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viernes, 5 de diciembre de 2025

Las hojas

             Paisaje otoñal, Elle Favorin (1853-1919)

Con el otoño las hojas
se van como algunos pájaros:
fíjate en los cerezos
y en los álamos.

Pardas o grises las hojas
se esconden como los pájaros:
fíjate en los jardines
y sembrados.

Con el otoño las hojas
se escapan hacia otros campos:
blancas o rojas revuelan
como los pájaros.

José Agustín Goytisolo
(Los pasos del cazador, 1980/1998)

miércoles, 19 de noviembre de 2025

Ciruelo silvestre

                                    Ciruelo en flor, Camille Pissarro (1894)

Y delicadamente
me estás robando hasta el recién cultivo
de la mirada, pura
canción, árbol mío,
tú nunca prisionero o traicionero.
Hojas color de cresta
de gallo,
ramas con el reposo estremecido
de un abril prematuro,
con la savia armoniosa que besa y que fecunda,
y pide, y me comprende
en cada nervio de la hoja, en cada
rico secuestro,
en cada fugitiva reverberación.

Cuando llegue el otoño, con rescate y silencio,
tú no marchitarás.
Aquí, en la plaza,
junto a tu sombra nunca demacrada,
respiro sin esquinas,
siempre hacia el alba
porque tú, tan sencillo,
me das secreto y cuánta compañía:
en una hoja el resplandor del cielo.

Claudio Rodríguez
(El vuelo de la celebración, 1976)

lunes, 1 de septiembre de 2025

Apuntes

                                      Olivar, Vincent Van Gogh (1889)

                  I

Desde mi ventana,
¡campo de Baeza,
a la luna clara!
¡Montes de Cazorla,
Aznaitín y Mágina!
¡De luna y de piedra
también los cachorros
de Sierra Morena!

                II

Sobre el olivar,
se vio a la lechuza
volar y volar.
Campo, campo, campo.
Entre los olivos,
los cortijos blancos.
Y la encina negra,
a medio camino
de Úbeda a Baeza.
                                   [...]

                IV

Sobre el olivar,
se vio a la lechuza
volar y volar.
A Santa María
un ramito verde
volando traía.
¡Campo de Baeza
soñaré contigo
cuando no te vea!

Antonio Machado
(Nuevas canciones, 1917-1930)

viernes, 25 de abril de 2025

A las estrellas

                     Estrellas fugaces, Franz Stuck (1912)

¡Oh refulgentes astros, cuya lumbre 
el manto oscuro de la noche esmalta, 
y que en los altos cercos silenciosos 
        giráis mudos y eternos; 

y oh tú, lánguida luna, que argentada 
las tinieblas presides, y los mares 
mueves a tu placer, y ahora apacible 
        señoreas el cielo: 

ay, cuántas veces, ay, para mí gratas
vuestro esplendor sagrado ha embellecido 
dulces, felices horas de mi vida 
        que a no tornar volaron! 

¡Cuántas veces los pálidos reflejos 
de vuestros claros rostros derramados
húmedos resbalar por las colinas 
        vi apacibles del Betis; 

y en su puro cristal vuestra belleza 
reverberar con cándidos fulgores 
admiré al lado de mi prenda amada, 
        más que vosotros bella! 

Ahora, al brillar en las salobres ondas, 
mísero y solo, prófugo y errante, 
de todo bien me contempláis desnudo, 
        y a compasión os muevo. 

¡Ay!, ahora mismo vuestras luces claras, 
que el mar repite y reverente adoro, 
se derraman también sobre el retiro, 
        donde mi bien me llora. 

Tal vez en este instante sus divinos 
ojos clava en vosotros, ¡oh, lucientes 
astros!, y os pide con lloroso ruego 
que no alteréis los mares;

y el trémulo esplendor de vuestras lumbres 
en las preciosas lágrimas rïela, 
que esmaltan, ¡ay!, sus pálidas mejillas 
        y más bella la tornan.

Duque de Rivas
(1791-1865)

lunes, 24 de marzo de 2025

A un chopo, semejante en desgracia a su amor

                        Avenida de chopos en Moret, Alfred Sisley (1888)

Remataba en los cielos su belleza,
alivio, un alto chopo, a un verde prado,
amante de una vid y de ella amado,
que amor halló aposento en su dureza.

Soberbia, exenta, altiva su cabeza
era lengua del céfiro enojado,
del verde campo rey, pues, coronado, 
daba leyes de amor en su corteza.

Robole su corona airado el viento;
sintió tanto su mal, que fue tornada
en verde oscura su esperanza verde.

Yo, sin los lazos de mi Celia amada,
¿qué mucho a tal me traiga un pensamiento,
si un árbol me dio Amor que me lo acuerde?

