domingo, 31 de marzo de 2024

Ya no

Jacques Martin-Ferrières en Marquayrol, Henri-Jean Guillaume Martin (1910)

Ya no será
ya no
no viviremos juntos
no criaré a tu hijo
no coseré tu ropa
no te tendré de noche
no te besaré al irme
nunca sabrás quién fui
por qué me amaron otros.

No llegaré a saber
por qué ni cómo nunca
ni si era de verdad
lo que dijiste que era
ni quién fuiste
ni qué fui para ti
ni cómo hubiera sido
vivir juntos
querernos
esperarnos
estar.

Ya no soy más que yo
para siempre y tú
ya
no serás para mí
más que tú. Ya no estás
en un día futuro
no sabré dónde vives
con quién
ni si te acuerdas.
No me abrazarás nunca
como esa noche
nunca.

No volverá a tocarte.

No te veré morir.

Idea Vilariño
(Poemas de amor, 1957)

jueves, 28 de marzo de 2024

Fuera menos penado si no fuera

                   En el jardín, Henri-Jean Guillaume Martin (h. 1900)

Fuera menos penado, si no fuera
nardo tu tez para mi vista, nardo,
cardo tu piel para mi tacto, cardo,
tuera tu voz para mi oído, tuera.

Tuera es tu voz para mi oído, tuera,
y ardo en tu voz y en tu alrededor ardo,
y tardo a arder lo que a ofrecerte tardo
miera, mi voz para la tuya, miera.

Zarza es tu mano si la tiento, zarza,
ola tu cuerpo si lo alcanzo, ola,
cerca una vez, pero un millar no cerca.

Garza es mi pena, esbelta y negra garza,
sola como un suspiro y un ay, sola,
terca en su error y en su desgracia terca.

Miguel Hernández
(El silbo vulnerado, 1943-1935)

lunes, 25 de marzo de 2024

El remanso

Río en un bosque de hayas y anémonas blancasPeder Mørk Mønsted (1898)

Río cansado se acogió a la sombra
de los árboles dulces..., de los árboles
serenos que no tienen que correr…
Y allí se quedó en gracia de recodo.

Ya está el remanso. Mínimas raíces
lo fijan a la orilla de su alma:
Reflejando las luces y las sombras,
se duermen con un sueño sin distancias…

Es mediodía: Por el cielo azul
una paloma pasa…
El río está tan quieto
que el gavilán, oculto entre las ramas,
no sabe ya por un instante
dónde tender el vuelo con la garra:
Si al fino pájaro del aire
o al pájaro, más fino aún, del agua…

Dulce María Loynaz
(Juegos de agua, 1947)

viernes, 22 de marzo de 2024

Poema mariposa

                      El murmullo del mar, Delphin Enjolras (1865-1945)

En el aire estaba
impreciso, tenue, el poema.
Imprecisa también
llegó la mariposa nocturna,
ni hermosa ni agorera,
a perderse entre biombos de papeles.
La deshilada, débil cinta de palabras
se disipó con ella.
¿Volverán ambas?
Quizás, en un momento de la noche,
cuando ya no quiera escribir
algo más agorero acaso
que esa escondida mariposa
que evita la luz,
como las Dichas.

Ida Vitale
(Procura de lo imposible, 1998)

domingo, 25 de febrero de 2024

Malagueñas

                       Sevilla. El baile, Joaquín Sorolla (1915)

Yo pensaba haber cogido
la naranja y el azahar...
Con hacer leña del tronco
me tuve que contentar.

No solo canta el que canta, 
que también canta el que llora...
No hay penita ni alegría
que se quede sin su copla.

Han alargado tu calle,
que ahora llega hasta la plaza,
y antes no llegaba más 
que a la puerta de tu casa.

Ya te lo decía yo
que aquello se acabaría:
que en la casa de los pobres
dura poco la alegría.

Manuel Machado
(Cante hondo, 1912)

sábado, 17 de febrero de 2024

Frescas guirnaldas de rosas

                          El beso, Francesco Hayez (1859)

                          MARÍA
Frescas guirnaldas de rosas
en los arcos colocad;
cubrid de lirios el suelo
y mi cámara adornad
con manojos de claveles
y con ramos de azahar,
que mi amor regresa y gusta
entre flores reposar. [...]
¡Don Pedro!

