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sábado, 3 de mayo de 2025

En los ecos del órgano o en el rumor del viento

                 Una curva en el río, Louis Aston Knigth (1873-1948)

En los ecos del órgano o en el rumor del viento,
en el fulgor de un astro o en la gota de lluvia,
te adivinaba en todo y en todo te buscaba,
         sin encontrarte nunca.

Quizás después te ha hallado, te ha hallado y te ha perdido
otra vez, de la vida en la batalla ruda,
ya que sigue buscándote y te adivina en todo,
        sin encontrarte nunca.

Pero sabe que existes y no eres vano sueño,
hermosura sin nombre, pero perfecta y única;
por eso vive triste, porque te busca siempre
         sin encontrarte nunca.

Rosalía de Castro
(En las orillas del Sar, 1884)

viernes, 25 de octubre de 2024

Los Robles (I)

                Abuelos y nieto junto a la chimenea, Anónimo (Siglo XIX)

    Allá en tiempos que fueron, y el alma
han llenado de santos recuerdos, 
de mi tierra en los campos hermosos, 
la riqueza del pobre era el fuego, 
que al brillar de la choza en el fondo, 
calentaba los rígidos miembros 
por el frío y el hambre ateridos 
            del niño y del viejo. 

    De la hoguera sentados en torno, 
en sus brazos la madre arrullaba 
             al infante robusto; 
daba vuelta, afanosa la anciana 
en sus dedos nudosos, al huso, 
y al alegre fulgor de la llama, 
ya la joven la harina cernía, 
            o ya desgranaba 
con su mano callosa y pequeña, 
del maíz las mazorcas doradas. 

    Y al amor del hogar calentándose 
en invierno, la pobre familia 
campesina, olvidaba la dura 
condición de su suerte enemiga; 
y el anciano y el niño, contentos 
en su lecho de paja dormían, 
como duerme el polluelo en su nido 
cuando el ala materna le abriga.

Rosalía de Castro
(En las orillas del Sar, 1884)

martes, 2 de enero de 2024

Cenicientas las aguas, los desnudos

                 Lluvia en Mont Plaisant, Albert Marquet (1944)

Cenicientas las aguas, los desnudos
árboles y los montes cenicientos;
parda la bruma que los vela y pardas
las nubes que atraviesan por el cielo;
triste, en la tierra, el color gris domina,
            ¡el color de los viejos!

De cuando en cuando de la lluvia el sordo
           rumor suena, y el viento
           al pasar por el bosque
           silba o finge lamentos
tan extraños, tan hondos y dolientes
que parece que llaman por los muertos.

Seguido del mastín, que helado tiembla,
          el labrador, envuelto
en su capa de juncos, cruza el monte;
          el campo está desierto,
y tan solo en los charcos que negrean
del ancho prado entre el verdor intenso
posa el vuelo la blanca gaviota,
          mientras graznan los cuervos.

          Yo desde mi ventana,
que azotan los airados elementos,
regocijada y pensativa escucho
          el discorde concierto
          simpático a mi alma...
          ¡Oh, mi amigo el invierno!,
mil y mil veces bien venido seas,
mi sombrío y adusto compañero.
¿No eres acaso el precursor dichoso
del tibio mayo y del abril risueño?

¡Ah, si el invierno triste de la vida,
como tú de las flores y los céfiros,
también precursor fuera de la hermosa
y eterna primavera de mis sueños...!

Rosalía De Castro
(En las orillas del Sar, 1884)

lunes, 15 de octubre de 2018

Airiños, airiños aires

                             Paisaje en Chaponval, Camille Pissarro (1880) 

Airiños, airiños aires,
airiños da miña terra;
airiños, airiños aires,
airiños, leváime a ela
.

 

Sin ela vivir non podo,
non podo vivir contenta;
que adonde queira que vaia
cróbeme unha sombra espesa.
Cróbeme unha espesa nube,
tal preñada de tormentas,
tal de soidás preñada,
que a miña vida envenena.
Leváime, leváime, airiños,
como unha folliña seca,
que seca tamén me puxo
a callentura que queima.
¡Ai!, si non me levás pronto,
airiños da miña terra;
si non me levás, airiños,
quisáis xa non me conesan,
que a febre que de min come,
vaime consumindo lenta,
e no meu corazonciño
tamén traidora se ceiba.

