¡Qué verdes tus ojos claros!…
Tú me mirabas, mirabas;
yo comía, grano a grano…
Y, de pronto, te inclinaste,
y me tomaste en los labios,
húmedos de zumo y risas,
un beso goloso y largo.
Ángela Figuera Aymerich
(Otoño, 1983)
Aquí está el poema diario que utilizamos para ir fortaleciendo la inteligencia y la sensibilidad de nuestros alumnos. Si alguien encuentra un bálsamo o un revulsivo en esta diaria medicina, bienvenido sea.