estos poemas fueron recopilados y traducidos al italiano por Boris de Rachewiltz. Más tarde Ezra Pound y Noel Stoch los tradujeron al inglés. A partir de esa versión, José Luis Rivas los tradujo al castellano para la edición de Vaso Roto Ediciones (2018).

martes, 22 de febrero de 2022

Soneto X

Hombre joven entre rosas, Nichollas Hilliard (h. 1588)

    ¡Oh dulces prendas por mi mal halladas,
dulces y alegres cuando Dios quería,
juntas estáis en la memoria mía
y con ella en mi muerte conjuradas!

    ¿Quién me dijera, cuando las pasadas
horas que en tanto bien por vos me vía,
que me habiades de ser en algún día
con tan grave dolor representadas?

    Pues en una hora junto me llevastes
todo el bien que por términos me distes,
lleváme junto el mal que me dejastes;

    si no, sospecharé que me pusistes
en tantos bienes porque deseastes
verme morir entre memorias tristes.

Garcilaso De la Vega
(h. 1501-1536)

lunes, 14 de febrero de 2022

Amor fra l'erbe una leggiadra rete

   Reflejo de la luz del sol en el arroyo, Peder Mørk Mønsted (1922)

Amor fra l’erbe una leggiadra rete
d’oro et di perle tese sott’un ramo
dell’arbor sempre verde ch’i’ tant’amo,
benché n’abbia ombre piú triste che liete.

L’ésca fu ’l seme ch’egli sparge et miete,
dolce et acerbo, ch’i’ pavento et bramo;
le note non fur mai, dal dí ch’Adamo
aperse gli occhi, sí soavi et quete.

E ’l chiaro lume che sparir fa ’l sole
folgorava d’intorno; e ’l fune avolto
era la man ch’avorio et neve avanza.

Cosí caddi a la rete, et qui m’àn colto
gli atti vaghi et l’angeliche parole,
e ’l piacer e ’l desire et la speranza.

Francesco Petrarca
(Canzoniere, siglo XIV)


Versión en castellano

Amor tejió en la hierba una red bella
con perlas y con oro bajo un ramo
del árbol siempre verde, tan amado,
aunque triste y no alegre sea su sombra.

Cebo fue la semilla que él cultiva,
dulce y amarga, a la que ansío y temo;
las notas nunca fueron tan süaves
desde el día en que Adán abrió los ojos. 

La clara luz que al sol oscurecía
fulguró, y el cordel tuvo la mano
que al marfil y a la nieve superaba. 

Así caí en la red , pues me acogieron
sus palabras angélicas, sus modos,
y el placer y el deseo y la esperanza.

[Traducción al castellano de Jacobo Cortines]

sábado, 5 de febrero de 2022

Alma minha gentil, que te partiste


Lago Wakatipu y Monte Earnslaw, Eugène von Guérard (entre 1877 y 1879)

Alma minha gentil, que te partiste
tão cedo desta vida, descontente,
repousa lá no Céu eternamente
e viva eu cá na terra sempre triste.

Se lá no assento etéreo, onde subiste,
memória desta vida se consente,
não te esqueças d'aquele amor ardente
que já nos olhos meus tão puro viste.

E se vires que pode merecer-te
alguma coisa a dor que me ficou
da mágoa, sem remédio, de perder-te,

roga a Deus, que teus anos encurtou,
que tão cedo de cá me leve a ver-te,
quão cedo de meus olhos te levou.

Luís Vaz de Camões
(h. 1524-1580)


Versión al castellano de Un poema cada día

Alma mía gentil, que te partiste
tan presto de esta vida, descontenta,
reposa allá en el cielo eternamente
y viva yo en la tierra siempre triste.

Si en el asiento etéreo, do subiste,
memoria de esta vida se consiente,
no te olvides de aquel amor ardiente
que tan puro en los ojos míos viste.

Y si vieres que puede aprovecharte
alguna cosa el dolor que me quedó
del pesar, sin remedio, de perderte,

ruega a Dios, que tus años acortó,
que rápido de acá me lleve a verte,
cuan presto de mis ojos te llevó.