                           PEDRO
                       ¡Doña María,
felices ojos que van
a verte después de tantas
horas que ciegos están! [...]

                           MARÍA
¡Mi corazón va a romperse
de tanta felicidad!
¿Cómo llegasteis tan pronto?

                           PEDRO
Un deseo de mirar
tus pupilas, de sentirte
entre mis brazos temblar
me acometió de repente...
Volví rienda a mi alazán...
Nadie sabe mi partida
ni nadie me ha visto entrar... [...]

                           MARÍA
¡Oh dulces verdades y tiernas mentiras!
¡Qué alegres mis manos en tus manos presas!
Se apagan mis ojos si tú no los miras;
se secan mis labios si tú no los besas...
A tu lado todo de gozo florece...
¡Viéndome en tus ojos recobro la calma,
porque al verme en ellos, señor, me parece
que miro mi alma dentro de tu alma!

Francisco Villaespesa
(Doña María de Padilla, 1913)

domingo, 11 de febrero de 2024

Las violetas

Jóvenes recogiendo flores junto a un río, John William Waterhouse (1909)

Esmaltan el contorno entero de la fuente,
Y son cual pebeteros que aroman la corriente.
Recogiéndolas sufro por la glotona pena
De que no quepan todas en mi canasta llena.

Allí las plantó un mago para que cada moza
Que llene en esas fuentes sus ánforas de loza
Sienta la tentación de prenderlas al seno
Como en un raro búcaro opulento y moreno.

¿Quieres tú una? Aspírala. ¡Si parecen de miel
Y dejan largo rato su perfume en la piel!
Exprímela en los labios. ¡Qué picante sabor!

Juraría que guarda cada cáliz, amor.
Tal vez por eso un mago las plantó allí en la fuente
Para hacer algún filtro con la clara corriente.

Juana de Ibarbourou
(Las lenguas de diamante, 1919)

jueves, 1 de febrero de 2024

Adiós a las vistas

            Lago de Lugano desde el puente Tresa, Janus la Cour (1875)

No guardo rencor a la primavera
por haber vuelto.
No la culpo
de cumplir con sus deberes
año tras año.

Comprendo que mi tristeza
no detendrá el verdor.
Si la hierba vacila
se debe solo al viento.

No me duele que los alisos
inclinados sobre el agua
vuelvan a tener con que susurrar.

Acepto de buen grado
que —como si aún vivieras—
la orilla de cierto lago
siga tan bella como antes.

No les reprocho a las vistas
las vistas a una bahía
deslumbrada por el sol.

Incluso soy capaz de imaginar
que unos no-nosotros
están en este momento sentados
en el tronco caído de un abedul.

Respeto su derecho
al bisbiseo, a la risa
y al silencio feliz.

Incluso les supongo
por amor unidos,
y que él la rodea
con un brazo vivo.

Algo súbito, algo pajaril
cruje entre el juncal.
De corazón les deseo
que lo oigan.

No pido cambios
a las olas de la orilla,
ora ágiles, ora perezosas,
que, a mí, no me obedecen.

No exijo nada
del remanso del bosque,
ya esmeralda,
ya zafiro,
ya negro.

Solo con un detalle no me conformo.
Con mi propio regreso al lugar.
Con el privilegio de la presencia.
Presento mi renuncia.

No he vivido más que tú,
sino solo lo bastante
para pensar de lejos.

Wisława Szymborska
(Fin y principio, 1993)

[Traducción de Ana Mª Moix y Jerzy Wojciech Slawomirski]

sábado, 27 de enero de 2024

Los cisnes

                  Un lago en Long Island, William Merritt Chase (1890)

