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sábado, 1 de agosto de 2026

Noche del amor insomne

          El patio de la alberca (Granada), Santiago Rusiñol (1895)

Noche arriba los dos con luna llena,
yo me puse a llorar y tú reías.
Tu desdén era un dios, las quejas mías
momentos y palomas en cadena.

Noche abajo los dos. Cristal de pena,
llorabas tú por hondas lejanías.
Mi dolor era un grupo de agonías
sobre tu débil corazón de arena.

La aurora nos unió sobre la cama,
las bocas puestas sobre el chorro helado
de una sangre sin fin que se derrama.

Y el sol entró por el balcón cerrado
y el coral de la vida abrió su rama
sobre mi corazón amortajado.

Federico García Lorca
(Sonetos del amor oscuro, 1935-1936)

miércoles, 5 de junio de 2024

Adelina de paseo

              El parasol verde, Guy Rose (1911)

La mar no tiene naranjas, 
ni Sevilla tiene amor.
Morena, qué luz de fuego.
Préstame tu quitasol.

Me pondrá la cara verde,
–zumo de lima y limón–,
tus palabras –pececillos–
nadarán alrededor.

La mar no tiene naranjas.
Ay, amor.
¡Ni Sevilla tiene amor!

Federico García Lorca
(Canciones, 1921-1924)

viernes, 18 de agosto de 2023

El poeta dice la verdad

Ribera del río Guadaira, Manuel García y Rodríguez (1914)

Quiero llorar mi pena y te lo digo
para que tú me quieras y me llores
en un anochecer de ruiseñores,
con un puñal, con besos y contigo.

Quiero matar al único testigo
para el asesinato de mis flores
y convertir mi llanto y mis sudores
en eterno montón de duro trigo.

Que no se acabe nunca la madeja
del te quiero me quieres, siempre ardida
con decrépito sol y luna vieja.

Que lo que no me des y no te pida
será para la muerte, que no deja
ni sombra por la carne estremecida.

Federico García Lorca
(Sonetos del amor oscuro, 1935-1936)

lunes, 23 de mayo de 2022

Idilio

          Jardín de Octave Mirbeau en Damps, Camille Pissarro (1892)

    Tú querías que yo te dijera
el secreto de la primavera.

    Y yo soy para el secreto
lo mismo que es el abeto.

    Árbol cuyos mil deditos
señalan mil caminitos.

    Nunca te diré, amor mío,
por qué corre lento el río.

    Pero pondré en mi voz estancada
el cielo ceniza de tu mirada.

    ¡Dame vueltas, morenita!
Ten cuidado con mis hojitas.

    Dame más vueltas alrededor,
jugando a la noria del amor.

    ¡Ay! No puedo decirte, aunque quisiera,
el secreto de la primavera.

Federico García Lorca
(Canciones, 1921-1924)

jueves, 20 de enero de 2022

Pequeño vals vienés

En Viena hay diez muchachas, 
un hombro donde solloza la muerte 
y un bosque de palomas disecadas. 
Hay un fragmento de la mañana 
en el museo de la escarcha. 
Hay un salón con mil ventanas. 
           ¡Ay, ay, ay, ay! 
Toma este vals con la boca cerrada. 

 Este vals, este vals, este vals, este vals, 
de sí, de muerte y de coñac 
que moja su cola en el mar. 

 Te quiero, te quiero, te quiero, 
con la butaca y el libro muerto, 
por el melancólico pasillo, 
en el oscuro desván del lirio, 
en nuestra cama de la luna 
y en la danza que sueña la tortuga. 
           ¡Ay, ay, ay, ay! 
Toma este vals de quebrada cintura. 

 En Viena hay cuatro espejos 
donde juegan tu boca y los ecos. 
Hay una muerte para piano 
que pinta de azul a los muchachos. 
Hay mendigos por los tejados.
Hay frescas guirnaldas de llanto. 
          ¡Ay, ay, ay, ay! 
Toma este vals que se muere en mis brazos. 

