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viernes, 5 de diciembre de 2025

Las hojas

             Paisaje otoñal, Elle Favorin (1853-1919)

Con el otoño las hojas
se van como algunos pájaros:
fíjate en los cerezos
y en los álamos.

Pardas o grises las hojas
se esconden como los pájaros:
fíjate en los jardines
y sembrados.

Con el otoño las hojas
se escapan hacia otros campos:
blancas o rojas revuelan
como los pájaros.

José Agustín Goytisolo
(Los pasos del cazador, 1980/1998)

viernes, 7 de febrero de 2020

Idilio y marcha nupcial

                        El registro de boda, Edmund Blair Leighton (1920)
                                                                                                                                             Y vi que todo era vanidad
                                                                                                                                              y apacentarse de viento.

                                                                               I                                                                          (ECL., 2, 11)

Mirad a los amantes vedlos
en la apacible umbría del jardín.
Entre el susurro como un vuelo de plumas
gemebundas entre el ir y venir
de nobles pensamientos
se palpa la presencia del amor
de su severo y principal mandato.


Los amantes se aman señoras y señores
con seriedad canónica. Ahora
queda muy lejos todo aquello
del arrebato pasional oh fruto
nefasto de poetas licenciosos
de un mal llamado Renacimiento
histórica y humanamente despreciable.


El camino del hombre está marcado
por leyes sempiternas y además
la autoridad ha establecido claras normas
para estos menesteres. Los amantes
deben acomodarse al juicio exacto
a la moral more geométrico demonstrata
a los capítulos al fin primordial
al uso y no al abuso res pudendae.


Estos son los preceptos estas son
las razones. Los amantes prosiguen
su trabajoso amarse y se aman observadlo
día tras día hasta la culminación
de este proceso necesario. Pues ahora
en la etapa preparatoria de las nuptiae
es cuando deben sentarse los cimientos
de este gran edificio cual es
como todos sabemos la familia.

                                                 II

Pero vedlos más tarde. Ya llegaron
a la meta propuesta. Es el gran día.
Todo se dijo todo está cumplido.
Avanzan los amantes mientras
 

los familiares se voltean y el tumulto
de los curiosos y las flores y todo
está pagado y ella puso el armario
y la vitrina y él luce buen talante
papel seguro inteligencia activa

y la música suena retumba
crece hasta el cielo ya estarán los pollos
asándose en el Ritz ya se ilumina
la cara de la novia llantos hipo

la música la música ya llegan
hay un chaqué alquilado sonríen las amigas
todo está dicho qué calor y sigue

la Gran Marcha Nupcial enorme
viva que ya no cesará en los corazones
de los dulces amantes que sabedlo
seguirán no hay duda para siempre
amándose y amándose sin término.


José Agustín Goytisolo
(Salmos al viento, 1958)

jueves, 18 de enero de 2018

Los celestiales

                             Glorieta al atardecer, Santiago Rusiñol (1913)

Después y por encima de la pared caída
de los vidrios caídos de la puerta arrasada
cuando se alejó el eco de las detonaciones
y el humo y sus olores abandonaron la ciudad
después cuando el orgullo se refugió en las cuevas
mordiéndose los puños para no decir nada
arriba en las paseos en las calles con ruina
que el sol acariciaba con sus manos de amigo
asomaron los poetas gente de orden por supuesto.
 

Es la hora dijeron de cantar los asuntos
maravillosamente insustanciales es decir
el momento de olvidarnos de todo lo ocurrido
y componer hermosos versos vacíos sí pero sonoros
melodiosos como el laúd
que adormezcan que transfiguren
que apacigüen los ánimos ¡qué barbaridad!
 

Ante tan sabia solución
se reunieron pues los poetas y en la asamblea
de un café a votación sin más preámbulo
fue Garcilaso desenterrado llevado en andas paseado
como reliquia por las aldeas y revistas
y entronizado en la capital. El verso melodioso
la palabra feliz todos los restos
fueron comida suculenta festín de la comunidad.
 

Y el viento fue condecorado y se habló
de marineros de lluvia de azahares
y una vez más la soledad y el campo como antaño
y el cauce tembloroso de los ríos
y todas las grandes maravillas
fueron en suma convocadas.
 

Esto duró algún tiempo hasta que poco
a poco las reservas se fueron agotando.
Los poetas rendidos de cansancio se dedicaron
a lanzarse sonetos mutuamente
de mesa a mesa en el café. Y un día
entre el fragor de los poemas alguien dijo: Escuchad
fuera las cosas no han cambiado nosotros
hemos hecho una meritoria labor pero no basta.
Los trinos y el aroma de nuestras elegías
no han calmado las iras el azote de Dios.
 

De las mesas creció un murmullo
rumoroso como el océano y los poetas exclamaron:
Es cierto es cierto olvidamos a Dios somos
ciegos mortales perros heridos por su fuerza
por su justicia cantémosle ya.
 