                                               I

    ¿Qué signo haces, oh Cisne, con tu encorvado cuello
al paso de los tristes y errantes soñadores?
¿Por qué tan silencioso de ser blanco y ser bello,
tiránico a las aguas e impasible a las flores?
    Yo te saludo ahora como en versos latinos
te saludara antaño Publio Ovidio Nasón.
Los mismos ruiseñores cantan los mismos trinos,
y en diferentes lenguas es la misma canción.
    A vosotros mi lengua no debe ser extraña.
A Garcilaso visteis, acaso, alguna vez...
Soy un hijo de América, soy un nieto de España...
Quevedo pudo hablaros en verso en Aranjuez. 
    Cisnes, los abanicos de vuestras alas frescas
den a las frentes pálidas sus caricias más puras, 
y alejen vuestras blancas figuras pintorescas
de nuestras mentes tristes las ideas oscuras.
    Brumas septentrionales nos llenan de tristezas,
se mueren nuestras rosas, se agostan nuestras palmas,
casi no hay ilusiones para nuestras cabezas,
y somos los mendigos de nuestras pobres almas.
    Nos predican la guerra con águilas feroces,
gerifaltes de antaño revienen a los puños,
mas no brillan las glorias de las antiguas hoces,
ni hay Rodrigos ni Jaimes, ni hay Alfonsos ni Nuños.
    Faltos de los alientos que dan las grandes cosas,
¿qué haremos los poetas sino buscar tus lagos?
A falta de laureles son muy dulces las rosas,
y a falta de victorias busquemos los halagos.
    La América española como la España entera
fija está en el Oriente de su fatal destino;
yo interrogo a la Esfinge que el porvenir espera
con la interrogación de tu cuello divino.
    ¿Seremos entregados a los bárbaros fieros?
¿Tantos millones de hombres hablaremos inglés?
¿Ya no hay nobles hidalgos ni bravos caballeros?
¿Callaremos ahora para llorar después?
    He lanzado mi grito, Cisnes, entre vosotros, 
que habéis sido los fieles en la desilusión,
mientras siento una fuga de americanos potros
y el estertor postrero de un caduco león...
    ...Y un Cisne negro dijo: «La noche anuncia el día».
Y uno blanco: «¡La aurora es inmortal, la aurora
es inmortal!» ¡Oh tierras de sol y de armonía,
aún guarda la Esperanza la caja de Pandora!

Rubén Darío
(Cantos de vida y esperanza, 1905)

miércoles, 10 de enero de 2024

XXV

Dama elegante con un ramo de rosas, Émile Vernon (1872-1920)

Cuando en la noche te envuelven
las alas de tul del sueño
y tus tendidas pestañas
semejan arcos de ébano,
por escuchar los latidos
de tu corazón inquieto
y reclinar tu dormida
cabeza sobre mi pecho,
             diera, alma mía,
             cuanto poseo, 
             ¡la luz, el aire
             y el pensamiento!

Cuando se clavan tus ojos
en un invisible objeto
y tus labios ilumina
de una sonrisa el reflejo,
por leer sobre tu frente
el callado pensamiento 
que pasa como la nube
del mar sobre el ancho espejo,
            diera, alma mía,
            cuanto deseo,
            ¡la fama, el oro,
            la gloria, el genio!

Cuando enmudece tu lengua
y se apresura tu aliento,
y tus mejillas se encienden
y entornas tus ojos negros,
por ver entre sus pestañas
brillar con húmedo fuego
la ardiente chispa que brota
del volcán de los deseos,
            diera, alma mía,
            por cuanto espero,
            la fe, el espíritu,
            la tierra, el cielo.

Gustavo Adolfo Bécquer
            (Rimas, 1871)

sábado, 6 de enero de 2024

Oriental

                        Vista de La Alhambra, Louis Gurlitt (1812-1897)

Corriendo van por la vega
a las puertas de Granada
hasta cuarenta gomeles
y el capitán que los manda.

Al entrar en la ciudad,
parando su yegua blanca,
le dijo este a una mujer
que entre sus brazos lloraba:

"Enjuga el llanto, cristiana;
no me atormentes así;
que tengo yo, mi sultana,
un nuevo Edén para ti.

Tengo un palacio en Granada,
tengo jardines y flores,
tengo una fuente dorada
con más de cien surtidores;

y en la vega del Genil
tengo parda fortaleza,
que será reina entre mil
cuando encierre tu belleza;

y sobre toda una orilla
extiendo mi señorío;
ni en Córdoba ni en Sevilla
hay un parque como el mío.

Allí la altiva palmera
y el encendido granado,
junto a la frondosa higuera,
cubren el valle y collado;

allí el robusto nogal,
allí el nópalo amarillo,
allí el sombrío moral
crecen al pie del castillo.

Y olmos tengo en mi alameda
que hasta el cielo se levantan,
y en redes de plata y seda
tengo pájaros que cantan.

