domingo, 23 de noviembre de 2025

Similitud

                                      Feliz vuelta, Alice Beard (1928)

Nada más parecido a la vida
que la verbena.
La vida es el tubo de la risa.
El trabajo el tubo de escape.
El amor el tobogán.
La amistad la noria.
La política el tiro al blanco.
El racismo el tiro al negro.
La verdad ¡tres pelotas diez!

Gloria Fuertes
(Mujer de verso en pecho, 1995)

miércoles, 19 de noviembre de 2025

Ciruelo silvestre

                                    Ciruelo en flor, Camille Pissarro (1894)

Y delicadamente
me estás robando hasta el recién cultivo
de la mirada, pura
canción, árbol mío,
tú nunca prisionero o traicionero.
Hojas color de cresta
de gallo,
ramas con el reposo estremecido
de un abril prematuro,
con la savia armoniosa que besa y que fecunda,
y pide, y me comprende
en cada nervio de la hoja, en cada
rico secuestro,
en cada fugitiva reverberación.

Cuando llegue el otoño, con rescate y silencio,
tú no marchitarás.
Aquí, en la plaza,
junto a tu sombra nunca demacrada,
respiro sin esquinas,
siempre hacia el alba
porque tú, tan sencillo,
me das secreto y cuánta compañía:
en una hoja el resplandor del cielo.

Claudio Rodríguez
(El vuelo de la celebración, 1976)

sábado, 15 de noviembre de 2025

En este instante, breve y duro instante

                    El beso, Théophile Steinlen (a. 1923)

En este instante, breve y duro instante,
¡cuántas bocas de amor están unidas,
cuántas vidas se cuelgan de otras vidas
exhaustas en su entrega palpitante!

Fugaz como el destello de un diamante,
¡qué de manos absurdamente asidas
quieren cerrar las más leves salidas
a su huida perpetua e incesante!

Lentos, aquí y allá, y adormecidos,
¡tantos labios elevan espirales
de besos!… Sí, en este instante, ahora

que ya pasó, que ya lo hube perdido,
del cual conservo solo los cristales
rotos, primera ruina de la aurora.

Ángel González
(Áspero mundo, 1956)

martes, 11 de noviembre de 2025

El primer beso

                              Idilio campestre, Egisto Ferroni (h. 1912)

–Madre, yo una cosa
decírsela debo,
que me quita el jambre,
que me quita el sueño.
¡Una cosa grande!
¡Madre, es un secreto!
¡Venga usté a l'alcoba!
¡Venga p'allá drento!
que no l'oiga padre,
que no l'oiga agüelo.

Pues verá usté, madre...,
casi no m'atrevo
a decirla todo,
y es que endemás miedo
de que usté me riña
mucho yo le tengo.

¡No se ponga seria!
¡No m'arrugue el ceño!
Mire pa otro lao...
Que me da usté miedo...
Ahora lo digo,
ahora alcomienzo.

Ayer para el campo
se vino el Usebio,
s'acercó pa mí,
y dijo, contento...
Lo de siempre, madre:
¡Que si yo le quiero!
Le dije... que sí,
que ley yo le tengo;
s'acercó él altonces
más p'hacia mi cuerpo,
juntó la su cara
casi con mi pelo...
¡No se ponga seria!
¡No m'arrugue el ceño!
Q'altonces no sigo
este mi secreto.
¡Mire pa otro lao!
Pus iba diciendo
Q'ajuntóse a mí
el mocico Usebio...
¡Y altonces! ¡Altonces!
¡Ay, madre! ¡Qué miedo!
Me dio en la cara
así como un beso.

¡No me riña, madre!
Q'ha sío el primero.
¡No me riña, madre!
Que más ya no vuelvo
a dejar besarme
del mocico Usebio.