Fun noutro tempo encarnada
como a color de sireixa;
son hoxe descolorida
como os cirios das igrexas,
cal si unha meiga chuchona
a miña sangre bebera.
Voume quedando muchiña
como unha rosa que inverna;
voume sin forzas quedando,
voume quedando morena
cal unha mouriña moura,
filla de moura ralea.

Leváime, leváime, airiños,
leváime a donde me esperan
unha nai que por min chora,
un pai que sin min n'alenta,
un irmán por quen daría
a sangre das miñas venas,
e un amoriño a quen alma
e vida lle prometera.
Si pronto non me levades,
¡ai!, morrerei de tristeza,
soia nunha terra estraña,
donde estraña me alcumean,
donde todo canto miro
tomo me dice: –¡Extranxeira!

¡Ai, miña probe casiña!
¡Ai, miña vaca bermella!
Años que balás nos montes,
pombas que arrulás nas eiras,
mozos que atruxás bailando,
redobre das castañetas,
xas-co-rras-chás das cunchiñas,
xurre-xurre das pandeiras,
tambor do tamborileiro,
gaitiña, gaita gallega,
xa non me alegras dicindo:
–¡Muiñeira, muiñeira!,
¡Ai, quén fora paxariño
de leves alas lixeiras!
¡Ai, con qué prisa voara,
toliña de tan contenta,
para cantar a alborada
nos campos da miña terra!
Agora mesmo partira,
partira como unha frecha,
sin medo ás sombras da noite,
sin medo da noite negra;
e que chovera ou ventara,
e que ventara ou chovera,
voaría e voaría
hastra que alcansase a vela.
Pero non son paxariño
e iréi morrendo de pena,
xa en lágrimas convertida,
xa en sospiriños desfeita.

 

Doces galleguiños aires,
quitadoiriños de penas,
encantadores das auguas,
amantes das arboredas,
música das verdes canas
do millo das nosas veigas,
alegres compañeiriños,
run-rum de tódalas festas,
leváime nas vosas alas
como unha folliña seca.
 

Non permitás que aquí morra,
airiños da miña terra,
que aínda penso que de morta
hei de sospirar por ela.
Aínda penso, airiños aires,
que dimpóis que morta sea,
e aló polo camposanto
donde enterrada me teñan,
pasés na calada noite
runxindo antre a folla seca,
ou murmuxando medrosos
antre as brancas calaveras;
inda dimpóis de mortiña,
airiños da miña terra,
heivos de berrar: ¡Airiños,
airiños, leváime a ela!


Rosalía de Castro
(Cantares gallegos, 1863)

Versión al castellano de Un poema cada día

Airecillos, airecillos,
airecillos de mi tierra,
airecillos, airecillos,
airecillos, llevadme a ella.

Sin ella vivir no puedo,
no puedo vivir contenta;
que adonde quiera que vaya
cúbreme una sombra espesa.
Cúbreme una espesa nube,
tan preñada de tormentas,
tan de soledad preñada,
que hasta mi vida envenena.
Llevadme, llevadme, airecillos,
como una hojita seca,
que seca también me puso
la calentura que quema.
¡Ay!, si no me lleváis pronto,
airecillos de mi tierra;
si no me lleváis, airecillos,
quizás ya no me conozcan,
que la fiebre que me come,
vame consumiendo lenta,
y en mi corazoncito
también traidora se ceba.

Fui en otro tiempo encarnada
como color de cereza;
estoy hoy descolorida
como los cirios de iglesias,
como si bruja chupona
mi sangre se la bebiera.
Me voy quedando marchita
como una rosa que inverna;
me voy sin fuerzas quedando,
me voy quedando morena
como una morita mora,
hija de mora ralea.