Y así el buen Dios sustituyó
al viejo padre Garcilaso y fue llamado
dulce tirano amigo mesías
lejanísimo sátrapa fiel amante guerrillero
gran parido asidero de mi sangre y los Oh Tú
y los Señor Señor se elevaron altísimos empujados
por los golpes de pecho en el papel
por el dolor de tantos corazones valientes.
 

Y así perduran en la actualidad.
 

Esta es la historia caballeros
de los poetas celestiales historia clara
y verdadera y cuyo ejemplo no han seguido
los poetas locos que perdidos
en el tumulto callejero cantan al hombre
satirizan o aman el reino de los hombres
tan pasajero tan falaz y en su locura
lanzan gritos pidiendo paz pidiendo patria
pidiendo aire verdadero.


José Agustín Goytisolo
(Salmos al viento, 1958)

martes, 31 de enero de 2012

Americanos

     Valle de México desde el cerro de Santa Isabel, José María Velasco (1840-1912)

 Yo tuve amigos
de color
de bronce:
hombres del Sur
compañeros
de América.
Llegaban hasta mí
con sus canciones
con su tierra
en la mano.
Me decían:
yo soy Colombia;
México; Argentina;
yo traigo el Altiplano
en la palabra;

vengo de Venezuela;
Ecuador; Nicaragua;
soy de Chile;
mi patria
es El Perú...
Por ellos 
se ensancharon
mis fronteras;
por sus canciones
me inundó la alegría
de otros mares; supe
el dolor de pueblos
sin aurora;
alcancé el corazón:
sentí su tierra.

José Agustín Goytisolo
(Claridad, 1961/1998)

miércoles, 29 de septiembre de 2010

El lobito bueno

Érase una vez
un lobito bueno
al que maltrataban
todos los corderos.

Y había también
un príncipe malo,
una bruja hermosa
y un pirata honrado.

Todas estas cosas
había una vez.
Cuando yo soñaba
un mundo al revés.

José Agustín Goytisolo
(Palabras para Julia y otras canciones, 1979)

lunes, 4 de febrero de 2008

Palabras para Julia

Tú no puedes volver atrás
porque la vida ya te empuja
como un aullido interminable.

Hija mía es mejor vivir
con la alegría de los hombres
que llorar ante el muro ciego.

Te sentirás acorralada
te sentirás perdida o sola
tal vez querrás no haber nacido.

Yo sé muy bien que te dirán
que la vida no tiene objeto
que es un asunto desgraciado.

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

La vida es bella, ya verás
como a pesar de los pesares
tendrás amigos, tendrás amor.

Un hombre solo, una mujer
así tomados, de uno en uno
son como polvo, no son nada.

Pero yo cuando te hablo a ti
cuando te escribo estas palabras
pienso también en otra gente.

Tu destino está en los demás
tu futuro es tu propia vida
tu dignidad es la de todos.

Otros esperan que resistas
que les ayude tu alegría
tu canción entre sus canciones.

Entonces siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.

Nunca te entregues ni te apartes
junto al camino, nunca digas
no puedo más y aquí me quedo.

La vida es bella, tú verás
como a pesar de los pesares
tendrás amor, tendrás amigos.

Por lo demás no hay elección
y este mundo tal como es
será todo tu patrimonio.

Perdóname no sé decirte
nada más pero tú comprende
que yo aún estoy en el camino.

Y siempre siempre acuérdate
de lo que un día yo escribí
pensando en ti como ahora pienso.


José Agustín Goytisolo
(Palabras para Julia y otras canciones, 1979)

lunes, 28 de enero de 2008

Autobiografía

“Fui un mísero afligido desde mi mocedad,
siempre lleno de espanto, lleno de tristeza...”
(Salmos, 88,16)



Cuando yo era pequeño
estaba siempre triste
y mi padre decía
mirándome y moviendo
la cabeza: hijo mío
No sirves para nada.

Después me fui al colegio
con pan y con adioses
pero me acompañaba
la tristeza. El maestro
graznó: pequeño niño
no sirves para nada.

Vino luego la guerra
la muerte –yo la vi–
y cuando hubo pasado
y todos la olvidaron
yo triste seguí oyendo:
no sirves para nada.

Y cuando me pusieron
los pantalones largos
la tristeza enseguida
cambió de pantalones.
Mis amigos dijeron:
no sirves para nada.

En la calle en las aulas
odiando y aprendiendo
la injusticia y sus leyes
me perseguía siempre
la triste cantinela:
no sirves para nada.

De tristeza en tristeza
caí por los peldaños
de la vida. Y un día
la muchacha que amo
me dijo y era alegre:
no sirves para nada.

Ahora vivo con ella
voy limpio y bien peinado.
Tenemos una niña
a la que a veces digo
también con alegría:
no sirves para nada.


José Agustín Goytisolo
(Salmos al viento, 1958)
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