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jueves, 10 de septiembre de 2026

Much Madness is divinest Sense

  Joven encadenada, Johannes Schlapp (h. 1840)

Much Madness is divinest Sense–
To a discerning Eye–
Much Sense –the starkest Madness–
’T is the Majority
In this, as all, prevails–
Assent –and you are sane–
Demur –you’re straightway dangerous–
And handled with a Chain–

Emily Dickinson
(The Complete Poems of Emily Dickinson, 1924)

Versión al castellano de Un poema cada día

Mucha Locura es la más divina Cordura–
Para un Ojo sagaz–
Mucha Cordura –la más severa Locura–
La Mayoría
En esto, como en todo, prevalece–
Asiente – y te juzgan sensato–
Disiente – eres de inmediato peligroso–
Y dominado con una Cadena –

(Poemas Completos de Emily Dickinson, 1924)

Emily Dickinson falleció en 1886 sin haber publicado sus poemas. El reproducido aquí aparece en la edición de su poesía completa realizada por su sobrina, Martha Dickinson Bianchi, en 1924.

lunes, 15 de junio de 2026

Lección de geografía
















                    Velas redondeadas, Vasko Taškovski (2011)

Quien no haya visto el mar que se levante,
yo os lo voy a contar, cerrad los ojos.
Imaginad que el agua, como un caballo blanco,
se hubiera subido al campanario.
Las hojas de los árboles son peces,
la nieve, espuma de cristal sobre las olas.
Como de un vaso de luz
que sostuviera la mano de dios,
van cayendo una a una las gotas de la vida.
Así, el inocente pájaro,
la piedra, el musgo o la mariposa
van entrando en el agua que ya todo lo cubre.
Creeréis que el mundo, desde siempre,
ha ido llevándole sus ríos.
Del fuego, de la oculta ceniza de madera
ha tomado el mar su verde brote de esmeralda.
Como el ruiseñor que canta
en los jardines de la tierra
también las caracolas en sus profundos valles
celebran la música.
Por eso al acercar tu oído
a ese bello laberinto de leche
escucharás, aunque no quieras,
el inmenso ruido de la mar.
Ahora ya lo sabéis,
y solo falta empujarlo, entre todos,
al aire.

Juan Carlos Mestre
(Antífona del otoño en el Valle del Bierzo, 1986) 

martes, 12 de mayo de 2026

Campo de' fiori

Templo de Saturno desde la Basílica Julia, Alberto Pisa (1905)

Sono tornata a Campo de’ fiori
un mattino di maggio
era uno dei luoghi più belli di Roma
dove tornare sempre con gioia
come nei bar e nei mercati all’aperto
brillanti dei rasi colori
dove a festa vanno occhi e cuori.
Andate, andate a vedere
a piangere il tempo che passa.

Noi giardinieri così impoveriti
non abbiamo più a primavera i fiori.

Il tempo ha logorato Campo de’ fiori
non i roghi ma solo i mesi e gli anni
appena due o tre forse,
il tempo per qualcuno dei fiori
sparito,
ha rapito fragranza linfa e colori
alla piazza marcita
volgare di misere finte erbacce
e fetori finti.

Siamo a primavera senza più i fiori
noi ancora giardinieri dell’umano.

Gabriella Sica
(Cara Europa che ci guardi (1915-2015), 2015)

Versión al castellano de Un poema cada día

He vuelto a Campo de' fiori
una mañana de mayo
era uno de los lugares más bellos de Roma
donde volver siempre con alegría
como a los bares y mercados callejeros
brillantes de satinados colores
donde de fiesta van ojos y corazones.
Vayan, vayan a ver
a llorar por el tiempo que pasa.

Nosotros jardineros tan empobrecidos
no tenemos ya en primavera flores.

El tiempo ha consumido Campo de' fiori
no las hogueras sino solo los meses y los años
apenas dos o tres acaso,
el tiempo para cualquiera de las flores
desaparecido,
ha arrebatado fragancia linfa y colores
a la plaza podrida
vulgar de míseros fingidos hierbajos
y hedores fingidos.

Estamos en primavera sin más flores
nosotros aún jardineros de lo humano.

