Aquí está el poema diario que utilizamos para ir fortaleciendo la inteligencia y la sensibilidad de nuestros alumnos. Si alguien encuentra un bálsamo o un revulsivo en esta diaria medicina, bienvenido sea.
Una velada elegante, Victor Gabriel Gilbert (h. 1890)
Eres hermosa como la piedra, oh difunta; oh viva, oh viva, eres dichosa como la nave. Esta orquesta que agita mis cuidados como una negligencia, como un elegante biendecir de buen tono, ignora el vello de los pubis, ignora la risa que sale del esternón como una gran batuta.
Unas olas de afrecho, un poco de serrín en los ojos, o si acaso en las sienes, o acaso adornando las cabelleras; unas faldas largas hechas de colas de cocodrilos; unas lenguas o unas sonrisas hechas con caparazones de cangrejos. Todo lo que está suficientemente visto no puede sorprender a nadie.
Las damas aguardan su momento sentadas sobre una lágrima, disimulando la humedad a fuerza de abanico insistente. Y los caballeros abandonados de sus traseros quieren atraer todas las miradas a la fuerza hacia sus bigotes.
Pero el vals ha llegado. Es una playa sin ondas, es un entrechocar de conchas, de tacones, de espumas o de dentaduras postizas. Es todo lo revuelto que arriba.
Pechos exuberantes en bandeja en los brazos, dulces tartas caídas sobre los hombros llorosos, una languidez que revierte, un beso sorprendido en el instante que se hacía "cabello de ángel", un dulce "sí" de cristal pintado de verde.
Un polvillo de azúcar sobre las frentes da una blancura cándida a las palabras limadas, y las manos se acortan más redondeadas que nunca, mientras fruncen los vestidos hechos de esparto querido.
Las cabezas son nubes, la música es una larga goma, las colas de plomo casi vuelan, y el estrépito se ha convertido en los corazones en oleadas de sangre, en un licor, si blanco, que sabe a memoria o a cita.
Adiós, adiós, esmeralda, amatista o misterio; adiós, como una bola enorme ha llegado el instante, el preciso momento de la desnudez cabeza abajo, cuando los vellos van a pinchar los labios obscenos que saben.
Es el instante, el momento de decir la palabra que estalla, el momento en que los vestidos se convertirán en aves, las ventanas en gritos, las luces en ¡socorro! y ese beso que estaba (en el rincón) entre dos bocas se convertirá en una espina que dispensará la muerte diciendo: Yo os amo.
Vicente Aleixandre (Espadas como labios, 1932)
G
M
T
An elegant evening, Victor Gabriel Gilbert (b.1890)
La función de sonido está limitada a 200 caracteres
En la clase, Paul Louis Martin des Amoignes (1886)
Ninguno comprendíamos el secreto nocturno de las pizarras ni por qué la esfera armilar se exaltaba tan sola cuando la mirábamos. Solo sabíamos que una circunferencia puede no ser redonda y que un eclipse de luna equivoca a las flores y adelanta el reloj de los pájaros. Ninguno comprendíamos nada: ni por qué nuestros dedos eran de tinta china y la tarde cerraba compases para al alba abrir libros. Solo sabíamos que una recta, si quiere, puede ser curva o quebrada y que las estrellas errantes son niños que ignoran la aritmética.
Me he ceñido toda con un manto negro. Estoy toda pálida, la mirada extática. Y en los ojos tengo partida una estrella. ¡Dos triángulos rojos en mi faz hierática!
Ya ves que no luzco siquiera una joya. Ni un lazo rosado, ni un ramo de dalias. Y hasta me he quitado las hebillas ricas De las correhuelas de mis dos sandalias.
Mas soy esta noche, sin oros ni sedas, Esbelta y morena como un lirio vivo. Y estoy toda ungida de esencias de nardos. Y soy toda suave bajo el manto esquivo.
