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viernes, 14 de febrero de 2025

Si la harpa, si el órgano sabroso

             En el coro de la iglesia de San Andrés, Albin Egger-Lienz (1890)

                A GREGORIO SILVESTRE

Si la harpa, si el órgano sabroso,
si el monocordio, si la dulce lira
que en vuestras manos, gran Silvestre, admira
y suspende el ingenio más furioso;

si el dulce verso fácil y gracioso,
con que a los vientos refrenáis la ira,
algún consuelo, aunque liviano, inspira
a un seso apasionado y amoroso,

¡aquí, señor: que me ha rompido el pecho
con punta de oro de acerado dardo
la mano más gentil que el cielo ha hecho!

¡Aquí; que huyo el bien y el mal aguardo;
espero el daño y temo mi provecho;
he frío en brasas y entre hielos ardo!

Luis Barahona de Soto
      (1548-1595)

sábado, 25 de junio de 2022

Jazz-band

      Cartel de la película Aleluya, Al Hirschfeld (1929)

Ritmo cortado.
Luces vibrantes.
Campanas histéricas.
Astros fulminantes.

Erotismos.
Licores rebosantes.
Juegos de niños.
Acordes delirantes.

Jazz-band. Rascacielos.
Diáfanos cristales.
Exóticos murmullos.
Quejido de metales.

Concha Méndez
(Inquietudes, 1926)

domingo, 27 de diciembre de 2020

Los armónicos han entrado en el fémur de un neandertal


Los jardines del Generalife,  Santiago Rusiñol (1861-1931)
 
Los armónicos han entrado en el fémur de un neandertal 
en la forma arbórea del Giraldo De Molina y su bandera agujereada dos arcillosos seres
como un poema en el jardín de los sapos esparteros
su canto o el pasto que comían los niños en mayo
este acorde contemporáneo pide bombillas al vecino
la oreja de tundra riega los fósiles susurrados de una partitura y su músico come
albaricoques en la despensa del palacio
así con brillante cuerpo de dios griego sonamos
Manuel de Falla envía un atardecer en Granada y ciclistas submarinos en las escamas
del Mediterráneo hacen canciones con brezo y mimbre verde
estridulan ancianas las estrellas en la puerta de sus casas
guardé mi corazón en un enebro
lugar donde horizontalmente nace el sueño o su grito antiguo
esa memoria de patio regado
 
Mario G. Obrero
(Ese ruido ya pájaro, 2019)
 
Mario G. Obrero ha recibido este 2020 el Premio de Poesía Loewe a la Creación Joven con tan solo 17 años, por su poemario Peachtree City, que será publicado por Visor en marzo de 2021.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

La copla andaluza

              Baile en el Café Novedades de Sevilla, Joaquín Sorolla (1914)

    Del placer, que irrita,
y el amor, que ciega,
escuchad la canción, que recoge
la noche morena.
 

    La noche sultana,
la noche andaluza,
que estremece la tierra y la carne
de aroma y lujuria.

    Bajo el plenilunio,
como lagrimones,
como goterones, sus cálidas notas
llueven los bordones.

    Son melancolía
sonora, son ayes
de las otras cuerdas, heridas, punzadas,
las notas vibrantes.

    Y en el aire, húmedo
de aroma y lujuria,
levanta su vuelo –paloma rafeña–
la copla andaluza.


    Dice de ojos negros
y de rojos labios
de venganza, de olvido, de ausencia,
de amor y de engaño...

    Y de desengaño.
De males y bienes,
de esperanza, de celos..., de cosas
de hombres y mujeres.

    Y brota en los labios
soberbia y sencilla,
como brotan el agua en la fuente,
la sangre en la herida.

    Y allá va en la noche,
paloma rafeña,
a decir la verdad a lo lejos,
triste, clara y bella.

    Del placer, que irrita,
y el amor, que ciega,
escuchad la canción que recoge
la noche morena.
 