Gabriella Sica
(Querida Europa que nos mira (1915-2015), 2015)

viernes, 13 de marzo de 2026

Autorretrato

    Retrato de Sofía Goldstand, Teodor Axentowicz (h. 1905)

Yo soy una señora: tratamiento
arduo de conseguir, en mi caso, y más útil
para alternar con los demás que un título
extendido a mi nombre en cualquier academia.

Así, pues, luzco mi trofeo y repito:
yo soy una señora. Gorda o flaca
según las posiciones de los astros,
los ciclos glandulares
y otros fenómenos que no comprendo.

Rubia, si elijo una peluca rubia.
O morena, según la alternativa.
(En realidad, mi pelo encanece, encanece.)

Soy más o menos fea. Eso depende mucho
de la mano que aplica el maquillaje.
 
Mi apariencia ha cambiado a lo largo del tiempo
—aunque no tanto como dice Weininger
que cambia la apariencia del genio—. Soy mediocre.
Lo cual, por una parte, me exime de enemigos
y, por la otra, me da la devoción
de algún admirador y la amistad
de esos hombres que hablan por teléfono
y envían largas cartas de felicitación.
Que beben lentamente whisky sobre las rocas
y charlan de política y de literatura.

Amigas… hmmm… a veces, raras veces
y en muy pequeñas dosis.
En general, rehúyo los espejos.
Me dirían lo de siempre: que me visto muy mal
y que hago el ridículo
cuando pretendo coquetear con alguien.

Soy madre de Gabriel: ya usted sabe, ese niño
que un día se erigirá en juez inapelable
y que acaso, además, ejerza de verdugo.
Mientras tanto lo amo.

Escribo. Este poema. Y otros. Y otros.
Hablo desde una cátedra.

Colaboro en revistas de mi especialidad
y un día a la semana publico en un periódico.

Vivo enfrente del Bosque. Pero casi
nunca vuelvo los ojos para mirarlo. Y nunca
atravieso la calle que me separa de él
y paseo y respiro y acaricio
la corteza rugosa de los árboles.

Sé que es obligatorio escuchar música
pero la eludo con frecuencia. Sé
que es bueno ver pintura
pero no voy jamás a las exposiciones
ni al estreno teatral ni al cine-club.

Prefiero estar aquí, como ahora, leyendo
y, si apago la luz, pensando un rato
en musarañas y otros menesteres.

Sufro más bien por hábito, por herencia, por no
diferenciarme más de mis congéneres
que por causas concretas.

Sería feliz si yo supiera cómo.
Es decir, si me hubieran enseñado los gestos,
los parlamentos, las decoraciones.

En cambio me enseñaron a llorar. Pero el llanto
es en mí un mecanismo descompuesto
y no lloro en la cámara mortuoria
ni en la ocasión sublime ni frente a la catástrofe.

Lloro cuando se quema el arroz o cuando pierdo
el último recibo del impuesto predial.

Rosario Castellanos
(En la tierra de en medio, 1972)

martes, 3 de febrero de 2026

Ιθάκη

       Ulises burlándose de Polifemo, Joseph Mallord William Turner (1829)

Σα βγεις στον πηγαιμό για την Ιθάκη,
να εύχεσαι νάναι μακρύς ο δρόμος,
γεμάτος περιπέτειες, γεμάτος γνώσεις.
Τους Λαιστρυγόνας και τους Κύκλωπας,
τον θυμωμένο Ποσειδώνα μη φοβάσαι,
τέτοια στον δρόμο σου ποτέ σου δεν θα βρεις,
αν μέν’ η σκέψις σου υψηλή, αν εκλεκτή
συγκίνησις το πνεύμα και το σώμα σου αγγίζει.
Τους Λαιστρυγόνας και τους Κύκλωπας,
τον άγριο Ποσειδώνα δεν θα συναντήσεις,
αν δεν τους κουβανείς μες στην ψυχή σου,
αν η ψυχή σου δεν τους στήνει εμπρός σου.

Να εύχεσαι νάναι μακρύς ο δρόμος.
Πολλά τα καλοκαιρινά πρωιά να είναι
που με τι ευχαρίστησι, με τι χαρά
θα μπαίνεις σε λιμένας πρωτοειδωμένους·
να σταματήσεις σ’ εμπορεία Φοινικικά,
και τες καλές πραγμάτειες ν’ αποκτήσεις,
σεντέφια και κοράλλια, κεχριμπάρια κ’ έβενους,
και ηδονικά μυρωδικά κάθε λογής,
όσο μπορείς πιο άφθονα ηδονικά μυρωδικά·
σε πόλεις Aιγυπτιακές πολλές να πας,
να μάθεις και να μάθεις απ’ τους σπουδασμένους.

