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domingo, 12 de enero de 2025

Mañana de primavera

                                          Primavera, Claude Monet (1886)

¡Mañana de primavera!
Vino ella a besarme, cuando
una alondra mañanera
subió del surco, cantando:
«¡Mañana de primavera!»

Le hablé de una mariposa
blanca que vi en el sendero;
y ella, dándome una rosa,
me dijo: «¡Cuánto te quiero!
¡No sabes lo que te quiero!»

¡Guardaba en sus labios rojos
tantos besos para mí!
Yo le besaba los ojos...
"¡Mis ojos son para ti;
tú, para mis labios rojos!"

El cielo de primavera
era azul de paz y olvido...
Una alondra mañanera
cantó en el huerto aún dormido.
Luz y cristal su voz era
en el surco removido...
¡Mañana de primavera!

Juan Ramón Jiménez
(Jardines lejanos, 1904)

domingo, 14 de abril de 2024

Abril

  Chopos en Moret-sur-Loing una tarde de agosto,  Alfred Sisley (a. 1899)

–El chamariz en el chopo. 
–¿Y qué más?
–El chopo en el cielo azul. 
–¿Y qué más?
–El cielo azul en el agua. 
–¿Y qué más?
–El agua en la hojita nueva. 
–¿Y qué más?
–La hojita nueva en la rosa. 
–¿Y qué más?
–La rosa en mi corazón. 
–¿Y qué más?
–¡Mi corazón en el tuyo!

Juan Ramón Jiménez
(Baladas de primavera, 1907)

miércoles, 25 de septiembre de 2019

Impenetrable es tu frente, cual un muro

          Retrato de Winifred Ianthe Clayton, Henry John Stock (1913)

    Impenetrable es tu frente, cual un muro.
Tan cerca de los ojos, ¿cómo retiene preso
tu pensamiento? ¿Cómo su recinto es oscuro,
bajo el cabello de oro, sobre el radiante beso?
    –Con la movilidad del foso de tus ojos,
la fijeza de dardo de los míos esquivas;
a veces, brillan dentro como ponientes rojos,
a veces, como rápidas estrellas pensativas–.
    ¡Mujer, que yo lo vea! Libra de sus penosas
dudas a este constante asedio de mis penas;
¡quiero saber si tu alma es un jardín de rosas,
o un pozo verde, con serpientes y cadenas!

Juan Ramón Jiménez
(Poemas májicos y dolientes, 1909)

viernes, 10 de noviembre de 2017

Nocturno

         Vista nocturna del Puente de Queensboro, Julien Alden Weir (1910)

   ... Es la celeste jeometría
de un astrónomo viejo
sobre la ciudad alta –torres
negras, finas, pequeñas, fin de aquello…–

    Como si, de un mirador último,
lo estuviera mirando
el astrólogo.

                      Signos
exactos –fuegos y colores–,
con su secreto bajo y desprendido
en diáfana atmósfera
de azul y honda transparencia.

    ¡Qué brillos, qué amenazas,
qué fijezas, qué augurios,
en la inminencia cierta
de la estraña verdad! ¡Anatomía
del cielo, con la ciencia
de la función en sí y para nosotros!

    –Un grito agudo, solo, inmenso,
como una estrella errante–.

                                                  ...¡Cuán lejanos
ya de aquellos nosotros,
de aquella primavera de esta tarde
–en Washington Square, tranquila y dulce–,
de aquellos sueños y de aquel amor!


Juan Ramón Jiménez
(Diario de un poeta recién casado, 1916)

viernes, 30 de septiembre de 2016

Qué cerca ya del alma

             Vista marina, Rufin Gavrilovich Sudkovsky (1881)

    ¡Qué cerca ya del alma 
lo que está tan inmensamente lejos 
de las manos aún! 
                                Como una luz de estrella, 
como una voz sin nombre 
traída por el sueño, como el paso 
de algún corcel remoto 
que oímos, anhelantes, 
el oído en la tierra; 
como el mar en teléfono... 
    Y se hace la vida 
por dentro, con la luz inestinguible 
de un día deleitoso 
que brilla en otra parte. 
    ¡Oh, qué dulce, qué dulce 
verdad sin realidad aún, qué dulce!

