jueves, 11 de abril de 2024

Canción quechua

            El corazón de los Andes, Frederic Edwin Church (1826-1900)

Donde fue Tihuantisuyo,
nacían los indios.
Llegábamos a la puna
con danzas, con himnos.

Silbaban quenas, ardían
dos mil fuegos vivos.
Cantaban Coyas de oro
y Amautas benditos.

Bajaste ciego de soles,
volando dormido,
para hallar viudos los aires
de llama y de indio.

Y donde eran maizales
ver subir el trigo
y en lugar de las vicuñas
topar los novillos.

¡Regresa a tu Pachacamac,
En Vano Venido,
Indio loco, Indio que nace,
pájaro perdido!

Gabriela Mistral
(Ternura,1924)

miércoles, 3 de abril de 2024

En un jardín te he soñado

        En el jardín, Childe Hassam (a. 1935)

    En un jardín te he soñado,
alto, Guiomar, sobre el río,
jardín de un tiempo cerrado
con verjas de hierro frío.
    Un ave insólita canta
en el almez, dulcemente,
junto al agua viva y santa,
toda sed y toda fuente.
    En ese jardín, Guiomar,
el mutuo jardín que inventan
dos corazones al par,
se funden y complementan
nuestras horas. Los racimos
de un sueño –juntos estamos–
en limpia copa exprimimos,
y el doble cuento olvidamos.
    (Uno: Mujer y varón,
aunque gacela y león,
llegan juntos a beber.
El otro: No puede ser
amor de tanta fortuna:
dos soledades en una,
ni aun de varón y mujer.)

Antonio Machado
(Nuevas canciones, 1917-1930)

domingo, 31 de marzo de 2024

Ya no

Jacques Martin-Ferrières en Marquayrol, Henri-Jean Guillaume Martin (1910)

Ya no será
ya no
no viviremos juntos
no criaré a tu hijo
no coseré tu ropa
no te tendré de noche
no te besaré al irme
nunca sabrás quién fui
por qué me amaron otros.

No llegaré a saber
por qué ni cómo nunca
ni si era de verdad
lo que dijiste que era
ni quién fuiste
ni qué fui para ti
ni cómo hubiera sido
vivir juntos
querernos
esperarnos
estar.

Ya no soy más que yo
para siempre y tú
ya
no serás para mí
más que tú. Ya no estás
en un día futuro
no sabré dónde vives
con quién
ni si te acuerdas.
No me abrazarás nunca
como esa noche
nunca.

No volverá a tocarte.

No te veré morir.

Idea Vilariño
(Poemas de amor, 1957)

jueves, 28 de marzo de 2024

Fuera menos penado si no fuera

                   En el jardín, Henri-Jean Guillaume Martin (h. 1900)

Fuera menos penado, si no fuera
nardo tu tez para mi vista, nardo,
cardo tu piel para mi tacto, cardo,
tuera tu voz para mi oído, tuera.

Tuera es tu voz para mi oído, tuera,
y ardo en tu voz y en tu alrededor ardo,
y tardo a arder lo que a ofrecerte tardo
miera, mi voz para la tuya, miera.

Zarza es tu mano si la tiento, zarza,
ola tu cuerpo si lo alcanzo, ola,
cerca una vez, pero un millar no cerca.

Garza es mi pena, esbelta y negra garza,
sola como un suspiro y un ay, sola,
terca en su error y en su desgracia terca.

Miguel Hernández
(El silbo vulnerado, 1943-1935)

lunes, 25 de marzo de 2024

El remanso

Río en un bosque de hayas y anémonas blancas, Peder Mørk Mønsted (1898)

Río cansado se acogió a la sombra
de los árboles dulces..., de los árboles
serenos que no tienen que correr…
Y allí se quedó en gracia de recodo.

Ya está el remanso. Mínimas raíces
lo fijan a la orilla de su alma:
Reflejando las luces y las sombras,
se duermen con un sueño sin distancias…

Es mediodía: Por el cielo azul
una paloma pasa…
El río está tan quieto
que el gavilán, oculto entre las ramas,
no sabe ya por un instante
dónde tender el vuelo con la garra:
Si al fino pájaro del aire
o al pájaro, más fino aún, del agua…

Dulce María Loynaz
(Juegos de agua, 1947)

viernes, 22 de marzo de 2024

Poema mariposa

                      El murmullo del mar, Delphin Enjolras (1865-1945)

En el aire estaba
impreciso, tenue, el poema.
Imprecisa también
llegó la mariposa nocturna,
ni hermosa ni agorera,
a perderse entre biombos de papeles.
La deshilada, débil cinta de palabras
se disipó con ella.
¿Volverán ambas?
Quizás, en un momento de la noche,
cuando ya no quiera escribir
algo más agorero acaso
que esa escondida mariposa
que evita la luz,
como las Dichas.

Ida Vitale
(Procura de lo imposible, 1998)

domingo, 25 de febrero de 2024

Malagueñas

                       Sevilla. El baile, Joaquín Sorolla (1915)

Yo pensaba haber cogido
la naranja y el azahar...
Con hacer leña del tronco
me tuve que contentar.

No solo canta el que canta, 
que también canta el que llora...
No hay penita ni alegría
que se quede sin su copla.

Han alargado tu calle,
que ahora llega hasta la plaza,
y antes no llegaba más 
que a la puerta de tu casa.

Ya te lo decía yo
que aquello se acabaría:
que en la casa de los pobres
dura poco la alegría.