Llevadme, llevadme, airecillos,
llevadme a donde me esperan
la madre que por mí llora,
padre que sin mí no alienta,
hermano por quien daría
toda sangre de mis venas,
y un amorcito a quien alma
y vida le prometiera.
Si pronto no me lleváis,
¡ay!, moriré de tristeza,
sola en una tierra extraña,
donde extraña me motejan,
donde todo cuanto miro
todo me dice: –¡Extranjera!
¡Ay, mi pobre casita!,
¡ay, mi vaca bermeja!
Corderos que baláis en montes,
palomas que arrulláis en eras,
mozos que gritáis bailando,
redoble de castañuelas,
xas-co-rras-chás de conchitas,
xurre-xurre de panderas,
tambor del tamborilero,
gaitita, gaita gallega,
ya no me alegráis diciendo:
–¡Muñeira, muñeira!,
¡Ay, quién fuera pajarito
de leves alas ligeras!
¡Ay, con qué prisa volara,
loquita de tan contenta,
para cantar la alborada
en los campos de mi tierra!
Ahora mismo partiera,
partiera como una flecha,
sin miedo a sombras de la noche,
sin miedo de la noche negra;
y que lloviera o venteara,
y que venteara o lloviera,
volaría y volaría
hasta que alcanzase a verla.
Pero no soy pajarito
e iré muriendo de pena,
ya en lágrimas convertida,
ya en suspiritos deshecha.

Dulces galleguitos aires,
quitadorcillos de penas,
encantadores de aguas,
amantes de arboledas,
música de verdes cañas
del maíz de nuestras vegas,
alegres compañeritos,
runrún de todas las fiestas,
llevadme en vuestras alas
como una hojita seca.

No permitáis que aquí muera,
airecillos de mi tierra,
que aun pienso que de muerta,
he de suspirar por ella.
Aun pienso, airecillos aires,
que después que muerta sea,
y allí por el camposanto
donde enterrada me tengan,
paséis en callada noche
resonando entra hoja seca,
o murmurando medrosos
entre blancas calaveras;
aun después de muertecita,
airecillos de mi tierra,
he de gritar: ¡Airecillos,
airecillos, llevadme a ella!

(Cantares gallegos, 1863)

lunes, 19 de junio de 2017

Cando ninguén os mira

                           Ladera arbolada, Albert Bierstadt (1830-19o2)

Cando ninguén os mira,
vense rostros nubrados e sombrisos,
homes que erran cal sombras voltexantes
por veigas e campíos.
 

Un, enriba dun cómaro
séntase caviloso e pensativo;
outro, ó pe dun carballo queda inmóvil,
coa vista levantada hacia o infinito.
 

Algún, cabo da fonte recrinado
parés que escoita atento o marmurío
da auga que cai, i exhala xordamente
tristísimos sospiros.
 

¡Van a deixala patria...!
Forzoso, mais supremo sacrificio.
A miseria está negra en torno deles,
¡ai!, ¡i adiante está o abismo...!


Rosalía de Castro
(Follas novas, 1880)

Versión al castellano de Un poema cada día

Cuando nadie los mira,
vense rostros nublados y sombríos,
hombres que yerran cual sombras volteantes
por vegas y baldíos.

Uno, encima de un collado
siéntase caviloso y pensativo;
otro, al pie de un roble queda inmóvil,
con la vista levantada al infinito.

Alguno, cabe la fuente reclinado
parece que escucha atento el ruido
de agua que cae, y exhala sordamente
tristísimos suspiros...

¡Van a dejar la patria...!
Forzoso, mas supremo sacrificio.
La miseria está negra en torno de ellos,
¡ay!, ¡y delante está el abismo...!

(Hojas nuevas, 1880)

lunes, 12 de octubre de 2015

Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros

   Un riachuelo en el bosquePeder Mørk Mønsted (1895) 

Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros,
ni el onda con sus rumores, ni con su brillo los astros:
lo dicen, pero no es cierto, pues siempre cuando yo paso
de mí murmuran y exclaman: —Ahí va la loca, soñando
con la eterna primavera de la vida y de los campos,
y ya bien pronto, bien pronto, tendrá los cabellos canos,
y ve temblando, aterida, que cubre la escarcha el prado.

