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miércoles, 9 de abril de 2025

La campana y el esquilón


Ilustración de El 19 de marzo y el 2 de mayo, Hermanos Mélida (1882)

En cierta catedral una campana había,
que solo se tocaba algún solemne día.
Con el más recio son, con pausado compás
cuatro golpes o tres solía dar no más.
Por esto, y ser mayor de la ordinaria marca, 
celebrada fue siempre en toda la comarca.
Tenía la ciudad en su jurisdicción
una aldea infeliz, de corta población,
siendo su parroquial una pobre iglesita
con chico campanario, a modo de una ermita,  
y un rajado esquilón pendiente en medio de él,
era allí el que hacía el principal papel.
A fin de que imitase aqueste campanario
al de la catedral, dispuso el vecindario
que despacio y muy poco el dicho esquilón  
se hubiese de tocar en tal cual función;
y pudo aquello tanto en la gente aldeana,
que el esquilón pasó por una gran campana.
Muy verosímil es; pues que la gravedad
suple en muchos así por la capacidad; 
dígnanse rara vez de despegar sus labios,
y piensan que con esto imitan a los sabios.

Con hablar poco y gravemente,
 
logran muchos opinión de hombres grandes.

Tomás de Iriarte
       (1750-1791) 

martes, 12 de diciembre de 2023

El topo y otros animales

                            La gallina ciega, Francisco de Goya (1788)

Ciertos animalitos,
todos de cuatro pies, 
a la gallina ciega
jugaban una vez.

Un perrillo, una zorra
y un ratón, que son tres;
una ardilla, una liebre
y un mono, que son seis.

Este a todos vendaba
los ojos, como que es
el que mejor se sabe
de las manos valer.

Oyó un topo la bulla
y dijo: «Pues, ¡pardiez!,
que voy allá, y en rueda
me he de meter también».

Pidió que le admitiesen,
y el mono, muy cortés,
se lo otorgó (sin duda
para hacer burla de él).

El topo a cada paso
daba veinte traspiés,
porque tiene los ojos
cubiertos de una piel.

Y a la primera vuelta,
como era de creer,
facilísimamente
pillan a su merced.

De ser gallina ciega
le tocaba la vez;
y ¿quién mejor podía
hacer este papel?

Pero él, con disimulo,
por el bien parecer,
dijo al mono: «¿Qué hacemos?
Vaya, ¿me venda usted?»

Si el que es ciego y lo sabe
aparenta que ve,
quien sabe que es idiota,
¿confesará que lo es?

Tomás de Iriarte
     (1750-1791)

domingo, 16 de septiembre de 2018

El oso, la mona y el cerdo


             El oso bailarín, William Frederick Witherington (1822)

Un oso, con que la vida
ganaba un piamontés,
la no muy bien aprendida
danza ensayaba en dos pies.

Queriendo hacer de persona,
dijo a una mona: "¿Qué tal?".
Era perita la mona,
Y respondiole: "Muy mal".

–Yo creo –replicó el oso–
que me haces poco favor.
Pues ¿qué?, ¿mi aire no es garboso?
¿No hago el paso con primor?

Estaba el cerdo presente,
y dijo: "¡Bravo! ¡Bien va!
Bailarín más excelente
no se ha visto ni verá".

Echó el oso, al oír esto,
sus cuentas allá entre sí,
y con ademán modesto,
hubo de exclamar así:

"Cuando me desaprobaba
la mona, llegué a dudar;
mas ya que el cerdo me alaba,
muy mal debo de bailar".

Guarde para su regalo
esta sentencia un autor:
si el sabio no aprueba, ¡malo!
Si el necio aplaude, ¡peor!


Tomás de Iriarte
      (1750-1791) 

martes, 22 de septiembre de 2015

El galán y la dama

 Joven pareja rococó en magníficos interiores, Federico Andreotti (1930)

Cierto galán a quien París aclama,
petimetre del gusto más extraño,
que cuarenta vestidos muda al año
y el oro y plata sin temor derrama,

celebrando los días de su dama,
unas hebillas estrenó de estaño,
solo para probar con este engaño
lo seguro que estaba de su fama.

«¡Bella plata! ¡Qué brillo tan hermoso!»,
dijo la dama, «¡viva el gusto y numen
del petimetre en todo primoroso!»

Y ahora digo yo: «Llene un volumen
de disparates un autor famoso,
y si no le alabaren, que me emplumen».


Tomás de Iriarte
      (1750-1791)

lunes, 6 de octubre de 2014

El burro flautista

           Imagen procedente del CEDOCAM

Esta fabulilla,
salga bien o mal,
me ha ocurrido ahora
por casualidad.
Cerca de unos prados
que hay en mi lugar,
pasaba un borrico
por casualidad.

Una flauta en ellos
halló, que un zagal
se dejó olvidada
por casualidad.
Acercose a olerla
el dicho animal,
y dio un resoplido
por casualidad.
En la flauta el aire
se hubo de colar,
y sonó la flauta
por casualidad.
«iOh!», dijo el borrico;
«¡qué bien sé tocar!
¡Y dirán que es mala
la música asnal!»
Sin reglas del arte,
borriquitos hay
que una vez aciertan
por casualidad.


Tomás de Iriarte
(1750-1791)

domingo, 10 de junio de 2012

Definición del mal que llaman esplín

   Retrato de Tomás de Iriarte por Joaquín Inza (1736-1811) 

(Del inglés "spleen") 

Es el esplín, señora, una dolencia
que de Inglaterra dicen que nos vino.
Es mal humor, manía, displicencia,
es amar la aflicción, perder el tino,
aborrecer un hombre su existencia,
renegar de su genio y su destino,
y es, en fin, para hablarte sin rodeo,
aquello que me da si no te veo.  

Tomás de Iriarte
(1750-1791)


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