Porque te quiero, te quiero, amor mío, 
en el desván donde juegan los niños, 
soñando viejas luces de Hungría 
por los rumores de la tarde tibia, 
viendo ovejas y lirios de nieve 
por el silencio oscuro de tu frente. 
            ¡Ay, ay, ay, ay! 
Toma este vals, este vals del "Te quiero siempre". 

En Viena bailaré contigo 
con un disfraz que tenga 
cabeza de río. 
¡Mira qué orillas tengo de jacintos! 
Dejaré mi boca entre tus piernas, 
mi alma en fotografías y azucenas, 
y en las ondas oscuras de tu andar 
quiero, amor mío, amor mío, dejar, 
violín y sepulcro, las cintas del vals. 

Federico García Lorca 
(Poeta en Nueva York, 1929-1930)

Leonard Cohen realizó una versión de este poema, titulada "Take this waltz", en su disco I'm your man (Columbia, Sony Music, 1988). Este videoclip aúna la Granada de Lorca y la música de Cohen. 


La cantante española Ana Belén realizó otra versión en castellano (incluida en su disco Lorquiana, 1998) partiendo de la música de Cohen.

miércoles, 18 de agosto de 2021

Adivinanza de la guitarra

                   Guitarrista, Stepan Kovarik (1959)

En la redonda
encrucijada,
seis doncellas
bailan.
Tres de carne
y tres de plata.
Los sueños de ayer las buscan,
pero las tiene abrazadas
un Polifemo de oro.
¡La guitarra!

Federico García Lorca
(Poema del cante jondo, 1921)

viernes, 5 de junio de 2020

Norma y paraíso de los negros

               Noche de primavera en el río Harlem, Ernest Lawson (1913)

    Odian la sombra del pájaro
sobre el pleamar de la blanca mejilla
y el conflicto de luz y viento
en el salón de la nieve fría.

    Odian la flecha sin cuerpo,
el pañuelo exacto de la despedida,
la aguja que mantiene presión y rosa
en el gramíneo rubor de la sonrisa.

    Aman el azul desierto,
las vacilantes expresiones bovinas,
la mentirosa luna de los polos,
la danza curva del agua en la orilla.

    Con la ciencia del tronco y del rastro
llenan de nervios luminosos la arcilla
y patinan lúbricos por aguas y arenas
gustando la amarga frescura de su milenaria saliva.

    Es por el azul crujiente,
azul sin un gusano ni una huella dormida,
donde los huevos de avestruz quedan eternos
y deambulan intactas las lluvias bailarinas.

    Es por el azul sin historia,
azul de una noche sin temor de día,
azul donde el desnudo del viento va quebrando
los camellos sonámbulos de las nubes vacías.

    Es allí donde sueñan los torsos bajo la gula de la hierba.
Allí los corales empapan la desesperación de la tinta,
los durmientes borran sus perfiles bajo la madeja de los caracoles
y queda el hueco de la danza sobre las últimas cenizas.

Federico García Lorca
(Poeta en Nueva York, 1929-1930)

viernes, 11 de octubre de 2019

La monja gitana

 
                      Monja, Ramón Casas (h. 1925)

Silencio de cal y mirto.
Malvas en las hierbas finas.
La monja borda alhelíes
sobre una tela pajiza.
Vuelan en la araña gris,
siete pájaros del prisma.
La iglesia gruñe a lo lejos
como un oso panza arriba.
¡Qué bien borda! ¡Con qué gracia!
Sobre la tela pajiza,
ella quisiera bordar
flores de su fantasía.
¡Qué girasol! ¡Qué magnolia
de lentejuelas y cintas!
¡Qué azafranes y qué lunas,
en el mantel de la misa!
Cinco toronjas se endulzan
en la cercana cocina.
Las cinco llagas de Cristo
cortadas en Almería.
Por los ojos de la monja
galopan dos caballistas.
Un rumor último y sordo
le despega la camisa,
y al mirar nubes y montes
en las yertas lejanías,
se quiebra su corazón
de azúcar y yerbaluisa.
¡Oh!, qué llanura empinada
con veinte soles arriba.
¡Qué ríos puestos de pie
vislumbra su fantasía!
Pero sigue con sus flores,
mientras que de pie, en la brisa,
la luz juega el ajedrez
alto de la celosía.