—Hay canas en mi cabeza, hay en los prados escarcha;
mas yo prosigo soñando, pobre, incurable sonámbula,
con la eterna primavera de la vida que se apaga
y la perenne frescura de los campos y las almas,
aunque los unos se agostan y aunque las otras se abrasan.

Astros y fuentes y flores, no murmuréis de mis sueños;
sin ellos, ¿cómo admiraros, ni cómo vivir sin ellos?

Rosalía de Castro
(En las orillas del Sar, 1884)

martes, 28 de octubre de 2014

Hora tras hora, día tras día

             Bosque en otoño con arroyo, Bruno Moras (1883-1939)

    Hora tras hora, día tras día,
entre el cielo y la tierra que quedan
             eternos vigías,
como torrente que se despeña
             pasa la vida.

     Devolvedle a la flor su perfume
            después de marchita;
de las ondas que besan la playa
y que una tras otra besándola expiran
recoged los rumores, las quejas,
y en planchas de bronce grabad su armonía.

     Tiempos que fueron, llantos y risas,
negros tormentos, dulces mentiras,
¡ay!, ¿en dónde su rastro dejaron,
en dónde, alma mía?


Rosalía de Castro
(En las orillas del Sar, 1884)

lunes, 21 de octubre de 2013

Un manso río, una vereda estrecha

  Un día de junio en el bosque cerca de Lellinge, Carl Frederik Aagaard (1878)

    Un manso río, una vereda estrecha,
un campo solitario y un pinar,
y el viejo puente rústico y sencillo
completando tan grata soledad.

     ¿Qué es soledad? Para llenar el mundo
basta a veces un solo pensamiento.
Por eso hoy, hartos de belleza, encuentras
el puente, el río y el pinar desiertos.

     No son nube ni flor los que enamoran;
eres tú, corazón, triste o dichoso,
ya del dolor y del placer el árbitro,
quien seca el mar y hace habitable el polo.


Rosalía de Castro
(En las orillas del Sar, 1884)

domingo, 20 de octubre de 2013

Algúns din ¡miña terra!

             Bosque, Agustín Lhardy Garrigues (1847-1918)

Algúns din ¡miña terra!
Din outros ¡meu cariño!

I este, ¡miñas lembranzas!
I aquel, ¡ou, meus amigos!
Todos sospiran, todos,
por algún ben perdido.
Eu só non digo nada,
eu só nunca sospiro,
que o meu corpo de terra
i o meu cansado esprito,
adondequer que eu vaia
               van comigo.


Rosalía de Castro
(Follas novas, 1880)

Versión al castellano de Un poema cada día

Algunos dicen ¡tierra mía!
Dicen otros ¡cariño mío!
Y este, ¡recuerdos míos!
Y aquel, ¡oh, amigos míos!
Todos suspiran, todos,
por algún bien perdido.
Solo yo no digo nada,
solo yo nunca suspiro,
que mi cuerpo de tierra
y mi cansado espíritu,
adondequiera que vaya
          van conmigo.

lunes, 22 de octubre de 2012

Yo no sé lo que busco eternamente

               Vierwaldstädter See, J.M.W. Turner (1775-1851)

    Yo no sé lo que busco eternamente
en la tierra, en el aire y en el cielo;
yo no sé lo que busco, pero es algo
que perdí no sé cuándo y que no encuentro,
aun cuando sueñe que invisible habita
en todo cuanto toco y cuanto veo.
 

    Felicidad, no he de volver a hallarte
en la tierra, en el aire, ni en el cielo,

            ¡aun cuando sé que existes
            y no eres vano sueño!
 

Rosalía de Castro 
(En las orillas del Sar, 1884)

lunes, 30 de mayo de 2011

Adiós, ríos; adiós, fontes (fragmento)

Adiós, ríos; adiós, fontes;
adiós, regatos pequenos;
adiós, vista dos meus ollos;
non sei cándo nos veremos.