Manuel Machado
(Cante hondo, 1912)

sábado, 17 de febrero de 2024

Frescas guirnaldas de rosas

                          El beso, Francesco Hayez (1859)

                          MARÍA
Frescas guirnaldas de rosas
en los arcos colocad;
cubrid de lirios el suelo
y mi cámara adornad
con manojos de claveles
y con ramos de azahar,
que mi amor regresa y gusta
entre flores reposar. [...]
¡Don Pedro!

                           PEDRO
                       ¡Doña María,
felices ojos que van
a verte después de tantas
horas que ciegos están! [...]

                           MARÍA
¡Mi corazón va a romperse
de tanta felicidad!
¿Cómo llegasteis tan pronto?

                           PEDRO
Un deseo de mirar
tus pupilas, de sentirte
entre mis brazos temblar
me acometió de repente...
Volví rienda a mi alazán...
Nadie sabe mi partida
ni nadie me ha visto entrar... [...]

                           MARÍA
¡Oh dulces verdades y tiernas mentiras!
¡Qué alegres mis manos en tus manos presas!
Se apagan mis ojos si tú no los miras;
se secan mis labios si tú no los besas...
A tu lado todo de gozo florece...
¡Viéndome en tus ojos recobro la calma,
porque al verme en ellos, señor, me parece
que miro mi alma dentro de tu alma!

Francisco Villaespesa
(Doña María de Padilla, 1913)

domingo, 11 de febrero de 2024

Las violetas

Jóvenes recogiendo flores junto a un río, John William Waterhouse (1909)

Esmaltan el contorno entero de la fuente,
Y son cual pebeteros que aroman la corriente.
Recogiéndolas sufro por la glotona pena
De que no quepan todas en mi canasta llena.

Allí las plantó un mago para que cada moza
Que llene en esas fuentes sus ánforas de loza
Sienta la tentación de prenderlas al seno
Como en un raro búcaro opulento y moreno.

¿Quieres tú una? Aspírala. ¡Si parecen de miel
Y dejan largo rato su perfume en la piel!
Exprímela en los labios. ¡Qué picante sabor!

Juraría que guarda cada cáliz, amor.
Tal vez por eso un mago las plantó allí en la fuente
Para hacer algún filtro con la clara corriente.

Juana de Ibarbourou
(Las lenguas de diamante, 1919)

jueves, 1 de febrero de 2024

Adiós a las vistas

            Lago de Lugano desde el puente Tresa, Janus la Cour (1875)

No guardo rencor a la primavera
por haber vuelto.
No la culpo
de cumplir con sus deberes
año tras año.

Comprendo que mi tristeza
no detendrá el verdor.
Si la hierba vacila
se debe solo al viento.

No me duele que los alisos
inclinados sobre el agua
vuelvan a tener con que susurrar.

Acepto de buen grado
que —como si aún vivieras—
la orilla de cierto lago
siga tan bella como antes.

No les reprocho a las vistas
las vistas a una bahía
deslumbrada por el sol.

Incluso soy capaz de imaginar
que unos no-nosotros
están en este momento sentados
en el tronco caído de un abedul.

Respeto su derecho
al bisbiseo, a la risa
y al silencio feliz.

Incluso les supongo
por amor unidos,
y que él la rodea
con un brazo vivo.

Algo súbito, algo pajaril
cruje entre el juncal.
De corazón les deseo
que lo oigan.

No pido cambios
a las olas de la orilla,
ora ágiles, ora perezosas,
que, a mí, no me obedecen.

No exijo nada
del remanso del bosque,
ya esmeralda,
ya zafiro,
ya negro.

Solo con un detalle no me conformo.
Con mi propio regreso al lugar.
Con el privilegio de la presencia.
Presento mi renuncia.

No he vivido más que tú,
sino solo lo bastante
para pensar de lejos.

Wisława Szymborska
(Fin y principio, 1993)

[Traducción de Ana Mª Moix y Jerzy Wojciech Slawomirski]

sábado, 27 de enero de 2024

Los cisnes

                  Un lago en Long Island, William Merritt Chase (1890)

                                               I

    ¿Qué signo haces, oh Cisne, con tu encorvado cuello
al paso de los tristes y errantes soñadores?
¿Por qué tan silencioso de ser blanco y ser bello,
tiránico a las aguas e impasible a las flores?
    Yo te saludo ahora como en versos latinos
te saludara antaño Publio Ovidio Nasón.
Los mismos ruiseñores cantan los mismos trinos,
y en diferentes lenguas es la misma canción.
    A vosotros mi lengua no debe ser extraña.
A Garcilaso visteis, acaso, alguna vez...
Soy un hijo de América, soy un nieto de España...
Quevedo pudo hablaros en verso en Aranjuez. 
    Cisnes, los abanicos de vuestras alas frescas
den a las frentes pálidas sus caricias más puras, 
y alejen vuestras blancas figuras pintorescas
de nuestras mentes tristes las ideas oscuras.
    Brumas septentrionales nos llenan de tristezas,
se mueren nuestras rosas, se agostan nuestras palmas,
casi no hay ilusiones para nuestras cabezas,
y somos los mendigos de nuestras pobres almas.
    Nos predican la guerra con águilas feroces,
gerifaltes de antaño revienen a los puños,
mas no brillan las glorias de las antiguas hoces,
ni hay Rodrigos ni Jaimes, ni hay Alfonsos ni Nuños.
    Faltos de los alientos que dan las grandes cosas,
¿qué haremos los poetas sino buscar tus lagos?
A falta de laureles son muy dulces las rosas,
y a falta de victorias busquemos los halagos.
    La América española como la España entera
fija está en el Oriente de su fatal destino;
yo interrogo a la Esfinge que el porvenir espera
con la interrogación de tu cuello divino.
    ¿Seremos entregados a los bárbaros fieros?
¿Tantos millones de hombres hablaremos inglés?
¿Ya no hay nobles hidalgos ni bravos caballeros?
¿Callaremos ahora para llorar después?
    He lanzado mi grito, Cisnes, entre vosotros, 
que habéis sido los fieles en la desilusión,
mientras siento una fuga de americanos potros
y el estertor postrero de un caduco león...
    ...Y un Cisne negro dijo: «La noche anuncia el día».
Y uno blanco: «¡La aurora es inmortal, la aurora
es inmortal!» ¡Oh tierras de sol y de armonía,
aún guarda la Esperanza la caja de Pandora!