Federico García Lorca
(Romancero gitano, 1928)

jueves, 4 de abril de 2019

Balada de la placeta

                                     El corro, Carl Massmann (h. 1928)

    Cantan los niños
en la noche quieta;
¡arroyo claro,

fuente serena!

LOS NIÑOS

    ¿Qué tiene tu divino
corazón en fiesta?

YO

    Un doblar de campanas
perdidas en la niebla.

LOS NIÑOS

    Ya nos dejas cantando
en la plazuela.
¡Arroyo claro,
fuente serena!

    ¿Qué tienes en tus manos
de primavera?

YO

    Una rosa de sangre
y una azucena.

LOS NIÑOS

    Mójalas en el agua
de la canción añeja.
¡Arroyo claro,
fuente serena!

    ¿Qué sientes en tu boca
roja y sedienta?

YO

    El sabor de los huesos
de mi gran calavera.

LOS NIÑOS

    Bebe el agua tranquila
de la canción añeja.
¡Arroyo claro,
fuente serena!

    ¿Por qué te vas tan lejos
de la plazuela?

YO

    ¡Voy en busca de magos
y de princesas!

LOS NIÑOS

    ¿Quién te enseñó el camino
de los poetas?

YO

    La fuente y el arroyo
de la canción añeja.

LOS NIÑOS

    ¿Te vas lejos, muy lejos
del mar y de la tierra?

YO

    Se ha llenado de luces
mi corazón de seda,
de campanas perdidas,
de lirios y de abejas,
y yo me iré muy lejos,
más allá de esas sierras,
más allá de los mares,
cerca de las estrellas,
para pedirle a Cristo
Señor que me devuelva
mi alma antigua de niño,
madura de leyendas,
con el gorro de plumas
y el sable de madera.

LOS NIÑOS

    Ya nos dejas cantando
en la plazuela,
¡arroyo claro,
fuente serena!

    Las pupilas enormes
de las frondas resecas,
heridas por el viento,
lloran las hojas muertas.
 

Federico García Lorca
(Libro de poemas, 1921)


La Billy Boom Band (o, lo que es lo mismo, La sonrisa de Julia) ha realizado una preciosa versión de este poema en su último disco Lorcapop, homenaje a Federico García Lorca con motivo del centenario de su llegada a la Residencia de Estudiantes.

domingo, 20 de mayo de 2018

Canción de jinete


                                   Paco Ibáñez interpreta este hermoso y trágico poema de Lorca

     En la luna negra
de los bandoleros,
cantan las espuelas.

     Caballito negro.
¿Dónde llevas tu jinete muerto?

     ...Las duras espuelas
del bandido inmóvil
que perdió las riendas.

     Caballito frío.
¡Qué perfume de flor de cuchillo!

     En la luna negra
sangraba el costado
de Sierra Morena.

     Caballito negro.
¿Dónde llevas tu jinete muerto?

     La noche espolea
sus negros ijares
clavándose estrellas.

     Caballito frío.
¡Qué perfume de flor de cuchillo!

     En la luna negra,
¡un grito! y el cuerno
largo de la hoguera.

     Caballito negro.
¿Dónde llevas tu jinete muerto?


Federico García Lorca
(Canciones, 1921-1924)

domingo, 26 de noviembre de 2017

Casida de la mujer tendida

                     Desnudo moteado de sol, Frederick Carl Frieseke (1915)

    Verte desnuda es recordar la tierra.
La tierra lisa, limpia de caballos.
La tierra sin un junco, forma pura
cerrada al porvenir: confín de plata.