–No te riño, hijica;
no me tengas miedo.
¡Cuánto que me gusta!
¡Cuánto que m'alegro!
¡Q'a mi m'hayas dicho
eso del Usebio!
¡Pa estar con mil ojos!
¡Pa velar por ti
y pa estar yo siendo
la tu sombra siempre
que siga a tu cuerpo!

¡Cuánto que me gusta!
¡Cuánto que m'alegro
q'a mí m'hayas dicho
ese atrevimiento...!
Ya estoy mu tranquila:
No vendrá otro beso,
que tendrá tu madre
mil ojos para ello.

Porque tú no sabes
y has de tú saberlo,
q'es mucho dañino
ese primer beso.

Josefina Bolinaga
(Alma rural, 1925)

viernes, 7 de noviembre de 2025

Pétalos

                        Jardín con flores, Eliseo Meifrén y Roig (h. 1940)

Quiero besarte la risa
y sus notas cristalinas;
colgándome de los labios
parecerán campanillas;
quiero besarte la luz
que brota de tus pupilas.
¿Cómo será fría o cálida?
¿Lo mismo que cuando miras?
Sueño mi beso estuviera
lejos del radio en que gira
lo que es, pues yo quisiera
bajo la noche tranquila
besarte lo que ninguno
hasta hoy te besaría.

Josefina Romo Arregui
(La peregrinación inmóvil, 1932)

lunes, 3 de noviembre de 2025

Amor

                                   Noche de luna llena, Albert König (1920)

¡Cómo quise tu boca,
granada abierta,
que en las noches
de estío de amor
me llena!

¡Cómo lloran las sombras
de las veredas,
qué cauces más amargos
dejan!

En fragmentos la luna
se mete en las ventanas
entreabiertas,
y manos de fulgores
las cierran.

En las praderas bailan
blancas estrellas.
¡Cómo quiero tu boca
cuando te alejas!

Dolores Catarineu
(Amor, sueño, vida, 1936)

jueves, 30 de octubre de 2025

Hijo de la sombra

                       Noche de luna, Soter Jaxa-Małachowski (h. 1930)

Eres la noche, esposa: la noche en el instante
mayor de su potencia lunar y femenina.
Eres la medianoche: la sombra culminante
donde culmina el sueño, donde el amor culmina.

Forjado por el día, mi corazón que quema
lleva su gran pisada de sol adonde quieres,
con un solar impulso, con una luz suprema,
cumbre de las mañanas y los atardeceres.

Daré sobre tu cuerpo cuando la noche arroje
su avaricioso anhelo de imán y poderío.
Un astral sentimiento febril me sobrecoge,
incendia mi osamenta con un escalofrío.

El aire de la noche desordena tus pechos,
y desordena y vuelca los cuerpos con su choque.
Como una tempestad de enloquecidos lechos,
eclipsa las parejas, las hace un solo bloque.

La noche se ha encendido como una sorda hoguera
de llamas minerales y oscuras embestidas.
Y alrededor la sombra late como si fuera
las almas de los pozos y el vino difundidas.

Ya la sombra es el nido cerrado, incandescente,
la visible ceguera puesta sobre quien ama;
ya provoca el abrazo cerrado, ciegamente,
ya recoge en sus cuevas cuanto la luz derrama.

La sombra pide, exige seres que se entrelacen,
besos que la constelen de relámpagos largos,
bocas embravecidas, batidas, que atenacen,
arrullos que hagan música de sus mudos letargos.

Pide que nos echemos tú y yo sobre la manta,
tú y yo sobre la luna, tú y yo sobre la vida.
Pide que tú y yo ardamos fundiendo en la garganta,
con todo el firmamento, la tierra estremecida.

El hijo está en la sombra que acumula luceros,
amor, tuétano, luna, claras oscuridades.
Brota de sus perezas y de sus agujeros,
y de sus solitarias y apagadas ciudades.

El hijo está en la sombra: de la sombra ha surtido,
y a su origen infunden los astros una siembra,
un zumo lácteo, un flujo de cálido latido,
que ha de obligar sus huesos al sueño y a la hembra.