Miña terra, miña terra,
terra donde me eu criéi,
hortiña que quero tanto,
figueiriñas que prantéi,

prados, ríos, arboredas,
pinares que move o vento,
paxariños piadores,
casiña do meu contento,

muíño dos castañares,
noites craras de luar,
campaniñas trimbadoras,
da igrexiña do lugar,

amoriñas das silveiras
que eu lle daba ó meu amor,
caminiños antre o millo,
¡adiós, para sempre adiós!

¡Adiós, groria! ¡Adiós, contento!
¡Deixo a casa onde nacín,
deixo a aldea que conoso
por un mundo que non vin!

Deixo amigos por estraños,
deixo a veiga polo mar;
deixo, en fin, canto ben quero...
¡Quén pudera no o deixar!...

Rosalía de Castro
(Cantares gallegos, 1863)


Versión en castellano de Un poema cada día


Adiós, ríos; adiós, fuentes;
adiós, arroyos pequeños;
adiós, vista de mis ojos;
no sé cuándo nos veremos.

Tierra mía, tierra mía,
tierra donde me crié,
huertita que quiero tanto,
higueritas que planté,

prados, ríos, arboledas,
pinares que mueve el viento,
pajarillos piadores,
casita de mi contento,

molino de los castañares,
noches claras de lunar,
campanitas timbradoras
de la iglesia del lugar,

moritas de los zarzales
que yo le daba a mi amor,
entre el maíz caminitos,
¡adiós, para siempre adiós!

¡Adiós, gloria! ¡Adiós, contento!
¡Dejo la casa donde nací,
dejo la aldea que conozco
por un mundo que no vi!

Dejo amigos por extraños,
dejo la vega por el mar;
dejo, en fin, cuanto bien quiero...
¡Quién no lo pudiera dejar...!

jueves, 28 de abril de 2011

Tal coma as nubes

............Tal coma as nubes
............que leva o vento,
i agora asombran, i agora alegran
os espacios inmensos do ceo,
............así as ideas
............loucas que eu teño,
as imaxes de múltiples formas
de estrañas feituras, de cores incertos,
............agora asombran,
............agora acraran,
o fondo sin fondo do meu pensamento.

Rosalía de Castro
(Follas novas, 1880)

Versión en castellano de Un poema cada día

.............Tal como las nubes
.............que lleva el viento,
y ahora asombran, y ahora alegran
los espacios inmensos del cielo,
.............así las ideas
.............locas que yo tengo,
las imágenes de múltiples formas
de extrañas hechuras, de colores inciertos,
.............ahora asombran,
.............ahora aclaran,
el fondo sin fondo de mi pensamiento.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Orillas del Sar

.............................VII

....Ya que de la esperanza, para la vida mía,
triste y descolorido ha llegado el ocaso,
a mi morada oscura, desmantelada y fría,
............tornemos paso a paso,
porque con su alegría no aumente mi amargura
............la blanca luz del día.

....Contenta el negro nido busca el ave agorera;
bien reposa la fiera en el antro escondido,
en su sepulcro el muerto, el triste en el olvido
............y mi alma en su desierto.

Rosalía de Castro
(En las orillas del Sar, 1884)

jueves, 16 de octubre de 2008

Era apacible el día

Era apacible el día
y templado el ambiente,
y llovía, llovía,
callada y mansamente;
y mientras silenciosa
lloraba yo y gemía,
mi niño, tierna rosa
durmiendo se moría.
Al huir de este mundo, ¡qué sosiego en su frente!
Al verle yo alejarse, ¡qué borrasca en la mía!

Tierra sobre el cadáver insepulto
antes que empiece a corromperse..., ¡tierra!
Ya el hoyo se ha cubierto, sosegaos,
bien pronto en los terrones removidos
verde y pujante crecerá la yerba.

¿Qué andáis buscando en torno de las tumbas,
torvo el mirar, nublado el pensamiento?
¡No os ocupéis de lo que al polvo vuelve!
Jamás el que descansa en el sepulcro
ha de tornar a amaros ni a ofenderos.