Rubén Darío
(Cantos de vida y esperanza, 1905)

miércoles, 10 de enero de 2024

XXV

Dama elegante con un ramo de rosas, Émile Vernon (1872-1920)

Cuando en la noche te envuelven
las alas de tul del sueño
y tus tendidas pestañas
semejan arcos de ébano,
por escuchar los latidos
de tu corazón inquieto
y reclinar tu dormida
cabeza sobre mi pecho,
             diera, alma mía,
             cuanto poseo, 
             ¡la luz, el aire
             y el pensamiento!

Cuando se clavan tus ojos
en un invisible objeto
y tus labios ilumina
de una sonrisa el reflejo,
por leer sobre tu frente
el callado pensamiento 
que pasa como la nube
del mar sobre el ancho espejo,
            diera, alma mía,
            cuanto deseo,
            ¡la fama, el oro,
            la gloria, el genio!

Cuando enmudece tu lengua
y se apresura tu aliento,
y tus mejillas se encienden
y entornas tus ojos negros,
por ver entre sus pestañas
brillar con húmedo fuego
la ardiente chispa que brota
del volcán de los deseos,
            diera, alma mía,
            por cuanto espero,
            la fe, el espíritu,
            la tierra, el cielo.

Gustavo Adolfo Bécquer
            (Rimas, 1871)

sábado, 6 de enero de 2024

Oriental

                        Vista de La Alhambra, Louis Gurlitt (1812-1897)

Corriendo van por la vega
a las puertas de Granada
hasta cuarenta gomeles
y el capitán que los manda.

Al entrar en la ciudad,
parando su yegua blanca,
le dijo este a una mujer
que entre sus brazos lloraba:

"Enjuga el llanto, cristiana;
no me atormentes así;
que tengo yo, mi sultana,
un nuevo Edén para ti.

Tengo un palacio en Granada,
tengo jardines y flores,
tengo una fuente dorada
con más de cien surtidores;

y en la vega del Genil
tengo parda fortaleza,
que será reina entre mil
cuando encierre tu belleza;

y sobre toda una orilla
extiendo mi señorío;
ni en Córdoba ni en Sevilla
hay un parque como el mío.

Allí la altiva palmera
y el encendido granado,
junto a la frondosa higuera,
cubren el valle y collado;

allí el robusto nogal,
allí el nópalo amarillo,
allí el sombrío moral
crecen al pie del castillo.

Y olmos tengo en mi alameda
que hasta el cielo se levantan,
y en redes de plata y seda
tengo pájaros que cantan.

Sultana serás si quieres,
que, desiertos mis salones,
está mi harén sin mujeres,
mis oídos sin canciones.

Yo te daré terciopelos
y perfumes orientales;
de Grecia te traeré velos
y de Cachemira, chales.

Yo te daré blancas plumas
para que adornes tu frente:
más blancas que las espumas
de nuestros mares de Oriente;

y perlas para el cabello,
y baños para el calor,
y collares para el cuello;
para los labios… ¡amor!"

"¿Qué me valen tus riquezas
–respondiole la cristiana–,
si me quitas a mi padre,
mis amigos y mis damas?

Vuélveme, vuélveme, moro,
a mi padre y a mi patria,
que mis torres de León
valen más que tu Granada".

Escuchóla en paz el moro,
y manoseando su barba,
dijo, como quien medita
(en la mejilla, una lágrima):

"Si tus castillos mejores
que nuestros jardines son,
y son más bellas tus flores,
por ser tuyas, en León,

y tú diste tus amores
a alguno de tus guerreros,
hurí del Edén, no llores:
vete con tus caballeros".

Y dándola su caballo
y la mitad de su guardia,
el capitán de los moros
volvió en silencio la espalda.

José Zorrilla
(Poesías, 1837)

martes, 2 de enero de 2024

Cenicientas las aguas, los desnudos

                 Lluvia en Mont Plaisant, Albert Marquet (1944)

Cenicientas las aguas, los desnudos
árboles y los montes cenicientos;
parda la bruma que los vela y pardas
las nubes que atraviesan por el cielo;
triste, en la tierra, el color gris domina,
            ¡el color de los viejos!

De cuando en cuando de la lluvia el sordo
           rumor suena, y el viento
           al pasar por el bosque
           silba o finge lamentos
tan extraños, tan hondos y dolientes
que parece que llaman por los muertos.

Seguido del mastín, que helado tiembla,
          el labrador, envuelto
en su capa de juncos, cruza el monte;
          el campo está desierto,
y tan solo en los charcos que negrean
del ancho prado entre el verdor intenso
posa el vuelo la blanca gaviota,
          mientras graznan los cuervos.