Πάντα στον νου σου νάχεις την Ιθάκη.
Το φθάσιμον εκεί είν’ ο προορισμός σου.
Aλλά μη βιάζεις το ταξείδι διόλου.
Καλλίτερα χρόνια πολλά να διαρκέσει·
και γέρος πια ν’ αράξεις στο νησί,
πλούσιος με όσα κέρδισες στον δρόμο,
μη προσδοκώντας πλούτη να σε δώσει η Ιθάκη.

Η Ιθάκη σ’ έδωσε τ’ ωραίο ταξείδι.
Χωρίς αυτήν δεν θάβγαινες στον δρόμο.
Άλλα δεν έχει να σε δώσει πια.

Κι αν πτωχική την βρεις, η Ιθάκη δεν σε γέλασε.
Έτσι σοφός που έγινες, με τόση πείρα,
ήδη θα το κατάλαβες η Ιθάκες τι σημαίνουν.

Konstantinos Kavafis
(Ποιήματα, 1935)

Ítaca

Si vas a emprender el viaje hacia Ítaca,
pide que tu camino sea largo,
rico en experiencias, en conocimiento.
A Lestrigones y a Cíclopes,
o al airado Poseidón nunca temas,
no hallarás tales seres en tu ruta
si alto es tu pensamiento y limpia
la emoción de tu espíritu y tu cuerpo.
A Lestrigones ni a Cíclopes,
ni al fiero Poseidón hallarás nunca,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no es tu alma quien ante ti los pone.

Pide que tu camino sea largo.
Que numerosas sean las mañanas de verano
en que con placer, felizmente
arribes a bahías nunca vistas;
detente en los emporios de Fenicia
y adquiere hermosas mercancías,
madreperla y coral, y ámbar y ébano,
perfumes deliciosos y diversos,
cuanto puedas invierte en voluptuosos y delicados perfumes;
visita muchas ciudades de Egipto
y con avidez aprende de sus sabios.

Ten siempre a Ítaca en la memoria.
Llegar allí es tu meta.
Mas no apresures el viaje.
Mejor que se extienda largos años;
y en tu vejez arribes a la isla
con cuanto hayas ganado en el camino,
sin esperar que Ítaca te enriquezca.

Ítaca te regaló un hermoso viaje.
Sin ella el camino no hubieras emprendido.
Mas ninguna otra cosa puede darte.

Aunque pobre la encuentres, no te engañará Ítaca.
Rico en saber y en vida, como has vuelto,
comprendes ya qué significan las Ítacas.


Konstatino Kavafis
(Poemas, 1935)

[La traducción de este poema al castellano fue realizada por José María Álvarez: Konstantino Kavafis, Poesías completas, Hiperión, 1976]

jueves, 22 de enero de 2026

Itsasoa

Escena nocturna de Østergade, Paul Fischer (1860-1934)

Hiri handiko
etengbeko kotxeen
joan-etorria
itsasoaren antzeko
soinu monotonoa,
brisa bezalako
kea
eta itsasaldiak bezalako
mugimendua.

Hiri bakoitzak
badauka bere itsaso grisa.

Beatriz Chivite
(Pekineko kea, 2012)

Traducción al castellano

El mar

El continuo pasar de los coches
en una gran ciudad.
Su sonido es monótono,
parecido al del mar.
Su humo
es la brisa.
Y su movimiento
como el de la marea.

Toda ciudad tiene
un mar gris.

Beatriz Chivite
(Smog de Pekín, 2012)

Este poema aparece recogido en la antología En las ciudades / Nas cidades / Hirietan (Chan da Pólvora & papelesmínimos, 2020), breve muestra de cuatro libros de poesía de Beatriz Chivite. La propia autora traduce los versos del euskera al castellano; de la versión gallega se encarga Isaac Xubin.

domingo, 18 de enero de 2026

O nome das cousas

               La entrada del pueblo, Victor Vignon (h.1880)

Gustaríame ter algún sentido máis,
máis música na cabeza
máis cores
ou máis coñecemento
para poder dicir este é o estornino
e esta, a pega marza. Aquí
dáse a Sagittaria sagittifolia.