    Verte desnuda es comprender el ansia
de la lluvia que busca débil talle,
o la fiebre del mar de inmenso rostro
sin encontrar la luz de su mejilla.

    La sangre sonará por las alcobas
y vendrá con espada fulgurante,
pero tú no sabrás dónde se ocultan
el corazón de sapo o la violeta.

    Tu vientre es una lucha de raíces,
tus labios son un alba sin contorno,
bajo las rosas tibias de la cama
los muertos gimen esperando turno.


Federico García Lorca
(Diván del Tamarit, 1936)

martes, 18 de octubre de 2016

Muerte de Antoñito el Camborio

                    El castillo de Alcalá de Guadaíra, David Roberts (1833)

    Voces de muerte sonaron
cerca del Guadalquivir.
Voces antiguas que cercan
voz de clavel varonil.
Les clavó sobre las botas
mordiscos de jabalí.
En la lucha daba saltos
jabonados de delfín.
Bañó con sangre enemiga
su corbata carmesí,
pero eran cuatro puñales
y tuvo que sucumbir.
Cuando las estrellas clavan
rejones al agua gris,
cuando los erales sueñan
verónicas de alhelí,
voces de muerte sonaron
cerca del Guadalquivir.


                      * 


    Antonio Torres Heredia,
Camborio de dura crin,
moreno de verde luna,
voz de clavel varonil:
¿Quién te ha quitado la vida
cerca del Guadalquivir?
Mis cuatro primos Heredias
hijos de Benamejí.
Lo que en otros no envidiaban,
ya lo envidiaban en mí.
Zapatos color corinto,
medallones de marfil,
y este cutis amasado
con aceituna y jazmín.
¡Ay Antoñito el Camborio
digno de una Emperatriz!
Acuérdate de la Virgen
porque te vas a morir.
¡Ay Federico García,
llama a la Guardia Civil!
Ya mi talle se ha quebrado
como caña de maíz.

                         *

    Tres golpes de sangre tuvo
y se murió de perfil.
Viva moneda que nunca
se volverá a repetir.
Un ángel marchoso pone
su cabeza en un cojín.
Otros de rubor cansado,
encendieron un candil.
Y cuando los cuatro primos
llegan a Benamejí,
voces de muerte cesaron
cerca del Guadalquivir.


Federico García Lorca
(Romancero gitano, 1928)

martes, 16 de febrero de 2016

Preciosa y el aire

 La pequeña panderetera, François-Alfred Delobbe (1884)

    Su luna de pergamino
Preciosa tocando viene
por un anfibio sendero
de cristales y laureles.
El silencio sin estrellas,
huyendo del sonsonete,
cae donde el mar bate y canta
su noche llena de peces.
En los picos de la sierra
los carabineros duermen
guardando las blancas torres
donde viven los ingleses.
Y los gitanos del agua
levantan por distraerse,
glorietas de caracolas
y ramas de pino verde.

                      *
    Su luna de pergamino
Preciosa tocando viene.
Al verla se ha levantado
el viento, que nunca duerme.
San Cristobalón desnudo,
lleno de lenguas celestes,
mira la niña tocando
una dulce gaita ausente.


    Niña, deja que levante
tu vestido para verte.
Abre en mis dedos antiguos
la rosa azul de tu vientre.


    Preciosa tira el pandero
y corre sin detenerse.
El viento-hombrón la persigue
con una espada caliente.


    Frunce su rumor el mar.
Los olivos palidecen.
Cantan las flautas de umbría
y el liso gong de la nieve.


    ¡Preciosa, corre, Preciosa,
que te coge el viento verde!
¡Preciosa, corre, Preciosa!
¡Míralo por dónde viene!
Sátiro de estrellas bajas
con sus lenguas relucientes.