Sultana serás si quieres,
que, desiertos mis salones,
está mi harén sin mujeres,
mis oídos sin canciones.

Yo te daré terciopelos
y perfumes orientales;
de Grecia te traeré velos
y de Cachemira, chales.

Yo te daré blancas plumas
para que adornes tu frente:
más blancas que las espumas
de nuestros mares de Oriente;

y perlas para el cabello,
y baños para el calor,
y collares para el cuello;
para los labios… ¡amor!"

"¿Qué me valen tus riquezas
–respondiole la cristiana–,
si me quitas a mi padre,
mis amigos y mis damas?

Vuélveme, vuélveme, moro,
a mi padre y a mi patria,
que mis torres de León
valen más que tu Granada".

Escuchóla en paz el moro,
y manoseando su barba,
dijo, como quien medita
(en la mejilla, una lágrima):

"Si tus castillos mejores
que nuestros jardines son,
y son más bellas tus flores,
por ser tuyas, en León,

y tú diste tus amores
a alguno de tus guerreros,
hurí del Edén, no llores:
vete con tus caballeros".

Y dándola su caballo
y la mitad de su guardia,
el capitán de los moros
volvió en silencio la espalda.

José Zorrilla
(Poesías, 1837)

martes, 2 de enero de 2024

Cenicientas las aguas, los desnudos

                 Lluvia en Mont Plaisant, Albert Marquet (1944)

Cenicientas las aguas, los desnudos
árboles y los montes cenicientos;
parda la bruma que los vela y pardas
las nubes que atraviesan por el cielo;
triste, en la tierra, el color gris domina,
            ¡el color de los viejos!

De cuando en cuando de la lluvia el sordo
           rumor suena, y el viento
           al pasar por el bosque
           silba o finge lamentos
tan extraños, tan hondos y dolientes
que parece que llaman por los muertos.

Seguido del mastín, que helado tiembla,
          el labrador, envuelto
en su capa de juncos, cruza el monte;
          el campo está desierto,
y tan solo en los charcos que negrean
del ancho prado entre el verdor intenso
posa el vuelo la blanca gaviota,
          mientras graznan los cuervos.

          Yo desde mi ventana,
que azotan los airados elementos,
regocijada y pensativa escucho
          el discorde concierto
          simpático a mi alma...
          ¡Oh, mi amigo el invierno!,
mil y mil veces bien venido seas,
mi sombrío y adusto compañero.
¿No eres acaso el precursor dichoso
del tibio mayo y del abril risueño?

¡Ah, si el invierno triste de la vida,
como tú de las flores y los céfiros,
también precursor fuera de la hermosa
y eterna primavera de mis sueños...!

Rosalía De Castro
(En las orillas del Sar, 1884)

domingo, 24 de diciembre de 2023

A una estrella

                 Luna llena en Nápoles, Ivan Aivazovsky (1842)

Chispa de luz que fija en lo infinito
absorbes mi asombrado pensamiento,
tu origen, tu existencia, tu elemento
menos alcanzo cuanto más medito.

Si eres ardiente, inamovible hoguera,
¿dónde el centro descansa de tu lumbre?
Si eres globo de luz, ¿cómo en la cumbre
no giras tú de la insondable esfera?

¿Por qué la tierra sin descanso rueda?
¿Por qué la luna el globo majestuoso
mueve, mientras tu carro misterioso
inmóvil, fijo en el espacio queda?

¿Es que mi vista de mortal no alcanza
a percibir desde su oscuro asiento
allá en la altura suma el movimiento
de tu carroza, que en lo inmenso avanza?

¡Ah, sí!; que por espíritu movida,
la creación sin descanso se sostiene,
y todo en la creación marcado tiene
forma y destino, movimiento y vida.

Tú giras, sí: tus alas soberanas
surcan el mundo y sus confines tocan...
Mas ¿cómo en tu carrera no se chocan
tus millares sin número de hermanas?

Más allá de su límite prescrito
sediento avanza, audaz, el pensamiento,
y tu origen, tu vida, tu elemento
menos alcanzo cuanto más medito.