Angazo de pau, angazo de ferro,
gadaño, legón, caldeiro.
Trasno do lavadoiro no mes de xaneiro.

Frecha da auga,
por que só teñen nome nesta aldea
os trastes de levar ao lombo?
O rei do sacho
escapou co nome das cousas bonitas.

Luz Pichel
(Casa pechada, 2006)

Versión al castellano de Un poema cada día

El nombre de las cosas

Me gustaría tener algún sentido más,
más música en la cabeza
más colores
o más conocimiento
para poder decir este es el estornino
y este, el arrendajo. Aquí
se da la Sagittaria sagittifolia.

Rastrillo de palo, rastrillo de hierro,
guadaña, azadón, caldero.
Trasgo del lavadero en el mes de enero.

Flecha de agua,
¿por qué solo tienen nombre en esta aldea
los trastos de llevar al lomo?
El rey del sacho
escapó con el nombre de las cosas bonitas.

Luz Pichel
(Casa cerrada, 2006)

miércoles, 14 de enero de 2026

Vacances a la cala

                                              Cala, Paul Signac (1906)

Vacances!
On passarem les vacances?

Esser un arbre florit
amb rossinyols i cigales.
Vacances!

Com el vent, anar i venir,
aucells a les dolces branques.
Vacances!

Aquest batec de la terra
amb les espigues tombades.
Vacances!

Jo sóc un puig ple de llums
on les fontinyoles canten.
Vacances!

Sóc el cel, la llibertat,
les ales!

Cèlia Viñas i Olivella
(Del foc i la cendra, 1953)

Versión al castellano de Un poema cada día

Vacaciones en la cala

¡Vacaciones!
¿Dónde pasaremos las vacaciones?

Ser un árbol florido
con ruiseñor y cigarras.
¡Vacaciones!

Como el viento, ir y venir,
pájaro a las dulces ramas.
¡Vacaciones!

Este latido de tierra
con las espigas tumbadas.
¡Vacaciones!

Soy un monte de luz lleno
donde fuentecillas cantan.
¡Vacaciones!

¡Soy el cielo, la libertad,
las alas!

Cèlia Viñas i Olivella
(Del fuego y la ceniza, 1953)

viernes, 2 de enero de 2026

Este hilo

               Retrato de familia bajo el saúco, Giovanni Giacometti (1911)

Los hilos a menudo son tan leves
que viajan por el aire inadvertidos.
Son las briznas de hierba, los caminos,
las cuerdas de un laúd, la vida breve,

las hormigas que marchan como deben,
los versos alineados en un libro,
tus venas, tus cabellos… todos hilos.
También la lluvia que la tierra bebe.

No sueltes esta hebra que te tiendo
y a mí gentes más viejas me dejaron.
Eres porque otros fueron en el tiempo.

Que este hilo es la voz de antiguos cantos.
Si nadie los recuerda, van muriendo.
Un presente te doy: nuestro pasado.

Beatriz Giménez de Ory
(Un hilo me liga a vos, 2020)

miércoles, 17 de diciembre de 2025

Mujer en su ventana

                             Reflejos, Childe Hassam (a. 1935)

Ella está sumergida en su ventana
contemplando las brasas del anochecer, posible todavía.
Todo fue consumado en su destino, definitivamente inalterable
    desde ahora
como el mar en un cuadro,
y sin embargo el cielo continúa pasando con sus angelicales
   procesiones.
Ningún pato salvaje interrumpió su vuelo hacia el oeste;
allá lejos seguirán floreciendo los ciruelos, blancos, como si 
   nada,
y alguien en cualquier parte levantará su casa
sobre el polvo y el humo de otra casa.
Inhóspito este mundo. 
Áspero este lugar de nunca más.
Por una fisura del corazón sale un pájaro negro y es la noche
–¿o acaso será un dios que cae agonizando sobre el mundo?–,
pero nadie lo ha visto, nadie sabe,
ni el que se va creyendo que de los lazos rotos nacen preciosas
    alas,
los instantáneos nudos del azar, la inmortal aventura,
aunque cada pisada clausure con un sello todos los paraísos
    prometidos.
Ella oyó en cada paso la condena.
Y ahora ya no es más que una remota, inmóvil mujer en su
    ventana,
la simple arquitectura de la sombra aislada en su piel,
como si alguna vez una frontera, un muro, un silencio, un
    adiós,
hubieran sido el verdadero límite,
el abismo final entre una mujer y un hombre.