Luis Vaz de Camoes

sábado, 29 de enero de 2022

Cómo se dibuja un paisaje

                         Paisaje pastoril, Henri Rousseau (h. 1875)

Un paisaje que tenga de todo,
se dibuja de este modo:
unas montañas,
un pino,
arriba el sol,
abajo el camino,
una vaca,
un campesino,
unas flores,
un molino,
la gallina y un conejo,
y cerca un lago
como un espejo.

Ahora tú pon los colores:
la montaña de marrón,
el astro sol amarillo,
colorado el campesino,
el pino verde,
el lago azul
—porque es espejo del cielo como tú—,
la vaca de color vaca,
de color gris el conejo,
las flores…
como tú quieras las flores.
De tu caja de pinturas
¡usa todos los colores!

Gloria Fuertes
(Versos fritos, 1995)

sábado, 22 de enero de 2022

Mapas

                             Días de escuela, Andrew Loomis (1938)

Los mapas de la escuela,
todos tenían mar,
todos tenían tierra.

¡Yo sentía un afán
por ir a recorrerla…!

Soñaba el corazón
con mares y fronteras,
con islas de coral
y misteriosas selvas…

Soñaba el corazón…
¡Oh sueños de la escuela!

Concha Méndez
(Surtidor, 1928)

jueves, 20 de enero de 2022

Pequeño vals vienés

En Viena hay diez muchachas, 
un hombro donde solloza la muerte 
y un bosque de palomas disecadas. 
Hay un fragmento de la mañana 
en el museo de la escarcha. 
Hay un salón con mil ventanas. 
           ¡Ay, ay, ay, ay! 
Toma este vals con la boca cerrada. 

 Este vals, este vals, este vals, este vals, 
de sí, de muerte y de coñac 
que moja su cola en el mar. 

 Te quiero, te quiero, te quiero, 
con la butaca y el libro muerto, 
por el melancólico pasillo, 
en el oscuro desván del lirio, 
en nuestra cama de la luna 
y en la danza que sueña la tortuga. 
           ¡Ay, ay, ay, ay! 
Toma este vals de quebrada cintura. 

 En Viena hay cuatro espejos 
donde juegan tu boca y los ecos. 
Hay una muerte para piano 
que pinta de azul a los muchachos. 
Hay mendigos por los tejados.
Hay frescas guirnaldas de llanto. 
          ¡Ay, ay, ay, ay! 
Toma este vals que se muere en mis brazos. 

Porque te quiero, te quiero, amor mío, 
en el desván donde juegan los niños, 
soñando viejas luces de Hungría 
por los rumores de la tarde tibia, 
viendo ovejas y lirios de nieve 
por el silencio oscuro de tu frente. 
            ¡Ay, ay, ay, ay! 
Toma este vals, este vals del "Te quiero siempre". 

En Viena bailaré contigo 
con un disfraz que tenga 
cabeza de río. 
¡Mira qué orillas tengo de jacintos! 
Dejaré mi boca entre tus piernas, 
mi alma en fotografías y azucenas, 
y en las ondas oscuras de tu andar 
quiero, amor mío, amor mío, dejar, 
violín y sepulcro, las cintas del vals. 

Federico García Lorca 
(Poeta en Nueva York, 1929-1930)

Leonard Cohen realizó una versión de este poema, titulada "Take this waltz", en su disco I'm your man (Columbia, Sony Music, 1988). Este videoclip aúna la Granada de Lorca y la música de Cohen. 


La cantante española Ana Belén realizó otra versión en castellano (incluida en su disco Lorquiana, 1998) partiendo de la música de Cohen.

miércoles, 12 de enero de 2022

Mar redondo, desvelado

                       Cabo de Antibes, Claude Monet (1840-1926)

Mar redondo, desvelado, 
sortija blanca,
novio enamorado.
Desde el balcón,
por la orilla, rizando
va mi canción.
Mar de siete colores,
curva salada,
cinturón de novia enamorada. 
En mi ventana
se ha prendido el encaje 
de la mañana.
Mar abierto, encandilado, 
verde collar,
novio enamorado. 
Desde el balcón,
por la orilla, rodando 
mi corazón.

