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sábado, 10 de junio de 2023

Al fondo del espejo

          Retrato de una joven, Christine Herter (h. 1921)

Si dejas de mirarte en ese espejo
en el que ahora te contemplas,
si sales de este cuarto y de esta casa
y tardas varias horas en volver,
yo,
con una ingenuidad que ni en las fábulas,
me asomaré al espejo
por si estás ahí adentro,
por si te has olvidado de llevarte contigo.

Amalia Bautista
(Azul el agua, 2022)

lunes, 18 de mayo de 2020

La mujer de Lot

                Ensoñación, Alphonse Osbert (1895)

Nadie nos ha aclarado todavía
si la mujer de Lot fue convertida
en estatua de sal como castigo
a la curiosidad irrefrenable
y a la desobediencia solamente,
o si se dio la vuelta porque en medio
de todo aquel incendio pavoroso
ardía el corazón que más amaba.


Amalia Bautista
(La mujer de Lot y otros poemas, 1995)

lunes, 6 de marzo de 2017

Galatea

                           El Parque Monceau, Gustave Caillebotte (1877)

No sabía qué hacer aquella tarde.
Tú estabas enfadado y no querías
salir. Me fui al Parque del Oeste
y estuve paseando mucho rato
sin encontrar un alma. En el invierno
casi nadie pasea por los parques.
No pensé nada. Me senté en un banco
y encendí un cigarrillo. De repente
un hombre joven se sentó a mi lado.
Le miré y vi que había un solo ojo
en mitad de su frente, un ojo oscuro,
tristísimo y brillante. Me miraba
como pidiendo ayuda, suplicando.
Ninguno de los dos dijimos nada.
Él miraba mis ojos y yo el suyo.
En silencio empezó a llorar despacio,
se avergonzó y se fue. Yo no hice nada
por detenerle. Tú no te creíste
ni una palabra de esta historia, pero
yo me lleno de angustia y de tristeza,
aunque quiera evitarlo, si recuerdo

al cíclope del Parque del Oeste.

Amalia Bautista
(Cárcel de amor, 1988)

martes, 15 de abril de 2008

Cárcel de amor

De todas las mujeres que has tenido
que me quieres a mí más que a ninguna
es lo que dices siempre. Sin embargo,
ellas pudieron compartir tu cama,

y a mí me has encerrado en este cuarto
en el que me visitas por las tardes,
me traes dulces y libros, y me hablas
de arte y literatura. Al despedirte

me das un paternal beso en la frente
y así hasta el otro día. Y yo me quedo
sola y me aburro. Y echo en falta un hombre.

Por eso no te extrañes, amor mío,
si vienes a mi celda por sorpresa
y me ves abrazada al carcelero.

Amalia Bautista
(Cárcel de amor, 1988)
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