sábado, 18 de abril de 2015

Romance de una gentil dama y un rústico pastor

                 Vista de la Bahía de Pozzuoli, Jakob Philipp Hackert (1798)

Estase la gentil dama
paseando en su vergel,
los pies tenía descalzos

que era maravilla ver.
Hablábame desde lejos,
no le quise responder;

respondile con gran saña:
–¿Qué mandáis, gentil mujer?
Con una voz amorosa
comenzó de responder:
–Ven acá tú, el pastorcico,
si quieres tomar placer;
siesta es de mediodía
y ya es hora de comer;
si quieres tomar posada
todo es a tu placer.
– No era tiempo, señora,
que me haya de detener,
que tengo mujer e hijos
y casa de mantener,
y mi ganado en la sierra
que se me iba a perder,
y aquellos que me lo guardan
no tenían qué comer.
–Vete con Dios, pastorcillo,
no te sabes entender.
Hermosuras de mi cuerpo
yo te las hiciera ver:
delgadita en la cintura,
blanca soy como el papel,
la color tengo mezclada,
como rosa en el rosel;
las teticas agudicas,
que el brial quieren hender;

el cuello tengo de garza,
los ojos de un esparver; 

pues lo que tengo encubierto
maravilla es de lo ver.
–Ni aunque más tengáis, señora,
no me puedo detener.


Anónimo
(Siglo XV)

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