Vista de la costa de Amalfi, Carl Morgenstern (1867)
Conozco la historia del que llenaba
su casa de lilas blancas; la del que
amaba deslizar la mano,
temblorosa, sobre frías gemas, ágatas,
berilos; la del que paseaba en la noche,
con un candelabro Imperio por
salones abarrotados de lienzos y marfiles.
Hiperestésicos, anhelantes, heridos.
Porque la Belleza es, a veces, excesiva
e inasible. Pero sigue brillando el cuerpo
joven en la tarde. Y se enciende la mirada
azul, y el fino cabello negro, y la piel
oscura. Y el muchacho nos mira, al pasar,
ignorante de su don, como en los cuentos persas,
mientras tú, herido, buscas alivio en cosas muertas.
Luis Antonio de Villena
(Hymnica, 1979)