Luis Carrillo y Sotomayor
            (h. 1585-1610)

sábado, 22 de marzo de 2025

Al cisne

                                    Cisnes en Reeds, Bruno Liljefors (1907)

Ave de nieve que rompiendo espumas
de ese cristal lascivo donde cantas,
las cándidas espumas que levantas
son igual competencia de tus plumas.

No es bien que cuando mueres lo presumas,
porque tu vida empieza en lo que cantas,
que a tus méritos propios te adelantas,
para adquirir las alabanzas sumas.

Cantando con espíritu del cielo,
te despides del orbe de la tierra:
que allá premio a sus méritos previenes.

Mas si es tu voz un cielo acá en el suelo,
solo por nuestro daño se destierra,
que en ella misma lo que buscas tienes.

Alonso Jerónimo de Salas Barbadillo
                   (1581-1635)

lunes, 10 de febrero de 2025

Oye tú solo, eterno y sacro río

Parque de la Cartuja, Ramon Alorda Pérez (1848-1899)

Oye tú solo, eterno y sacro río,
el grave y mustio son de mi lamento; 
y mezclado en tu grande crecimiento
lleva al padre Nereo el llanto mío.

Los suspiros ardientes que a ti envío, 
antes que los derrame leve viento,
acoge en tu sonante movimiento, 
porque se esconda en ti mi desvarío.

No sean más testigos de mi pena
los árboles, las peñas que solían
responder y quejarse a mi gemido.

Y en estas ondas, y corriente llena,
a quien vencer mis lágrimas porfían,
viva siempre mi mal y amor crecido.

Fernando de Herrera
         (1534-1597)

miércoles, 22 de enero de 2025

Al cielo

 Camino en un campo de amapolas, Claude Monet (a. 1926)

Clara fuente de luz, nuevo y hermoso,
rico de luminarias, patrio Cielo,
casa de la verdad sin sombra o velo,
de inteligencias ledo, almo reposo:

¡oh cómo allá te estás, cuerpo glorioso,
tan lejos del mortal caduco velo,
casi un Argos divino alzado a vuelo,
de nuestro humano error libre y piadoso!

¡Oh patria amada!, a ti sospira y llora
esta en su cárcel alma peregrina,
llevada errando de uno en otro instante;

esa cierta beldad que me enamora
suerte y sazón me otorgue tan benina
que, do sube el amor, llegue el amante.

Francisco de Aldana
      (1537-1578) 

domingo, 12 de enero de 2025

Mañana de primavera

                                          Primavera, Claude Monet (1886)

¡Mañana de primavera!
Vino ella a besarme, cuando
una alondra mañanera
subió del surco, cantando:
«¡Mañana de primavera!»

Le hablé de una mariposa
blanca que vi en el sendero;
y ella, dándome una rosa,
me dijo: «¡Cuánto te quiero!
¡No sabes lo que te quiero!»

¡Guardaba en sus labios rojos
tantos besos para mí!
Yo le besaba los ojos...
"¡Mis ojos son para ti;
tú, para mis labios rojos!"

El cielo de primavera
era azul de paz y olvido...
Una alondra mañanera
cantó en el huerto aún dormido.
Luz y cristal su voz era
en el surco removido...
¡Mañana de primavera!

Juan Ramón Jiménez
(Jardines lejanos, 1904)

martes, 7 de enero de 2025

Égloga I (fragmento)



   Verano en el bosque,  Peder Mørk Mønsted (1898)

                                 SALICIO


Por ti el silencio de la selva umbrosa,
por ti la esquividad y apartamiento
del solitario monte me agradaba;
por ti la verde hierba, el fresco viento,
el blanco lirio y colorada rosa
y dulce primavera deseaba.
          ¡Ay, cuánto me engañaba!
          ¡Ay, cuán diferente era
          y cuán de otra manera
lo que en tu falso pecho se escondía!
Bien claro con su voz me lo decía
la siniestra corneja, repitiendo
          la desventura mía.
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.

¡Cuántas veces, durmiendo en la floresta,
reputándolo yo por desvarío,
vi mi mal entre sueños, desdichado!
Soñaba que en el tiempo del estío
llevaba, por pasar allí la siesta,
a abrevar en el Tajo mi ganado;
           y después de llegado,
           sin saber de cuál arte,
           por desusada parte
y por nuevo camino el agua se iba;
ardiendo yo con la calor estiva,
el curso, enajenado, iba siguiendo
          del agua fugitiva.
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.

Tu dulce habla ¿en cúya oreja suena?
Tus claros ojos ¿a quién los volviste?
¿Por quién tan sin respeto me trocaste?
Tu quebrantada fe ¿dó la pusiste?
¿Cuál es el cuello que como en cadena
de tus hermosos brazos añudaste?
          No hay corazón que baste,
          aunque fuese de piedra,
          viendo mi amada hiedra
de mí arrancada, en otro muro asida,
y mi parra en otro olmo entretejida,
que no se esté con llanto deshaciendo
          hasta acabar la vida.
Salid sin duelo, lágrimas, corriendo.