Carolina Coronado
        (1820-1911)

jueves, 21 de diciembre de 2023

La cautiva

              Paisaje romántico con torre en ruinas, Thomas Cole (1838)

    Ya el sol esconde sus rayos,
El mundo en sombras se vela,
El ave a su nido vuela,
Busca asilo el trovador.
    Todo calla: en pobre cama 
Duerme el pastor venturoso;
En su lecho suntüoso
Se agita insomne el señor.

    Se agita: mas ¡ay! reposa
Al fin en su patrio suelo; 
No llora en mísero duelo
La libertad que perdió:
    Los campos ve que a su infancia 
Horas dieron de contento,
Su oído halaga el acento 
Del país donde nació.

    No gime ilustre cautivo
Entre doradas cadenas,
Que si bien de encanto llenas,
Al cabo cadenas son. 
    Si acaso triste lamenta,
En torno ve a sus amigos,
Que, de su pena testigos,
Consuelan su corazón.

    La arrogante erguida palma 
Que en el desierto florece,
Al viajero sombra ofrece,
Descanso y grato manjar:
    Y, aunque sola, allí es querida 
Del árabe errante y fiero, 
Que siempre va placentero
A su sombra a reposar.

    Mas ¡ay triste! yo cautiva,
Huérfana y sola suspiro,
En clima extraño respiro, 
Y amo a un extraño también;
    No hallan mis ojos mi patria;
Humo han sido mis amores;
Nadie calma mis dolores,
Y en celos me siento arder. 

    ¡Ah! ¿Llorar? ¿Llorar?... no puedo,
Ni ceder a mi tristura,
Ni consuelo en mi amargura
Podré jamás encontrar.
    Supe amar como ninguna, 
Supe amar correspondida;
Despreciada, aborrecida,
¿No sabré también odiar?

    ¡Adiós, patria!, ¡adiós, amores!
La infeliz Zoraida ahora 
Solo venganzas implora,
Ya condenada a morir.
    No soy ya del castellano 
La sumisa enamorada:
Soy la cautiva cansada 
Ya de dejarse oprimir.

José de Espronceda
    (Poesías, 1840)

domingo, 17 de diciembre de 2023

A una literata

         Retrato de Maria Riddell, Thomas Lawrence (h.1806)

Dice el mundo que pretendes
Celebridad literaria,
¡Desdichada visionaria!
¿En qué fundas, con qué emprendes
Tu pretensión temeraria?

¿Con el noble corazón
Que te dio la Providencia?
¿Con tu ciega inexperiencia
Que oculta la ilustración
Bajo modesta apariencia?

¿Con esos méritos cuentas
Para alcanzar nombradía?
Amiga, ¡qué niñería!
Muy humilde te presentas
Ante el Parnaso del día.

¿No ves que las hembras somos,
Con poquísima excepción,
Todo extremosa ficción,
O bobas como palomos,
O doctas como Solón?

Y en llegando a presumir
De literatas ¡no es nada!
¿Quién la tose a una ilustrada?
¿Quién es capaz de escribir
Su extraña vida privada? [...]

Ya mi razonar te inflama,
Ya modelo solicitas,
Puesto que tanto me incitas,
Atiende, y verás la fama
Como te lleva en palmitas.

Y siguiendo la advertencia
Con que dirigirte quiero,
Apuesto… mil contra cero,
Que obtendrás sin competencia
La cruz de Carlos tercero.

En primer lugar, el plagio
Sea tu base, tu guía,
No busques, amiga mía,
Ideas nuevas… contagio
Hay de rapsodia en el día.

Cubre los plagios con voces,
Retumbantes, tremebundas,
Forma estrofas nauseabundas
Con galicismos atroces,
Y parecerán profundas.

Y cuando te asalte el tedio
Cansada de consonantes,
Una docena de amantes
Te indico para remedio,
O dos, si no son bastantes.

En esto debes andar
Al por mayor, pues, sin tasa,
No casarte… ¿quién se casa?
¡Oh qué cosa tan vulgar!
De puro rancia se pasa.

¿Y si Dios te enriqueciera
Con frutos de bendición?
Amiga ¡qué perdición!
¿Tú convertida en niñera
Con esa imaginación?

Por el consorcio no opino;
Lleva vida de soltero,
Viste de fraque y sombrero,
Cabalga como Beduino,
Y fuma cual carretero.

Debes usar mucho el ron
Y beber el licor puro,
Eso te dará, seguro,
El aspecto de varón
Y un metal de voz… oscuro.