Olga Orozco
(Con esta boca, en este mundo, 1994)

sábado, 13 de diciembre de 2025

Cerámica con figuras sobre fondo blanco

                      Jarra de cerámica y maceta, Koloman Moser (1912)

Cómo no hallar
alrededor de la figura sola
lo blanco.

Dragón, rama de almendro, fénix.

Cómo no hallar
alrededor del loto
lo blanco.

Del murciélago al pez o a la rama o al hombre,
el vacío, lo blanco.

Cómo no hallar
alrededor de la palabra única
lo blanco.

Fénix, rama, raíz, dragón, figura.

El fondo es blanco.

José Ángel Valente
(Interior con figuras, 1976)

viernes, 5 de diciembre de 2025

Las hojas

             Paisaje otoñal, Elle Favorin (1853-1919)

Con el otoño las hojas
se van como algunos pájaros:
fíjate en los cerezos
y en los álamos.

Pardas o grises las hojas
se esconden como los pájaros:
fíjate en los jardines
y sembrados.

Con el otoño las hojas
se escapan hacia otros campos:
blancas o rojas revuelan
como los pájaros.

José Agustín Goytisolo
(Los pasos del cazador, 1980/1998)

lunes, 1 de diciembre de 2025

Utopía

           La isla de la luna antes del mundo, Marguerite Blasingame (1934)

La isla donde todo tiene explicación.

Aquí se alegan pruebas irrebatibles.

Solo hay vías de acceso.

Los matojos ceden bajo el peso de las respuestas.

Crece aquí el árbol de la Hipótesis Válida
con sus desde siempre desenmarañadas ramas.

Junto al manantial de Así Son las Cosas
se eleva luminoso el árbol de la Comprensión.

Cuanto más te adentras en el bosque, más vasto se abre
el valle de la Evidencia.

Si alguna duda subsiste, la disipa el viento.

El eco toma la palabra sin ser llamado
y solícito descifra los arcanos de los mundos.

A la derecha, una gruta donde yace el Significado.

A la izquiera, el lago de las Convicciones Profundas.
Del fondo emerge, ingrávida, a la superficie la Verdad.

La Seguridad Inquebrantable domina el valle.
Desde su cima se contempla la Esencia de las Cosas.

Pese a tanto deleite, la isla está siempre desierta
y las huellas de pasos que surcan la orilla
se dirigen sin excepción al mar.

Como si lo propio del lugar fuera partir
y para no volver sumergirse en la vorágine.

En la vida inconcebible.

Wisława Szymborska
(El gran número, 1976)

[Traducción al castellano de Ana María Moix y Jerzy Wojciech Slawomirski]

jueves, 27 de noviembre de 2025

La casa

                   Frente a la casa solariega, Bronisława Janowska (1933)

Esta casa no es la que era.
En esta casa había antes
lagartijas, jarras, erizos,
pintores, nubes, madreselvas,
olas plegadas, amapolas,
humo de hogueras…
                                     Esta casa
no es la que era. Fue una caja
de guitarra. Nunca se habló
de fibromas, de porvenires,
de pasados, de lejanías.
Nunca pulsó nadie el bordón
del grave acento: «nos queremos,
te quiero, me quieres, nos quieren…»
No podíamos ser solemnes,
pues qué hubieran pensado entonces
el gato, con su traje verde,
el galápago, el ratón blanco,
el girasol acromegálico…

Esta casa no es la que era.
Ha empezado a andar, paso a paso.
Va abandonándonos sin prisa.
Si hubiera ardido en pompa, todos,
correríamos a salvarnos.
Pero así, nos da tiempo a todo:
a recoger cosas que ahora
advertimos que no existían;
a decirnos adiós, corteses;
a recorrer, indiferentes,
las paredes que tosen, donde
proyectó su sombra la adelfa,
sombra y ceniza de los días.

Esta casa estuvo primero
varada en una playa. Luego,
puso proa a azules más hondos.
Cantaba la tripulación.
Nada podían contra ella
las horas y los vendavales.
Pero ahora se disuelve, como
un terrón de azúcar en agua.
Qué pensará el gato feudal
al saber que no tiene alma;
y los ajos, qué pensarán
el domingo los ajos, qué
pensarán el barril de orujo,
el tomillo, el cantueso, cuando
se miren al espejo y vean
su cara cubierta de arrugas.
Qué pensarán cuando se sepan
olvidados de quienes fueron
la prueba de su juventud,
el signo de su eternidad,
el pararrayos de la muerte.