                           *
    Preciosa, llena de miedo,
entra en la casa que tiene,
más arriba de los pinos,
el cónsul de los ingleses.


    Asustados por los gritos
tres carabineros vienen,
sus negras capas ceñidas
y los gorros en las sienes.


    El inglés da a la gitana
un vaso de tibia leche,
y una copa de ginebra
que Preciosa no se bebe.


    Y mientras cuenta, llorando,
su aventura a aquella gente,
en las tejas de pizarra
el viento, furioso, muerde.


Federico García Lorca
(Romancero gitano, 1928)

domingo, 10 de enero de 2016

¡Qué vidrios se me clavan en la lengua!


                          Idilio, Lawrence Koe (h. 1908-1911)

LEONARDO.      ¡Qué vidrios se me clavan en la lengua!
                     Porque yo quise olvidar
                     y puse un muro de piedra
                     entre tu casa y la mía.
                     Es verdad. ¿No lo recuerdas?
                     Y cuando te vi de lejos
                     me eché en los ojos arena.
                     Pero montaba a caballo
                     y el caballo iba a tu puerta.
                     Con alfileres de plata
                     mi sangre se puso negra,
                     y el sueño me fue llenando
                     las carnes de mala hierba.
                     Que yo no tengo la culpa,
                     que la culpa es de la tierra
                     y de ese olor que te sale
                     de los pechos y las trenzas.

NOVIA.           ¡Ay qué sinrazón! No quiero
                     contigo cama ni cena,
                     y no hay minuto del día
                     que estar contigo no quiera,
                     porque me arrastras y voy,
                     y me dices que me vuelva
                     y te sigo por el aire
                     como una brizna de hierba.
                     He dejado a un hombre duro
                     y a toda su descendencia
                     en la mitad de la boda
                     y con la corona puesta.
                     Para ti será el castigo
                     y no quiero que lo sea.
                     ¡Déjame sola! ¡Huye tú!
                     No hay nadie que te defienda.

LEONARDO.    Pájaros de la mañana
                     por los árboles se quiebran.
                     La noche se está muriendo
                     en el filo de la piedra.
                     Vamos al rincón oscuro
                     donde yo siempre te quiera,
                     que no me importa la gente
                     ni el veneno que nos echa.


Federico García Lorca
(Bodas de sangre, 1933)

miércoles, 18 de febrero de 2015

La aurora

                   Puente de Brooklyn, Joseph Stella (1919-1920)

La aurora de Nueva York tiene
cuatro columnas de cieno
y un huracán de negras palomas
que chapotean las aguas podridas.

La aurora de Nueva York gime
por las inmensas escaleras
buscando entre las aristas
nardos de angustia dibujada.

La aurora llega y nadie la recibe en su boca
porque allí no hay mañana ni esperanza posible.
A veces las monedas en enjambres furiosos
taladran y devoran abandonados niños.

Los primeros que salen comprenden con sus huesos
que no habrá paraíso ni amores deshojados;
saben que van al cieno de números y leyes,
a los juegos sin arte, a sudores sin fruto.

La luz es sepultada por cadenas y ruidos
en impúdico reto de ciencia sin raíces.
Por los barrios hay gentes que vacilan insomnes
como recién salidas de un naufragio de sangre.


Federico García Lorca
(Poeta en Nueva York, 1929-1930)

viernes, 28 de febrero de 2014

Romance de la pena negra

                    El aseo de la gitana, Édouard Debat-Ponsan (1896)