Y en mi boca pálida florece ya el trémulo Clavel de mi beso que aguarda tu boca. Y a mis manos largas se enrosca el deseo Como una invisible serpentina loca.
¡Descíñeme, amante! ¡Descíñeme, amante! Bajo tu mirada surgiré como una Estatua vibrante sobre un plinto negro Hasta el que se arrastra, como un can, la luna.
Juana de Ibarbourou (Las lenguas de diamante, 1919)
Vista nocturna del Puente de Queensboro, Julien Alden Weir (1910) ... Es la celeste jeometría de un astrónomo viejo sobre la ciudad alta –torres negras, finas, pequeñas, fin de aquello…– Como si, de un mirador último, lo estuviera mirando el astrólogo. Signos exactos –fuegos y colores–, con su secreto bajo y desprendido en diáfana atmósfera de azul y honda transparencia. ¡Qué brillos, qué amenazas, qué fijezas, qué augurios, en la inminencia cierta de la estraña verdad! ¡Anatomía del cielo, con la ciencia de la función en sí y para nosotros! –Un grito agudo, solo, inmenso, como una estrella errante–. ...¡Cuán lejanos ya de aquellos nosotros, de aquella primavera de esta tarde –en Washington Square, tranquila y dulce–, de aquellos sueños y de aquel amor!
Juan Ramón Jiménez (Diario de un poeta recién casado, 1916)
El viejo molino de agua, Myles Birkett Foster (a. 1899)
La tarde caía triste y polvorienta. El agua cantaba su copla plebeya en los cangilones de la noria lenta. Soñaba la mula ¡pobre mula vieja!, al compás de sombra que en el agua suena. La tarde caía triste y polvorienta. Yo no sé qué noble, divino poeta, unió a la amargura de la eterna rueda la dulce armonía del agua que sueña, y vendó tus ojos, ¡pobre mula vieja!... Mas sé que fue un noble, divino poeta, corazón maduro de sombra y de ciencia.
Antonio Machado (Soledades, galerías y otros poemas, 1907)
Están as nubes chorando por un amor que morreu. Están as rúas molladas de tanto como choveu.
Lela, Lela, Leliña por quen eu morro, quero mirarme nas meniñas dos teus ollos.
Non me deixes e ten compasión de min. Sen ti non podo, sen ti non podo vivir.
Dáme alento cas túas palabras, dáme celme do teu corazón, dáme lume cas túas miradas, dáme vida co teu doce amor.
Lela, Lela, Leliña por quen eu morro, quero mirarme nas meniñas dos teus ollos.
Non me deixes e ten compasión de min. Sen ti non podo, sen ti non podo vivir.
Alfonso Daniel Manuel Rodríguez Castelao (Os vellos non deben de namorarse, 1953)
Versión al castellano de Un poema cada día Están las nubes llorando por un amor que murió. Están las calles mojadas de tanto como llovió. Lela, Lela, Leliña por quien yo muero, quiero mirarme en las pupilas de tus ojos. No me dejes y ten compasión de mí. Sin ti no puedo, sin ti no puedo vivir.
Dame aliento con tus palabras, dame esencia de tu corazón, dame fuego con tus miradas, dame vida con tu dulce amor. Lela, Lela, Leliña por quien yo muero, quiero mirarme en las pupilas de tus ojos. No me dejes y ten compasión de mí. Sin ti no puedo, sin ti no puedo vivir.
(Los viejos no deben enamorarse, 1953)
Esta canción aparece en la escena II del acto I de la obra teatral Os vellos non deben de namorarse, de Castelao, que se estrenó en Buenos Aires en 1941, aunque no se publicó hasta 1953.
En el vídeo podemos escucharla interpretada por Dulce Pontes y Carlos Núñez, que realizaron, en 1996, una preciosa versión de este clásico de la canción popular gallega.