Moviendo está la sombra sus fuerzas siderales,
tendiendo está la sombra su constelada umbría,
volcando las parejas y haciéndolas nupciales.
Tú eres la noche, esposa. Yo soy el mediodía.

Miguel Hernández
(Poemas no incluidos en libro, 1937-1939)

domingo, 26 de octubre de 2025

En el mar hay un cantar

                            Paisaje costero, Horst Bernhard Hacker (1892)

En el mar hay un cantar
verde de silencios grises.
Como tus ojos, el mar,
borrachos de azul en sombra,
cantores de soledad.
¡Ay, qué colores profundos!
Verdes ojos, verdes mar;
azul de silencios grises,
en el mar hay un cantar.

Marina Romero
(Poemas A, 1935)

miércoles, 22 de octubre de 2025

Así, las manos dobladas

           Retrato de mujer, Frederick Carl Frieseke (1930)

Así, las manos dobladas
sobre el delantal bordado,
los ojos sin horizontes
y el corazón desatado,
me iré quedando dormida
en la noche de verano.
Ni el más ligero desvelo
doblará el encaje blanco.
Solo el corazón perdido
por el camino más largo.
En el silencio, la sombra
aviva el lirio exaltado.
Solo el corazón perdido
su voz de plata cantando.
Toda la noche en la falda
quietas, dobladas, las manos.
Sin horizontes, los ojos
el sueño los fue cerrando.
Pero el corazón, inútil,
como un reloj, desvelado.

Josefina de la Torre
(Poemas de la isla, 1930)

sábado, 18 de octubre de 2025

Voy a erguirme sin túnica ante tus ojos claros

                     Reflejos, Frederick Carl Frieseke (h. 1909)

Voy a erguirme sin túnica ante tus ojos claros
que persiguen sin verme un sueño irrealizable,
quiero alzar ante ti mi desnudez intacta
como una ofrenda inútil que nunca aceptarás.

Seré tuya en silencio. Tus manos abstraídas
ignorantes del don que ha de colmar sus palmas,
se detendrán en mí, advirtiéndome apenas,
entre el vivo relumbre de un espejismo ignoto.

Me poseerás ajeno, ausente de tu abrazo,
tendido hacia otro rumbo de frágiles riberas
mientras te doy mi vida impetuosa y pura
en el breve cristal de un momento sin gloria.

Ernestina de Champourcín
(Cántico inútil, 1936)

martes, 14 de octubre de 2025

La dulce música

         La música de la fuente, Henry Ryland (h.1890)

Fuente, desgrana tu pena
en esta tarde azulada.
Rima tu copla encantada
en esta tarde serena.

Bella amiga, mi hada buena,
di tu mágica balada.
¡Canta tu dulce tonada
que es toda de gracia llena!

Y la fuente me escuchó;
y su romance cantó
en el suave atardecer.

Y cada gota caía
como divina harmonía
en el fondo de mi ser.

Elisabeth Mulder
(La canción cristalina, 1928)

viernes, 10 de octubre de 2025

Kermesse

                    En el prado de Nagybánya, János Thorma (1870-1937)

En la alegre kermesse del verano,
las margaritas rifan el amor
sobre el verde tapete del prado.
Sí, no –sí, no–
mientras, como un patín,
tu corazón
resbala por mi llanto.
Sí, no –sí, no–
Ruleta de la ilusión,
ruleta del desencanto.

María Luisa Muñoz de Buendía
(Bosque sin salida, 1934)

lunes, 6 de octubre de 2025

Nadadora

                                  En la playa, Wilhelm Simmler (h. 1914)

Mis brazos:
los remos.

La quilla:
mi cuerpo.
Timón:
mi pensamiento.

(Si fuera sirena,
mis cantos
serían mis versos.)

