jueves, 1 de octubre de 2026

El amor duerme en el pecho del poeta

El estanque de los nenúfares, Colin Campbell Cooper (h. 1921-1922)

Tú nunca entenderás lo que te quiero
porque duermes en mí y estás dormido.
Yo te oculto llorando, perseguido
por una voz de penetrante acero.

Norma que agita igual carne y lucero
traspasa ya mi pecho dolorido
y las turbias palabras han mordido
las alas de tu espíritu severo.

Grupo de gente salta en los jardines
esperando tu cuerpo y mi agonía
en caballos de luz y verdes crines.

Pero sigue durmiendo, vida mía.
¡Oye mi sangre rota en los violines!
¡Mira que nos acechan todavía!

Federico García Lorca
(Sonetos del amor oscuro, 1935-1936)

jueves, 10 de septiembre de 2026

Much Madness is divinest Sense

  Joven encadenada, Johannes Schlapp (h. 1840)

Much Madness is divinest Sense–
To a discerning Eye–
Much Sense –the starkest Madness–
’T is the Majority
In this, as all, prevails–
Assent –and you are sane–
Demur –you’re straightway dangerous–
And handled with a Chain–

Emily Dickinson
(The Complete Poems of Emily Dickinson, 1924)

Versión al castellano de Un poema cada día

Mucha Locura es la más divina Cordura–
Para un Ojo sagaz–
Mucha Cordura –la más severa Locura–
La Mayoría
En esto, como en todo, prevalece–
Asiente – y te juzgan sensato–
Disiente – eres de inmediato peligroso–
Y dominado con una Cadena –

(Poemas Completos de Emily Dickinson, 1924)

Emily Dickinson falleció en 1886 sin haber publicado sus poemas. El reproducido aquí aparece en la edición de su poesía completa realizada por su sobrina, Martha Dickinson Bianchi, en 1924.

sábado, 1 de agosto de 2026

Noche del amor insomne

          El patio de la alberca (Granada), Santiago Rusiñol (1895)

Noche arriba los dos con luna llena,
yo me puse a llorar y tú reías.
Tu desdén era un dios, las quejas mías
momentos y palomas en cadena.

Noche abajo los dos. Cristal de pena,
llorabas tú por hondas lejanías.
Mi dolor era un grupo de agonías
sobre tu débil corazón de arena.

La aurora nos unió sobre la cama,
las bocas puestas sobre el chorro helado
de una sangre sin fin que se derrama.

Y el sol entró por el balcón cerrado
y el coral de la vida abrió su rama
sobre mi corazón amortajado.

Federico García Lorca
(Sonetos del amor oscuro, 1935-1936)

domingo, 5 de julio de 2026

Tus cartas son un vino


                           La carta, George Clausen (1852-1944)

                                            A mi gran Josefina adorada
Tus cartas son un vino
que me trastorna y son
el único alimento
para mi corazón.

Desde que estoy ausente
no sé sino soñar,
igual que el mar tu cuerpo,
amargo igual que el mar.

Tus cartas apaciento
metido en un rincón
y por redil y hierba
les doy mi corazón.

Aunque bajo la tierra,
mi amante cuerpo esté,
escríbeme, paloma,
que yo te escribiré.

Cuando me falte sangre
con zumo de clavel,
y encima de mis huesos
de amor cuando papel.

Miguel Hernández
(Obra poética completa, 2010)

En 1933 y 1934, Miguel Hernández escribió una serie de poemas que no llegó a publicar. A este grupo pertenece el reproducido arriba. Gracias a la edición de la poesía completa del autor, realizada por Alianza Editorial en 2010 con motivo del centenario de su nacimiento, podemos leer tanto los poemas publicados como los inéditos.

lunes, 15 de junio de 2026

Lección de geografía
















                    Velas redondeadas, Vasko Taškovski (2011)

Quien no haya visto el mar que se levante,
yo os lo voy a contar, cerrad los ojos.
Imaginad que el agua, como un caballo blanco,
se hubiera subido al campanario.
Las hojas de los árboles son peces,
la nieve, espuma de cristal sobre las olas.
Como de un vaso de luz
que sostuviera la mano de dios,
van cayendo una a una las gotas de la vida.
Así, el inocente pájaro,
la piedra, el musgo o la mariposa
van entrando en el agua que ya todo lo cubre.
Creeréis que el mundo, desde siempre,
ha ido llevándole sus ríos.
Del fuego, de la oculta ceniza de madera
ha tomado el mar su verde brote de esmeralda.
Como el ruiseñor que canta
en los jardines de la tierra
también las caracolas en sus profundos valles
celebran la música.
Por eso al acercar tu oído
a ese bello laberinto de leche
escucharás, aunque no quieras,
el inmenso ruido de la mar.
Ahora ya lo sabéis,
y solo falta empujarlo, entre todos,
al aire.

Juan Carlos Mestre
(Antífona del otoño en el Valle del Bierzo, 1986) 
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