Las piquetas de los gallos
cavan buscando la aurora,
cuando por el monte oscuro
baja Soledad Montoya.
Cobre amarillo, su carne,
huele a caballo y a sombra.
Yunques ahumados sus pechos,
gimen canciones redondas.
Soledad: ¿por quién preguntas
sin compaña y a estas horas?
Pregunte por quien pregunte,
dime: ¿a ti qué se te importa?
Vengo a buscar lo que busco,
mi alegría y mi persona.
Soledad de mis pesares,
caballo que se desboca,
al fin encuentra la mar
y se lo tragan las olas.
No me recuerdes el mar,
que la pena negra, brota
en las tierras de aceituna
bajo el rumor de las hojas.
¡Soledad, qué pena tienes!
¡Qué pena tan lastimosa!
Lloras zumo de limón
agrio de espera y de boca.
¡Qué pena tan grande! Corro
mi casa como una loca,
mis dos trenzas por el suelo,
de la cocina a la alcoba.
¡Qué pena! Me estoy poniendo
de azabache carne y ropa.
¡Ay mis camisas de hilo!
¡Ay mis muslos de amapola!
Soledad: lava tu cuerpo
con agua de las alondras,
y deja tu corazón
en paz, Soledad Montoya. 


                      *

Por abajo canta el río:
volante de cielo y hojas.
Con flores de calabaza,
la nueva luz se corona.
¡Oh pena de los gitanos!
Pena limpia y siempre sola.
¡Oh pena de cauce oculto
y madrugada remota!


Federico García Lorca
(Romancero gitano, 1928)

domingo, 15 de diciembre de 2013

Baladilla de los tres ríos

             Vista del río Guadalquivir, Manuel Barrón y Carrillo (1854)
                                                                                A Salvador Quintero
    El río Guadalquivir
va entre naranjos y olivos.
Los dos ríos de Granada
bajan de la nieve al trigo.
 

    ¡Ay, amor
que se fue y no vino!


    El río Guadalquivir
tiene las barbas granates.
Los dos ríos de Granada,
uno llanto y otro sangre.

    ¡Ay, amor
que se fue por el aire!


    Para los barcos de vela
Sevilla tiene un camino;
por el agua de Granada
solo reman los suspiros.

    ¡Ay, amor
que se fue y no vino!


    Guadalquivir, alta torre
y viento en los naranjales.
Dauro y Genil, torrecillas
muertas sobre los estanques.

    ¡Ay, amor
que se fue por el aire!


    ¡Quién dirá que el agua lleva
un fuego fatuo de gritos!

    ¡Ay, amor
que se fue y no vino!


    Lleva azahar, lleva olivas,
Andalucía, a tus mares.

    ¡Ay, amor
que se fue por el aire!


Federico García Lorca
(Poema del cante jondo, 1921)

lunes, 8 de abril de 2013

Romance sonámbulo

Encina en el lago Albano, Italia, 1846, por John F. Kensett
                  Encina en el lago Albano, John F. Kensett (1846)

                                                                       A Gloria Giner
                                                                                                                 y a Fernando de los Ríos

Verde que te quiero verde. 
Verde viento. Verdes ramas. 
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura
ella sueña en su baranda,
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana,
las cosas le están mirando
y ella no puede mirarlas.

                   * 

Verde que te quiero verde.
Grandes estrellas de escarcha,
vienen con el pez de sombra
que abre el camino del alba.
La higuera frota su viento
con la lija de sus ramas,
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.
¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde...?
Ella sigue en su baranda,
verde carne, pelo verde,
soñando en la mar amarga.

                  *

Compadre, quiero cambiar
mi caballo por su casa,
mi montura por su espejo,
mi cuchillo por su manta.
Compadre, vengo sangrando,
desde los puertos de Cabra.
Si yo pudiera, mocito,
este trato se cerraba.
Pero yo ya no soy yo.
Ni mi casa es ya mi casa.
Compadre, quiero morir
decentemente en mi cama.
De acero, si puede ser,
con las sábanas de holanda.
¿No veis la herida que tengo
desde el pecho a la garganta?
Trescientas rosas morenas
lleva tu pechera blanca.
Tu sangre rezuma y huele
alrededor de tu faja.
Pero yo ya no soy yo.
Ni mi casa es ya mi casa.
Dejadme subir al menos
hasta las altas barandas,
¡dejadme subir!, dejadme
hasta las verdes barandas.
Barandales de la luna
por donde retumba el agua.