          Yo desde mi ventana,
que azotan los airados elementos,
regocijada y pensativa escucho
          el discorde concierto
          simpático a mi alma...
          ¡Oh, mi amigo el invierno!,
mil y mil veces bien venido seas,
mi sombrío y adusto compañero.
¿No eres acaso el precursor dichoso
del tibio mayo y del abril risueño?

¡Ah, si el invierno triste de la vida,
como tú de las flores y los céfiros,
también precursor fuera de la hermosa
y eterna primavera de mis sueños...!

Rosalía De Castro
(En las orillas del Sar, 1884)

domingo, 24 de diciembre de 2023

A una estrella

                 Luna llena en Nápoles, Ivan Aivazovsky (1842)

Chispa de luz que fija en lo infinito
absorbes mi asombrado pensamiento,
tu origen, tu existencia, tu elemento
menos alcanzo cuanto más medito.

Si eres ardiente, inamovible hoguera,
¿dónde el centro descansa de tu lumbre?
Si eres globo de luz, ¿cómo en la cumbre
no giras tú de la insondable esfera?

¿Por qué la tierra sin descanso rueda?
¿Por qué la luna el globo majestuoso
mueve, mientras tu carro misterioso
inmóvil, fijo en el espacio queda?

¿Es que mi vista de mortal no alcanza
a percibir desde su oscuro asiento
allá en la altura suma el movimiento
de tu carroza, que en lo inmenso avanza?

¡Ah, sí!; que por espíritu movida,
la creación sin descanso se sostiene,
y todo en la creación marcado tiene
forma y destino, movimiento y vida.

Tú giras, sí: tus alas soberanas
surcan el mundo y sus confines tocan...
Mas ¿cómo en tu carrera no se chocan
tus millares sin número de hermanas?

Más allá de su límite prescrito
sediento avanza, audaz, el pensamiento,
y tu origen, tu vida, tu elemento
menos alcanzo cuanto más medito.

Carolina Coronado
        (1820-1911)

jueves, 21 de diciembre de 2023

La cautiva

              Paisaje romántico con torre en ruinas, Thomas Cole (1838)

    Ya el sol esconde sus rayos,
El mundo en sombras se vela,
El ave a su nido vuela,
Busca asilo el trovador.
    Todo calla: en pobre cama 
Duerme el pastor venturoso;
En su lecho suntüoso
Se agita insomne el señor.

    Se agita: mas ¡ay! reposa
Al fin en su patrio suelo; 
No llora en mísero duelo
La libertad que perdió:
    Los campos ve que a su infancia 
Horas dieron de contento,
Su oído halaga el acento 
Del país donde nació.

    No gime ilustre cautivo
Entre doradas cadenas,
Que si bien de encanto llenas,
Al cabo cadenas son. 
    Si acaso triste lamenta,
En torno ve a sus amigos,
Que, de su pena testigos,
Consuelan su corazón.

    La arrogante erguida palma 
Que en el desierto florece,
Al viajero sombra ofrece,
Descanso y grato manjar:
    Y, aunque sola, allí es querida 
Del árabe errante y fiero, 
Que siempre va placentero
A su sombra a reposar.

    Mas ¡ay triste! yo cautiva,
Huérfana y sola suspiro,
En clima extraño respiro, 
Y amo a un extraño también;
    No hallan mis ojos mi patria;
Humo han sido mis amores;
Nadie calma mis dolores,
Y en celos me siento arder. 

    ¡Ah! ¿Llorar? ¿Llorar?... no puedo,
Ni ceder a mi tristura,
Ni consuelo en mi amargura
Podré jamás encontrar.
    Supe amar como ninguna, 
Supe amar correspondida;
Despreciada, aborrecida,
¿No sabré también odiar?

    ¡Adiós, patria!, ¡adiós, amores!
La infeliz Zoraida ahora 
Solo venganzas implora,
Ya condenada a morir.
    No soy ya del castellano 
La sumisa enamorada:
Soy la cautiva cansada 
Ya de dejarse oprimir.

José de Espronceda
    (Poesías, 1840)

domingo, 17 de diciembre de 2023

A una literata

         Retrato de Maria Riddell, Thomas Lawrence (h.1806)

Dice el mundo que pretendes
Celebridad literaria,
¡Desdichada visionaria!
¿En qué fundas, con qué emprendes
Tu pretensión temeraria?

¿Con el noble corazón
Que te dio la Providencia?
¿Con tu ciega inexperiencia
Que oculta la ilustración
Bajo modesta apariencia?

¿Con esos méritos cuentas
Para alcanzar nombradía?
Amiga, ¡qué niñería!
Muy humilde te presentas
Ante el Parnaso del día.

¿No ves que las hembras somos,
Con poquísima excepción,
Todo extremosa ficción,
O bobas como palomos,
O doctas como Solón?

Y en llegando a presumir
De literatas ¡no es nada!
¿Quién la tose a una ilustrada?
¿Quién es capaz de escribir
Su extraña vida privada? [...]

Ya mi razonar te inflama,
Ya modelo solicitas,
Puesto que tanto me incitas,
Atiende, y verás la fama
Como te lleva en palmitas.

Y siguiendo la advertencia
Con que dirigirte quiero,
Apuesto… mil contra cero,
Que obtendrás sin competencia
La cruz de Carlos tercero.