Josefina De la Torre
(Poemas de la isla, 1930)

martes, 4 de enero de 2022

Nací para ahora mismo


Nací para ahora mismo
para sólo este instante.
Para que Dios, de pronto,
se pose en mi cabeza,
y me peine estos años
de onduladas tristezas,
y me recoja el llanto
con horquillas de estrellas.

Nací para ahora mismo
para sólo este instante.
Para pararme en seco
y contemplar las grietas
y descifrar los gritos
que tiemblan en mi lengua.

Nací para estos versos
que en este instante cierran,
la herida del Misterio
de estar viva y no muerta.
Sólo este instante, sólo,
alumbrándome entera.
Lo que venga no importa.
Lo que pasó no pesa.

Nací para ahora mismo
para sólo este instante
decir que ha merecido
la pena tanta pena.
Lo que venga no importa
lo que pasó no pesa.

Belén Reyes
(Ser mayor es un timo, 2010)

En el vídeo, escuchamos el recitado de estos versos en la cálida voz de Ángela Serna,  profesora de literatura de la UPV, y la hermosa versión cantada de Tontxu Ipiña.

sábado, 1 de enero de 2022

Oda al primer día del año

              Paisaje con carruaje y tren, Vincent Van Gogh (1890)

Lo distinguimos
como
si fuera
un caballito
diferente de todos
los caballos.
Adornamos
su frente
con una cinta,
le ponemos
al cuello cascabeles colorados,
y a medianoche
vamos a recibirlo
como si fuera
explorador que baja de una estrella.

Como el pan se parece
al pan de ayer,
como un anillo a todos los anillos:
los días
parpadean
claros, tintineantes, fugitivos,
y se recuestan en la noche oscura.

Veo el último
día
de este
año
en un ferrocarril, hacia las lluvias
del distante archipiélago morado,
y el hombre
de la máquina,
complicada como un reloj del cielo,
agachando los ojos
a la infinita
pauta de los rieles,
a las brillantes manivelas,
a los veloces vínculos del fuego.

Oh conductor de trenes
desbocados
hacia estaciones
negras de la noche,
este final
del año
sin mujer y sin hijos,
no es igual al de ayer, al de mañana?
Desde las vías
y las maestranzas
el primer día, la primera aurora
de un año que comienza,
tiene el mismo oxidado
color de tren de hierro:
y saludan
los seres del camino,
las vacas, las aldeas,
en el vapor del alba,
sin saber
que se trata
de la puerta del año,
de un día
sacudido
por campanas,
adornado con plumas y claveles.

La tierra
no lo
sabe:
recibirá
este día
dorado, gris, celeste,
lo extenderá en colinas,
lo mojará con
flechas
de
transparente
lluvia,
y luego
lo enrollará
en su tubo,
lo guardará en la sombra.

Así es, pero
pequeña
puerta de la esperanza,
nuevo día del año,
aunque seas igual
como los panes
a todo pan,
te vamos a vivir de otra manera,
te vamos a comer, a florecer,
a esperar.
Te pondremos
como una torta
en nuestra vida,
te encenderemos
como candelabro,
te beberemos
como
si fueras un topacio.

Día
del año
nuevo,
día eléctrico, fresco,
todas
las hojas salen verdes
del
tronco de tu tiempo.

Corónanos
con
agua,
con jazmines
abiertos,
con todos los aromas
desplegados,
sí,
aunque
solo
seas
un día,
un pobre
día humano,
tu aureola
palpita
sobre tantos
cansados
corazones,
y eres,
oh día
nuevo,
oh nube venidera,
pan nunca visto,
torre
permanente!

Pablo Neruda
(Tercer libro de las odas, 1957)

domingo, 28 de noviembre de 2021

Rima XIV

      Bella joven bajo un naranjo, Émile Vernon (1919)

    Te vi un punto y flotando ante mis ojos
la imagen de tus ojos se quedó,
como la mancha oscura orlada en fuego
que flota y ciega si se mira al sol.