Manuel Machado
(Cante hondo, 1912)

lunes, 10 de octubre de 2016

Bailaré con Jacinta la pelirroja

 Interpretación de jazz en Harlem I, Winold Reiss (h.1915-1920)

    Eso es, bailaré con ella
el ritmo roto y negro
del jazz. Europa por América.
Pero hemos de bailar si se mueve la noria,
y cuando los mirlos se suban al chopo de la vecina.
 

    Porque —esto es verdad—
cada rito exige su capilla.
¿No, Jacinta?
Oh, Jacinta, pelirroja, peli-peli-roja
pel-pel-peli-pelirrojiza.
Qué bonitos, qué bonitos, oh, qué bonitos
son, sí, son, tus dos, dos, dos, bajo las tiras
de dulce encaje hueso de Malinas.
Oh, Jacinta,
bien, bien mayor, bien supremo.
Ya tenemos el mirlo arriba,
y la noria del borriquillo, gira.


José Moreno Villa
(Jacinta la pelirroja, 1929)

martes, 6 de mayo de 2014

Canción para cantar una canción

                 Mujer joven al piano, François Gauzi (1904)

Esa música...
Insiste, hace daño
en el alma.
Viene tal vez de un tiempo
remoto, de una época imposible
perdida para siempre.
Sobrepasa los límites
de la música. Tiene materia,
aroma, es como polvo de algo
indefinible, de un recuerdo
que nunca se ha vivido,
de una vaga esperanza irrealizable.
Se llama simplemente:
canción.

Pero no es solo eso.

Es también la tristeza.


Ángel González
(Tratado de urbanismo, 1967)

domingo, 23 de marzo de 2014

Guitarra

         Joven española tocando la guitarra, Pierre-Auguste Renoir (1898)

Habrá un silencio verde
todo hecho de guitarras destrenzadas

La guitarra es un pozo
con viento en vez de agua.


Gerardo Diego
(Imagen, 1922)

viernes, 14 de noviembre de 2008

La guitarra

Empieza el llanto
de la guitarra.
Se rompen las copas
de la madrugada.
Empieza el llanto
de la guitarra.
Es inútil
callarla.
Es imposible
callarla.
Llora monótona
como llora el agua,
como llora el viento
sobre la nevada.
Es imposible
callarla.
Llora por cosas
lejanas.
Arena del Sur caliente
que pide camelias blancas.
Llora flecha sin blanco,
la tarde sin mañana,
y el primer pájaro muerto
sobre la rama.
¡Oh guitarra!
Corazón malherido
por cinco espadas.

Federico García Lorca
(Poema del Cante Jondo, 1931)

martes, 1 de abril de 2008

Oda a Francisco Salinas

El aire se serena
y viste de hermosura y luz no usada,
Salinas, cuando suena
la música extremada,
por vuestra sabia mano gobernada.

A cuyo son divino
el alma, que en olvido está sumida,
torna a cobrar el tino
y memoria perdida,
de su origen primera esclarecida.

Y como se conoce,
en suerte y pensamientos se mejora;
el oro desconoce
que el vulgo vil adora,
la belleza caduca engañadora.

Traspasa el aire todo
hasta llegar a la más alta esfera,
y oye allí otro modo
de no perecedera
música, que es la fuente y la primera.

Ve cómo el gran Maestro,
a aquesta inmensa cítara aplicado,
con movimiento diestro
produce el son sagrado,
con que este eterno templo es sustentado.

Y como está compuesta
de números concordes, luego envía
consonante respuesta;
y entre ambas a porfía
se mezcla una dulcísima armonía.

Aquí el alma navega
por un mar de dulzura, y finalmente
en él ansí se anega,
que ningún accidente
extraño y peregrino oye o siente.

¡Oh, desmayo dichoso!
¡Oh, muerte que das vida! ¡Oh, dulce olvido!
¡Durase en tu reposo
sin ser restituido
jamás a aqueste bajo y vil sentido!

A este bien os llamo,
gloria del apolíneo sacro coro,
amigos a quien amo
sobre todo tesoro,
que todo lo visible es triste lloro.

¡Oh, suene de contino,
Salinas, vuestro son en mis oídos,
por quien al bien divino
despiertan los sentidos,
quedando a lo demás adormecidos!

Fray Luis de León
(1527-1591)
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