En la tranquila noche, mis nostalgias amargas sufría. En busca de quietud, bajé al fresco y callado jardín. En el obscuro cielo, Venus bella temblando lucía, como incrustado en ébano un dorado y divino jazmín.
A mi alma enamorada, una reina oriental parecía, que esperaba a su amante, bajo el techo de su camarín, o que, llevada en hombros, la profunda extensión recorría, triunfante y luminosa, recostada sobre un palanquín.
«¡Oh, reina rubia! —díjele—, mi alma quiere dejar su crisálida y volar hacia ti, y tus labios de fuego besar; y flotar en el nimbo que derrama en tu frente luz pálida,
y en siderales éxtasis no dejarte un momento de amar». El aire de la noche refrescaba la atmósfera cálida. Venus, desde el abismo, me miraba con triste mirar.
Dª ÁNGELA ¿Estaréis muy disgustado de esperarme? D. MANUEL No, señora; que quien espera al aurora, bien sabe que su cuidado, en las sombras sepultado de la noche oscura y fría, ha de tener, y así hacía gusto el pesar que pasaba; pues cuanto más se alargaba, tanto más llamaba al día. Si bien no era menester pasar noche tan oscura, si el sol de vuestra hermosura me había de amanecer; que para resplandecer vos, soberano arrebol, la sombra ni el tornasol de la noche no os había de estorbar; que sois el día que amanece sin el sol. El alba, para brillar, quiso a la noche seguir; la aurora para lucir, al alba quiso imitar; el sol, deidad singular, a la aurora desafía, vos al sol; luego la fría noche no es menester si podéis amanecer sol del sol después del día. Dª ÁNGELA Aunque agradecer debiera discurso tan cortesano, quejarme quiero (no en vano), de ofensa tan lisonjera, pues no siendo esta la esfera, a cuyo noble ardimiento fatigas padece el viento sino un albergue piadoso, os viene a hacer sospechoso el mismo encarecimiento. No soy alba, pues la risa me falta en contento tanto; ni aurora, pues que mi llanto de mi dolor ¿no os avisa? No soy sol, pues no divisa mi luz la verdad que adoro, y así lo que soy ignoro; que solo sé que no soy alba, aurora o sol; pues hoy no alumbro, río, ni lloro. Y así, os ruego que digáis, señor don Manuel, de mí que una mujer soy y fui a quien vos solo alegráis al extremo que miráis. Calderón de la Barca (La dama duende, 1629)
Homero, Hesiodo, Safo, Pindaro... Kavafis, Elytis, Seferis, Ritsos... Tales, Heraklito, Parmenides, Sokrates, Platon, Aristoteles... Greziak ez du muga fisikorik, lurralde bat baino askoz gehiago...
Hölderlin, Nietzsche, Heidegger, Celan... Oliba usaineko jakinduria, bere buruaren uharte, itsaso biribildu ezina, gatzaren kanta zauri direnen belarrietan.
Hasiera bat, abiapuntu bat, hari bat zeinari jarraitu, argi hauskorren isla, nora eta zergatik goazen inoiz ez jakin arren.
Garai larrietan inongoak ez. Lurra, kate. Goraka begira sustraiak, argiz eta itsasoz. Mugak oro lausotzea. Greziar..., oinutsik hareari forma emanez. Berriz hastea sorterri.
Aritz Gorrotxategi (Muga, 2016) Homero, Hesíodo, Safo, Píndaro... Kavafis, Elytis, Seferis, Ritsos... Tales, Heráclito, Parménides, Sócrates, Platón, Aristóteles... Grecia carece de límites físicos, ser más que un territorio... Hölderlin, Nietzsche, Heidegger, Celan... Sabiduría de aroma oliváceo, isla de sí misma, mar imposible de plegar, canto de sal a oídos de quienes son herida. Inicio, punto de partida, hilo al que seguir, reflejo de luces quebradizas, a pesar de no saber nunca a dónde vamos y por qué. No pertenecer a ningún lugar en épocas de penuria. Tierra que es cadena. Raíces mirando hacia arriba, de luz y mar. Disipar cualquier límite. Griegos..., dando forma a la arena descalzos. Que la patria sea comenzar de nuevo. [Poema incluido en la antología bilingüe Muga, Ediciones El Gallo de Oro, 2016. Traducción al castellano del propio autor.]