    Adondequiera que la vista clavo
torno a ver sus pupilas llamear;
mas no te encuentro a ti, que es tu mirada,
unos ojos, los tuyos, nada más.

    De mi alcoba en el ángulo los miro
desasidos fantásticos lucir:
cuando duermo los siento que se ciernen
de par en par abiertos sobre mí.

    Yo sé que hay fuegos fatuos que en la noche
llevan al caminante a perecer:
yo me siento arrastrado por tus ojos,
pero adónde me arrastran no lo sé.

Gustavo Adolfo Bécquer
         (Rimas, 1871)

martes, 19 de octubre de 2021

Cancioncilla de la maestra herrera

La primavera extiende un verde regazo de flores, John William Watherhouse (1910)

Yo soy la pastora
de la zarzamora.
La sacerdotisa
de la yerbaluisa.
La que por antojo
se come el hinojo
y mezcla verbena
con la hierbabuena.

Yo soy la zagala
de la hierba mala:
con rito pagano
arrojo el aciano
en medio del fuego
y parto el espliego…
Y trenzo el lentisco
con el malvavisco.

Yo soy la doncella
de hierba centella:
provoco los celos
hirviendo napelos,
consigo mimosas
de las escabiosas
o desato llantos
con los amarantos.

¡Ay, la mejorana!
¿Quién ciega a la rana?
¿Quién sangra al cuclillo?
Por el culantrillo
o por el cantueso,
sé atraer el beso
de la adolescente
con nardo caliente.

Yo seré una lamia.
Sembraré la infamia,
urdiré el estrago
con sangre de drago.

Seré la lobezna
de la lechetrezna,
cebando medusas
con leche de aethusas.

Seré la sanguina
de lengua cervina,
fulva sanguisorba
que la vida sorba.
Hilaré con ruecas
de tibias resecas
la nácar lunara
de la dulcamara.

Yo soy la hechicera
de la enredadera,
de la serpentaria,
de la pasionaria,
de la cannabina
y de la sabina.
¡Y del estramonio
y engaño al demonio!

Alfonsa de la Torre
(Plazuela de las obediencias, 1969)

sábado, 16 de octubre de 2021

un ámbito conforme

              Árboles a la orilla del lago, Peder Mørk Mønsted

si ha de hacerse de nuevo el mundo
con palabras
será un mundo de vida
y muerte naturales
sin golpes
plomos
              un ámbito conforme
              sin golpes
              sin zarpazos
              sin máscaras tallándose
              con sabia transfusión de sábila
descansa
              espera
espera que se haga un gran silencio
sobre el salón silente bajo cielo
ha de esperarse aviso con campanas
o algo que anuncie el paso
             de la última paloma
             del arca milenaria

si ha de hacerse de nuevo el mundo
por palabras
             candado para el cielo de misiles
             drenaje para mares sin barcazas
             nada de acero     de invasiones
nadie provoque que ha visto los relojes
que marcan los flagelos

si ha de hacerse de nuevo el mundo
por palabras
se declara testigo
             al río estrecho
             que vela    que es guardián
             de la aún cautiva
             paloma de la paz

si ha de hacerse de nuevo
un mundo que fracase        corazón         tente
si no se hace de nuevo
qué quedará a los ojos para verse

Aida Cartagena Portalatín
(En la casa del tiempo, 1984)

miércoles, 29 de septiembre de 2021

De mis niñeces

Las cuatro estaciones: primavera, François Boucher (1755)

    Siendo yo niño tierno,
con la niña Dorila
me andaba por la selva
cogiendo florecillas,
    de que alegres guirnaldas
con gracia peregrina,
para ambos coronarnos,
su mano disponía.
    Así en niñeces tales
de juegos y delicias
pasábamos felices
las horas y los días.
    Con ellos poco a poco
la edad corrió de prisa,
y fue de la inocencia
saltando la malicia.
    Yo no sé; mas al verme
Dorila se reía,
y a mí de solo hablarla
también me daba risa.
    Luego al darle las flores
el pecho me latía,
y al ella coronarme
quedábase embebida.
    Una tarde tras esto
vimos dos tortolitas,
que con trémulos picos
se halagaban amigas
    y de gozo y deleite,
cola y alas caídas,
centellantes sus ojos,
desmayadas gemían.
    Alentonos su ejemplo,
y entre honestas caricias
nos contamos turbados
nuestras dulces fatigas;
    y en un punto cual sombra
voló de nuestra vista
la niñez, mas en torno
nos dio el Amor sus dichas.