En primer lugar, el plagio
Sea tu base, tu guía,
No busques, amiga mía,
Ideas nuevas… contagio
Hay de rapsodia en el día.

Cubre los plagios con voces,
Retumbantes, tremebundas,
Forma estrofas nauseabundas
Con galicismos atroces,
Y parecerán profundas.

Y cuando te asalte el tedio
Cansada de consonantes,
Una docena de amantes
Te indico para remedio,
O dos, si no son bastantes.

En esto debes andar
Al por mayor, pues, sin tasa,
No casarte… ¿quién se casa?
¡Oh qué cosa tan vulgar!
De puro rancia se pasa.

¿Y si Dios te enriqueciera
Con frutos de bendición?
Amiga ¡qué perdición!
¿Tú convertida en niñera
Con esa imaginación?

Por el consorcio no opino;
Lleva vida de soltero,
Viste de fraque y sombrero,
Cabalga como Beduino,
Y fuma cual carretero.

Debes usar mucho el ron
Y beber el licor puro,
Eso te dará, seguro,
El aspecto de varón
Y un metal de voz… oscuro.

Debes las noches pasar
Como tahúr en garito,
Y allí levantar el grito,
Y si juraren, jurar
Sin que se te importe un pito.

O con menor aprensión
Por entre las tumbas frías,
Vagar en noches sombrías,
Buscando la inspiración
Que perdiste en las orgías.

A lo dicho y criticar
Cuanto la prensa produce,
Y mientras el ponche luce
Cual pitonisa garlar,
Mi consejo se reduce.

María Josefa Massanés
(Flores marchitas, 1850)

martes, 12 de diciembre de 2023

El topo y otros animales

                            La gallina ciega, Francisco de Goya (1788)

Ciertos animalitos,
todos de cuatro pies, 
a la gallina ciega
jugaban una vez.

Un perrillo, una zorra
y un ratón, que son tres;
una ardilla, una liebre
y un mono, que son seis.

Este a todos vendaba
los ojos, como que es
el que mejor se sabe
de las manos valer.

Oyó un topo la bulla
y dijo: «Pues, ¡pardiez!,
que voy allá, y en rueda
me he de meter también».

Pidió que le admitiesen,
y el mono, muy cortés,
se lo otorgó (sin duda
para hacer burla de él).

El topo a cada paso
daba veinte traspiés,
porque tiene los ojos
cubiertos de una piel.

Y a la primera vuelta,
como era de creer,
facilísimamente
pillan a su merced.

De ser gallina ciega
le tocaba la vez;
y ¿quién mejor podía
hacer este papel?

Pero él, con disimulo,
por el bien parecer,
dijo al mono: «¿Qué hacemos?
Vaya, ¿me venda usted?»

Si el que es ciego y lo sabe
aparenta que ve,
quien sabe que es idiota,
¿confesará que lo es?

Tomás de Iriarte
     (1750-1791)

sábado, 9 de diciembre de 2023

El perro y el cocodrilo

                                     Filé, Gustav Rockholtz (h. 1904)

Bebiendo un Perro en el Nilo,
al mismo tiempo corría.
–Bebe quieto, le decía
un taimado Cocodrilo.
Díjole el Perro prudente:
–Dañoso es beber y andar;
pero, ¿es sano el aguardar
a que me claves el diente?
¡Oh, qué docto Perro viejo!
Yo venero su sentir
en esto de no seguir
del enemigo el consejo.


Félix María de Samaniego
            (1745-1801)

domingo, 3 de diciembre de 2023

Que el verdadero sabio, donde quiera

              La lectora, Jean-Honoré Fragonard (h. 1769)

Que el verdadero sabio, donde quiera
que la verdad y la razón encuentre,
allí sabe tomarla, y la aprovecha
sin nimio detenerse en quién la ofrece.
Porque ignorar no puede, si es que sabe,
que el alma, como espíritu, carece de sexo.
Pues cada día, instantes y momentos,
vemos aventajarse las mujeres
en las artes y ciencias a los hombres,
si con aplicación su estudio emprenden.

Margarita Hickey
    (h. 1753-h. 1793)

miércoles, 29 de noviembre de 2023

Después que hubo gustado

Muchacha con paloma, Charles Joshua Chaplin (1825-1891)

Después que hubo gustado
de Filis la paloma
el regalado néctar
de sus labios de rosa,
la deja, y de un vuelito  
al hombro se me posa
y de allí lo destila
con su pico en mi boca.
Yo apurelo inocente;
pero ¡ay! ella traidora
me dio del Amor ciego
mezclada tal ponzoña
que el pecho se me abrasa
en ansias y zozobras,
después que hubo gustado
de Filis la paloma.


Juan Meléndez Valdés
         (1754-1817)

viernes, 24 de noviembre de 2023

Mi tierno amor a tu lealtad confío

                Amantes felices, Jean-Honoré Fragonard (h. 1760)

Mi tierno amor a tu lealtad confío
y solo en ti reposa mi cuidado.
Rigores abandona el pecho mío,
todo a tu dulce afecto dedicado.
En tu poder entrego mi albedrío,
ostento el mando que mi fe te ha dado,
mis caprichos se rinden a tu ruego,
ya en mí no hay voluntad, pues te la entrego.


María Gertrudis Hore
          (1742-1801)

viernes, 17 de noviembre de 2023

Eden

Un arroyo en el bosque, Peder Mørk Mønsted (1907)

Maite
besteak baratze berde-gorrixketan
pausatzen direnean
guk paradisutik kanpoan ibiliz
oinak errauts gezez beteak baditugu,
zer axola?