Garcilaso De la Vega
(h.1501-1536)


viernes, 22 de noviembre de 2024

Tarde

                         Prado, Anna Billing (1885)

Mejor que tú, pensamiento,
este olvido de enramada
donde todo vive en nada:
hoja al sol, pájaro al viento.
De azul de luz sin cimiento,
¡qué cúpula! Maravilla
de ingravidez amarilla.
Mejor, pensamiento, el río;
donde apenas moja el frío
de su límite la orilla.


Juan José Domenchina
(Margen, 1933)

martes, 29 de octubre de 2024

El río recién nacido

              Arroyo en el bosque, Henri Biva (1848-1929)

El poeta de ciudad
se va al campo a respirar.
Montado en su bicicleta,
se va a la montaña el poeta.
—¡Mira un lirio!
¡Qué delirio!
Huele a tomillo y a menta.
Este aire puro alimenta.

No se oye nada. ¡Silencio!
Solo se oye el viento lento.
(El poeta canta
y a los mosquitos espanta).

De pronto, una cosa mágica descubre.
Chorrito de agua a la montaña cubre.
El río recién nacido.
Un hilo de agua entre las piedras,
míralo, no te lo pierdas.
(El agua recién nacida aún sabe a nieve).
Es agua clara y fresca.
El poeta se refresca.
¡Agua en la piedra!
Es algo de belleza que nace.
El saltamontes salta.
La oveja pace.

El poeta volvió alegre a la ciudad.
Del ruido y del coche,
volvió de noche,
y dijo: —¿Sabéis por qué me río?
¡Porque he visto nacer un río!

Gloria Fuertes
(Versos fritos, 1994)

lunes, 14 de octubre de 2024

Uva

                        Vendimia, Franz von Matsch (h. 1942)

Milenaria historia
      te trae hasta nosotros
múltiple fruto
      grávido de dulces zumos.
Cuántas frentes coronaron,
      cuántos tirsos adornaron
tus verdes pámpanos...
      Cuántas ávidas bocas
no saciaron
      tus jugosos racimos...
Cuántos vinos corrieron
      por el río del tiempo...
Uva clara
      diáfana jaspeada tinta
             verde rojiza morada,
de ambarina transparencia
             o de oscura opaca y densa
opulencia;
        don misterioso de un dios 
para una sed que se apaga.

Alaíde Foppa
(Guirnalda de Primavera, 1966)

jueves, 10 de octubre de 2024

La lluvia

Bajo los Tilos con vistas a la Puerta de Brandenburgo, Lesser Ury (h. 1920)

¿Cómo sería la lluvia
si no fuera de aroma,
de recuerdo,
             de nube,
de color
             y de llanto?

¿Cómo se oiría la lluvia,
si no brillara intensa,
             pálida,
                          azul,
                                    violeta,
relámpago,
             arco iris
de olores y esperanzas?

¿Cómo daría la lluvia su olor,
su gris perfume,
si no fuera aquel ritmo,
aquella voz,
              el canto,
eco lejano,
              el viento,
una escala de ensueños?

¿Cómo sería la lluvia,
si no fuera su nombre?

Elena Martín Vivaldi
(Durante este tiempo, 1972)

domingo, 9 de junio de 2024

El viajero

             Sauces junto al Escalda, Guillaume Van Strydonck (1861-1937)

...Y, de pronto, el viajero
surgió. Sobre el sendero
sus pies dejaban pálido,
fosforente reguero.

Vio mi mano en oferta,
y dijo: –¿Es para mí?–
(Yo no sé si despierta
o en ensueños le oí).

...Extasiado, mirándole
los ojos, se lo di...
¡Poder no pensar,
poderse abandonar,
como el pétalo al viento,
como al fuego el sarmiento,
como la astilla al mar!

Caminito escondido
Caminito escondido
que te embozas en sombra
y con grama te alfombras,
y al silencio haces nido:

Caminito escondido:
eres humilde y breve,
y tu surco es muy leve
entre el bosque tupido.

Medio sol de mañana,
un poquito de luna,
un hilo de fontana,
son toda tu fortuna...

¡Poco tienes, sendero
enflecado de sauces,
mas tú sabes, camino,
que breve, pobre, austero,
en sombra, eres el cauce
de un designio divino.

También yo sé, camino
que, aunque corto y umbroso,
te vio el dolor celoso
y el amor adivino;

que alguna vez, acaso,
pudo encontrarte al paso
el hada de la suerte,

y que, en noche sombría
o en el claror del día,
te sabrá hallar la muerte!