Esta casa no es la que era.
Compasivamente, en la noche,
sigue acunándonos.

José Hierro
(Agenda, 1991)

domingo, 23 de noviembre de 2025

Similitud

                                      Feliz vuelta, Alice Beard (1928)

Nada más parecido a la vida
que la verbena.
La vida es el tubo de la risa.
El trabajo el tubo de escape.
El amor el tobogán.
La amistad la noria.
La política el tiro al blanco.
El racismo el tiro al negro.
La verdad ¡tres pelotas diez!

Gloria Fuertes
(Mujer de verso en pecho, 1995)

miércoles, 19 de noviembre de 2025

Ciruelo silvestre

                                    Ciruelo en flor, Camille Pissarro (1894)

Y delicadamente
me estás robando hasta el recién cultivo
de la mirada, pura
canción, árbol mío,
tú nunca prisionero o traicionero.
Hojas color de cresta
de gallo,
ramas con el reposo estremecido
de un abril prematuro,
con la savia armoniosa que besa y que fecunda,
y pide, y me comprende
en cada nervio de la hoja, en cada
rico secuestro,
en cada fugitiva reverberación.

Cuando llegue el otoño, con rescate y silencio,
tú no marchitarás.
Aquí, en la plaza,
junto a tu sombra nunca demacrada,
respiro sin esquinas,
siempre hacia el alba
porque tú, tan sencillo,
me das secreto y cuánta compañía:
en una hoja el resplandor del cielo.

Claudio Rodríguez
(El vuelo de la celebración, 1976)

miércoles, 22 de octubre de 2025

Así, las manos dobladas

           Retrato de mujer, Frederick Carl Frieseke (1930)

Así, las manos dobladas
sobre el delantal bordado,
los ojos sin horizontes
y el corazón desatado,
me iré quedando dormida
en la noche de verano.
Ni el más ligero desvelo
doblará el encaje blanco.
Solo el corazón perdido
por el camino más largo.
En el silencio, la sombra
aviva el lirio exaltado.
Solo el corazón perdido
su voz de plata cantando.
Toda la noche en la falda
quietas, dobladas, las manos.
Sin horizontes, los ojos
el sueño los fue cerrando.
Pero el corazón, inútil,
como un reloj, desvelado.

Josefina de la Torre
(Poemas de la isla, 1930)

martes, 14 de octubre de 2025

La dulce música

         La música de la fuente, Henry Ryland (h.1890)

Fuente, desgrana tu pena
en esta tarde azulada.
Rima tu copla encantada
en esta tarde serena.

Bella amiga, mi hada buena,
di tu mágica balada.
¡Canta tu dulce tonada
que es toda de gracia llena!

Y la fuente me escuchó;
y su romance cantó
en el suave atardecer.

Y cada gota caía
como divina harmonía
en el fondo de mi ser.

Elisabeth Mulder
(La canción cristalina, 1928)

lunes, 6 de octubre de 2025

Nadadora

                                  En la playa, Wilhelm Simmler (h. 1914)

Mis brazos:
los remos.

La quilla:
mi cuerpo.
Timón:
mi pensamiento.

(Si fuera sirena,
mis cantos
serían mis versos.)

Concha Méndez
(Inquietudes, 1926)

lunes, 29 de septiembre de 2025

En el infierno había un violoncello

                       Arroyo en el bosque II, Antonin Hudeček (h. 1941)

En el infierno había un violoncello
entre el café y el humo de pitillos
y cien aulas con libros amarillos
y nieve y sangre y barro por el suelo.

Pero tú, resguardada por el velo
de tus cristales de lucientes brillos,
pasabas, seria y pura, en los sencillos
compases de tu fe y de tu consuelo.

Algunas veces fuimos de la mano
por las venas del bosque y las cornejas
peinaron la melena a nuestras almas.

Si hoy nos separa el Ábrego inhumano,
no llores mi amistad mientras te alejas:
entrega al viento el talle de tus palmas.

Rosa Chacel
(A la orilla de un pozo, 1936)
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