Hemengo
hondar idorrean
harri gaziku
                     irats horixka
                                            belar motz
                                                               ur saminen artean
da gure baratzea.

Ogibihi ta palmondoak
debekatu bazauzku,
gureak
larre ubelak
sasi beltxaranak
basa igalien mami bixia!

Hemen gure ahoetan
basandere gozoa atxikiz
hondar latzean etzanak
maite
iturri freskoa
bilatuko dugu...

Maddi Pelot
(En Maiatz, 1982)


Edén

Cariño,
si mientras otros se
posan en verdes rojizos huertos
nosotras caminando fuera del paraíso
tenemos los pies rebosantes de dulces cenizas,
¿qué importa?

Aquí,
en la arena seca,
entre piedras saladas
            helechos amarillentos
                    hierbas cortas 
                                 aguas dulces

está nuestra huerta.

Se nos han prohibido
el trigo y las palmeras,
son los nuestros
prados magullados
zarzas negruzcas
¡viva carne de salvajes frutas!

Sosteniendo aquí
en nuestras bocas a la gozosa basandere
tumbándonos en áspera arena
cariño
rastrearemos
la fresca fuente...

[Este poema de Maddi Pelot fue publicado en la revista Maiazt en 1982. La traducción al castellano que reproducimos aquí es de Iratxe Retolaza.]

lunes, 13 de noviembre de 2023

La festa de la sal

                          Vista de Capri, Anónimo (siglo XIX)

Tu i jo som aire que estalona el foc.
Som aigua oberta que esmola la terra.
Som terra espessa que s’allera en l’aire.
Som foc que imanta amb arrels noves l’aigua.
Tu i jo, amor, avui som tot el món
congriat en la festa de la sal.

Han trobat el seu lloc el pa i la sal
i la por no ens allunya de cap foc.
Rebem, com a penyora, tot el món:
fora del nostre abast, ni un pam de terra,
ni un bri de verd, esgarriat en l’aire,
ni un bri de blau, dissolt al clar de l’aigua.

Ni un ram de nit, perdut pel fosc de l’aigua,
ni un glop de mar, colgat sota la sal.
L’urc del desig fa el ple al grat de l’aire
i torna lívides herbes i foc.
Amants, parem el jaç damunt la terra
i ens fan de cambra boscos d’aquest món.

Som d’aquest món, però encetem un món
que endevinem amb els sentits de l’aigua.
Ens creixen arbres com si fóssim terra
i se’ns arrapen vives flors de sal.
Cremem i alhora transformem el foc
en energia dolça i en bleix l’aire.

Veus de desig fan que es capgiri l’aire
i escampen tretze vents arreu del món.
Ens abracem amb les plomes del foc
i mesclem l’ona com si fóssim d’aigua.
Ens batega a la boca un cor de sal
que obre finestres noves a la terra.

Quan fem l’amor, se’ns assembla la terra.
S’espiguen, altes, les branques de l’aire.
Cristal·litza la pena de la sal
i una alegria d’heura pren el món.
No hi ha paranys en el sexe de l’aigua
ni tirania en la farga del foc:

som amb el foc al centre de la terra,
brollem amb l’aigua i alenem amb l’aire.
Fem rodar el món a l’era de la sal.

Maria Mercè Marçal
(La germana, l'estrangera, 1985)

La fiesta de la sal

Tú y yo somos aire que apuntala el fuego.
Somos agua abierta que afila la tierra.
Somos tierra espesa que se atreve en el aire.
Somos fuego que con raíces nuevas imanta el agua.
Tú y yo, amor, somos hoy todo el mundo
congregado en la fiesta de la sal.

Han encontrado su sitio el pan y la sal
y el miedo no nos aleja de ningún fuego.
Recibimos, como prenda, todo el mundo:
lejos de nuestro alcance, ni un palmo de tierra,
ni una brizna de verde, esparcida en el aire,
ni una brizna de azul, disuelta en lo claro del agua.

Ni un ramo de noche, perdido por lo oscuro del agua,
ni un trago de mar, enterrado bajo la sal.
Se colma la altivez del deseo al agrado del aire
y torna lívidas las hierbas y el fuego.
Amantes, nuestro lecho es la tierra
y nos hacen de alcoba los bosques de este mundo.

Somos de este mundo, pero iniciamos un mundo
que adivinamos con los sentidos del agua.
Nos crecen árboles como si fuéramos tierra
y nos ciñen vivas flores de sal.
Ardemos y al tiempo transformamos el fuego
en energía dulce y en aliento el aire.

Voces de deseo le dan la vuelta al aire
y propagan trece vientos por el mundo.
Nos abrazamos con las plumas del fuego
y la ola mezclamos como si fuéramos de agua.
En la boca nos late un corazón de sal
que abre ventanas nuevas a la tierra.

Cuando hacemos el amor, se nos parece la tierra.
Se espigan, altas, las ramas del aire.
Cristaliza la pena de la sal
y una alegría de hiedra toma el mundo.
No hay emboscadas en el sexo del agua
ni tiranía en la fragua del fuego:
estamos con el fuego en el centro de la tierra,
brotamos con el agua y alentamos con el aire.
Echamos a rodar el mundo en la era de la sal.