Juan Meléndez Valdés
(1754-1817)

martes, 31 de agosto de 2021

Rose is a rose is a rose is a rose ou da denominación das especies

                Día de verano junto al mar, Hans Busse (h. 1914)

Bergk di que a historia dun texto é coma unha longa caricia.
cando Gertrude Stein contradí a Shakespeare utiliza case as 
               mesmas palabras
algo similar acontece
coa denominación das especies. 

imaxina recibir o nome dun naturalista xesuíta que se despraza
               ás Filipinas no XVII
e nin sequera repara en ti,
porque os bosques de sándalo
ou os tarsios
—esa familia de primates minúsculos con ollos de oliva—
conseguen distraelo,
tirándolle das puntas da capa cuns dedos case humanos.

algunhas neves máis tarde, entre os muros da Universidade de
              Uppsala
o príncipe dos botánicos bautízate en homenaxe a aquel que non
              te distinguiu,
mentres no leste asiático
infusionan sen descanso as túas follas,
e protexen os cabelos das rapazas ou o fío das espadas con aceite
              extraído das sementes.
té branco ou té negro, corte limpo ou ferida:
ao fin, son os procesos de oxidación os que sentencian
todo.

nosoutras, que nacemos atadas a París,
e aprendemos nas novelas de Dumas
a apreixar contra o peito un ramo de camelias coa esencia
              mínima
—para evitar a tose,
para evitarmos toda convulsión—,
vixiamos despois a súa floración
na profusa constelación de pazos galegos. 

así, a eclosión invernal é sempre un disparo,
e cada flor, cranio ou ánfora,
preámbulo dunha caída rotunda,
pétalos corrompidos pola humidade
cando tocan a terra.

esa, non o esquezas, será a nosa oración:
ao fin, son os procesos de oxidación os que sentencian
todo.

Alba Cid
(Atlas, 2019)

Versión al castellano de Un poema cada día

Rose is a rose is a rose is a rose o de la denominación de las especies

Bergk dice que la historia de un texto es como una larga caricia.
cuando Gertrude Stein contradice a Shakespeare utiliza casi las 
                 mismas palabras
algo similar acontece
con la denominación de las especies.

imagina recibir el nombre de un naturalista jesuita que se desplaza 
               a las Filipinas en el XVII
y ni siquiera repara en ti,
porque los bosques de sándalo
o los tarsios
—esa familia de primates minúsculos con ojos de oliva—
consiguen distraerlo,
tirándole de las puntas de la capa con unos dedos casi humanos.

algunas nieves más tarde, entre los muros de la Universidad de
               Uppsala
el príncipe de los botánicos te bautiza en homenaje a aquel que no
               te distinguió,
mientras en el este asiático
infusionan sin descanso tus hojas,
y protegen los cabellos de las jóvenes o el filo de las espadas con aceite
              extraído de las semillas.
té blanco o té negro, corte limpio o herida:
al final, son los procesos de oxidación los que sentencian
todo. 

nosotras, que nacemos atadas a París,
y aprendemos en las novelas de Dumas
a estrechar contra el pecho un ramo de camelias con la esencia
               mínima
—para evitar la tos,
para evitarnos toda convulsión—,
vigilamos después su floración
en la profusa constelación de pazos gallegos.

así, la eclosión invernal es siempre un disparo,
y cada flor, cráneo o ánfora,
preámbulo de una caída rotunda,
pétalos corrompidos por la humedad
cuando tocan tierra. 

esa, no lo olvides, será nuestra oración:
al final, son los procesos de oxidación los que sentencian
todo.