Josefina Plá
(El precio de los sueños, 1934)

martes, 21 de mayo de 2024

Paisaje

         Orillas del Epte en Êragny al atardecer, Camille Pissarro (1897)

Desde lejos escucho tu voz que resuena en este campo,
confundida con el sonido de este agua clarísima que desde aquí contemplo;
tu voz o juventud, signo que siempre oigo
cuando piso este verde jugoso siempre húmedo.

No calidad de cristal,
no calidad de carne, pero ternura humana,
espuma fugitiva, voz o enseña o unos montes,
ese azul que a lo lejos es siempre prometido.

No, no existes y existes.
Te llamas vivo ser,
te llamas corazón que me entiende sin que yo lo sospeche,
te llamas quien escribe en el agua un anhelo, una vida,
te llamas quien suspira mirando el azul de los cielos.

Tu nombre no es el trueno rumoroso que rueda
como solo una cabeza separada del tronco.
No eres tampoco el rayo o súbito pensamiento
que ascendiendo del pecho se escapa por los ojos.

No miras, no, iluminando ese campo,
ese secreto campo en el que a veces te tiendes,
río sonoro o monte que consigue sus límites,
frente a la raya azul donde unas manos se estrechan.

Tu corazón tomando la forma de una nube ligera
pasa sobre unos ojos azules,
sobre una limpidez en que el sol se refleja;
pasa, y esa mirada se hace gris sin saberlo,
lago en que tú, oh pájaro, no desciendes al paso.

Pájaro, nube o dedo que escribe sin memoria;
luna de noche que pisan unos desnudos pies;
carne o fruta, mirada que en tierra finge un río;
corazón que en la boca bate como las alas.

Vicente Aleixandre
(La destrucción o el amor, 1935)

viernes, 3 de mayo de 2024

Mi camino tiene una luz

  Bosque en primavera, Carl Frederik Aagaard (e. 1851y 1895)

Mi camino tiene una luz,
–hay un pajarito cantando en un pino–.
Voy caminando hacia la luz,
–hay una ranita cantando en la acequia–.
Me acerco y se agranda la luz,
–hay una chiquilla cantando en la fuente–.
¿Adónde me lleva esta luz?
–Hay un lucerito cantando en la noche–.
¡Me prende en su fuego la luz!
–Hay una voz nueva cantando en mi oído–.

Josefina de la Torre
(Versos y estampas, 1927)

martes, 30 de abril de 2024

Amor a una mañana

                       Paisaje primaveral, Peder Mørk Mønsted (1893)

Mañana, mañana clara:
¡Si fuese yo quien te amara!

Paso a paso en tu ribera,
Yo seré quien más te quiera.

Hacia toda tu hermosura
Mi palabra se apresura.

Henos sobre nuestra senda.
Déjame que yo te entienda.

¡Hermosura delicada
Junto al filo de la nada!

Huele a mundo verdadero
La flor azul del romero.

¿De tal lejanía es dueña
La malva sobre la peña?

Vibra sin cesar el grillo
A su paciencia me humillo.

¡Cuánto gozo a la flor deja
Preciosamente la abeja!

Y se zambulle, se obstina
la abeja. ¡Calor de mina!

El grillo ahora acelera
Su canto. ¿Más Primavera?

Se pierde quien se lo pierde.
¡Qué mío el campo tan verde!

Cielo insondable a la vista:
Amor es quien te conquista.

¿No merezco tal mañana?
Mi corazón se la gana.

Claridad, potencia suma:
Mi alma en ti se consuma.

Jorge Guillén
(Cántico, 1928)

martes, 23 de abril de 2024

El agua que está en la alberca

                           Chopos en el Epte, Claude Monet (h. 1900)

El agua que está en la alberca
y el verde chopo son novios
y se miran todo el día
el uno al otro.
En las tardes otoñales,
cuando hace viento, se enfadan:
el agua mueve sus ondas,
el chopo sus ramas;
las inquietudes del árbol
en la alberca se confunden
con inquietudes de agua.
Ahora que es la primavera,
vuelve el cariño; se pasan
toda la tarde besándose
silenciosamente. Pero
un pajarillo que baja
desde el chopo a beber agua,
turba la serenidad
del beso con temblor vago.
Y el alma del chopo tiembla
dentro del alma del agua.

Pedro Salinas
(Presagios, 1924)

domingo, 14 de abril de 2024

Abril

  Chopos en Moret-sur-Loing una tarde de agosto,  Alfred Sisley (a. 1899)

–El chamariz en el chopo. 
–¿Y qué más?
–El chopo en el cielo azul. 
–¿Y qué más?
–El cielo azul en el agua. 
–¿Y qué más?
–El agua en la hojita nueva. 
–¿Y qué más?
–La hojita nueva en la rosa. 
–¿Y qué más?
–La rosa en mi corazón. 
–¿Y qué más?
–¡Mi corazón en el tuyo!

Juan Ramón Jiménez
(Baladas de primavera, 1907)
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