(La hermana, la extranjera, 1985)

[Traducción al castellano de Noèlia Díaz Vicedo, en Diré tu cuerpo, editorial Ultramarinos, 2020)

martes, 7 de noviembre de 2023

Illas Cíes

Vista de la costa junto al castillo de Kronborg, Carl Frederik Aagaard (1833-1895)

Nas Cíes descubrimos a pericia das aves

e a medida celeste onde reside a luz

Bañámonos nas ondas
a compartir sulagos con dóciles palmípedas
                                           e cunchiñas de nácara

Era o verán
Chegaban ventos fríos do primeiro cuadrante
                                            os ventos tersos do Nordés

Con labios exaltados bicábasme nas tempas
E querías que fora a raíña dos mares
ou deslizabas verbas secretas nos oídos

Nos xogos inocentes
debuxei no teu peito os signos da alegría
Despois grabei na area os símbolos da patria:
                            espirais
                                          caracolas
                                                        esvásticas solares

Cousas do paraíso...

Naquelas latitudes oceánicas azul
                                                           azul delirio
tracei como remate un labirinto tácito
para salvar o amor

Luz Pozo Garza
(Prometo a flor de loto, 1992)



Versión en castellano de Un poema cada día



Islas Cíes


En las Cíes descubrimos la pericia de las aves

y la medida celeste donde reside la luz


Nos bañamos en las olas

compartiendo inmersiones con dóciles palmípedas

                                                         y conchitas de nácar


Era verano

Llegaban vientos fríos del primer cuadrante

                                           los vientos tersos del Nordeste


Con labios exaltados me besabas en las sienes

Y querías que fuera la reina de los mares

o deslizabas palabras secretas en los oídos


En juegos inocentes

dibujé en tu pecho los signos de la alegría

Después grabé en la arena los símbolos de la patria:

                             espirales

                                           caracolas

                                                        esvásticas solares

Cosas del paraíso...


En aquellas latitudes oceánicas azul

                                                               azul delirio

tracé como remate un laberinto tácito

para salvar el amor


(Prometo la flor de loto, 1992)


viernes, 3 de noviembre de 2023

Me desordeno, amor, me desordeno

Retrato de una muchacha, Delphin Enjolras (1865-1945)

Me desordeno, amor, me desordeno
cuando voy en tu boca, demorada;
y casi sin por qué, casi por nada,
te toco con la punta de mi seno.

Te toco con la punta de mi seno
y con mi soledad desamparada;
y acaso sin estar enamorada;
me desordeno, amor, me desordeno.

Y mi suerte de fruta respetada
arde en tu mano lúbrica y turbada
como una mal promesa de veneno;

y aunque quiero besarte arrodillada,
cuando voy en tu boca, demorada,
me desordeno, amor, me desordeno.

Carilda Oliver Labra
(Memoria de la fiebre, 1958)

martes, 31 de octubre de 2023

Poema al No

                                 Corro, József Ferenczy (1866-1925)

No a la tristeza.
No al dolor.
No a la pereza.
No a la usura.
No a la envidia.
No a la incultura.
No a la violencia.
No a la injusticia.
No a la guerra.
Sí a la paz.
Sí a la alegría.
Sí a la amistad.

Gloria Fuertes
(La poesía no es un cuento, 1990)

sábado, 28 de octubre de 2023

Vida

                                 Primavera, Leon Wyczółkowsk (1933)

Mis nervios están locos, en las venas
la sangre hierve, líquido de fuego
salta a mis labios donde finge luego
la alegría de todas las verbenas.

Tengo deseos de reír; las penas,
que de domar a voluntad no alego,
hoy conmigo no juegan y yo juego
con la tristeza azul de que están llenas.

El mundo late; toda su armonía
la siento tan vibrante que hago mía
cuanto escancio en su trova de hechicera.

¡Es que abrí la ventana hace un momento
y en las alas finísimas del viento
me ha traído su sol la primavera!

Alfonsina Storni
(La inquietud del rosal, 1916)

martes, 17 de octubre de 2023

La copa del amor

                 Joven desnuda reclinada, Delphin Enjolras (1865-1945)

¡Bebamos juntos en la copa egregia!
Raro licor se ofrenda a nuestras almas.
¡Abran mis rosas su frescura regia
A la sombra indeleble de tus palmas!

Tú despertaste mi alma adormecida
En la tumba silente de las horas;
A ti la primer sangre de mi vida
¡En los vasos de luz de mis auroras!

¡Ah! tu voz vino a recamar de oro
Mis lóbregos silencios; tú rompiste
El gran hilo de perlas de mi lloro,
Y al sol naciente mi horizonte abriste.

Por ti, en mi oriente nocturnal, la aurora
Tendió el temblor rosado de su tul;
Así en las sombras de la vida ahora,
¡Yo te abro el alma como un cielo azul!

                              ***

¡Ah, yo me siento abrir como una rosa!
Ven a beber mis mieles soberanas:
¡Yo soy la copa del amor pomposa
Que engarzará en tus manos sobrehumanas!

La copa erige su esplendor de llama…
¡Con qué hechizo en tus manos brillaría!
Su misteriosa exquisitez reclama
Dedos de ensueño y labios de armonía.

Tómala y bebe, que la gloria dora
El idilio de luz de nuestras almas;
¡Marchítense las rosas de mi aurora
A la sombra indeleble de tus palmas!

Delmira Agustini
(El libro blanco (Frágil), 1907)

domingo, 24 de septiembre de 2023

Vi la cierva que el bosque

                        Arroyo del bosque, Peder Mørk Mønsted (1900)

Vi la cierva que el bosque
eligió para mí como encendida
quietud tras el ramaje.

No me atreví a moverme.