                      *

Ya suben los dos compadres
hacia las altas barandas.
Dejando un rastro de sangre.
Dejando un rastro de lágrimas.
Temblaban en los tejados
farolillos de hojalata.
Mil panderos de cristal
herían la madrugada.

                      *

Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
Los dos compadres subieron.
El largo viento dejaba
en la boca un raro gusto
de hiel, de menta y de albahaca.
¡Compadre! ¿Dónde está, dime?
¿Dónde está tu niña amarga?
¡Cuántas veces te esperó!
¡Cuántas veces te esperara,
cara fresca, negro pelo,
en esta verde baranda!

                   *

Sobre el rostro del aljibe,
se mecía la gitana.
Verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Un carámbano de luna
la sostiene sobre el agua.
La noche su puso íntima
como una pequeña plaza.
Guardias civiles borrachos
en la puerta golpeaban.
Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar.
Y el caballo en la montaña.

Federico García Lorca
(Romancero gitano, 1928)

sábado, 2 de marzo de 2013

La casada infiel

             Estanque de nenúfares y sauce llorón, Claude Monet (1840-1926)
                                                                                                                                             A Lydia Cabrera y a su negrita
      Y que yo me la llevé al río
creyendo que era mozuela,
pero tenía marido. 

Fue la noche de Santiago
y casi por compromiso.
Se apagaron los faroles
y se encendieron los grillos.
En las últimas esquinas
toqué sus pechos dormidos,
y se me abrieron de pronto
como ramos de jacintos.
El almidón de su enagua
me sonaba en el oído,
como una pieza de seda
rasgada por diez cuchillos.
Sin luz de plata en sus copas
los árboles han crecido,
y un horizonte de perros
ladra muy lejos del río. 


                       * 
     Pasadas las zarzamoras,
los juncos y los espinos,
bajo su mata de pelo
hice un hoyo sobre el limo.
Yo me quité la corbata.
Ella se quitó el vestido.
Yo el cinturón con revólver.
Ella sus cuatro corpiños.
Ni nardos ni caracolas
tienen el cutis tan fino,
ni los cristales con luna
relumbran con ese brillo.
Sus muslos se me escapaban
como peces sorprendidos,
la mitad llenos de lumbre,
la mitad llenos de frío.
Aquella noche corrí
el mejor de los caminos,
montado en potra de nácar
sin bridas y sin estribos.
No quiero decir, por hombre,
las cosas que ella me dijo.
La luz del entendimiento
me hace ser muy comedido.
Sucia de besos y arena
yo me la llevé del río.
Con el aire se batían
las espadas de los lirios. 


     Me porté como quien soy.
Como un gitano legítimo.
La regalé un costurero
grande de raso pajizo,
y no quise enamorarme
porque teniendo marido
me dijo que era mozuela
cuando la llevaba al río.


Federico García Lorca
(Romancero gitano, 1928)

miércoles, 23 de noviembre de 2011

El lagarto está llorando


   ... Federico García Lorca (1898-1936)
...................................................................  A mademoiselle Teresita Guillén
......................................................................tocando su piano de seis notas

...El lagarto está llorando.
La lagarta está llorando.

...El lagarto y la lagarta
con delantalitos blancos.

...Han perdido sin querer
su anillo de desposados.

...¡Ay, su anillito de plomo,
ay, su anillito plomado!

...Un cielo grande y sin gente
monta en su globo a los pájaros.

...El sol, capitán redondo,
lleva un chaleco de raso.

...¡Miradlos qué viejos son!
¡Qué viejos son los lagartos!

...¡Ay cómo lloran y lloran,
¡ay!, ¡ay!, cómo están llorando! 

Federico García Lorca
(Canciones, 1921-1924)
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