Alba Cid
(Atlas, 2019)

miércoles, 18 de agosto de 2021

Adivinanza de la guitarra

                   Guitarrista, Stepan Kovarik (1959)

En la redonda
encrucijada,
seis doncellas
bailan.
Tres de carne
y tres de plata.
Los sueños de ayer las buscan,
pero las tiene abrazadas
un Polifemo de oro.
¡La guitarra!

Federico García Lorca
(Poema del cante jondo, 1921)

lunes, 2 de agosto de 2021

La palabra

                   Lectura en el jardín, Henri Lebasque (1865-1937)

La palabra agotada por su uso,
su propio peso exhausto, su medida,
alza de nuevo su antigua dimensión y viene
—aspiración apenas— a mi lápiz,
tan transitoria y leve
como el amor, en la memoria
atosigada por su desmesura.

Mª Victoria Atencia

(El hueco, 2003)

jueves, 22 de julio de 2021

Si en un carcaj dorado están metidas


                      Cupido,  Giulio Cesare Procaccini (1574-1625)

    Si en un carcaj dorado están metidas,
Amor, tus flechas, bien se ve que a tiento
ciego las sacas con diverso intento
del que después se mira en las heridas.

    Quitas sin vista diferentes vidas
y como las esparces por el viento,
y el blanco no se ve del pensamiento,
por eso quieres y por eso olvidas.

    Tirando así, no hay alma que resista
las duras puntas de tus flechas fieras
porque el mundo contigo se resista.

    ¡Oh, si con vista, dulce amor, nacieras
y acertaras las almas con la vista...!
Mas no fueras amor si la tuvieras.

Lope de Vega
(1562-1635)

lunes, 19 de julio de 2021

Lloraba la niña

                           Un corazón roto, Walter Langley (1894)

Lloraba la niña
(y tenía razón)
la prolija ausencia
de su ingrato amor.
Dejola tan niña,
que apenas, creo yo,
que tenía los años
que ha que la dejó.
Llorando la ausencia
del galán traidor,
la halla la Luna
y la deja el Sol,
añadiendo siempre
pasión a pasión,
memoria a memoria,
dolor a dolor.

Llorad, corazón,
que tenéis razón.


Dícele su madre:
«Hija, por mi amor,
que se acabe el llanto,
o me acabe yo.»
Ella le responde:
«No podrá ser, no:
las causas son muchas,
los ojos son dos.
Satisfagan, madre,
tanta sinrazón,
y lágrimas lloren
en esta ocasión,
tantas como dellos
un tiempo tiró
flechas amorosas
el arquero dios.
Ya no canto, madre,
y si canto yo,
muy tristes endechas
mis canciones son,
porque el que se fue,
con lo que llevó,
se dejó el silencio,
y llevó la voz.»

Llorad, corazón,
que tenéis razón.

Luis de Góngora
(1561-1627)

lunes, 5 de julio de 2021

Yo acuerdo revelaros un secreto

Conversación discreta, Albert Raudnitz (1814-1899)

Yo acuerdo revelaros un secreto
en un soneto, Inés, bella enemiga;
mas, por buen orden que yo en esto siga,
no podrá ser en el primer cuarteto.

Venidos al segundo, yo os prometo
que no se ha de pasar sin que os lo diga;
mas estoy hecho, Inés, una hormiga:
que van fuera ocho versos del soneto.

Pues ved, Inés, qué ordena el duro hado:
que teniendo el secreto ya en la boca
y el modo de decillo preparado,

conté los versos todos y he hallado
que, por la cuenta que a un soneto toca,
ya este soneto, Inés, es acabado.

Baltasar del Alcázar
(1530-1606)

sábado, 12 de junio de 2021

Cual oro era el cabello ensortijado

Retrato de una dama con unicornio, Rafael Sanzio (h. 1505)

Cual oro era el cabello ensortijado
y en mil varias lazadas dividido;
y cuanto en más figuras esparcido,
tanto de más centellas ilustrado;

tal, de lucientes hebras coronado,
Febo aparece en llamas encendido,
tal discurre en el cielo esclarecido
un ardiente cometa arrebatado.