Juan Ramón Jiménez
(Diario de un poeta recién casado, 1916)

miércoles, 10 de febrero de 2016

No sé si el mar es, hoy

            Playa con sol poniente, Jaime Morera y Galicia (1854-1927)

    No sé si el mar es, hoy
–adornado su azul de innumerables
espumas–,
mi corazón; si mi corazón, hoy
–adornada su grana de incontables
espumas–,
es el mar.
                 Entran, salen
uno de otro, plenos e infinitos,
como dos todos únicos.
A veces, me ahoga el mar el corazón,
hasta los cielos mismos.
Mi corazón ahoga el mar, a veces,
hasta los mismos cielos.

Juan Ramón Jiménez 
(Diario de un poeta recién casado, 1916)

lunes, 2 de febrero de 2015

A lo lejos

                         La sonata, Childe Hassam (1911)

A lo lejos resonaban las cadencias de un piano
que jemía las nostalgias de una májica canción,
y extasiado en la amargura de aquel éxtasis lejano,
derramaba triste llanto mi doliente corazón.

Yo soñaba en la ternura suave y lenta de la mano
que arrancaba del piano tan amarga vibración,
y mis besos se perdían en la bruma del arcano
que absorbía con su sombra la dulcísima aflicción.

¡Ay, quién sabe si aquel alma era hermana de la mía
y soñando con mi alma mitigaba su pesar!
La agonía de sus quejas era igual a mi agonía,

su sollozo melancólico me obligaba a sollozar...
¡Oh, las almas que se adoran de una tarde en la harmonía
y consuelan sus martirios sin poderse nunca amar!


Juan Ramón Jiménez
(Rimas, 1902)

sábado, 15 de febrero de 2014

No estás en ti, belleza innúmera

                      Gruta azul, João Batista da Costa (1898)

    ¡No estás en ti, belleza innúmera,
que con tu fin me tientas, infinita,
a un sinfín de deleites!

    ¡Estás en mí, que te penetro
hasta el fondo, anhelando, cada instante,
traspasar los nadires más ocultos!

    ¡Estás en mí, que tengo
en mi pecho la aurora
y en mi espalda el poniente
quemándome, trasparentándome
en una sola llama
; estás en mí, que te entro
en tu cuerpo mi alma
insaciable y eterna!


Juan Ramón Jiménez
(Piedra y cielo, 1919)

jueves, 13 de febrero de 2014

El poema

                Bodegón de flores, Ivan Vavpotič  (1943)

    ¡No le toques ya más,
que así es la rosa!

Juan Ramón Jiménez
(Piedra y cielo, 1919)

lunes, 13 de enero de 2014

Platero

                                              Platero en bronce, obra del escultor León Ortega (1963)
 
    Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón; que no lleva huesos. Solo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro.
    Lo dejo suelto, y se va al prado, y acaricia tibiamente con su hocico, rozándolas apenas, las florecillas rosas, celestes y gualdas… Lo llamo dulcemente: “¿Platero?”, y viene a mí con un trotecillo alegre que parece que se ríe, en no sé qué cascabeleo ideal…
    Come cuanto le doy. Le gustan las naranjas mandarinas, las uvas moscateles, todas de ámbar, los higos morados, con su cristalina gotita de miel…
    Es tierno y mimoso igual que un niño, que una niña…; pero fuerte y seco por dentro, como de piedra. Cuando paseo sobre él, los domingos, por las últimas callejas del pueblo, los hombres del campo, vestidos de limpio y despaciosos, se quedan mirándolo:
    —Tien´asero
    Tiene acero. Acero y plata de luna, al mismo tiempo.
 