Mar con gaviotas, Nikolay Nikanorovich Dubovskoy (1911)
Unha vez houbo un home que nunca dixo meu. Petóu nas portas do mundo, chamóu no meu corazón. Falaba con palabras que semellaban pombas. As cousas á súa beira púñanse brancas. Nascíalle nos ollos un abrente coma un río de luz, ou coma un mar lonxano de gueivotas. Un bálsamo de amor tiña aquil home pra ista miña dor sin nome.
Celso Emilio Ferreiro (Longa noite de pedra, 1962)
Versión al castellano de Un poema cada día Una vez hubo un hombre que nunca dijo mío. Golpeó en las puertas del mundo, llamó a mi corazón. Hablaba con palabras que semejaban palomas. Las cosas a su vera poníanse blancas. Nacíale en los ojos un albor como un río de luz, o como un mar lejano de gaviotas. Un bálsamo de amor tenía aquel hombre para este dolor mío sin nombre. (Larga noche de piedra, 1962)
Aleshores, quan jèiem abraçats davant la finestra oberta al pendís d'oliveres (dues llavors nues dins d'un fruit que l'estiu ha badat violent, i que s'omple d'aire) no teníem records. Érem el record que tenim ara. Érem aquesta imatge. Els ídols de nosaltres, per la submisa fe de després. Gabriel Ferrater (Teoria dels cossos, 1966) Ídolos Entonces, cuando yacíamos abrazados frente a la ventana abierta al desmonte de olivos (dos semillas desnudas dentro de un fruto que el verano ha abierto violento, y que se llena de aire) no teníamos recuerdos. Éramos el recuerdo que tenemos ahora. Éramos esta imagen. Ídolos de nosotros para la fe sumisa de después.
(Teoría de los cuerpos, 1966) [Traducción al castellano de José Agustín Goytisolo]
Cabeza abstracta, Alekséi von Jawlensky (1864-1941)
De vosotros, los jóvenes, espero no menos cosas grandes que las que realizaron vuestros antepasados. Os entrego una herencia grandiosa: sostenedla. Amparad ese río de sangre, sujetad con segura mano el tronco de caballos viejísimos, pero aún poderosos, que arrastran con pujanza el fardo de los siglos pasados.
Nosotros somos estos que aquí estamos reunidos, y los demás no importan.
Tú, Piedra, hijo de Pedro, nieto de Piedra y biznieto de Pedro, esfuérzate para ser siempre piedra mientras vivas, para ser Pedro Petrificado Piedra Blanca, para no tolerar el movimiento para asfixiar en moldes apretados todo lo que respira o que palpita. A ti, mi leal amigo, compañero de armas, escudero, sostén de nuestra gloria, joven alférez de mis escuadrones de arcángeles vestidos de aceituna, sé que no es necesario amonestarte: con seguir siendo fuego y hierro, basta. Fuego para quemar lo que florece. Hierro para aplastar lo que se alza.
Y finalmente, tú, dueño del oro y de la tierra poderoso impulsor de nuestra vida, no nos faltes jamás. Sé generoso con aquellos a los que necesitas, pero guarda, expulsa de tu reino, mantenlos más allá de tus fronteras, déjalos que se mueran, si es preciso, a los que sueñan, a los que no buscan más que luz y verdad, a los que deberían ser humildes y a veces no lo son, así es la vida. Si alguno de vosotros pensase yo le diría: no pienses.
Pero no es necesario. Seguid así, hijos míos, y yo os prometo paz y patria feliz, orden, silencio.