Debajo el puro, propio y sutil velo,
amor, gracia y valor, y la belleza
templada en nieve y púrpura se vía.

Pensara que se abrió esta vez el cielo
y mostró su poder y su riqueza,
si no fuera la Luz del alma mía.

Fernando de Herrera
(1534-1597)

sábado, 22 de mayo de 2021

El ídolo purísimo que adoro

Retrato idealizado de una dama, Sandro Botticcelli (1480)

    El ídolo purísimo que adoro, 
deidad al mundo y en el cielo diosa,
ya condolida de la dolorosa
vida que paso de contino en lloro,

    el ébano, marfil, nieve, ostro, oro,
la púrpura, coral, jacinto, y rosa
pasando por mi vista deseosa,
de invidia mata del Olimpo el coro.

    Yo, que de la visión divina y rara,
cual nunca vieron ojos soberanos,
a no dudar de su deidad aprendo,

    si yerro en adorar su lumbre clara,
desengáñeme amor, que con humanos
ojos por bien mi solo engaño atiendo.

Francisco De la Torre
(h. 1534-h. 1594)

domingo, 16 de mayo de 2021

Junto a su Venus, tierna y bella, estaba

                 Marte, Venus y Amor, Tiziano (h. 1530)

Junto a su Venus, tierna y bella, estaba
todo orgulloso Marte, horrible y fiero,
cubierto de un templado y fino acero
que un claro espejo al sol de sí formaba;

y, mientras ella atenta en él notaba
sangre y furor, con rostro lastimero,
un beso encarecido al gran guerrero
fijó en la frente y de él todo colgaba.

Del precioso coral tan blando efeto
salió que al fiero dios del duro asunto
hizo olvidar con nuevo, ardiente celo.

¡Oh, fuerza extraña!, ¡oh, gran poder secreto,
que puede un solo beso en solo un punto
los dioses aplacar, dar ley al cielo!

Francisco de Aldana
(1537-1578)

sábado, 8 de mayo de 2021

Soneto I

   Castaño junto a un estanque en otoño, Peder Mørk Mønsted (1889)

    Cuando me paro a contemplar mi estado
y a ver los pasos por dó me han traído,
hallo, según por do anduve perdido,
que a mayor mal pudiera haber llegado;

    mas cuando del camino estoy olvidado,
a tanto mal no sé por dó he venido;
sé que me acabo, y mas he yo sentido
ver acabar conmigo mi cuidado.

    Yo acabaré, que me entregué sin arte
a quien sabrá perderme y acabarme
si quisiere, y aun sabrá querello;

    que pues mi voluntad puede matarme,
la suya, que no es tanto de mi parte,
pudiendo, ¿qué hará sino hacello?

Garcilaso de la Vega
(h. 1501-1536) 

sábado, 10 de abril de 2021

Junto al alero

        Castaño en flor, Vincent van Gogh (1890)

Junto al alero,
     flores que nadie advierte:
         las del castaño.

Matsuo Bashō
(Senda hacia tierras hondas, 1694)

Traducción del original (Oku no Hosomichi) al castellano de Antonio Cabezas para la editorial Hiperión (1993).

jueves, 1 de abril de 2021

His ancestors

                 Melocotoneros en flor, Vincent van Gogh (1889)

He soñado con mis ancestros y su olor a patatas robadas
los he visto varear olivos con la cara llena de espinas
he visto a mis ancestros bailar sobre una montaña de ajos
al abuelo y su traje marrón
a la abuela encendiendo seis velas en el altar de la caldera
hablo del que juega a vestir las cerillas mojadas con barro
     de los que cuentan chistes con la ventana cerrada
he visto a mi madre
una niña con sus primeros pantalones vaqueros mirando
al mar

he visto la ropa en los tendederos de Venecia y a los 
     poetas en Nueva York cuidar una tórtola y su
     dulcimer hecho con nieve pisada
me he visto mirando al nuevo mundo con las memorias
      de Mayakovski bajo el jersey

me he visto mecerme lento en los sueños de una
     chimenea
los barcos el té y los poemas de Emily Dickinson
     escondidos en la sombra de una ballena
he visto a mis hijos cantar ebrios en los confesionarios
el frío como un erizo envuelto en serrín
en alguna colcha yace un pájaro azul
algún sueño sin calcetines que va comiendo rajas de
     sandía
los estudiantes de español me recitan al unísono

Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.