Concha Méndez
(Inquietudes, 1926)

lunes, 29 de septiembre de 2025

En el infierno había un violoncello

                       Arroyo en el bosque II, Antonin Hudeček (h. 1941)

En el infierno había un violoncello
entre el café y el humo de pitillos
y cien aulas con libros amarillos
y nieve y sangre y barro por el suelo.

Pero tú, resguardada por el velo
de tus cristales de lucientes brillos,
pasabas, seria y pura, en los sencillos
compases de tu fe y de tu consuelo.

Algunas veces fuimos de la mano
por las venas del bosque y las cornejas
peinaron la melena a nuestras almas.

Si hoy nos separa el Ábrego inhumano,
no llores mi amistad mientras te alejas:
entrega al viento el talle de tus palmas.

Rosa Chacel
(A la orilla de un pozo, 1936)

lunes, 22 de septiembre de 2025

Poema en el agua

                                     Luz de luna, Winslow Homer (1874)
                              
Tus manos iban a una caza
de estrellas partidas
pero ellas te burlaban
escurriéndose entre tus dedos abiertos.
Las palabras, como pájaros,
se ahogaban en el agua.
Pasaba la brisa
—adioses de abanico en nuestras frentes—
Tenías un aire desmayado
que te iba bien.
Músicas colgaban de tus labios.
¿Y por qué no había de ser
esta noche
nuestro viaje a la luna?
¡Oh! ¡No tendríamos más que dejarnos caer!

Lucía Sánchez Saornil
(Poema publicado en la revista Grecia, n. XX, 30 de Junio de 1919)

domingo, 7 de septiembre de 2025

Ten esperanza

                         Camino de El Paular, Enrique Simonet (h. 1921)

¿Lo comprendes? Lo has comprendido.
¿Lo repites? Y lo vuelves a repetir.
Siéntate. No mires hacia atrás. ¡Adelante!
Adelante. Levántate. Un poco más. Es la vida.
Es el camino. ¿Que llevas la frente cubierta de sudores, con espinas, 
      con polvo, con amargura, sin amor, sin mañana?...
Sigue, sigue subiendo. Falta poco. Oh, qué joven eres.
Qué joven, qué jovencísimo, qué recién nacido. Qué ignorante.
Entre tus pelos grises caídos sobre la frente brillan tus claros ojos 
      azules,
tus vividos, tus lentos ojos puros, allí quedados bajo algún velo.
Oh, no vaciles y álzate. Álzate todavía. ¿Qué quieres? 
Coge tu palo de fresno blanco y apóyate. Un brazo a tu lado quisieras. 
      Míralo.
Míralo, ¿no lo sientes? Allí, súbitamente, está quieto. Es un bulto 
      silente.
Apenas si el color de su túnica lo denuncia. Y en tu oído una palabra no 
      pronunciada.
Una palabra sin música, aunque tú la estés escuchando.
Una palabra con viento, con brisa fresca. La que mueve tus vestidos 
      gastados.
La que suavemente orea tu frente. La que seca tu rostro,
la que enjuga el rastro de aquellas lágrimas.
La que atusa, apenas roza tu cabello gris ahora en la inmediación de la 
      noche.
Cógete a ese brazo blanco. A ese que apenas conoces, pero que 
      reconoces.
Yérguete y mira la raya azul del increíble crepúsculo,
la raya de la esperanza en el límite de la tierra.
Y con grandes pasos seguros, enderézate, y allí apoyado, confiado, solo,
échate rápidamente a andar...

Vicente Aleixandre
(Historia del corazón, 1954)

lunes, 1 de septiembre de 2025

Apuntes

                                      Olivar, Vincent Van Gogh (1889)

                  I

Desde mi ventana,
¡campo de Baeza,
a la luna clara!
¡Montes de Cazorla,
Aznaitín y Mágina!
¡De luna y de piedra
también los cachorros
de Sierra Morena!

                II

Sobre el olivar,
se vio a la lechuza
volar y volar.
Campo, campo, campo.
Entre los olivos,
los cortijos blancos.
Y la encina negra,
a medio camino
de Úbeda a Baeza.
                                   [...]