Juan Ramón Jiménez
(Platero y yo, 1914) 

Este año se celebra el centenario de la primera edición de esta deliciosa obra juanramoniana. Constaba de 63 capítulos. La edición definitiva se publicaría en 1917, con 138 capítulos en total.

martes, 30 de julio de 2013

El pino de la Corona

                                       Casa de verano de Fuentepiña (Huelva), www.cervantesvirtual.com

Dondequiera que paro, Platero, me parece que paro bajo el pino de la Corona. Adondequiera que llego —ciudad, amor, gloria— me parece que llego a su plenitud verde y derramada bajo el gran cielo azul de nubes blancas. Él es faro rotundo y claro en los mares difíciles de mi sueño, como lo es de los marineros de Moguer en las tormentas de la barra; segura cima de mis días difíciles, en lo alto de su cuesta roja y agria, que toman los mendigos, camino de Sanlúcar.

¡Qué fuerte me siento siempre que reposo bajo su recuerdo! Es lo único que no ha dejado, al crecer yo, de ser grande, lo único que ha sido mayor cada vez. Cuando le cortaron aquella rama que el huracán le tronchó, me pareció que me habían arrancado un miembro; y, a veces, cuando cualquier dolor me coge de improviso, me parece que le duele al pino de la Corona.

La palabra magno le cuadra como al mar, como al cielo y como a mi corazón. A su sombra, mirando las nubes, han descansado razas y razas por siglos, como sobre el agua, bajo el cielo y en la nostalgia de mi corazón. Cuando, en el descuido de mis pensamientos, las imágenes arbitrarias se colocan donde quieren, o en esos instantes en que hay cosas que se ven cual en una visión segunda y a un lado de lo distinto, el pino de la Corona, transfigurado en no sé qué cuadro de eternidad, se me presenta, más rumoroso y más gigante aún, en la duda, llamándome a descansar a su paz, como el término verdadero y eterno de mi viaje por la vida.

Juan Ramón Jiménez
(Platero y yo, XL, 1914, 1917)

jueves, 25 de julio de 2013

Un despertar de Moguer

    Retrato de Juan Ramón Jiménez, Joaquín Sorolla (1903)

    Bajo mi sol, mi mañana ¡qué alegre mi viña fresca,
con mi río amoratado entre mi marisma y Huelva!

    A la sombra de mis pinos, por mi honda carretera,
mi jente se entra despacio, aquí y allá, por mis tierras.

    Y en mi colina dorada de mi sol, mi primavera,
entre mi humo, Moguer, mi Moguer blanco despierta.

    Pero tengo un tú sin mí, una sílaba desierta
como mis cuatro horizontes: mar, colina, pino, sierra.

Juan Ramón Jiménez
(Arias tristes, 1903)

jueves, 24 de enero de 2013

El viaje definitivo

            Emparrado, Ignacio Pinazo Camarlench (1849-1916)

     ...Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros
cantando;
y se quedará mi huerto, con su verde árbol,
y con su pozo blanco.

    Todas las tardes, el cielo será azul y plácido;
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario. 

    Se morirán aquellos que me amaron;
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado,
mi espíritu errará, nostáljico... 

    Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido...
Y se quedarán los pájaros cantando.


Juan Ramón Jiménez
(Segunda antolojía poética, 1922) 

lunes, 5 de abril de 2010

Primavera amarilla

....Abril venía, lleno
todo de flores amarillas:
amarillo el arroyo,
amarillo el vallado, la colina,
el cementerio de los niños,
el huerto aquel donde el amor vivía.
....El sol unjía de amarillo el mundo,
con sus luces caídas;
¡ay, por los lirios áureos,
el agua de oro, tibia;
las amarillas mariposas
sobre las rosas amarillas!
....Guirnaldas amarillas escalaban
los árboles; el día
era una gracia perfumada de oro,
en un dorado despertar de vida.
Entre los huesos de los muertos
abría Dios sus manos amarillas.