Mi corazón cosía sus pedazos
de piel entre las hojas.

Solo un perfil mostraba.
Era un ojo que mira
como un hueso de níspero
flotando en el estanque.

Habló mientras la nieve
                se cubría de pájaros.

—Hay que vivirlo todo—.

Y en su hocico de musgo
temblaba un avispero.

Después,
suspendido ya el tiempo
atrapada en el ámbar del instante
levantó la cabeza
                       –su tronco moteado,
sus cuatro extremidades–.

Desde entonces
                             me digo la verdad.

Cada mañana vuelvo
a la senda vacante
por ver si ella me aguarda.

En las horas de insomnio
siento su lengua que me arde
como un alga en la cara.

Ya me vence el cansancio.

Pero si ella regresa,
si la cierva viniera de nuevo a mis oídos
yo les pondría fin
                                a estas palabras.

Rosana Acquaroni
(18 ciervas, 2023)

viernes, 18 de agosto de 2023

El poeta dice la verdad

Ribera del río Guadaira, Manuel García y Rodríguez (1914)

Quiero llorar mi pena y te lo digo
para que tú me quieras y me llores
en un anochecer de ruiseñores,
con un puñal, con besos y contigo.

Quiero matar al único testigo
para el asesinato de mis flores
y convertir mi llanto y mis sudores
en eterno montón de duro trigo.

Que no se acabe nunca la madeja
del te quiero me quieres, siempre ardida
con decrépito sol y luna vieja.

Que lo que no me des y no te pida
será para la muerte, que no deja
ni sombra por la carne estremecida.

Federico García Lorca
(Sonetos del amor oscuro, 1935-1936)

viernes, 4 de agosto de 2023

Mesa

                           La mesita, Henri Le Sidaner (1920)

Cuadrúpeda, centaura,
¿quién dice que no hablas?
A mí, sí: come, come,
que aproveche, ¿está bueno?
Qué señora, qué clase. Pero me gusta aún más
oírte crepitar, cantar viva la gente,
llamarme mi joquei, mi prenda, zanganote.
Te monto al pelo, te pinto color blanco,
te gualdrapo un mantel, te derramo un jarrón
para que te refresques.
Mira cómo ronrona tu madera,
cómo se arquea tu cuadril.
Galopa y corta el viento, mi yeguona,
vamos hasta la venta.
                                                    "Maritornes,
dale pienso a mi amiga Rocinanta."
Que aproveche, ¿está rico?
Ah, lo fino se pega. Dichosa urbanidad.

Luis Feria
(Obra poética y cuentos, 2000)

Este poema, inédito a la muerte del autor, fue publicado en el nº4 de la revista Cuadernos del Ateneo, en 1998. Ahí se indica su lugar de redacción: La Laguna (Tenerife).

lunes, 17 de julio de 2023

Renaciente maravilla

Salamanca desde la margen izquierda del Tormes, Edgar Thomas A. Wigram (1906)

¡Salamanca, Salamanca,
renaciente maravilla,
académica palanca
de mi visión de Castilla!

Oro en sillares de soto
de las riberas del Tormes,
de viejo saber remoto
guardas recuerdos conformes.

Hechizo salmanticense
de pedantesca dulzura;
gramática del Brocense,
florón de literatura.

¡Ay, mi Castilla latina
con raíz gramatical,
ay, tierra que se declina
por luz sobrenatural!

Miguel de Unamuno
(Poesías, 1907)

domingo, 9 de julio de 2023

La teva pell suau

      El Grossglockner con el Glaciar de Pasterze, Thomas Ender (h. 1830)

LA TEVA PELL SUAU
xoca contra la meva,
com les plaques tectòniques,
les glaceres, 
els dinosaures,
els meteorits,
els camions de carreres.

Irene Solà
(Bestia, 2022)

Versión en castellano

TU PIEL SUAVE
choca contra la mía,
como las placas tectónicas,
los glaciares,
los dinosaurios,
los meteoritos,
los camiones de carreras.

[Traducción al castellano de Unai Velasco]

miércoles, 5 de julio de 2023

Anuncios por palabras

                                    Autómata, Edward Hopper (1927)

CUALQUIERA que conozca el paradero
de la compasión (fantasía del alma)
-¡que avise!, ¡que avise!
Que lo cante a voz en grito
y baile como si perdiera la razón
jubiloso bajo el frágil sauce
eternamente a punto de romper en llanto.

ENSEÑO a callar
en todos los idiomas
según el método de contemplar
el cielo estrellado,
las quijadas del sinantropus,
el plancton,
el copo de nieve.

DEVUELVO el amor.
¡Atención! ¡Ganga!
En la hierba de antaño,
cuando, bañados de sol hasta el cuello
yacéis, mientras baila el viento
(maestro del baile de vuestros cabellos).
Ofertas a "Sueño".

SE BUSCA persona
para llorar
por los ancianos que en los asilos
mueren. Sírvanse
presentarse sin referencias
ni solicitudes por escrito.
Los papeles serán destruidos
sin acuse de recibo.

POR LAS PROMESAS de mi esposo
–que os engañaba con los colores
del populoso mundo, con su jaleo,
con una copla desde la ventana, con un perro
detrás de la pared–
de que nunca estaríais solos
en penumbra, en silencio y sin aliento
–responder no puedo.
La Noche, viuda del Día.

Wisława Szymborska
(El gran número. Fin y principio y otros poemas, 1997)

[Traducción de Elżbieta Bortkiewicz]
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