                IV

Sobre el olivar,
se vio a la lechuza
volar y volar.
A Santa María
un ramito verde
volando traía.
¡Campo de Baeza
soñaré contigo
cuando no te vea!

Antonio Machado
(Nuevas canciones, 1917-1930)

lunes, 4 de agosto de 2025

El otro dolor

                                     Otoño, Miguel Rius (tomado de https://miguelrius.es).

A veces, sentado, después de la larguísima jornada, en el largo camino, 
     me tiento y casi te reconozco.
Dentro estás, dormida allí, madre mía, desde hace tantos años,
tendida, amorosamente sepultada, intacta en tus bordes.
Y ando, y no se me nota. Y digo, y tampoco.
Como el casco de una metralla que incrustado en el ser allí vive y, 
     quedado, no se conoce,
así a veces tú, queda en mí, dentro de mi vivir me acompañas.
Pero muevo esta mano, y no te recuerdo.
Y pronuncio unas palabras de amor para alguien, y parece que lo que 
     allí dentro está no las roza cuando las exhalo.
Y sigo y camino, y padezco y me afano,
siempre yo estuche vivo, caja viva de tu dormir, que mudo en mí llevo.

Pero a veces he sufrido y camino de prisa, y he tropezado y rodado, 
      y algo me duele.
Algo que llevo dentro, aquí, ¿dónde?, en tu sereno vivir en mi alma, 
     que blando se queja.
Oh, sí, cómo te reconozco. Aquí estás. ¿Te he dolido?
Hemos caído, hemos rodado juntos, madre mía serena, y solo te siento 
     porque me dueles.
Me dueles tú como una pena que mitigase otra pena,
como una pena que al aflorar anegase.
Y tu blando dolor, como una existencia que me hiciese bajar la cabeza 
     hacia tu sentimiento,
se reparte por todo yo y me consuela, oh madre mía, oh mi antigua y mi 
     permanente, oh tú que me alcanzas.
Y el otro dolor agudo, el del camino, el lacerante que me aturdía,
blandamente se suaviza como si una mano lo apaciguase,
mientras todo el ser anegado de tu blanda caricia de pena
es conciencia de ti, caja suave de ti, que me habitas.

Vicente Aleixandre
(Historia del corazón, 1954)

El artista Miguel Rius Gese (fotógrafo, pintor, escultor, viajero incansable) rescató la casa de Miraflores de la Sierra en la que Vicente Aleixandre escribió muchos de sus versos. Los creadores de este blog hemos tenido el privilegio de habitar esa casa durante unas horas y recordar al poeta con Miguel y su encantadora familia.

viernes, 1 de agosto de 2025

Tiempo de amor

                         Amalfi, Rudolf André (h. 1920)

Este tiempo de amor nunca termine.
No lo empañe el olvido con su óxido;
debe quedar intacto hasta la muerte
lo que nació inmortal como el sonido.

Este tiempo de luz alguien lo salve;
lo arranque alguien de este precipicio
al que se aboca ya desde que alienta.
Que alguien corte la amarra y vaya suelto
del tiempo, a la deriva, hasta la playa donde
no lo fulmine el rayo a pesar suyo,
no lo desgaste el tiempo como a un día.

Luis Feria
(Conciencia, 1962)

sábado, 5 de julio de 2025

Siempre será mi amigo

             Camino en una mañana de invierno, George Clausen (h. 1923)

Siempre será mi amigo no aquel que en primavera
sale al campo y se olvida entre el azul festejo
de los hombres que ama, y no ve el cuero viejo
tras el nuevo pelaje, sino tú, verdadera

amistad, peatón celeste, tú, que en el invierno
a las claras del alba dejas tu casa y te echas
a andar, y en nuestro frío hallas abrigo eterno
y en nuestra honda sequía la voz de las cosechas.

Claudio Rodríguez
(Conjuros, 1958)
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