Debes las noches pasar
Como tahúr en garito,
Y allí levantar el grito,
Y si juraren, jurar
Sin que se te importe un pito.

O con menor aprensión
Por entre las tumbas frías,
Vagar en noches sombrías,
Buscando la inspiración
Que perdiste en las orgías.

A lo dicho y criticar
Cuanto la prensa produce,
Y mientras el ponche luce
Cual pitonisa garlar,
Mi consejo se reduce.

María Josefa Massanés
(Flores marchitas, 1850)

martes, 12 de diciembre de 2023

El topo y otros animales

                            La gallina ciega, Francisco de Goya (1788)

Ciertos animalitos,
todos de cuatro pies, 
a la gallina ciega
jugaban una vez.

Un perrillo, una zorra
y un ratón, que son tres;
una ardilla, una liebre
y un mono, que son seis.

Este a todos vendaba
los ojos, como que es
el que mejor se sabe
de las manos valer.

Oyó un topo la bulla
y dijo: «Pues, ¡pardiez!,
que voy allá, y en rueda
me he de meter también».

Pidió que le admitiesen,
y el mono, muy cortés,
se lo otorgó (sin duda
para hacer burla de él).

El topo a cada paso
daba veinte traspiés,
porque tiene los ojos
cubiertos de una piel.

Y a la primera vuelta,
como era de creer,
facilísimamente
pillan a su merced.

De ser gallina ciega
le tocaba la vez;
y ¿quién mejor podía
hacer este papel?

Pero él, con disimulo,
por el bien parecer,
dijo al mono: «¿Qué hacemos?
Vaya, ¿me venda usted?»

Si el que es ciego y lo sabe
aparenta que ve,
quien sabe que es idiota,
¿confesará que lo es?

Tomás de Iriarte
     (1750-1791)

sábado, 9 de diciembre de 2023

El perro y el cocodrilo

                                     Filé, Gustav Rockholtz (h. 1904)

Bebiendo un Perro en el Nilo,
al mismo tiempo corría.
–Bebe quieto, le decía
un taimado Cocodrilo.
Díjole el Perro prudente:
–Dañoso es beber y andar;
pero, ¿es sano el aguardar
a que me claves el diente?
¡Oh, qué docto Perro viejo!
Yo venero su sentir
en esto de no seguir
del enemigo el consejo.


Félix María de Samaniego
            (1745-1801)

domingo, 3 de diciembre de 2023

Que el verdadero sabio, donde quiera

              La lectora, Jean-Honoré Fragonard (h. 1769)

Que el verdadero sabio, donde quiera
que la verdad y la razón encuentre,
allí sabe tomarla, y la aprovecha
sin nimio detenerse en quién la ofrece.
Porque ignorar no puede, si es que sabe,
que el alma, como espíritu, carece de sexo.
Pues cada día, instantes y momentos,
vemos aventajarse las mujeres
en las artes y ciencias a los hombres,
si con aplicación su estudio emprenden.

Margarita Hickey
    (h. 1753-h. 1793)

miércoles, 29 de noviembre de 2023

Después que hubo gustado

Muchacha con paloma, Charles Joshua Chaplin (1825-1891)

Después que hubo gustado
de Filis la paloma
el regalado néctar
de sus labios de rosa,
la deja, y de un vuelito  
al hombro se me posa
y de allí lo destila
con su pico en mi boca.
Yo apurelo inocente;
pero ¡ay! ella traidora
me dio del Amor ciego
mezclada tal ponzoña
que el pecho se me abrasa
en ansias y zozobras,
después que hubo gustado
de Filis la paloma.


Juan Meléndez Valdés
         (1754-1817)

viernes, 24 de noviembre de 2023

Mi tierno amor a tu lealtad confío

                Amantes felices, Jean-Honoré Fragonard (h. 1760)

Mi tierno amor a tu lealtad confío
y solo en ti reposa mi cuidado.
Rigores abandona el pecho mío,
todo a tu dulce afecto dedicado.
En tu poder entrego mi albedrío,
ostento el mando que mi fe te ha dado,
mis caprichos se rinden a tu ruego,
ya en mí no hay voluntad, pues te la entrego.


María Gertrudis Hore
          (1742-1801)
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