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martes, 31 de agosto de 2021

Rose is a rose is a rose is a rose ou da denominación das especies

                Día de verano junto al mar, Hans Busse (h. 1914)

Bergk di que a historia dun texto é coma unha longa caricia.
cando Gertrude Stein contradí a Shakespeare utiliza case as 
               mesmas palabras
algo similar acontece
coa denominación das especies. 

imaxina recibir o nome dun naturalista xesuíta que se despraza
               ás Filipinas no XVII
e nin sequera repara en ti,
porque os bosques de sándalo
ou os tarsios
—esa familia de primates minúsculos con ollos de oliva—
conseguen distraelo,
tirándolle das puntas da capa cuns dedos case humanos.

algunhas neves máis tarde, entre os muros da Universidade de
              Uppsala
o príncipe dos botánicos bautízate en homenaxe a aquel que non
              te distinguiu,
mentres no leste asiático
infusionan sen descanso as túas follas,
e protexen os cabelos das rapazas ou o fío das espadas con aceite
              extraído das sementes.
té branco ou té negro, corte limpo ou ferida:
ao fin, son os procesos de oxidación os que sentencian
todo.

nosoutras, que nacemos atadas a París,
e aprendemos nas novelas de Dumas
a apreixar contra o peito un ramo de camelias coa esencia
              mínima
—para evitar a tose,
para evitarmos toda convulsión—,
vixiamos despois a súa floración
na profusa constelación de pazos galegos. 

así, a eclosión invernal é sempre un disparo,
e cada flor, cranio ou ánfora,
preámbulo dunha caída rotunda,
pétalos corrompidos pola humidade
cando tocan a terra.

esa, non o esquezas, será a nosa oración:
ao fin, son os procesos de oxidación os que sentencian
todo.

Alba Cid
(Atlas, 2019)

Versión al castellano de Un poema cada día

Rose is a rose is a rose is a rose o de la denominación de las especies

Bergk dice que la historia de un texto es como una larga caricia.
cuando Gertrude Stein contradice a Shakespeare utiliza casi las 
                 mismas palabras
algo similar acontece
con la denominación de las especies.

imagina recibir el nombre de un naturalista jesuita que se desplaza 
               a las Filipinas en el XVII
y ni siquiera repara en ti,
porque los bosques de sándalo
o los tarsios
—esa familia de primates minúsculos con ojos de oliva—
consiguen distraerlo,
tirándole de las puntas de la capa con unos dedos casi humanos.

algunas nieves más tarde, entre los muros de la Universidad de
               Uppsala
el príncipe de los botánicos te bautiza en homenaje a aquel que no
               te distinguió,
mientras en el este asiático
infusionan sin descanso tus hojas,
y protegen los cabellos de las jóvenes o el filo de las espadas con aceite
              extraído de las semillas.
té blanco o té negro, corte limpio o herida:
al final, son los procesos de oxidación los que sentencian
todo. 

nosotras, que nacemos atadas a París,
y aprendemos en las novelas de Dumas
a estrechar contra el pecho un ramo de camelias con la esencia
               mínima
—para evitar la tos,
para evitarnos toda convulsión—,
vigilamos después su floración
en la profusa constelación de pazos gallegos.

así, la eclosión invernal es siempre un disparo,
y cada flor, cráneo o ánfora,
preámbulo de una caída rotunda,
pétalos corrompidos por la humedad
cuando tocan tierra. 

esa, no lo olvides, será nuestra oración:
al final, son los procesos de oxidación los que sentencian
todo.

Alba Cid
(Atlas, 2019)

miércoles, 23 de diciembre de 2020

Tríptico


Mujer alimentando a las gallinas,
Jean-François Millet (h. 1846-1848)
 
óleo sobre tea, a avoa reproduce unha escena de Millet
 
a súa man dereita oscila tres veces,
sementando cristais de sal ante a inminencia da tormenta, coma se a moeda do mar bastase para salvarnos. as nenas obsérvanos desaparecer en contacto co cemento do patio, e son xoias
un fragmento de segundo, algo que sinalar cos dedos mentres se perde.
a chuvia impide que os salmos se adhiran ás cativas
e a man que foi péndulo volve á cadeira; como a caléndula, sabe
repregarse.
 
cando se pranta un bonsai disponse fóra do centro para facer espazo ao divino:
así ela, conxurando o mal
desde un vértice.
 
óleo sobre madeira, o pai di
 
que recrutar é unha arte.
garda moitas cousas para si: a hora en que a neve azulea sobre a orografía suíza, o primeiro dente da filla, o estalido do óso do 
peito
 
garda silencio. nunca prantaría un bonsai.
sabe despegar a sombra
do corpo
dos paxaros.
 
acrílico sobre papel, a filla repite
 
similia similiabus curantur mentres atravesa o patio. cando naceu, penduránronlle unhas cornas de vacaloura no pulso.
un cento de quilómetros ao oeste, os mariñeiros recollen estrelamares para fertilizar a terra. ela descoñéceo.
imprudente,
colócase no centro e alza a vista, para capturar o brillo que foi
da Vía Láctea. 
 
Alba Cid
(Atlas, 2019)
 
Versión al  castellano de Un poema cada día
 
óleo sobre tela, la abuela reproduce una escena de Millet
 
Su mano derecha oscila tres veces,
sembrando cristales de sal ante la inminencia de la tormenta,
como si la moneda del mar fuese suficiente para salvarnos.  Las niñas los miran desaparecer en contacto con el cemento del patio, y son joyas
un fragmento de segundo, algo que señalar con los dedos mientras se pierde.
la lluvia impide que los salmos se adhieran a las cautivas
y la mano que fue péndulo vuelve a la cadera; como la caléndula, sabe
replegarse.

cuando se planta un bonsái se coloca fuera del centro para dejar espacio a lo divino:
así ella, conjurando el mal
desde un vértice.

óleo sobre madera, el padre dice

que coleccionar es un arte.
guarda muchas cosas para sí: la hora en que la nieve azulea sobre la orografía suiza, el primer diente de la hija, el estallido del hueso del 
pecho

guarda silencio. nunca plantaría un bonsái.

sabe despegar la sombra
del cuerpo
de los pájaros.

acrílico sobre papel, la hija repite

similia similiabus curantur mientras atraviesa el patio. cuando nació, le colgaron unos cuernos de ciervo volante en la muñeca.
un centenar de kilómetros al oeste, los marineros recogen estrellas de mar para fertilizar la tierra. ella lo desconoce.
imprudente,
se coloca en el centro y alza la vista, para capturar el brillo que fue

de la Vía Láctea.

Alba Cid
(Atlas, 2019)

La poeta orensana Alba Cid ha ganado con Atlas (Editorial Galaxia, 2019) el Premio Nacional de Poesía Joven Miguel Hernández 2020.
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