Ángel González (Sin esperanza, con convencimiento, 1961)
Wszystkie twoje, nasze, wasze dzienne sprawy, nocne sprawy to są sprawy polityczne. Chcesz czy nie chcesz, twoje geny mają przyszłość polityczną, skóra odcień polityczny, oczy aspekt polityczny.
O czym mówisz, ma rezonans, o czym milczysz, ma wzmowę tak czy owak polityczną.
Nawet idąc borem lasem stawiasz kroki polityczne na podłożu politycznym.
Wiersze apolityczne też są polityczne, a w górze świeci księżyc, obiekt już nie księżycowy. Być albo nie być, oto jest pytanie. Jakie pytanie, odpowiedz kochanie. Pytanie polityczne.
Nie musisz nawet być istotą ludzką, by zyskać na znaczeniu politycznym.
Wystarczy, żebyś był ropą naftową, paszą treściwą czy surowcem wtórnym. Albo I stołem obrad, o którego kształt spierano się miesiącami przy jakim pertraktować o życiu i śmierci, okrągłym czy kwadratowym.
Tymczasem ginęli ludzie, zdychały zwierzęta, płonęły domy i dziczały pola jak w epokach zamierzchłych i mniej politycznych.
Wisława Szymborska (Ludzie na moście, 1986)
Hijos de la época
Somos hijos de nuestra época,
y nuestra época es política. Todos tus, mis, nuestros, vuestros
problemas diurnos, y los nocturnos,
son problemas políticos.
Quieras o no,
tus genes tienen un pasado político,
tu piel un matiz político
y tus ojos una visión política. Cuanto dices produce una resonancia,
cuanto callas implica una elocuencia
inevitablemente política. Incluso al caminar por bosques y praderas
das pasos políticos
en terreno político. Los poemas apolíticos son también políticos,
y en lo alto resplandece la luna,
un cuerpo ya no lunar.
Ser o no ser, esta es la cuestión.
¿Qué cuestión?, adivina corazón:
una cuestión política.
Adquirir significado político
ni siquiera requiere ser humano.
Basta ser petróleo,
pienso compuesto o materia reciclada.
O la mesa de debates de diseño durante meses discutido: ¿redonda?, ¿cuadrada?, ¿qué mesa es mejor para deliberar acerca de la vida y de la muerte?
Mientras, perecía gente, morían animales, ardían casas, y los campos se quedaban yermos como en épocas remotas y menos políticas.
(Hombres en el puente, 1986)
[Traducción de Ana María Moix y Jerzy Wojciech Slawomirski]
Toute tiède encore du linge annulé Tu fermes les yeux et tu bouges Comme bouge un chant qui naît Vaguement mais de partout
Odorante et savoureuse Tu dépasse sans te perdre Les frontières de ton corps
Tu as enjambé le temps Te voici femme nouvelle Révélée à l'infini.
Paul Éluard (Une longue réflexion amoureuse, 1945)
Versión al castellano de Un poema cada día El beso
Tibia aún de ropa apartada Cierras los ojos y te mueves Como se mueve un canto que nace Vagamente pero de todas partes Olorosa y sabrosa Sobrepasas sin perderte Las fronteras de tu cuerpo Has rebasado el tiempo Como una mujer nueva Revelada al infinito. (Una larga reflexión amorosa, 1945)
Día de otoño en Mailand, Hermann Schmidtmann (h. 1936)
Nunca quise llegar a ningún sitio ni tampoco me interesó especialmente el paisaje. Un pequeño bar de barrio con una mesa desde la que ver el mundo apagarse y encenderse –bajo la lluvia– las farolas en las aceras, me ha bastado para ser casi feliz. Exiliado en mi interior, nunca en venta ni besando la mano de nadie, arrastro mi minúscula épica –por unas calles que ni siquiera son ya mis calles– y me voy alejando. Karmelo C. Iribarren (Mientras me alejo, 2017)