Camino por los pasillos de un mundo que huele a gofre
     y a gasolina.

Mario Obrero
(Peachtree City, 2021)

Con este poemario, Mario Obrero ha ganado el XXXIII Premio Loewe a la Creación Joven. Ha sido editado recientemente por la editorial Visor.

domingo, 21 de marzo de 2021

Qué sé

         Esquina del jardín en Montgeron, Claude Monet (h. 1876)

Atrévete a vivir como tú quieras,
ríe una vez por cada vez que llores,
siembra un jardín que dé frutos y flores
en este estéril páramo de fieras,

cambia por lo que buscas lo que esperas,
lo que conozcas bien por lo que ignores,
regala a los demás mundos mejores
y unas pocas palabras verdaderas,

olvida los halagos y desdenes,
vuelve duda la fe, música el ruido,
ten tus minutos por preciosos bienes

y entre el mañana y el ayer perdido
goza del hoy entero que ahora tienes;
ya sabes todo lo que yo he aprendido.

Álvaro Tato
(Año luz, 2021)

viernes, 12 de marzo de 2021

Defensa de la alegría

Cielo azul sobre un bosque en primavera, Peder Mørk Mønsted (1895)

Defender la alegría como una trinchera
defenderla del escándalo y la rutina
de la miseria y los miserables
de las ausencias transitorias
y las definitivas

defender la alegría como un principio
defenderla del pasmo y las pesadillas
de los neutrales y de los neutrones
de las dulces infamias
y los graves diagnósticos

defender la alegría como una bandera
defenderla del rayo y la melancolía
de los ingenuos y de los canallas
de la retórica y los paros cardiacos
de las endemias y las academias

defender la alegría como un destino
defenderla del fuego y de los bomberos
de los suicidas y los homicidas
de las vacaciones y del agobio
de la obligación de estar alegres

defender la alegría como una certeza
defenderla del óxido y la roña
de la famosa pátina del tiempo
del relente y del oportunismo
de los proxenetas de la risa

defender la alegría como un derecho
defenderla de dios y del invierno
de las mayúsculas y de la muerte
de los apellidos y las lástimas 
del azar
               y también de la alegría

Mario Benedetti
(Cotidianas, 1979)

lunes, 8 de marzo de 2021

Yo soy así

              Gloria Fuertes, Arturo Espinosa (2013)

Yo soy así
como me estáis viendo.
Yo soy así,
con la nariz pinochil,
con hermosa nariz
(de pequeña no podía
jugar al «orí»).
Flequillo y entrecejo
acusado
–no me acuso de haber amado.
Vestida de soltera,
mi moda es no ir a la moda,
mi guerra es no ir a la guerra.
Soy más pacifista que artista
más humanista que feminista,
más alta que baja,
mis músculos
más fuertes que García.

Soy tímida y no lo parece,
soy poeta y sí lo parece,
soy gorda y sí lo parece,
soy soltera y no lo parece,
soy viuda y sí lo parece,
soy una niña y no lo parece.

Soy así...
como me estáis leyendo.

Gloria Fuertes
(Mujer de verso en pecho, 1955)


jueves, 4 de marzo de 2021

Tu voz

Día de primavera junto al río, Peder Mørk Mønsted (1901)

Emboscado en mi escritura
cantas en mi poema.
Rehén de tu dulce voz
petrificada en mi memoria.
Pájaro asido a su fuga.
Aire tatuado por un ausente.
Reloj que late conmigo
para que nunca despierte.

Alejandra Pizarnik
(Los trabajos y las noches, 1965)
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