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martes, 10 de diciembre de 2019

Porque todo es igual y tú lo sabes

           Interior con espejo, Vilhelm Hammershøi (h. 1907)

Porque todo es igual y tú lo sabes,
has llegado a tu casa, y has cerrado la puerta
con ese mismo gesto con que se tira un día,
con que se quita la hoja atrasada al calendario
cuando todo es igual y tú lo sabes.
Has llegado a tu casa,
y, al entrar,
has sentido la extrañeza de tus pasos
que estaban ya sonando en el pasillo antes de que llegaras,
y encendiste la luz para volver a comprobar
que todas las cosas están exactamente colocadas como estarán dentro de un año;
y después,
te has bañado, respetuosa y tristemente, lo mismo que un suicida,
y has mirado tus libros como miran los árboles sus hojas,
y te has sentido solo,
humanamente solo,
definitivamente solo porque todo es igual y tú lo sabes.


Luis Rosales
(La casa encendida, 1949) 

viernes, 22 de diciembre de 2017

El deshielo

              En las montañas de Sierra Nevada, Albert Bierstadt (1868)

Viene el amor, viene el amor, y vives
dentro de un paraíso:
                                       las palabras
no dicen nada: arden,
y la noche es igual que la mañana.
Hay solo un corazón que rige al mundo
y da correspondencias necesarias
a cuanto existe.
                            Miras
y es un acto de fe cada mirada.
La certidumbre de vivir te asombra
con su deslumbramiento y su diaria
revelación, y vives
la eternidad en cada
sílaba del amor, en cada cinta
de su sombrero azul y en cada tapia
donde se pone el sol, porque sabemos
que seguimos naciendo y que nos falta
tiempo para vivir.
                                Hasta que un día 
vuelven al labio las palabras
puestas ya en pie; revelan
las diferencias esenciales,
                                              andan
y arañan en la sangre;
                                       hemos reunido
nuestra desolación pero no hay nada
que pueda reprocharse y no te culpo:
no hay culpas, hay distancias,
la misma intensidad que nos unía
se ha quemado tal vez y nos separa.
¿Quieres decirme si estoy vivo? ¿Puedes
decírmelo?
                    No basta
estar como un insecto entre tus brazos
con una vida ya cristalizada
dentro del hielo, ¿puedes
decirme si estoy vivo y si mañana,
cuando despunte el sol, se hará el deshielo
que desate mi cuerpo sobre el agua?

Luis Rosales
(Rimas, 1951)

domingo, 6 de abril de 2014

Lo que tú llamas quiéreme

 Un riachuelo en el valle, con ciervos en la distancia, Peder Mørk Mønsted (1905)

Busca un sitio en mi piel que no haya sido
escrito por tu mano y que no tenga
algún temblor, alguna
luz de tu carne en su memoria ciega.
Busca un sitio en mis ojos
que no haya sido espejo y que no sienta
cristalizar esa sonrisa tuya
que camina en el mundo alegre y huérfana.
Lo que llamaste "nunca",
ya está aprendiendo a andar sobre la tierra;
y lo que llamas "quiéreme" no es sangre
pero riega mi cuerpo como ella.
Sí, todo es tuyo,
                            y sin embargo siento
algo que está más cerca
de mí que estoy yo mismo, algo que vive
solo para acabar, algo que cesa
contigo, amor, y que me hará imposible
la vida misma que me das entera.


Luis Rosales
(Rimas, 1951)

lunes, 19 de abril de 2010

La transfiguración

Siento tu cuerpo entero bajo el mío.
Tu carne
............... es
....................como un ascua,
fresca e imprescindible,
que está fluyendo hacia
mi cuerpo, por un puente
de miel lenta y silábica.
Hay un solo momento en que se junta
el cuerpo con el alma,
y se sienten recíprocos,
.........................................y viven
su trasfiguración,
..............................y se adelantan
el uno al otro en una misma entrega
desde su mismo origen deseada.
Siento tus labios en mis labios, siento
tu piel desnuda y ávida,
y siento,
...............¡al fin!
..........................esa frescura súbita
como una llamarada
de eternidad, en que la carne deja
de serlo y se desata,
se dispersa en el vuelo,
........................................y va cayendo
en la tierra sonámbula
de tu cuerpo que cede interminable
mente cediendo,
.............................hasta
que el vuelo acaba y ya la carne queda
quieta, milagreada,
y me devuelve el cuerpo,
............................................y todo ha sido
un pasmo, un rebrillar y luego nada.

Luis Rosales
(Rimas, 1951)

lunes, 4 de mayo de 2009

El bosque se iba haciendo al arder

Me están mirando en tus ojos
los ángeles del instante,
los ángeles que perdieron
la memoria al contemplarse.

Me estoy reuniendo en tus brazos;
te siento casi quemándome;
arden el tronco y las ramas
pero las hojas no arden.

Estamos juntos, sin vernos,
repetidos y distantes,
juntos pero no vividos,
tristemente naturales.

Luis Rosales
(Rimas, 1951)

viernes, 5 de diciembre de 2008

Recordando un temblor en el bosque de los muertos

Si el corazón perdiera su cimiento,
y vibraran la tierra y la madera
del bosque de la sangre, y se sintiera
en tu carne un pequeño movimiento

total, como un alud que avanza lento
borrando en cada paso una frontera,
y fuese una luz fija la ceguera,
y entre el mirar y el ver quedara el viento,

y formasen los muertos que más amas
un bosque ardiendo bajo el mar desnudo
-el bosque de la muerte en que deshoja

un sol, ya en otro cielo, su oro mudo-
y volase un enjambre entre las ramas
donde puso el temblor la primer hoja...

Luis Rosales
(La casa encendida, 1949)

domingo, 2 de marzo de 2008

Autobiografía

Como el náufrago metódico que contase las olas
que faltan para morir,
y las contase, y las volviese a contar, para evitar
errores, hasta la última,
hasta aquella que tiene la estatura de un niño
y le besa y le cubre la frente,
así he vivido yo con una vaga prudencia de
caballo de cartón en el baño,
sabiendo que jamás me he equivocado en nada,
sino en las cosas que yo más quería.


Luis Rosales
(Rimas, 1951)
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