¡Jamás! ¿Es verdad que todo
para siempre acabó ya?
No, no puede acabar lo que es eterno,
ni puede tener fin la inmensidad.

Tú te fuiste por siempre; mas mi alma
te espera aún con amoroso afán,
y vendrás o iré yo, bien de mi vida,
allí donde nos hemos de encontrar.

Algo ha quedado tuyo en mis entrañas
que no morirá jamás,
y que Dios, porque es justo y porque es bueno,
a desunir ya nunca volverá.
En el cielo, en la tierra, en lo insondable
yo te hallaré y me hallarás.
No, no puede acabar lo que es eterno,
ni puede tener fin la inmensidad.

―Mas... es verdad, ha partido
para nunca más tornar.
Nada hay eterno para el hombre, huésped
de un día en este mundo terrenal,
en donde nace, vive y al fin muere
cual todo nace, vive y muere acá.


Rosalía de Castro
(En las orillas del Sar, 1884)

jueves, 9 de octubre de 2008

Unha vez tiven un cravo

Unha vez tiven un cravo
cravado no corazón,
i eu non me acordo xa se era aquel cravo
de ouro, de ferro ou de amor.
Soio sei que me fixo un mal tan fondo,
que tanto me atormentóu,
que eu día e noite sin cesar choraba
cal choróu Madalena na Pasión.
“Señor, que todo o podedes
-pedínlle unha vez a Dios-,
dáime valor para arrincar dun golpe
cravo de tal condición”.
E doumo Dios, arrinquéino.
Mais…¿quén pensara…? Despois
xa non sentín máis tormentos
nin soupen qué era delor;
soupen só que non sei qué me faltaba
en donde o cravo faltóu,
e seica..., seica tiven soidades
daquela pena…¡Bon Dios!
Este barro mortal que envolve o esprito
¡quén o entenderá, Señor!…

Rosalía de Castro
(Follas novas, 1880)

Versión en castellano de Un poema cada día

Una vez tuve un clavo
clavado en el corazón,
y yo no me acuerdo ya si era aquel clavo
de oro, de hierro o de amor.
Sólo sé que me causó un mal tan hondo,
que tanto me atormentó,
que yo día y noche sin cesar lloraba
cual lloró Magdalena en la Pasión.
"Señor, que todo lo puedes
-pedile una vez a Dios-,
dame valor para arrancar de un golpe
clavo de tal condición."
Y diómelo Dios, arranquelo.
Mas... ¿quién pensara?... Después
ya no sentí más tormentos
ni supe qué era dolor;
supe sólo que no sé qué me faltaba
en donde el clavo faltó,
y acaso... acaso tuve nostalgia
de aquella pena... ¡Buen Dios!
Este barro mortal que envuelve el espíritu,
¡quién lo entenderá, Señor!...

martes, 11 de marzo de 2008

Negra sombra

Cando penso que te fuches,
negra sombra que me asombras,
ó pé dos meus cabezales
tornas facéndome mofa.

Cando maxino que es ida,
no mesmo sol te me amostras,
i eres a estrela que brila,
i eres o vento que zoa.

Si cantan, es ti que cantas,
si choran, es ti que choras,
i es o marmurio do río
i es a noite i es a aurora.

En todo estás e ti es todo,
pra min i en min mesma moras,
nin me abandonarás nunca,
sombra que sempre me asombras.

Rosalía de Castro
(Follas novas, 1880)


Versión en castellano de Un poema cada día

Cuando pienso que te fuiste,
negra sombra que me asombras,
al pie de mis cabezales
vuelves haciéndome mofa.

Cuando te imagino de ida
en el mismo sol te muestras,
y eres la estrella que brilla,
y eres el viento que sopla.

Si cantan, eres tú que cantas,
si lloran, eres tú que lloras,
y eres el ruido del río,
y eres la noche y la aurora.

En todo estás y eres todo,
para mí y en mí misma moras,
ni me abandonarás nunca,
sombra que siempre me asombras.
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