Juan Ramón Jiménez
(Poemas májicos y dolientes, 1909)

jueves, 11 de febrero de 2010

Vino, primero pura

...Vino, primero pura,
vestida de inocencia;
y la amé como un niño.
...Luego se fue vistiendo
de no sé qué ropajes;
y la fui odiando, sin saberlo.
...Llegó a ser una reina,
fastuosa de tesoros...
¡Qué iracundia de hiel y sin sentido!
......Mas se fue desnudando.
Y yo le sonreía.
...Se quedó con la túnica
de su inocencia antigua.
Creí de nuevo en ella.
...Y se quitó la túnica,
y apareció desnuda toda...
¡Oh pasión de mi vida, poesía
desnuda, mía para siempre!

Juan Ramón Jiménez
(Eternidades, 1918)

viernes, 30 de octubre de 2009

Verde verderol

....Verde verderol,
¡endulza la puesta del sol!
....Palacio de encanto,
el pinar tardío
arrulla con llanto
la huida del río.
Allí el nido umbrío
tiene el verderol.
....Verde verderol,
¡endulza la puesta del sol!
....La última brisa
es suspiradora;
el sol rojo irisa
al pino que llora.
¡Vaga y lenta hora
nuestra, verderol!
....Verde verderol
¡endulza la puesta del sol!
....Soledad y calma;
silencio y grandeza.
La choza del alma
se recoje y reza.
De pronto, ¡oh, belleza!,
canta el verderol.
....Verde verderol,
¡endulza la puesta del sol!
....Su canto enajena.
-¿Se ha parado el viento?-
El campo se llena
de su sentimiento.
Malva es el lamento,
verde el verderol.
....Verde verderol,
¡endulza la puesta del sol!

Juan Ramón Jiménez
(Baladas de primavera, 1907)

lunes, 19 de octubre de 2009

Canción de invierno

Cantan, cantan.
¿Dónde cantan los pájaros que cantan?
Ha llovido. Aún las ramas
están sin hojas nuevas. Cantan. Cantan
los pájaros. ¿En dónde cantan
los pájaros que cantan?
No tengo pájaros en jaulas.
No hay niños que los vendan. Cantan.
El valle está muy lejos. Nada...
Yo no sé dónde cantan
los pájaros -cantan, cantan-,
los pájaros que cantan.

Juan Ramón Jiménez
(Melancolía, 1912)

lunes, 23 de marzo de 2009

Soledad

En ti estás todo, mar, y sin embargo,
¡qué sin ti estás, qué solo,
qué lejos, siempre, de ti mismo!
Abierto en mil heridas, cada instante,
cual mi frente,
tus olas van, como mis pensamientos,
y vienen, van y vienen,
besándose, apartándose,
en un eterno conocerse,
mar, y desconocerse.
Eres tú, y no lo sabes,
tu corazón te late y no lo siente...
¡Qué plenitud de soledad, mar solo!

Juan Ramón Jiménez
(Diario de un poeta recién casado, 1916)

jueves, 19 de febrero de 2009

Distinto

Lo querían matar
los iguales,
porque era distinto.

Si veis un pájaro distinto,
tiradlo;
si veis un monte distinto,
caedlo;
si veis un camino distinto,
cortadlo;
si veis una rosa distinta,
deshojadla;
si veis un río distinto,
cegadlo...
si veis un hombre distinto,
matadlo.

¿Y el sol y la luna
dando en lo distinto?
Altura, olor, largor, frescura, cantar, vivir
distinto
de lo distinto;
lo que seas, que eres
distinto
(monte, camino, rosa, río, pájaro, hombre):
si te descubren los iguales,
huye a mí,
ven a mi ser, mi frente, mi corazón distinto.


Juan Ramón Jiménez
Una Colina Meridiana (1942-1950)

lunes, 2 de febrero de 2009

Yo no soy yo

Yo no soy yo.
Soy este
que va a mi lado sin yo verlo;
que, a veces, voy a ver,
y que, a veces, olvido.
El que calla, sereno, cuando hablo,
el que perdona, dulce, cuando odio,
el que pasea por donde no estoy,
el que quedará en pie cuando yo muera.

Juan Ramón Jiménez
(Eternidades, 1918)
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