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lunes, 19 de mayo de 2014

Demasiada belleza

 
                      Vista de la costa de Amalfi, Carl Morgenstern (1867)

Conozco la historia del que llenaba
su casa de lilas blancas; la del que
amaba deslizar la mano,
temblorosa, sobre frías gemas, ágatas,
berilos; la del que paseaba en la noche,
con un candelabro Imperio por
salones abarrotados de lienzos y marfiles.
Hiperestésicos, anhelantes, heridos.
Porque la Belleza es, a veces, excesiva
e inasible. Pero sigue brillando el cuerpo
joven en la tarde. Y se enciende la mirada
azul, y el fino cabello negro, y la piel
oscura. Y el muchacho nos mira, al pasar,
ignorante de su don, como en los cuentos persas,
mientras tú, herido, buscas alivio en cosas muertas.

Luis Antonio de Villena
(Hymnica, 1979)

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Labios bellos, ámbar suave

Con sólo verte una vez te otorgué un nombre,
para ti levanté una bella historia humana.
Una casa entre árboles y amor a media noche,
un deseo y un libro, las rosas del placer
y la desidia. Imaginé tu cuerpo
tan dulce en el estío, bañado entre las
viñas, un beso fugitivo y aquel espera
no te vayas aún, aún es temprano.
Te llegué a ver totalmente a mi lado.
El aire oreaba tu cabello, y fue sólo
pasar, apenas un minuto y ya dejarte.
Todo un amor, jazmín de un solo instante.
Mas es grato saber que nos tuvo un deseo,
y que no hubo ni presente ni pasado.

Luis Antonio de Villena
(El viaje a Bizancio, 1976)
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